Para qué escribir
Pero hay veces que escribir no sirve para rellenar los huecos en blanco de una existencia, sino para teñir de negro todas las aristas que rodean esos huecos. De un barro viscoso que fuerce a resbalar, que acabe haciendo apetecible o, al menos, aliviador caer en ese hueco; y entender al que caído, acompañarle en un infierno que muestra que fluir frecuentemente no es un opción sino la falta de opciones.
Sólo así, en esos estanques de pez, podemos tratar de avanzar hasta la siguiente orilla, esperando que el barro esté seco y podamos volver a salir.












