Hoy no quedan rastros del más impactante Palacio de Santiago, el Concha-Cazotte (1876), entre Av. Brasil y el Liceo de Aplicación. Algunos lo llamaron “una pesadilla turco-siamesa”: tenía cúpulas doradas y escalinatas de mármol y un parque con palmeras. Allí se realizó la fiesta del siglo: el baile de fantasía, al que no faltó Edwards Bello.
Pero la familia de Enrique Concha y Toro no sobrevivió a los despilfarros, los malos negocios y la muerte de una hija por intoxicación de erizos. El edificio fue demolido en 1935, se loteó su parque y dio paso a un conjunto residencial que hoy es el barrio Concha y Toro.














