EL HÉROE
No supe qué hacer después de la guerra. Mi primer pensamiento fue volver a casa, a mi pequeña Langrom̄os, una ciudad de marineros viejos y retirados que nadie recordaba. Al llegar, tuve una recepción de héroe local, lo que me hizo asimilar que las verdades condimentadas saben mejor que las verdades naturales. La noticia de mí “heroico” ataque al Hafstein, el cómo derroté al capitán Salzgeber y destruí su barco. El héroe de la ciudad. Ese era mi nuevo título y las personas lo gritaban, pero yo tenía unas palabras que resonaban en mi mente.
Entre vítores me llevaron casi cargando a la cantina de mi familia. La Taberna del Pez. Mi padre estaba dando los últimos toques a la fiesta. La primera persona que me recibió fue mi madre que al abrazarme, se despegó de mí y colocó su mano en mi pecho. “¿El medallón de tu abuelo?” preguntó. “Lo perdí en batalla” contesté apenado. Ella puso su frente en mi pecho y me volvió a abrazar. “No pasa nada. Has vuelto y por eso le doy gracias a Balasi”. La fiesta inició y duró tres días. Tres días de escuchar a personas manifestar lo valiente que era, tres días de oír a los niños decir que era su héroe. Tres días de escuchar brindis a mis compañeros caídos. Tres días de ver al padre de Mathos, beber hasta dormirse porque su hijo había muerto y yo no pude salvar a mi mejor amigo. Tres días de escuchar esas palabras en mi cabeza.
Las noches eran largas y mi descanso casi inexistente. Pesadillas con mares picados y barcos quemándose. Una voz que llamaba mi nombre. Una noche desperté al escuchar risas y aplausos que llevaban el ritmo de una canción. Me vestí y bajé para ver a un bardo cantando y todos los antiguos marineros sonreían al recordar viejos tiempos. Al verme, mi padre me preguntó que por qué no estaba dormido, le contesté que no podía reposar, que mejor decidí bajar a ayudar. Al verme, el bardo alzó la voz “¡¡¡Un brindis por el gran héroe, el asesino del Hafstein!!!” Todos levantaron sus tarros y brindaron, pero había una palabra que me hizo helar. Asesino. Ahí el bardo inició una canción.
“Esta es la historia de un campeón
al que la suerte le sonrió
derrotando sin temor
al malvado invasor.
Era un grupo de héroes
que decidieron dar frente
al capitán más vil y ruin
que el infierno pudo dar.
Sacrificando sin pensar
hicieron del Hafstein explotar
para sus vidas reclamar
el inmenso mar.
Pero lo que en realidad pasó
fue que un cobarde a todos mintió
y sin decir nada reclamó
la gloria del campeón
Y cobardemente fue a escapar
revelando su siniestro plan
de dejar sus cuerpos quemar
mientras el barco se hundía más
en el eterno mar.
Pero una voz en ese infierno
dio amenaza o consejo
a ese cobarde ruin
que solo pudo oír…”
Todo se volvió un silencio. Lágrimas brotaban de los ojos del padre de Mathos, mientras yo recordaba las palabras que él me dijo entretanto se quemaba en el Hafstein: “No escaparás de tu destino. Cuida bien la costa. Iremos por ti.”
Un viento helado abrió las ventanas y la puerta mientras del faro se escuchaba el cuerno que anunciaba la llegada de un barco. Corrí con mi mira-lejos a toda velocidad hacia el faro. Ahí, observé a un navío maltratado con indicios de incendio y en su proa estaba Mathos, levantando el medallón de mi abuelo que arrancó de mi cuello en el momento que escapé.
Vienen por mí.












