Nadie sabe el porqué tu estrella se apagó y decidiste poner punto y final a tu paso por nuestras vidas, a regalarnos cada minuto contigo, en resumen, a disfrutar junto a ti. Tú que empezaste como profesor, tú que tanto no enseño, Tú que acabaste siendo mi gran amigo, mi soporte y mi referente, nos has dejado sin explicación ninguna y sin posibilidad de despedirnos.
Te vas incumpliendo una promesa que para mi significaba mucho, ya no por la razón o por el lugar, sino porque volvería a reunirse otra vez la familia donde todo empezó. Siento impotencia por no haber podido ayudarte en tus peores momentos, rabia por no saber el porqué, una nube de sentimientos que me bloquean y me tienen en vilo todas las noches.
No creo nunca poder llegar a entender tus motivos pero solamente puedo agradecerte que aparecieras en mi vida, que me ayudaras a construir mi camino para convertirme en la persona que yo quiero ser, nunca podré devolverte el favor y siempre me pesara en el corazón. Cambiaste mi vida en unos meses, me llegaste a lo más profundo y, citando a Benedetti, “estoy jodido”. Jodido por no haberte visto en tanto tiempo, jodido por no aprovechar cada momento, jodido por no despedirme como tocaba.
Te digo adiós con mis palabras pero nunca en mis pensamientos.