tuve discusiones sobre la música la compu la fiesta y como seguir la fiesta
y que vino alguien y puso play pero
de otra esfera, de otra estantería
de otro precio si es una disquería
y hasta diría de otro olor
se la discutí a morir
no, no no no no
me alteré un montón
y después me acordé que no era mi casa
no era mi fiesta, ni mi compu
no tenía que quedarme a limpiar
y que si algo así estaba pasando
era que ya se había terminado todo
me iba a casa cuando
me saltó un rencor pisciano
contra un pibe que preguntó
por un after, y si sabíamos algo.
le dije
que sí y que era un after cumbiero
siendo que hacía media hora
me preguntó donde quedaba
y le recordé el episodio
como un soberbio
y ahí pensé
si me quiere voltear de una trompada
y menos mal que no la pensó
porque era más fácil hacerla
y volviendo a casa
cuando en cualquier momento podía
perder el equilibrio
pensaba que todas mis anécdotas
son verosímiles
y justamente
necesitan todo lo contrario
“y me junté con esta chica
fuimos al parque
cayó con su hijo
y una amiga que emitía sonidos
pero no hablaba
comí galletitas de aritos
con gusto a nada
charlé con ella,
hasta que en un punto
charló ella”
y preguntaba algo para ganar tiempo
y hacía cara de escuchar mientras
la realidad sería sólo el disparador
para perpetuar algo así como
un estado onírico constante
un estado de centro gravitatorio
de asociaciones fonéticas