Ya sé de quién es la culpa.
En el fondo siempre lo supe.
SabĂa que tenĂa que enfrentarla, ponerla frente a mĂ y decirle la verdad:
que por ella, solo por ella, todo esto existe.
Este nudo en la garganta.
Esta lágrima que cae incluso cuando nadie la llama.
Ella, con seis años y las rodillas raspadas.
Ella, que corrió más rápido que todos para que no la dejaran atrás.
Que aprendiĂł a sonreĂr incluso cuando tenĂa el pecho lleno de silencio.
Que creyĂł que si era perfecta, si no molestaba,
si no lloraba, si no pedĂa nada,
entonces alguien se quedarĂa.
y tambiĂ©n es la vĂctima.
La niña que no entendiĂł por quĂ© el mundo se volvĂa frĂo de repente,
por qué unos pasos se alejaban sin mirar atrás,
por qué su nombre no era suficiente para detener a nadie.
La niña que hizo un pacto imposible:
“Si soy lo mejor que puedo ser, no me abandonarán.”
Y aquà estoy, años después, repitiendo su juramento sin darme cuenta,
cargando su miedo como si fuera mĂo,
defendiéndola del abandono.
De esa niña diminuta que solo querĂa que la quisieran.
De esa niña que aĂşn tiembla dentro de mĂ cada vez que alguien se aleja un milĂmetro.
Yo no sĂ© que es el amor, claro que darĂa lo que fuera por sentirlo un poquito.