La mañana del evento de gala, no comenzó con el arresto que Elijah esperaba, sino con una visita inesperada. La Presidenta del MACUSA, una bruja de perfil afilado llamada Seraphina Picquery II, se presentó en el Waldorf Astoria antes de que Albus pudiera terminar de redactar el informe de expulsión de ambos jóvenes aprendices.
Gracias a la intervención del pequeño graphorn, las autoridades neoyorquinas habían logrado rastrear la firma mágica del establecimiento ilegal disfrazado de estacionamiento. No era solo un bar, era el centro de operaciones de una red de tráfico internacional que el MACUSA llevaba años persiguiendo.
—El rescate de una criatura en peligro de extinción no es algo que ignoremos, Ministro Kyle —sentenció la Presidenta, ignorando la expresión de furia contenida de Albus—. Sus hombres y estos jóvenes han hecho más por la seguridad de nuestras fronteras en una noche que muchos de nuestros agentes en un año. No entiendo la justificación para un informe negativo acerca de su equipo de seguridad.
Para desgracia de Albus, el MACUSA insistió en otorgarles a los chicos la Medalla Goldstein por Valor Ciudadano durante la gala de esa noche. Elijah y Klaus recuperaron sus varitas y sus placas. Pero esa gran victoria sabía a ceniza para Elijah, pues sabía que Albus Potter no olvidaba, y que la banda de traficantes, ahora desmantelada, probablemente tampoco lo haría.
...
El gran salón del edificio Woolworth que albergaba al MACUSA era un despliegue de opulencia mágica. Lámparas de cristal flotantes iluminaban a cientos de magos vestidos con túnicas de gala y a brujas con vestidos que parecían hechos de luz de estrellas. Richard Kyle animado por el reciente éxito, brillaba con su carisma característico moviéndose entre los embajadores, mientras que Elizabeth, desbordando elegancia pero con la mirada ausente, mantenía su bolso de mano a juego apretado contra su costado.
—Es ahora o nunca —susurró Alice. Llevaba un vestido verde esmeralda que resaltaba su mirada, pero sus ojos estaban fijos en el guardarropa privado donde su madre había dejado sus pertenencias bajo llave.
Fabian asintió. Él se encargaría de la distracción. Albus estaba siendo interrogado por varios aurores americanos sobre las "técnicas de entrenamiento británicas", lo que les daba un pequeño margen de maniobra.
—Elijah —llamó Alice con suavidad, deteniendo al joven auror que patrullaba cerca de ellos—. Necesito entrar en la sala de delegados. Mi madre dejó algo allí que necesito para la ceremonia de condecoración.
Elijah miró a su alrededor. Vio a Richard sonreír a las cámaras y a Albus gesticular con irritación. Su instinto le gritaba que se negara, que su carrera acababa de ser salvada por un milagro y no debía tentarlo.
—Si nos atrapan—murmuró Elijah, acercándose tanto que el aroma del perfume de Alice lo distrajo por un segundo—, tendré que informar que te escolté por "seguridad". Pero no puedo darte más de cinco minutos.
...
Mientras Elijah montaba guardia en la puerta de la sala privada, Alice y Fabian se deslizaron dentro. La pequeña maleta de Elizabeth estaba sobre una mesa de caoba. Sin dudarlo, Alice la abrió.
Dentro, no solo estaba el galeón que habían visto antes. Debajo de un forro encantado, Fabian encontró algo que le detuvo el corazón: una fotografía mágica, vieja y desgastada.
En la imagen estaba alguien que reconocería en cualquier lugar, era él mismo, de apenas unos dos años de edad, sonriendo y saludando en la fotografía en movimiento.
—Po... ¿Por qué tu madre tiene una foto mía de cuando era bebé? Es muy raro... —susurró Fabian, con la voz temblorosa mientras el papel se movía en sus manos. No se atrevió a decir nada más.
Un ruido metálico en la puerta los hizo saltar. No era Elijah avisando. Era el sonido de la cerradura siendo forzada desde afuera por alguien que no usaba magia, sino fuerza bruta.
Desde las sombras de la ventana, una figura con una máscara de cuero, un sobreviviente de la banda del mercado negro se materializó con un cuchillo de plata en la mano.
—Así que aquí están los pequeños héroes —siseó el hombre—. La Hermandad no olvida a quienes nos roban nuestra mercancía.
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El silencio que siguió a la pregunta de Fabian era tan denso que podía cortarse con un encantamiento seccionador. Albus abrió la boca, sus ojos saltando de Elizabeth a Richard, buscando una salida que no implicara destruir la imagen de autoridad que quería creer que su hijo tenía de él.
—Fabian, no es el momento... —comenzó Albus, pero sus palabras fueron devoradas por un rugido sordo.
La chaqueta de Elijah, que hasta hace un segundo parecía contener un bulto inquieto, se infló de golpe. El pequeño graphorn, asustado por los gritos y la tensión casi eléctrica del pasillo, decidió que ya había tenido suficiente de estar encerrado. Con una fuerza desproporcionada para su tamaño, el animal se liberó, lanzando a Elijah hacia atrás y embistiendo directamente contra una mesa de mármol del pasillo, que se hizo añicos.
—¡Por las trenzas de Merlina! —gritó Klaus, saltando para evitar ser pisoteado por las patas aún acolchadas pero pesadas de la criatura.
—¡Un graphorn! —rugió Albus, olvidando por un segundo el secreto—. ¡Dawlish, esto es una infracción de transporte internacional de especies de clase cuatro equis! ¡Estarás fuera de la academia antes de que termine la noche!
—¡Él no tuvo la culpa! —se interpuso Alice, mientras Richard sacaba su varita para conjurar un encantamiento de contención alrededor del animal, que ahora intentaba trepar por las cortinas de seda—. ¡Fuimos nosotros!
En medio del estrépito de jarrones rompiéndose y los gritos de Albus dando órdenes que nadie escuchaba, Elizabeth se acercó a Alice para apartarla del camino de la criatura. En el ajetreo, el bolso de Elizabeth, que colgaba de su hombro, se enganchó con el brazo de Fabian y se abrió, volcando parte de su contenido.
Fabian se agachó por instinto para ayudar a recoger todo. Entre frascos de pociones de viaje y pergaminos, un pequeño objeto metálico rodó hasta sus pies: un galeón dorado con un peculiar escudo de armas. Era idéntico al que Albus guardaba en el cajón bajo llave de su oficina en la casa frente al lago; un objeto que su padre tocaba a veces cuando creía que nadie lo veía.
Elizabeth, con el rostro desencajado por el pánico (más por el objeto que por el graphorn), le arrebató el galeón de la mano con una brusquedad que dejó a Fabian helado.
—No toques eso —susurró ella, con una voz que no era de enojo, sino apresurada, buscando una excusa creíble—. Es... Es solo un amuleto, ni siquiera sabía que lo tenía en el bolso.
—Ese objeto tiene el escudo de los Peverell, mamá —dijo Alice, que había visto la moneda—. ¿Por qué lo tienes tú?
Elizabeth no respondió. Se limitó a cerrar el bolso y mirar a Richard, quien finalmente había logrado inmovilizar al graphorn con una red de luz dorada con la ayuda de Klaus y de Albus. Los agentes del MACUSA ya se escuchaban subiendo por las escaleras de emergencia.
...
Una hora después, con el animal bajo custodia y Richard usando cada gota de su influencia política para evitar que arrestaran y deportaran a Elijah y Klaus, los chicos fueron enviados a sus habitaciones bajo una vigilancia mágica estricta.
Pero nadie se molestó en revisar que la puerta que conectaba las habitaciones de Alice y Fabian no había sido sellada por dentro.
—Viste su cara, ¿verdad? —susurró Fabian, sentado en el borde de la cama de Alice, mientras ella vigilaba la puerta principal—. No era solo un objeto sin importancia. Ella y mi padre tienen el mismo galeón modificado.
—Y eso que nos ocurrió antes, en el lobby —añadió Alice, sentándose a su lado, tocando otra vez su hombro sin lograr el mismo efecto pero su mirada era decidida—. Elijah cree que la magia de Nueva York es "diferente", pero él es un auror, tiene que mentir por deber. Nosotros no vamos a creer todo lo que nos digan.
—Si somos "culpables" de algo, quiero saber de qué —Fabian miró sus propias manos—. Mi padre siempre dice que mi madre, Ember, es la que me heredó sus ojos, pero hoy cuando miré a tu madre de cerca...
Alice le tomó la mano. No hubo chispazo esta vez, solo una calidez reconfortante.
—Vamos a descubrirlo, Fabian. Mañana es la gala en el MACUSA. Mi padre estará ocupado con Albus y los diplomáticos. Es nuestra oportunidad para entrar en la suite de mamá y ver qué más guarda en ese bolso o en su equipaje.
En el pasillo, Elijah Dawlish permanecía apoyado contra la pared. Podía escuchar los susurros a través de la madera. Su deber era informar, pero su mano aún escocía por el lugar donde Alice lo había tocado. Miró a Klaus, que dormitaba en una silla frente a él.
Elijah sabía que si ayudaba a los chicos a investigar, no solo arriesgaría su placa, sino que podría descubrir una verdad que cambiaría el mundo de ambis para siempre. Pero cuando recordó la mirada de Alice, supo que el reglamento de aurores era lo último que le importaba ahora.
Richard Kyle, con su carisma natural, le estaba contando una anécdota al embajador del MACUSA cuando sus ojos se cruzaron con los de Elijah. La risa del Ministro se apagó lentamente al ver la rigidez en los hombros del joven auror.
Elizabeth, siempre más perceptiva que el cazador más hábil, soltó el brazo de su marido y se acercó a paso rápido.
—¿Elijah? ¿Qué ha pasado? —preguntó ella en un susurro, mirando de reojo a Alice y Fabian, que seguían cerca del reloj de la Red Flu.
Richard tomó el papel con su mano libre. A medida que leía, la mandíbula se le tensaba tanto que Elijah temió que el cristal de su copa estallara.
Elijah tragó saliva, sintiendo que su propia lengua lo asfixiaba. Extendió el pergamino con el sello rojo.
—Señor Ministro... El Jefe Potter ha emitido una alerta de seguridad. Ha impugnado nuestra jurisdicción aquí en Nueva York.
—"Insuficiente" —susurró Richard, como un siseo—. Ha llamado a mi equipo de seguridad "insuficiente" ante el Congreso Mágico de Estados Unidos. Esto no es por nuestra seguridad, Elizabeth. Esto es más un golpe de estado personal.
—Él viene hacia aquí, mamá —intervino Alice, acercándose con una expresión que hacía muy poco por disimular su enojo, aunque intentaba mantenerse serena porque no estaban solos. Los diplomáticos que acompañaban a su padre parecían interesados en la discusión—. Nos ha prohibido salir del hotel. Dice que somos "menores en riesgo".
Elizabeth cerró los ojos un segundo, frotándose las sienes. Sabía que Albus era impulsivo, pero esto cruzaba una línea diplomática peligrosa. Estaba usando su poder para recuperar el control sobre lo que había perdido hace años: ella y su hija.
Richard tuvo que volver con los delegados estadounidenses para intentar suavizar el escándalo antes de que llegara la prensa tanto inglesa como americana. Elizabeth acompañó a los chicos a sus habitaciones, flanqueados por Elijah y Klaus. Aprovechó para intercambiar un par de palabras con Fabian, intentando no encender alarmas, pero alentando a que le contara con exactitud cómo había conseguido la firma de su padre en el permiso migratorio. Tal como sospechaba, Albus ni siquiera estaba enterado a detalle del viaje o de lo que implicaba el documento. Eso probablemente sería un problema serio. Intentaría ponerse en contacto con Robert Dawlish cuánto antes, para analizar sus opciones si Albus intentaba llevarse a Fabian por la fuerza.
—Supongo que lo más sensato será intentar descansar un poco—dijo Elijah, manteniendo una distancia profesional de exactamente dos pasos hacia el costado—. Mañana será un día largo. Si Potter cumple su amenaza y llega al amanecer...
Elijah se mantuvo cerca para escoltar a Alice hacia los ventanales que daban hacia Park Avenue. Las luces de la ciudad se reflejaban en el cristal, creando un universo de neón, desconocido y hermoso a su modo.
—¿Tienes miedo de él? —lo interrumpió ella, girándose. La luz de la luna neoyorquina hacía que sus ojos parecieran más claros, casi eléctricos—. ¿O estás dejando que manipule tu mente para convencerte que tiene razón y no eres capaz de protegernos?
Elijah se tensó. El insulto a su competencia le dolió, pero la cercanía de ella era mucho más difícil de manejar.
—No le tengo miedo. Le tengo respeto a su cargo. Y en cuanto a protegerte... —dio un paso hacia ella, rompiendo su propia regla de distancia—. Mi vida está ligada a hacer valer mi juramento de auror, aunque apenas esté por empezar el segundo año. No dejaré que te pase nada, sobretodo si el peligro parece rondar a tu propia familia.
Alice lo observó en silencio. La arrogancia que mostraba frente a la situación, se desvaneció por un momento.
—Albus Potter no es mi familia, gracias a Merlín. Pero a veces... —suspiró muy bajo y miró hacia donde Fabian intentaba sonreír mientras seguía hablando con Elizabeth—. A veces me gustaría que este Potter en particular si lo fuera, para poder sacarlo de esa casa de pesadilla.
Pero justo en ese momento, solo podía pensar en lo mucho que quería apartarle ese mechón de pelo de la cara a Alice.
Elijah recordó ese "chispazo" de magia tan especial del que había sido testigo entre los dos amigos. Como auror, su instinto le decía que algo sumamente misterioso estaba detrás de ese momento en particular. Algo muy importante que debía ser investigado.
—Probablemente es sólo que la magia de esta ciudad es diferente —mintió con voz ronca. Avanzó los últimos pasos hasta la puerta en el corredor marcada con el nombre de ella—. Duerme, Alice. Klaus y yo haremos guardia en la puerta. No hay nada de que preocuparse.
Habían pasado al menos veinte minutos, cuando las puertas del lobby del hotel se abrieron de par en par. Albus Potter entró como una ráfaga de viento helado, flanqueado por dos agentes del MACUSA. No se detuvo hasta llegar al borde del elegante escritorio de la recepción.
...
—¿Dónde están? —rugió Albus. Su voz rebotó en el elegante techo recién remodelado—. He dado instrucciones para bloquear las chimeneas y los trasladores a quince kilómetros a la redonda.
Richard y Elizabeth compartían una habitación justo del otro lado del pasillo. La gente de MACUSA se retiró prometiendo que alguien estaría de guardia en el vestíbulo pero asegurando que no había nada de que preocuparse.
...
Alice no perdió el tiempo. En cuanto escuchó los pasos al alejarse y el silencio que se extendió por el lugar, salió de su habitación con paso decidido. Albus Potter no iba a decidir lo que haría y mucho menos arruinaría sus planes para esa noche.
Ni siquiera intentó persuadir a ninguno de los tres para que la siguieran. Simplemente había llamado a la puerta de Fabian y luego atravesado hacia la parte no mágica del hotel, para llegar hasta la calle.
—¿Ya viste eso? —susurró Alice, señalando con la cabeza una jaula reforzada con plata en el fondo del local.
Cruzaron Lexington Avenue con las luces verdes y terminaron en un edificio que pretendía ser un estacionamiento, frente a una puerta de hierro que vibraba con un encantamiento de camuflaje. Alice sabía todo al respecto de ese lugar. No era un club de jazz común, era un mercado negro de criaturas.
Se las arreglaron para entrar, enseñando los pasaportes mágicos de Klaus y Elijah únicamente. No pudieron celebrar ese pequeño triunfo, porque algo más allá del escenario dónde un cuarteto de elfos tocaban, llamó su atención.
Dentro, un pequeño graphorn se agitaba con desesperación. Elijah sintió que su deber de protección se expandía no solo a los chicos, sino a esa criatura.
—Es ilegal tener uno de esos en cautiverio desde 1927 —dijo Fabian, recordando la cita en su libro de cuidado de las criaturas mágicas—. Tenemos que sacarlo.
Elijah miró a Klaus. El otro auror asintió con una sonrisa torcida, sacando su varita de la manga.
—Si vamos a ser prisioneros de Potter mañana, al menos que sea por una buena razón, ¿no, Dawlish?
Albus se plantó frente a Richard y Elizabeth en el centro del pasillo vacío. Ambos habían salido, alertados por los gritos.
...
— Voy a repetirlo, pero será la última vez ¿dónde están?— preguntó con los dientes apretados.
—¡Tu familia! —Albus soltó una carcajada amarga, dando un paso hacia Richard—. Te encanta decir esa palabra, ¿verdad, Kyle? ¿Tu familia? Saben perfectamente que si yo hablara, si yo dijera algo sobre lo que pasó antes de que le pusieras tu apellido a Ally...
—Están en sus habitaciones, Albus —respondió Elizabeth, tratando de mantener la voz firme aunque el corazón le galopaba con fuerza en el pecho.
—Estás haciendo un espectáculo innecesario. Estás humillando a tu propio hijo y a mi familia frente a otra nación— añadió Richard intentando mantenerse tranquilo.
—¡Cállate, Albus! —gritó Elizabeth, palideciendo—. No te atrevas.
...
Entraron por una puerta de servicio, riendo por la adrenalina, decidieron atreversar de nuevo hacia el lado mágico del hotel pero se detuvieron en seco al escuchar las voces que venían del pasillo. Se quedaron ocultos tras una pesada cortina de terciopelo, a pocos metros de donde los tres adultos se enfrentaban.
En el estacionamiento camuflado, la misión de rescate había sido un éxito caótico. Elijah cargaba a la criatura envuelta en su chaqueta, mientras Alice y Fabian corrían tras él hacia la entrada trasera del hotel. Klaus se mantenía con la varita en alto, del otro lado de la calle para anticipar cualquier ataque.
—¿Culpable de qué, mamá? —la voz de Alice cortó el aire como un látigo.
—Ésto no es por la seguridad, Albus. Tienes que admitirlo—se escuchó la voz rota de Elizabeth—. Pero no permitiré que destruyas su felicidad sólo porque recién te das cuenta que eres incapaz de cuidar de alguien, ni siquiera de tí mismo. Si Fabian y Alice supieran la verdad, que tú fuiste el culpable de todo...
Albus miró a su hijo y luego a Alice. El secreto estaba ahí, vibrando en el aire, casi tan tangible como la magia de la ciudad.
Los tres adultos se giraron. Alice estaba allí, con el cabello revuelto y la cara enrojecida por la carrera. A su lado, Fabian miraba a su padre con una expresión de desconcierto total, y detrás, Elijah se había sentado en el suelo mientras mantenía una mano sobre la criatura y Klaus estaba agachado a su lado, ambos sintiendo que acababan de entrar en un campo de batalla mucho más peligroso que el mercado negro de criaturas mágicas.
—Alice... Fabian... —comenzó Elizabeth, pero las palabras se le atascaron en la garganta.
—Digan lo que iban a decir—desafió Fabian, mirando a Albus. Algo totalmente inusual en él, pues jamás había contrariado a su padre—. Dinos de qué eres culpable y que tiene que ver con nosotros.
El hotel The Waldorf Astoria no era solo un edificio imponente de la era clásica; era el corazón palpitante de la comunidad mágica en Nueva York. Al cruzar el umbral, Elijah sintió que el aire cambiaba. Ya no era el frío húmedo de Londres, sino una atmósfera extraña cargada de lujo, misterio y luces brillantes que se hacía más y más grande a medida que atravesaban el pasillo de columnas desde la puerta principal al lobby.
Elijah se mantuvo un paso detrás de Alice, manteniendo su mano derecha cerca de la varita oculta en su antebrazo. Klaus, por su parte, vigilaba a Fabian con una actitud mucho más relajada, lo cual irritaba a Elijah. Para él, esto no era un viaje de placer, era prácticamente la continuación su examen de promoción al segundo año como auror.
—¿Siempre eres así de serio, Dawlish? —preguntó Alice, dándose la vuelta de repente. Se había quitado la chaqueta de Elijah para devolverla después de la breve parada en el restaurante, pero sus dedos rozaron los del joven auror más tiempo de lo estrictamente necesario—. Estamos en Nueva York. Se supone que incluso los aurores saben sonreír aquí.
—Mi trabajo es que llegues a la gala del MACUSA mañana en una pieza, Alice —respondió él, tratando de ignorar el calor que le subió por el cuello ante el contacto—. Las sonrisas no detienen maleficios.
—Qué aburrido —bufó ella, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y algo que Elijah no se permitió identificar como algo más.
Mientras tanto, a unos metros de ellos, Fabian se detuvo frente a un gran espejo dorado en el vestíbulo. Se estaba ajustando la sudadera, pero su expresión era de desconcierto pues aunque tenía el brazo en el sitio adecuado no lograba ponérsela. Alice se acercó a él y, sin pensarlo, extendió la mano para ayudarlo.
—La tienes torcida, Potter —dijo ella con una naturalidad que dejó a Elijah helado, mientras observaba a ambos. No lograba entender por qué esa acción inocente de Alice le congelaba las tripas de esa forma.
En ese momento, ocurrió algo extraño. Cuando las manos de Alice tocaron el hombro de Fabian para ayudarlo a sacar su brazo atrapado, una pequeña chispa de luz blanca saltó entre ellos. No fue un chispazo de estática común; fue un pulso de magia pura, una resonancia que hizo que incluso los cristales del vestíbulo vibraran sutilmente. Ambos retrocedieron un paso, ella mirándose las manos con extrañeza.
—Vaya... —murmuró Fabian, rascándose la nuca—. Eso ha sido... intenso. Debo de tener mucha energía acumulada por el viaje o algo. ¿Sabes cómo funciona la electricidad de los muggles?
Elijah entrecerró los ojos. Como auror en formación, sabía que las resonancias mágicas solo ocurrían entre núcleos de varitas compatibles, pero también en vínculos de sangre extremadamente cercanos. Pero eso era imposible. Alice era una Kyle y Fabian un Potter. Sacudió la cabeza, atribuyéndolo al cansancio. Se concentró en la idea de que sólo tenían que dar sus nombres en el escritorio de recepción y alguien los llevaría a sus respectivos aposentos, mientras el ministro y su esposa estaban ocupados con la recepción oficial en un salón privado del hotel.
Eso le dió algo de paz, pero la calma duró muy poco. Antes de que pudieran siquiera llegar a la recepción, una de las columnas del reloj del vestíbulo se tornó verde esmeralda. No era una llegada física, sino una proyección por Red Flu de alta prioridad. La figura de Albus Potter emergió de las llamas, su rostro distorsionado por las fluctuaciones del fuego, pero su expresión de furia era perfectamente clara.
—¡Dawlish! —rugió la voz de Albus, resonando en todo el vestíbulo—. Se me ha informado que han decidido alojarse en un ala compartida con civiles. ¿Acaso te regalaron la promoción de auror de segundo curso o es que tu abuelo no te enseñó protocolos básicos de seguridad?
Elijah se cuadró de inmediato, sintiendo el peso del desprecio de Potter como una patada de hipogrifo.
—Señor, el Ministro Kyle dio la orden directa de...
—¡Me importa un bledo lo que Kyle diga, él no sabe un knut sobre seguridad operativa! —lo interrumpió Albus. Su mirada se desvió hacia Alice, y por un segundo, la furia se suavizó en algo parecido a la angustia, aunque volvió a endurecerse al verla tan cerca de Elijah—. Alice, aléjate de él. Fabian, si no quieres que te haga volver en este instante, debes darme un reporte detallado de cada minuto desde que salieron de Londres.
Alice dio un paso al frente, cruzando los brazos sobre el pecho. Su parecido con la Elizabeth que Albus alguna vez amó fue tan evidente en ese gesto de desafío que hasta Klaus Parkinson sintió la tensión en el aire y dejó de juguetear con su varita.
—No le estamos pidiendo permiso, señor Potter —dijo Alice, pronunciando su nombre con una frialdad que hizo que Elijah tragara saliva—. Elijah nos ha protegido perfectamente. De hecho, si no fuera por él, Fabian se habría perdido siguiendo a un niffler en el aeropuerto. Si tiene algún problema con cómo se hacen las cosas aquí, sólo quédese en Londres y deje de gritarnos a través de una chimenea. Además le dió un permiso firmado a Fabian, no puede hacerlo regresar y ya.
El silencio que siguió fue sepulcral. Albus parecía a punto de estallar, sus ojos fijos en la mano de Alice que, en un acto de rebeldía pura, se había posado en el brazo de Elijah para enfatizar su punto.
—Esto no se quedará así, niños—sentenció Albus antes de que su imagen se desvaneciera en las llamas.
Elijah sintió que el corazón le latía con fuerza. Estaba en medio de una guerra que no entendía, protegiendo a dos personas que estaba dudando en conocer realmente, y lo peor de todo era que empezaba a desear que la mano de Alice en su brazo no fuera solo una provocación para el jefe del departamento de aurores.
Después del altercado con el reloj que ahora estaba claro era una especie de chimenea, el vestíbulo quedó en un silencio tenso. Elijah aún sentía el calor del brazo de Alice, pero su mente bien entrenada para cualquier escenario ya estaba calculando las consecuencias.
—Alice, no deberías haberle hablado así —murmuró Fabian, todavía frotándose el brazo por el chispazo de antes—. No quieres averiguar cómo se pone cuando siente que pierde el control.
—Él no tiene control sobre mí, Fabian. Ni sobre ti, aunque tú le dejes creer que sí —replicó Alice, soltando finalmente el brazo de Elijah, aunque le dedicó una mirada que lo dejó sin aliento.
Elijah no tuvo tiempo de decir nada. Klaus Parkinson se acercó de nuevo al grupo con un pergamino que acababa de materializarse en el aire, ardiendo con un sello rojo: Prioridad del Ministerio de Magia.
—Malas noticias —dijo Klaus, pasándole el mensaje a Elijah—. Albus no solo gritó por la chimenea. Ha enviado una notificación formal al MACUSA. Dice que nuestro viaje es una "brecha de seguridad de alto grado".
Elijah leyó el pergamino con horror. Albus había aprovechado la distracción de Kyle en la bienvenida privada para declarar a la guardia actual como "insuficiente".
—¿Qué significa eso? —preguntó Fabian que leía al revés, casi chocando su cabeza con la de Dawlish.
—Significa —respondió Elijah con voz sombría— que tu padre ha usado su autoridad para declarar que el Ministro Kyle es incapaz de proteger a su propia familia. Y como jefe de Departamento de Seguridad Mágica, tiene el derecho legal de intervenir en misiones internacionales si hay un riesgo para magos o brujas ciudadanos británicos menores de edad.
—¿Va a venir aquí? —Alice palideció, pero no de miedo, sino de rabia todavía contenida.
—Peor aún —Elijah miró hacia la gran escalinata del hotel que acababan de dejar atrás unos minutos antes—. Ha ordenado que se nos prohíba salir del hotel hasta que él llegue con un equipo de supervisión. Nos ha convertido en prisioneros de lujo antes de que la misión siquiera empiece.
En ese momento, la puerta del salón privado se abrió y Richard Kyle salió riendo, con una copa de champán en la mano y Elizabeth del brazo, escoltados por magos estadounidenses con túnicas impecables. Los dos se veían radiantes, completamente ajenos a que en Londres, Albus Potter acababa de prenderle fuego a su reputación política para tener una excusa y aterrizar en Nueva York esa misma noche.
Elijah vio a Elizabeth detenerse al notar las caras de todos. Aunque aún no habían dicho nada, sabía de alguna forma que ella percibió al instante las nubes grises que parecían cubrir el lugar, aunque la tormenta no venía del cielo de Nueva York, sino del otro lado del océano.
Ni siquiera el sol colándose por la ventana, despertándome mucho antes de lo que realmente me gustaría, me arruina el buen humor que me invade el cuerpo mientras me siento con cuidado en la cama. Por primera vez en tres días abro los ojos sin que la primera sensación sea que todo está girando.
Alguna vez escuché que los magos y brujas somos más resistentes a las enfermedades, pero aunque no he dicho una palabra, estoy seguro de que pesqué un virus estomacal que me provocó ir directo a vomitar las últimas tres mañanas.
Se me da bien disimular si algo va mal. Toda mi vida, hasta éste último semestre se caracterizó por tanta incertidumbre que por el bien de mi familia, me obligaba a mi mismo a parecer tranquilo. Pero ahora con Harri todo es diferente. No necesito fingir.
Aunque al principio nuestra relación era más parecida a una simbiosis que a algo romántico. Pero día a día como si fueran piezas LEGO, la confianza y la convivencia iban sumando un peldaño más del largo puente que construimos entre nosotros. A ella le gustaba pasar más tiempo de su lado, pero ahora me gusta pensar que estamos juntos, en medio. Justo dónde yo la esperé siempre.
Escucho un ruido junto a mi. Un sonido al que estoy acostumbrado. Una especie de gruñido que a veces me parece lo más adorable del mundo y que casi siempre respondo intentando imitarlo. Pero por ésta vez, dejaré que esa pequeña advertencia de Harri cumpla su objetivo y me deslizo fuera de la cama intentando no hacer ni el más mínimo crujido y salgo de la habitación que compartimos.
Mi imagen en el vidrio de la alacena me devuelve la mirada. Estoy realmente despeinado y confirmo que doy una imagen de lo más graciosa cuando Rebel se acerca con la lengua afuera, con las comisuras del hocico arriba, como burlándose.
"No hagas ruido, nuestra jefa sigue dormida" le susurro mientras busco en el armario de la entrada una gorra de beisbol y mi chaqueta. Tomo también la correa de mi Golden Retriever y le hago señas con la mano para que salgamos de la casa. "Aprovechemos que hoy no quiero echar fuera la cena, para cocinar unos waffles. Ya sabes que son sus favoritos". Él responde con un ladrido que espero sea sólo lo suficientemente fuerte para avisarle a Harri que Rebel y yo estamos saliendo juntos a un paseo.
Apenas hemos tardado veinte minutos en el mercado. Los muggles son muy amables y esa liberadora certeza de que ahí a nadie le importa mi pasado ni mi apellido, hace que salude y sonría a todo el mundo. Todavía estoy con las mejillas algo entumecidas cuando cruzo el umbral y dejo la bolsa de la compra en la alfombrilla de la entrada y la chaqueta de vuelta en el armario. El silencio que reina en la casa es abrumador. No esperaba que Harri ya estuviera levantada, pero no había algún indicio de que se hubiera despertado. Atravieso el largo pasillo hasta la habitación que ya se encuentra completamente iluminado con el sol matutino. La visión de la puerta entreabierta me causa un escalofrío en el estómago y sólo el ruido de las patas de Rebel siguiéndome, amortiguadas por la alfombra, me hacen salir de mis pensamientos.
Harri no está en la habitación, ni en el baño. He cruzado la sala y tampoco había señales de que se encontrara en la cocina. Noto que mis manos comienzan a sudar mientras las preguntas se agolpan en mi mente y Rebel empujándome a la altura de las rodillas casi me hace caer, pero también de nuevo me devuelve a la realidad.
"Parece que la jefa está encabezando un juego de escondite. Vamos, amigo. Búscala, vamos" digo intentando sonar entusiasmado a pesar de que podía sentir revuelto el estómago como en los últimos días.
Me dirijo a la cocina, atento a cualquier ruido para sacar las cosas que he comprado para el desayuno y comienzo a organizar los ingredientes. Casi tengo todo listo para empezar a preparar la mezcla de waffles, me estiro para alcanzar el frasco con esencia de vainilla del especiero y veo por el rabillo del ojo a Rebel volver al recibidor, olfateando. Gime suavemente al llegar a la puerta. Levanta la nariz hasta la perilla y luego se deja caer en sus patas traseras, sentándose.
"¿Estás seguro de que ha salido? Es un poco extraño, pero quizá le apetecía hacer un poco de ejercicio. Quédate ahí y dale una buena sorpresa. Yo seguiré por aquí" le digo a mi perro mientras parto los huevos en el tazón metálico frente a mi.
Cuando después de dos horas Rebel sigue frente a la puerta y los waffles seguramente ya están fríos, ya estoy intentando no sentirme nervioso. Es estúpido creer que le ha ocurrido algo. Primero que nada la casa está protegida con toda clase de encantamientos. Gracias al mismísimo Harry Potter, conseguimos la protección especial del Ministerio de Magia cuando la orden restrictiva en contra de Albus Potter se hizo efectiva. Además no había un solo rastro de violencia. Ni una ventana rota, ni siquiera alguna arruga en las alfombras.
Esa idea enciende algo en mi cerebro y salgo disparado al armario dentro de la habitación. Aunque al principio era compartido pues ninguno de los dos tenía demasiadas prendas, con el paso de los meses mi ropa encontró otro lugar en la habitación adjunta. Además de algunos cajones con los pañuelos que solía llevar Rebel en el cuello, sus suéteres y botas de nieve.
Extiendo una mano hacía la puerta del armario, que está firmemente cerrada. Cuando logro abrirla y ver que el interior está vacío, mis piernas tiemblan y pierdo fuerza. No soy consciente de que Rebel me ha seguido hasta que caigo de rodillas en el suelo de madera frente al armario. Mi estómago se encoge con furia y siento como si me hundiera en el mar frente al acantilado. Incluso dejo de escuchar cualquier ruido alrededor.
"Se ha ido..." murmuro muy despacio, como si al decirlo de esa forma pudiera fingir que no es verdad. El Golden se acomoda frente a mi y le rodeo el cuello con los brazos. Puedo escuchar un sonido bajo desde lo más profundo de su garganta que imita a la perfección el sollozo que acaba de escapar de mis labios.
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Greta Catchlove habría dicho más; de hecho, le habría gustado decir más, lo suyo definitivamente no era quedarse callada pero le resultaba difícil hablar, pues se había quedado boquiabierta.
—¿Se ha casado? —preguntó Ophelia Mulciber con desesperación.
Emmett se dejó caer en la elegante silla con reposa brazos.
—Aún no —respondió.
Así que no se había fugado para casarse. Pero sí había huido. Y lo había hecho en secreto. Owen, el hermano gemelo de Ophelia y el mejor amigo de Emmett. Owen, quien le contaba todo a Emmett. Owen, quien por lo visto no le contaba todo a Emmett, había huido a un sitio desconocido con una traidora de la sangre sin dejar al menos una nota.
Los padres de los Mulciber ni siquiera parecían alarmados, ignorando por completo que afuera realmente había una guerra. Era imposible saber si porque confiaban ciegamente en que estaría bien o porque no podía importarles menos que algo le ocurriera a su primogénito. Avery no podría asegurar que no fuera así, pues su padre siempre lo trató como un estorbo. Pero Phee no podía aceptarlo y ya.
Encontrarlo tomó casi dos días y cuando su mejor amigo se apareció de pronto en este pequeño callejón, casi no reconoció a quién siempre fue como su hermano.
Owen lucía tranquilo como nunca, con ropa que jamás Emmett lo había visto usar y además con esa ridícula caja con botellas de leche en las manos. La imagen de la caja por si misma puso a Avery furioso.
"—¿Te aplicaron un maldito maleficio o qué es lo que te pasa?" — bramó con los dientes apretados, empujándolo a la altura de la estúpida caja, aunque Mulciber la sostenía con tanta fuerza que las botellas apenas e hicieron ruido—. "¿Creíste que podías irte sin decir nada y venir a jugar aquí con Catchlove a la casita? ¿Quién demonios eres tú y que hiciste con mi hermano?"
Owen le devolvió una mirada dura, apretando los dientes y quizá pensando detenidamente lo que diría a continuación.
"—Nadie les pidió que me buscaran. Cuando vuelvas me habré ido así que no intentes traer a mi padre contigo. Ni a mi hermana" —dijo sin apenas tomar aire. Irguió un poco el pecho y siguió caminando de vuelta a la pequeña cafetería.
"—Casi no pude hablar con Avery porque se fue enseguida, pero será mejor que nos marchemos. Mi padre querrá buscarme para gritarme que no puedo hacer lo que me plazca. Nunca entenderían que yo te quiero a ti. A ti y a nuestra pequeña sorpresa—" agregó con una leve sonrisa, mucho más calmado.
La perspectiva de compartir su vida con Greta, con la única autorización de ella y la partida de matrimonio del Ministerio era lo único en su mente. Lo único que no le molestaba que ocupara sus sueños en esos 15 años. Si tan sólo hubiera decidido quedarse con ella.
"—Despierta, Bellatrix dice que será ésta noche. Tenemos que estar alerta".
La voz de Emmett lo sacó de sus pensamientos. Por fin el día de la fuga había llegado.
Elijah no estaba seguro desde cuando había imaginado ese momento. Quizá porque era algo completamente inevitable. Simplemente se había instalado en la lista de cosas que debían ocurrir tarde o temprano desde que formalizó su relación con Alice. Aunque para ser completamente sincero consigo mismo, le hubiese gustado postergarlo aún más.
Shawn Kyle estaba a dos metros de él, atravesó el umbral de la puerta luego de ser anunciado por el asistente elfo de Dawlish. Le dedicó una mirada al lugar antes de caminar hasta la cómoda silla que ocupó sin decir aún nada. Era una oficina hasta cierto punto impersonal, sin cuadros en las paredes ni plantas como las que había en el despacho de su madre en ese mismo hospital. Lo único que destacaba era un marco de fotografía color dorado sobre el escritorio. Shawn pensó por un momento en la habitación de su hermana en su antigua casa, llena de posters de su equipo favorito de Quidditch, cantantes muggles y figuras de cómics y películas. A primera vista, Alice no compartía la misma energía para personalizar un espacio con Elijah. Notó que él se mordía el labio inferior antes de hablar. ¿Estaba nervioso? Esa era la idea.
Dawlish se puso de pie, con los puños sobre la mesa de su elegante escritorio que hacía juego con el resto de los muebles.
— Sería muy hipócrita de mi parte decir que esperaba tu visita justo hoy— comenzó a decir Dawlish cuando Shawn por fin se sentó. Le dedicó apenas una mirada de desaprobación a sus dedos tamborileando sobre la madera pulida. "Bueno si viene a intentar herirme, al menos tendré sus huellas por todo el lugar" pensó reprimiendo una sonrisa irónica y sentándose de nuevo—. Pero sin duda las oportunidades de encontrarnos en alguna reunión en casa de mi tía Lizz, han sido nulas.
—¿Fue así como la deslumbraste?— preguntó Kyle ajeno a lo que estaba pasando dentro de la cabeza de Elijah, con el tono severo que se esperaba de un hermano mayor—. ¿Metiéndote en nuestra casa y aprovechando la situación como los Potter y los Malfoy?
Elijah se llevó los brazos al pecho, cruzándolos mientras su espalda se tensaba y lo miraba furioso. Intentaba desesperadamente notar algún indicio de que aquello fuera una especie de broma.
Ambos se habían conocido siendo apenas unos niños. Aunque Elijah era solamente un año mayor y los padres de los dos realmente se llevaban bien, eso no incluía a los pequeños demasiado diferentes para congeniar. Lo único que tenían en común eran sus hermanas e incluso cuando ellas crecieron un poco y se volvieron inseparables, eso no influyó en la determinación de fingir que el otro no existía, aunque sus padres a veces se esforzaran en lo contrario.
A Dawlish no le hizo mucha gracia que en vez de soltarse a reír o cambiar la expresión en su cara, Kyle apretó la mandíbula e incluso levantó la barbilla un poco, como esperando su respuesta. Pero no le iba a dar el placer de verlo despotricar, volverse loco por la ofensa y que Kyle pareciera sólo una víctima inocente de su ira. Entonces cuando habló, lo hizo con una voz tranquila y relajada.
—Es verdad que me encontré en casa de mi tía Lizz a un par de Potters: Fabian y Timothy. Una Malfoy de la que nunca supe el nombre o lo olvidé. Pero nunca contigo. Eso le quita completamente la credibilidad a esta actitud de hermano preocupado o mínimamente interesado de pronto en su hermana. Y por si lo has olvidado, tienes dos. Stephanie y Alice necesitaban a su hermano antes y no ahora, intentando intimidar a un hombre inocente en su lugar de trabajo.
Notó que su garganta estaba seca, casi dolorida por modular la voz de aquella forma. En cualquier otro momento hubiera sido un motivo de felicitación. Cualquiera sabía que no le darían nunca un premio por guardar la calma y no reaccionar de manera desmesurada. Desde niño era de los que necesitaban hacer cosas, jamás un observador. Limitarse a esperar a que Kyle le contestara, estaba a punto de superar sus nervios.
Shawn abrió la boca, pero no dijo nada por al menos diez segundos. Le estaba costando mantener esa mirada de superioridad frente al hombre delante de él.
No, ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.
— Eso no es lo que vine a discutir. Si creías que no hay nadie que responda por ella solamente porque mi padre murió, estás equivocado. Si creías que porque a Sebastian no se le haya visto en muchas semanas tenías el camino libre para pasear por ahí con mi hermana sin rendir tus intenciones con nadie, entonces estás doblemente equivocado — soltó todavía serio, pero con evidente menos dureza que antes. Posiblemente había contado con que Dawlish se sintiera al menos un poco intimidado. Que se deshiciera en excusas. Pero muy rápido quedó claro que no era así.
— A veces es todo lo que una hermana pequeña necesita. Que la recibas en tu casa y la dejes hablar toda la noche si lo necesita. Pero incluso eso era demasiado para ti ¿no es así? Porque te aseguraste de que nadie supiera dónde encontrarte.
Se levantó de su cómoda silla, incapaz de seguir conteniendose. Su cuerpo estaba tenso y rígido, pero se esforzó para pasearse despacio frente al escritorio. Puso su mirada un momento en la fotografía sobre la mesa. La imagen en movimiento de Ally y el unicornio Glitzy logró sacarle una sonrisa. Ni siquiera fue consciente de que Shawn se había estirado rápidamente para tomar el portarretratos hasta que este desapareció de su vista.
Shawn estudió la foto, con el ceño fruncido. Era imposible que la hubiesen tomado en Londres. Ligeramente sonrojado por el enojo, levantó la cabeza de nuevo hacia Elijah.
Elijah era pésimo al ocultar sus emociones y la mueca en su cara con el ceño fruncido y los dientes apretados fue todo lo que se necesitó para que Shawn saltara de su silla, apenas antes de que Dawlish llegara junto a él y le pusiera las manos al cuello, sujetando el cuello de su camiseta y jalando hacia arriba. Eran prácticamente de la misma altura pero de alguna manera el enojo volvía más alto y dotaba de una fuerza sobrenatural a Elijah.
—¿Es lo que pretendes con ella? Tenerla como una especie de trofeo y llevarla por ahí para presumir con todo el mundo hasta que te aburras?— cuestionó levantando una ceja, dejando el marco sobre la mesa con más fuerza de la necesaria pero sin dañarlo—. Porque lo que se dice de tí es que no eres una persona de compromisos. Al menos una veintena de chicas ha desfilado por tu departamento en el último año, pero ninguna dos veces. ¿Cómo puedes asegurar que no le harás lo mismo a mi hermana cuando deje de ser una novedad?
— No vuelvas a insinuar que ella no es lo bastante inteligente para decidir qué es lo que le conviene— dijo con los dientes todavía apretados, sin soltarlo del cuello—. Ella no necesita que nadie decida su futuro ni su buen juicio. Alice es lo más importante para mí, como debieron ser todos tus hermanos para ti luego de que el Ministro murió. Pero te escondiste y le dejaste toda la responsabilidad a ella. Y lo hizo con gusto. Cuidó a Phanie como si fuera su propia madre e incluso lo intentó con Sebastian. ¿Dónde estabas cuando él la llevaba hasta el extremo con su actitud? Nunca podrás reparar todas esas grietas que él le dejó en el corazón ni con centenar de puestas en escena del hermano preocupado.
Si bien los movimientos de Elijah lo tomaron por sorpresa, le bastaron pocos segundos para intentar defenderse. Estaba al menos a dos pulgadas del suelo, con las puntas de sus zapatos apenas rozando la madera del piso por lo que propinarle una patada en la pierna a Dawlish fue sencillo. Ni siquiera el más fuerte de los hombres soportaría sin dar un paso atrás ante ese dolor. Elijah lo soltó, sin desaprovechar la oportunidad de empujarlo, haciendo que resbalara hasta el suelo.
Dawlish tomó una prolongada inspiración, no lo suficientemente ruidosa como para considerarla indecente. Se adelantó un par de pasos hacia Shawn y le tendió la mano para que se levantara, teniendo cuidado en no apoyar todo su peso en la pierna lastimada.
—Yo también perdí a mi padre. Y por si no los sabías algunos daban por hecho que lo reemplazaría. Tuve que escapar de todo eso. No tenía otra opción— se arrepintió de inmediato apenas las palabras salieron de su boca. Ni siquiera había hablado de eso libremente con Hayley y ahí estaba, confesando esos miedos que lo atormentaron por meses frente a la última persona con la que le gustaría estar.
Kyle le tomó la mano con firmeza, intentando conservar lo que quedaba de su dignidad, se levantó casi de un salto y una vez de pie se arregló la camiseta.
—Entiendo que quieras estar en su vida. Es demasiado fácil amarla incondicionalmente, a veces la miro y tengo la certeza de que haría cualquier cosa por ella. Incluso romperte la nariz si sigues pretendiendo que esto es lo que se espera de tí— Elijah volvió a sentarse en su silla, intentando que su pierna dejara de doler—. Será tu decisión si continúas perdiendo el tiempo. Incluso Fabian ya es muy cercano a Phanie. Tía Lizz siempre será tu madre pero el resto no tienen responsabilidad de recibirte con los brazos abiertos.
Fabian Potter tenía conciencia de lo muchísimo que desconocía del mundo, pero su imaginación no le hacía justicia a lo inmenso del cielo y de las elevadas montañas que ni siquiera se podían ver estando en Hogwarts. Casi no se despegó de la ventana del jet sin importarle mucho los comentarios burlones de Ally. Aunque al llegar a New York, quedó completamente asombrado.
No sólo eran las luces y el bullicio, también la forma en que se comportaban los magos y muggles de ese otro país. Completamente diferentes a las personas que él conocía. Que si lo pensaba bien, no es que fueran demasiadas.
Convencer a su padre de dejarlo ir con Alice y el Ministro no fue excesivamente complicado. La mitad del tiempo estaba seguro de que ni siquiera lo escuchaba, apenas y lo miro cuando le pidió que firmara la autorización para el viaje internacional. A sus hermanas les dijo que iría a pasar unos días con su tía Lily y sus hijas, pues sabía que no querrían acompañarlo.
También se dió cuenta que gracias a su padre, no tenía ni idea de cómo tratar a las chicas. El ministro era muy cariñoso con su esposa sin importar si alguien estaba mirando, mientras que sus padres ni siquiera se besaban frente a Harri, April y él.
Otro que al parecer sabía bien cómo conducirse con las chicas era Elijah. Se había presentado junto al otro muchacho como los aurores que les cubrirían las espaldas durante el viaje. Aunque Fabian dudaba que darle su chaqueta a Ally fuera parte de su trabajo.
—Ah, entonces es algo así como tú primo... —dijo por encima de la taza de té que estaba bebiendo junto a su mejor amiga en un fantástico restaurante en la parte más alta de un edificio desde dónde se podía ver la ciudad y hasta un parque. Alice le había explicado brevemente que de hecho el lugar era propiedad de la abuela de Dawlish y que ella había cuidado de la madre de Elizabeth Kyle cuando ella quedó huérfana, como si fuera una de sus propias hijas—. Es fantástico. Tienes que tener personas de confianza alrededor mientras tu padre sigue siendo el ministro. Y la gente dice que lo hace genial, así que seguro lo hará por muchos años más.
Desde su primer año como recluta, Albus también tuvo misiones que rayaban en lo ridículo. Algunas veces Scorpius y él se habían quedado por horas afuera de una cafetería a todas luces pretenciosa, esperando al ministro.
Después se enterarían por murmullos en los pasillos, que Hamish Slughorn tenía una relación secreta de la que sólo su amiga personal Danielle Dawlish estaba al tanto. Esa clase de situaciones sólo sumaban su nada oculto desprecio hacia ellos. Potter sentía que nunca había sido del todo agradable para John Dawlish y mucho menos para Greta Catchlove, incluso antes de su ruptura con Elizabeth.
Cuando Elijah se unió a los novatos, no fue difícil reflejarse en él. Quizá se encontraba ahí por presión familiar, pero pronto tuvo que desechar esa idea en cuanto pudo notar que el muchacho dedicaba toda su atención y esfuerzo al entrenamiento. Un sentimiento extraño comenzó a formarse dentro de Albus y es que si él mismo hubiera tenido la mitad de las ganas de convertirse en auror que Dawlish, quizá su entrenamiento no hubiera sido tan desastroso.
No se habría perdido por semanas en el bosque en primer lugar, pues el chico pasó con excelencia todas las pruebas de campo. Ganó muchas de las estretegias diseñadas para probar a cada recluta de manera individual y aunque a veces Albus se encargaba de dejarle mucho más trabajo, ni una vez se había quejado.
Por eso cuando supo que al más prometedor de los estudiantes de segundo año lo habían convocado para acompañar a un viaje semi oficial a Richard Kyle, una sonrisa burlona se asomó en las comisuras de su boca sin intentar disimular que le parecía gracioso cómo le bajaban el orgullo a Dawlish, pues a sus ojos, no había nada más humillante y aburrido que ser degradado a un simple guardaespaldas.
Pero su burlesca actitud se evaporó cuando Rosie señaló que el ministro en persona solicitó seguridad especial para que dos de sus hijos pudieran acudir a un evento en New York sin tener que estar rodeados de aurores mayores y con cara seria.
No tuvo que preguntar si ese "par de hijos" incluía a Alice, pues cuando su prima específicó que había dragones y criaturas mágicas involucradas, supo sin lugar a dudas que su hija estaría ahí.
—No era una decisión exclusiva de Kyle. Debieron consultarlo con todos los instructores, ellos ni siquiera se han graduado oficialmente, apenas es su segundo año. Todavía somos responsables por ellos — dijo apretando el puño sobre la mesa.
Por supuesto le importaba muy poco si Parkinson y Dawlish volvían en pedazos. Pero que su propia hija se encontrara tan lejos y sin posibilidades de intervenir en cómo su supuesto padre tomaba tan a la ligera su seguridad, lo pusieron furioso de inmediato.
Las semanas posteriores al final de cursos en Hogwarts pasaron en un parpadeo. Elijah pasó tantas horas en su habitación repasando los libros que tomó prestados de la biblioteca personal de su abuelo, que no coincidió en casa con su hermana en ningún momento. Si su madre no le hubiera dicho que le enviaba unas galletas recién horneadas, Elijah habría pensado que Lucy se había ido de vacaciones con su tía Poppy.
Su objetivo principal era que nadie pudiera comentar que estaba ahí por influencia de John Dawlish. Fue aceptado en el programa de formación de aurores del Ministerio y aunque había dos miembros de su familia en el gabinete de antiguos miembros destacados, no permitiría que alguien insinuara que no se merecía el lugar.
El ansiado primer día llegó en una típica mañana nublada y fría. Podía sentir las cosquillas nerviosas en su estómago mientras caminaba con la espalda muy recta junto a su abuelo hacia la oficina de Harry Potter. El clima hacía casi imposible que sudara, pero se miró las manos luego de limpiarlas discretamente en su pantalón y vio que además de estar húmedas, se estaba clavando las uñas en las palmas. Aclaró su garganta. Por supuesto conocía al famoso director del departamento, pero eso no hacía más sencillo todo el asunto.
Después de saludar al hombre y despedirse de su abuelo, fue conducido a un salón con paredes redondeadas y el techo tan bajo que le daba un aspecto de mazmorra. Pudo reconocer a los dos magos que se presentaron como instructores pero se alegró únicamente por la presencia de Rosebud Malfoy a la que conocía desde que era pequeño y su tía Lizz era su niñera. Albus Potter también era una cara familiar en ese entonces, pero afortunadamente el ministro Kyle fue el que se convirtió en el esposo de Elizabeth. Potter nunca le generó simpatía y con el paso de los días quedó claro que era un sentimiento mutuo pues le exigía mucho más que a los otros novatos.
Sin importar las lesiones que hubiera coleccionado al final de día, Elijah nunca le otorgó a Albus la satisfacción de verlo rendirse por el exceso de exigencia. Aunque todas las noches tuviera cara de que devolvería la cena y su madre lo mirara como si esperara que en cualquier momento fuera a desmayarse.
Ese primer año se sintió como una larga pesadilla. Y al final, ni siquiera se sentía él mismo el día de la promoción de grado. Sus abuelos y sus padres aunque estaban vestidos elegantemente como correspondía, no pudieron evitar vitorear y aplaudir como en los viejos tiempos cuando todos asistían a los partidos de fútbol de Lucy. Fue consciente de la tímida sonrisa que esbozó al acercarse a la mesa de honor donde Harry Potter le dio un diploma con su nombre y el ministro Kyle le colocó una insignia en el lado derecho del pecho que lo acreditaba como auror oficial de segundo año. Por fin se sentía completamente digno del fruto de su esfuerzo y ya nadie podría dudar que tenía talento para seguir los pasos de Daniel y John Dawlish. Solo hasta que notó un golpecito en el hombro de parte de su abuelo Gérard, salió de todos esos pensamientos para disfrutar del momento y los abrazos de su familia.
Apenas y hubo tiempo de descansar un par de días en la casa de sus abuelos en la campiña francesa, pues incluso a esa distancia la lechuza oficial lo encontró para anunciarle que le habían asignado su primera misión. Conocía bien a su compañero aunque lamentablemente nunca fueron cercanos antes de la asignación que consistía en vigilar al ministro y una pequeña comitiva de funcionarios en un evento oficial en el ministerio de magia de New York.
—Dicen que la comida es bastante buena en América— dijo a Klaus Parkinson cuando le pareció que llevaban bastante tiempo sin hablar, luego de haber comentado lo cómodos que eran los asientos y la espectacular vista desde las ventanas del jet.
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La risa burlona de Albus resonó en la habitación aunque no estaba vacía. Toda clase de adornos y muebles de aspecto antiguo y delicado la llenaban de esa falsa sensación de comodidad que no llegaba a parecerse nada a estar en casa.
Elizabeth Potter le dedicó una breve mirada a su esposo y luego rodó los ojos, negando con la cabeza. No se podía contar nunca con que Albus tomara algo en serio.
—Lizz, si nuestra pequeña estuviera corriendo suplantando a Fabian, yo lo sabría. Elijah no lo permitiría. ¡Los siguen decenas de cámaras de prensa y espectadores! ¡Alguien lo habría notado, por las barbas de Merlín!— dijo Potter sin poder dejar de sonreír por lo rídiculo que sonaba aquello. Sacado literalmente de las peores pesadillas de su esposa.
Sin embargo, ella no estaba tranquila. Tomó un pequeño sorbo de la bebida que tenía en su mano y suspiró, cansada.
— Te he dicho que hoy mismo pude ver en las cámaras de la prensa la diferencia. Estoy segura de lo que digo cuando aclaré que eran los ojos de Alice y no los de Fabian en la pantalla. No sé por qué lo están haciendo a tus espaldas y de todos, pero esto debe detenerse. Por lo que entiendo es ilegal e incluso podrían quitarles todos sus trofeos y licencias de funcionamiento.
Potter no podía dejar de pensar que era imposible. Esa misma noche por la expresión en la cara de su piloto número uno, notó que jamás había visto a su hija antes. Aunque bien podían echar mano de la magia e incluso poción multijugos para pasar desapercibido entre la gente, los efectos de cualquier hechizo se perderían al iniciar la competición. Y estaba también el hecho de que Fabian no pondría en riesgo a su hermana, ni tomaría tan cómodamente los triunfos de ella como propios.
— Hemos criado bien a nuestros pequeños y si en contra de todas las posibilidades han estado engañando a la federación, deben tener una muy buena razón para ello. Prométeme que esperaremos a ganar la carrera del domingo para hablar con ellos. Sebastian no esta en condiciones de conducir, lo vi realmente interesado en el casino y no creo que salga esta noche de ahí.
Elijah Dawlish's POV
No tuvo otra opción. No pudo decir que no estaba de acuerdo, que era muy arriesgado.
En primer lugar, estaba toda su familia en el lugar. No podía simplemente negarse a que Alice compitiera porque aunque fuera Fabian quien subiera al podio, sería ella vuelta tras vuelta la que recibiría los vítores y gritos entusiasmados de la creciente afición de los Potter Racing.
En segundo lugar, estaba claro que entrar en un desacuerdo con su querida amiga, la alejaría de él lo suficiente como para evitar hablarle durante el resto del fin de semana.
Y sin duda Charles aprovecharía esa absurda palmadita en el hombro de parte de Albus Potter para intentar acercarse a ella.
— Parece que mi padre piensa que Charles y yo podemos ser buenos amigos— dijo Alice en tono neutral, mirando deliberadamente en la dirección en la que el joven piloto había desaparecido.
Elijah le respondió con una mueca.
—Tú también deberías ir a dormir ya, aunque la carrera es por la noche querrás entrenar un poco en el gimnasio por la mañana.
Alice levantó una ceja, notando el tono hostil de su amigo. Le parecía divertido que entrara completamente en su papel de ingeniero estratega.
—Lo que digas, Benji Vader. De cualquier manera no hay nada que se interponga en mi camino y el trofeo de primer lugar.
I had the fantasy that maybe our mismatched star signs would surprise the whole school
A pesar de todos los premios, la madre de Charles siempre estaba inquieta por él desde las prácticas libres hasta que ondeaba en la pantalla la bandera a cuadros marcando el final del fin de semana el día de la carrera principal. El único momento de paz lo tenía cuando su hijo volvía a casa durante las vacaciones. Podía mimarlo y asegurarse de que descansara y comiera adecuadamente. Algo que cualquier madre podría calificar de ordinario, pero el suyo no era un muchacho común.
...
Él sabía que su madre se preocupaba mucho durante la temporada de carreras. A pesar de que le repetía todo el tiempo que siempre era cuidadoso al conducir y que nunca tomada riesgos innecesarios. Además, le decía una y otra vez que su monoplaza era un verdadero prodigio de la ingeniería. Nunca fallaba. Parecía diseñado para leerle la mente.
Sylvie Dawlish, supo desde el momento en que tuvo en sus brazos a su recién nacido, que ese bebé sería todo menos ordinario.
...
Siendo el primer nieto de sus padres, el único sobrino de su hermana y el más pequeño nieto de sus abuelos paternos, estaba destinado a ser un pequeño príncipe. Aunque gracias a ella principalmente, Elijah jamás se comportó como un cretino. Muy distinto a como actuaban algunos de los hijos de sus amigos en su círculo cercano.
Si se trataba de la responsabilidad compartida de los padres, era algo que no discutiría. George también se esforzaba por ser un buen ejemplo para su hijo, sin importar lo que sus amigos pudieran opinar.
Al menos la amiga más cercana de Elijah era dulce y sensata. Un brillante rayo de luz sin importar el lugar donde se encontrara. Aunque Elijah al parecer era muy distinto en el garage del equipo Potter Racing.
Dicen que ninguna madre es igual a otra. Pero si había algo que caracterizaba a Elizabeth Longbottom Potter de cualquier otra, es que podía reconocer a sus gemelos aún mientras usaban gorritos y ropa idéntica. A diferencia de Albus que solía hacer trampa descubriendo el cabello de sus pequeños para diferenciar a Fabian de Alice, Lizz memorizó sus rasgos desde la primera vez que miró a cada uno.
Los comentarios en la prensa lo tachaban de estricto y malhumorado, y aunque a pesar de eso no había queja de su desempeño como ingeniero, Sylvie sospechaba que quizás teniendo a Ally de visita más seguido en el paddock, esa imagen tan negativa de su hijo podría cambiar. Pero por alguna razón siempre encontraba excusas para no estar alrededor.
...
Por eso no era del todo inesperado que fuera la única que notó que el par de ojos debajo del visor de ese llamativo casco de fibra de carbono no pertenecían a Fabian.
Y aunque al principio estuvo a punto de llamar a Albus hasta Las Vegas y gritarle por teléfono a miles de kilómetros de distancia, decidió ir a la ciudad, presentarse en el hotel y hablar primero con Alice. Ni siquiera podía imaginar cómo ella había burlado a todos los involucrados en el equipo por tanto tiempo. Era lógico que Elijah, Fabian e incluso Sebastian tuvieran que ver en toda esa farsa.
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Elijah Dawlish's POV
Desde muy pequeño, Albus Potter siempre tuvo demasiada imaginación. Podía construir cualquier cosa con pocos materiales. Al graduarse de Hogwarts y luego de ingresar al Ministerio, reparó cientos de objetos del Departamento de Misterios, aunque el lugar poco a poco cayó en desuso mientras más magos se interesaban en la ciencia. Ese aspecto olvidado por los magos que de alguna forma no era completamente muggle. Los más grandes exponentes de la física cuántica moderna por ejemplo, tenían algún mago o bruja en su árbol genealógico. Cada vez más chicos y chicas criados en familias mágicas se interesaban en las ciencias que explicaban el universo.
Pero construir ese auto de fórmula uno, era algo completamente diferente a reparar o construir con magia algún objeto que terminara siendo fantástico. Albus no podía ayudar del todo en eso pero sabía que hacer.
Fue fundamental reunir a varios ingenieros expertos que trabajaron antes en otras escuderías. El presupuesto no era un obstáculo, pero se necesitaba de alguien con verdadero interés en el tema para liderar el departamento creativo.
Elijah estaba impresionado porque no fue su "tío" Albus, sino Alice, que tenía el doble de imaginación que su padre además del conocimiento de los autos, pues ella también era piloto. Y Elijah ahora sabía quién se había llevado prestados sus libros de física que usó en la universidad.
Era absolutamente fantástico verla trabajar. Pasó horas y horas con ella mientras trazaba los planos, con una maestría impresionante. Si bien tenían un modelo base, conducir además de saber diseñar le daba el panorama completo sobre cómo tenía que ser el auto perfecto.
Los problemas comenzaron cuando encontraron a los pilotos que iniciarían la temporada. Desde el comienzo, que Seb y Fab pudieran subir al monoplaza era una opción válida. Pero durante las sesiones de práctica, fue evidente que Fab no estaba dispuesto a subir a una máquina tan rápida y tan diferente a su auto de karting. Entonces Ally tuvo que hacerlo por él hasta que dejó el vehículo lo suficientemente analizado en todos los aspectos para asegurar que era completamente seguro de conducir.
Charles y Logan era buenos, pero Elijah sabía que nadie podría sacarle tanto provecho como Ally a esa máquina tan poderosa que cualquiera diría que estaba modificada con magia.
Fue así que ni siquiera él pudo evitar que Alice compitiera realmente, pretendiendo ante todos que se trataba del mismo Fabian. Una cosa había sido poner el nombre de alguien más en carreras locales de karting pero exponerse de esa manera ante todas esas personas y las miles que seguían el evento por televisión era lo más arriesgado que hicieron jamás. Apenas y podía creer que no los atraparan y esa angustia en su pecho no le permitió disfrutar de la primera victoria de su amiga de toda la vida.
— Lo único que necesitas saber es que es la hija de uno de los dueños de la escudería y ya que ella atiende y negocia con los patrocinadores, es prácticamente nuestra jefa... — le dijo a Charles cuando se atrevió a preguntar si Fabian y Alice estaban relacionados de manera genealógica con Lucy y él mismo—. No estoy seguro de que intenciones tenía mi tío Albus al decir que deseaba que pudieran ser amigos, pero estarás mejor si te olvidas de eso.
No lograba entender por qué el asunto con Coulthard lo tenía tan irritable. Alice sólo era su amiga. Prácticamente eran familia. ¿Por qué se sentía de esa forma?
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Elijah Kylian Dawlish's POV
Su abuelo Gérard Gaillard siempre fue un apasionado de los autos. Recordaba los veranos calurosos tan diferentes a los de Londres, sentado en su regazo y tocando la bocina del vehículo que estuvieran conduciendo, a la menor provocación.
A su padre, George, no le hizo mucha gracia que lo único que pidió para su tercer cumpleaños fuera un auto de karting. Luego de convencerlo de que aún era un poco pequeño para alcanzar los pedales, su abuelo lo llevó al lugar que se convertiría en su sitio favorito por los siguientes ocho años: a la carrera en el circuito de Paul Ricard. O cómo la gente decía, al Gran Premio de Francia.
Tenía que cumplir con su educación en Hogwarts desde que tuvo once años, pero siempre volvía para esa fecha en especial que disfrutaba más que la Navidad o su cumpleaños.
La fascinación por los circuitos, los autos y las carreras no podía limitarse a un par de días anuales. Sus padres tenían buenos amigos muy cercanos y aunque era el mayor de todos, no resultaba difícil incluirlos en sus juegos de simulación de carrera pues cada uno tenia un vehículo de juguete lo suficientemente grande para montarlo e incluso los más pequeños podían ser incluidos como equipo de pits. Se reunían al menos una vez por semana durante las vacaciones y muy pronto el juego se convirtió en el favorito de todos.
Se esperaba que él en algún momento tomara el lugar de su padre administrando la editorial de sus abuelos, pero Elijah no se veía a si mismo organizando eventos de conmemoración ni eligiendo portadas para reimpresiones. Tenía claro lo que quería hacer, aunque lamentaba tener que hacerlo en solitario.
Así que fue un gran golpe de suerte cuando Fabian, Ally e incluso Sebastian comenzaron a acompañarlo a practicar en los autos de karting. Al menos así no se sentía solo, pero al ser el mayor, sentía la responsabilidad por el bienestar de sus "primos". Afortunadamente nunca tuvieron algún accidente. Lo único malo es que no había una división para chicas entre las categorías que aceptaban niños de su edad y Alice era realmente talentosa. No había manera en que la dejaran atrás. Aunque tenían que llevarla con el cabello oculto bajo el casco y registrarla con el nombre de Gideon, su hermano pequeño, ni una vez dejó de ir con ellos.
Los años pasaron más rápidamente que lo que les hubiera gustado a sus padres. Se graduó de Hogwarts con el premio anual y la insignia de prefecto. Sus padres estaban demasiado orgullosos como para prohibirle algo, así que no desaprovecharía esa ventaja. Y sabía muy bien lo que quería hacer después de dejar el colegio.
Gracias a las ventajas que daba tener como padrino al único inefable que quedaba, con un giratiempo y algunos otros inventos, cursar la universidad muggle para entender la ciencia detrás del deporte que tanto le gustaba, le tomó sólo un año.
Sin embargo, conseguir un lugar como miembro del equipo con más victorias, fue mucho más complicado. No quería que alguien pudiera comentar que sólo estaba en el puesto por sus influencias, pero sin duda una llamada de su abuelo Gaillard al dueño de Ferrari facilitó mucho las cosas. Ingresó como asistente, pero rápidamente se ganó un lugar junto al director de estrategia de carrera. Después de unas semanas, nadie podía poner en duda su talento. Parecía conocer cada uno de los aspectos del deporte, incluso los más intrascendentes.
Estar en el negocio facilitaba el acceso a vehículos, horas de práctica, uniformes y demás cosas que siendo adolescente y fuera de Francia no conseguiría a menos que le rogara por días a su padre. Sus amigos también se vieron beneficiados con esa nueva libertad y cada día pulían más y más su talento natural. Fabian y Seb sin duda eran rápidos, pero ninguno lograba lo que Ally incluso con neumáticos usados. Ni siquiera él tenía esa habilidad y le costaba un poco reconocerlo.
Solo eran cuatro pilotos entre todos los chicos que formaban el clan Potter-Kyle-Dawlish pero justo los suficientes para poco a poco alimentar el interés de sus padres por el deporte con cada competencia a la que asistían. Era una lástima que no tuvieran una liga especial para Alice, que tenía que seguir corriendo bajo un pseudónimo.
Tres años después, finalmente su padrino Albus le dió la noticia de que compraría una escudería con sus amigos. Eso incluía a su padre y al ministro Kyle.
No había muchos magos involucrados en el automovilismo y eso sería sin duda un reto, pero no imaginaba ni en sus sueños más salvajes que les tomaría menos de seis meses lograr formar un equipo tan bien organizado como para adquirir la licencia de la federación y participar en la temporada que estaba por iniciar a finales del invierno.
Tenían el nombre de la escudería, el lugar que sería su sede con su propio circuito privado para prácticas y pruebas. Pero todavía faltaba el diseño del monoplaza.
No pudo evitar decepcionarse, pues a pesar del increíble debut de Fabian Potter, él no volvió a correr por más de cuatro fechas seguidas, durante las cuales Sebastian se lució como nunca. Aunque obtuvieron algunas penalizaciones por los cambios realizados a los autos, esos cuatro grandes premios serían recordados como los primeros 1-2 de la escudería. Algo que también era sorprendente para un equipo nuevo y que los expertos no dejaban de señalar.
Los patrocinadores se acumulaban y las ofertas de otros equipos no dejaban de llegar, pero Charles sabía que sería demasiado injusto dejar al equipo que confió en él. Además que seguramente nadie tendría un auto similar al inicio de la siguiente temporada. Los planos y detalles del monoplaza eran tan celosamente resguardados que incluso alguien siempre estaba pendiente de que nadie externo se acercara a menos de dos pasos de los vehículos cuando se encontraban en la línea de salida o en los garajes.
Muy pronto llegó la penúltima fecha del campeonato y con el título de subcampeón mundial prácticamente en el bolsillo, Charles se había olvidado de sus múltiples intentos de conocer al misterioso Haku. Mientras siguiera proveyendo una máquina tan increíble y perfecta como la actual, daba igual si el hombre tenía cinco o cien años, un sólo ojo o una apariencia terrorífica como algunos especulaban, siempre intentando justificar su ausencia.
Para su sorpresa, Fabian volvió para la carrera en Las Vegas. Aunque hablaba muy poco y en parte se justificaba que usara la visera del casco por el exceso de luces del circuito nocturno, no era mala compañía. Incluso rieron un rato de un par de chistes y quedaron de verse para la cena. Charles era de los pocos pilotos que no se paseaba por ahí con alguna chica preciosa como salida de alguna revista, pero sin duda las que frecuentaban el paddock en territorio Potter Racing llamaban su atención. Sabía que sus posibilidades con Harriet eran casi nulas, pero Lucy siempre era amable con él aún bajo la mirada de halcón de su hermano Elijah. Podría preguntarle a Fabian durante la cena si sabía si ella tenía alguna clase de compromiso, pues parecían muy unidos. No estaba seguro si los dos eran de hecho parientes.
Pero como si el destino estuviera escrito por su más grande fan, le aguardaba una sorpresa. Esa misma noche llegaría una respuesta a las plegarias que ni siquiera había elevado.
Los altos mandos del equipo tenían una gran fiesta en uno de los icónicos hoteles de la ciudad. Aunque por supuesto, de nuevo, Pacini no se veía por ningún lado. Albus Potter iba acompañado de dos mujeres que parecían una versión más joven de la otra. Era lógico pensar que se trataban de su esposa y su hija, la gemela de Fabian a quién nunca había conocido ni siquiera en fotografías. Pero una vez que puso sus ojos en Alice Potter, se sintió como si el resto de las personas desapareciera.
Albus estaba muy emocionado por presentarlos a ambos, casi como si esperaba que pasaran un rato juntos, que se volvieran buenos amigos quizá. Él apenas podía articular palabra, expresando lo honrado que se sentía por conocerla al fin. Sabía por su hermano y algunos comentarios al aire de Lucy, que era una persona bastante ocupada. No sólo se encargaba de evaluar y aceptar finalmente a todos los inversionistas, tenía además su propia fundación para la protección de las criaturas mágicas.
Justo cuando se sentía más cómodo hablado con ella, pudo notar una presencia familiar detrás de él.
— Tienes que ir a dormir ya, Coulthard. Tu entrenador dice que te espera en el gimnasio a las diez de la mañana— dijo Dawlish sin ninguna emoción en su voz, pero acercándose un poco más a ellos lo suficiente para ofrecerle un vaso pequeño que parecía estar lleno con agua a Alice—. Y tú deberías mantenerte hidratada, no es el clima que acostumbras.
Al parecer nadie se salvaba de las órdenes de Elijah, pero no pudo evitar darse cuenta que aquello lo había pronunciado con un tono de auténtica preocupación e interés que jamás escuchó antes viniendo de él.
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Fabian parecía un muchacho amable y sincero. O esa fue su primera impresión. A pesar de seguramente haber crecido entre toda clase de lujos, Potter no parecía un cretino. Kyle a quién todos llamaban Seb, excepto Charles, era completamente diferente. El estereotipo de muchacho privilegiado, paseando en el garage como si todo le perteneciera. Alentado por los mecánicos que lo trataban con extrema diligencia, aunque no eran los únicos. Su hermana también apareció en la escena. Era a la vez una especie de guardaespaldas y su preparadora física personal, con la misma mirada de superioridad que Sebastian.
Una nueva adición bastante más agradable al equipo fue Lucy Dawlish, que a diferencia de su hermano, siempre tenía una sonrisa y les explicaba amablemente a los tres pilotos acerca de lo que podían hablar o no para las cámaras de acuerdo a los reglamentos de la federación pero también respetando las ideologías de la escudería. Cómo gerente de comunicaciones era su deber estar al tanto de los tres y aunque era más frecuente encontrarla con Potter, a Charles eso no le molestaba.
Había algunas cosas que comenzaron a pasar a partir de la incorporación de los dos chicos y que era complicado no notar. Por ejemplo, para algunas sesiones de práctica previo al reinicio de la temporada, Fabian dejaba de ser el sociable y sonriente muchacho de siempre y no se quitaba el casco en ningún momento hasta que volvía a su habitación de preparación detrás del garage.
Y era cuando más inquieto se le podía ver a Elijah Dawlish. Se movía por el paddock sin quitarle los ojos de encima y debido a su altura y porte era imposible no verlo. A Charles sinceramente lo ponía de nervios.
Eso sin contar que daba más y más consejos durante esas sesiones, sobretodo a él. Parecían indicaciones directamente de parte de Pacini, como si estuviera mirando la sesión aunque sin que Charles pudiera siquiera verlo de lejos aún. Parecía tener cámaras en todas partes, pero aún no lograba conocerlo.
El fin del descanso de verano llegó y con eso, la primera carrera oficial de Kyle que fue el primero en subir al auto. Obtuvo un cuarto lugar como Coulthard en su primer gran premio y aunque su padre y sus "tíos" estaban eufóricos, Elijah sólo anotaba cada estadística y apenas y le dedicó un pulgar arriba cuando el muchacho lo buscó con la mirada. Charles desde el escenario de premiación sólo se ganó un par de aplausos de parte de su ingeniero y nada más.
Durante la siguiente fecha de carrera, todas las prácticas libres fueron lideradas por los Potter Racing, como los llamaban para acortar, alternando el primer y segundo puesto vuelta tras vuelta. Fabian Potter parecía tener un talento excepcional y Charles se preguntó por un momento cómo no había sido más reconocido anteriormente pues todos los puntos de su superlicencia de piloto según supo, los obtuvo en el simulador y durante carreras de poca importancia en la Indy Car. El reglamento actual era bastante flexible y dejaba que todo el que tuviera el suficiente tiempo y dinero para invertir en diez mil horas de práctica en un simulador de primera categoría, podía conducir un fórmula uno.
Pero una vez más, el muchacho Potter no se quitó el casco ni una sola vez y tampoco habló con nadie durante los dos primeros días del fin de semana. Charles comenzaba a creer que era algo relacionado con la superstición, tan común en todos los deportes.
El domingo sin embargo, era imposible mantenerse con el traje de piloto completo todo el tiempo. Había entrevistas, acercamientos de cámara e incluso una transmisión a bordo del auto que seguía al piloto durante toda la experiencia en la pista. Y aunque Charles estaba algo distraído por la atención alrededor a la que no terminaba de acostumbrarse, no pudo evitar notar que Fabian se alejaba del resto de las personas de su equipo en el garage y de las cámaras para tener un minuto a solas. Coulthard había aprendido que cada uno de sus compañeros de otras escuderías tenían pequeños rituales para antes de subirse al auto, pero normalmente no se escondían para realizarlos. Incluso era una forma de empatizar con el público, haciendo que la gente se sintiera más cercana a ellos, como si fueran amigos de años atrás por conocer esos pequeños detalles de su vida y costumbres. Dejaban que las cámaras que los seguían a todas partes capturaran esos momentos previos de preparación mental antes de la carrera, pero parecía que su compañero de equipo no estaba dispuesto a exponerse de esa forma todavía.
Cuando Potter volvió, no habló con nadie más y simplemente se metió al auto. A Charles le pareció curioso que Elijah Dawlish en persona fuera a asegurarse que sus cinturones estaban en posición. Por supuesto, no lo señalaría a nadie. Y los mecánicos en los pits tampoco dijeron nada al respecto aunque esa maniobra en particular era exclusiva de ellos.
Ese día tan extraño, culminó con la primera victoria de Potter. Ante el asombro de todos y cada uno de los presentes, porque había muy escasos registros de otras épocas en las que un debutante ganara su primera carrera. Nunca pasó antes en la categoría más alta. Era inaudito. Se revisaron varias veces los vídeos de cada curva y recta para encontrar algún defecto en la conducción que no permitiera que Potter subiera a lo más alto del podio pero ninguno de los comisarios logró encontrar nada fuera de lugar.
Aprovecharon el rato de deliberación para hidratarse y descansar un rato junto a la pared del garage. A Charles lo que más le impresionaba es que Fabian no parecía en absoluto cansado, ni le temblaban las piernas como a él en su primera victoria. Quizá era resultado de su estricta preparación previa. Iba a señalar algo sobre eso cuando finalmente los llamaron para las entrevistas y la ceremonia de premiación.
El muchacho de cabello castaño claro tenía al público a sus pies y a su padre y "tíos" ya sin voz por los gritos. Charles mismo estaba contagiado por la alegría de compartir el triunfo con su compañero y se permitió imaginar que con algo de suerte, obtendría también un nuevo amigo después de ese día. Mientras participaba del baño de champaña, Charles sólo podía pensar que posiblemente con la influencia de Fabian, podría por fin conocer a la mente maestra detrás de esas obras de arte que eran sus autos, los llamados PR AP 1.
Charles Coulthard sabía que tenía mucha suerte. Terminó en segundo lugar en el campeonato de la categoría inferior, la fórmula 2, por una desafortunada entrada a pits en la última carrera. Pero había dado mucho de que hablar durante el año y esa nueva escudería necesitaba un talento joven, dispuesto a demostrar su talento dando todo su esfuerzo y él era el candidato perfecto.
Potter DK F1 Racing recién tenía licencia de funcionamiento, surgiendo casi de cero, por lo que se decía que sin duda poseían muchísimo más presupuesto que los ganadores del campeonato de constructores del año anterior.
La cara de la empresa y socio mayoritario, Albus Potter, realmente parecía un hombre bastante agradable. Los cotilleos decían que una noche estaba con sus amigos George y Richard, la idea de invertir en algo completamente fuera de su círculo llegó de pronto y los llevó a adquirir la escudería en lo que la prensa llamó después un arrebato de genialidad.
Una parte importante eran los pilotos, además de todo el equipo de logística, el edificio, el circuito privado. Charles se sintió como en casa muy pronto. Durante la temporada de pruebas y prácticas en el recién remodelado circuito de Donington Park, Albus sólo le pedía que se divirtiera, pero Coulthard conocía bien su lugar y sus responsabilidades, pues de no cumplirlas, duraría muy poco en el puesto como tantos otros jóvenes talentos.
Por eso cuando quedó en cuarto lugar luego de su primera carrera, no le resultó del todo rara la hostilidad de su ingeniero, en contraste con lo felices que estaban los tres directores y dueños del equipo.
A Elijah Dawlish lo conoció en el mismo momento en el que puso un pie en Leicestershire. Y no le sorprendió del todo enterarse que de hecho, era hijo de George Dawlish, quién tenía un tercio de las acciones de la empresa. Esos niños ricos siempre tenían un lugar en los negocios de sus padres sin importar si eran buenos o malos para el trabajo. No lo admitiría más tarde, porque definitivamente no eran los amigos que se suponía debían ser, como los otros ingenieros y pilotos de la parrilla, pero Dawlish en verdad sabía lo que hacía.
A veces, Charles creía que Hakuryu Pacini sólo era un pseudónimo para el mismísimo Harry Potter, pues algunos lo llamaban simplemente Haku. Aunque él no sabía que el mítico personaje tuviera talento para la tecnología automotriz además de su legendario desempeño en defensa contra las artes oscuras.
Al término de esa primera ronda, Elijah le habló de algunas cuestiones técnicas sobre el auto y cómo posiblemente un cambio en el alerón trasero podría darles un DRS más sólido, pero que tendría que conversarlo directamente con el director de tecnología. Un hombre a quién casi nadie había visto además de los altos mandos.
...
La primera victoria se sintió como un sueño. El auto respondía a la más mínima maniobra que él realizara como si fueran uno mismo. La perfecta combinación del auto con su temperamento y las ganas de demostrar que merecía ese lugar, fueron los ingredientes del éxito. Su familia no se cansaba de repetirle que nadie podía negar su talento nato, su derecho a pertenecer entre los primeros.
Creyó que por fin conocería a Pacini al subir al podio aquél día, pero en su lugar fue Elijah Dawlish el encargado de recibir el trofeo en nombre de la escudería. Sería una de las pocas veces que lo vería sonreír.
Las siguientes carreras fueron casi como comer pastel. Logró estar en todos los podios y los más felices eran los tres dueños de la escudería, que aunque no podían asistir a todas las sedes, si se aseguraban de llamarlo y felicitarlo después de cada premio. Dawlish en cambio si no obtenía el primer lugar, lo reprendía y le solicitaba a su entrenador que le diera más sesiones de acondicionamiento físico sin importar el clima o el día de la semana.
No le molestaba del todo el ambiente tan estricto, porque si quería ser un campeón mundial el siguiente año, tendría que esforzarse aún más y lo sabía. Entrenaba por horas con los simuladores de carrera y comenzó a anotar algunas ideas que posiblemente podrían mejorar el rendimiento del monoplaza, pero cuando solicitó una reunión con el director de tecnología y diseño, simplemente se la negaron explicando que no se encontraba en el país.
Una de las ventajas del receso de verano es que podías olvidarte de todo por un tiempo. Sin teléfonos sonando cada pocos minutos ni largas sesiones programadas de entrenamiento que terminaban estirando cada fibra muscular de su cuerpo. Era libre para despreocuparse de lo que significaba su día a día y nadar, esquiar o simplemente tirarse en su sillón favorito en casa de sus padres en Mónaco.
Intentó no pensar demasiado en esa audiencia fallida, pues lejos de sentirse ofendido, la curiosidad por tanto misterio alrededor del diseño del auto lo distraía de sus tareas, casi perdiendo el tercer lugar en la última fecha de la mitad de temporada.
Sin embargo era imposible desconectarse por completo. La bien llamada Silly Season era emocionante a su manera. Los rumores de fichajes de pilotos entre escuderías e incluso ascensos de algunos otros desde categorías inferiores para la siguiente temporada, daban pie a largas horas de análisis y conversaciones entre los que se consideraban expertos en el deporte. Se podía ver algún programa especial casi en cada canal de televisión todos los días.
Y considerando su puesto en el campeonato de constructores, no resultaba tan descabellado que Potter Racing considerara cambiar a su segundo piloto, cuyo rendimiento no llegaba a ser igual al de Charles, pues a pesar de tener el mismo auto simplemente parecía no adaptarse tan fácilmente. Ya se hablaba en la prensa del favoritismo hacia Coulthard y era hora de ahogar esos rumores buscando a alguien que tuviera las mismas ganas de dar todo de sí para alcanzar el triunfo.
Las noticias de los candidatos definitivos y sobretodo la alerta del grave vacío legal en el reglamento, lo sorprendieron navegando por internet. Tenía múltiples aplicaciones de noticias y entretenimiento que instaló para distraerse pero también para mantenerse en contacto durante el verano. La federación había aceptado que no sólo uno, sino dos pilotos se turnaran el segundo auto de Potter DK F1 Racing por el resto de la temporada. No había una cláusula que lo prohibiera específicamente y los abogados se sujetaron a eso para ganar la resolución. No fue una gran revelación que ambos eran hijos de los dueños de la escudería. Sebastian Kyle y Fabian Potter.