“Tú no tienes idea de lo que puedo o no imaginar.” bromeó, queriendo seguir el juego por un minuto más. No lograba ubicar la razón del porqué, pero estar cerca de este chico, al que solo había visto por años correr entre la pandilla de cuervos de ravenclaw, con andar misterioso y pocas palabras dirigidas hacia ella más allá de un contexto escolar, le hacía sentir extrañamente tranquila, casi protegida, si es que tenía que describirlo más específicamente. Lo cual era un tanto contradictorio puesto que hasta Cassia notaba que los problemas no dejaban de seguirlo. Si la chica fuese tan inteligente como creía serlo, mantendría alejada de él; mas confiaba demasiado en una vida llena de buena suerte y años de pruebas que no tenían mayor explicación que esa. “Quizá lo hago. Aunque no lograras que lo admita sin un abogado presente. O una buena contribución al negocio” sus hombros se alzaron nuevamente y aprovechó para regalarle la más inocente de las sonrisas. No traficaba nada incorrecto o contra la ley, simplemente tenía un amor poco común hacia el azúcar. El comentario que salió de los labios ajenos no debió haberla molestado, pero si fue suficiente para causar duda y vacilación en su interior a partir de ese momento. ¿A caso no era bienvenida ahí? Tenía sentido, estaba invadiendo su espacio personal, no le había dado más opción que lidiar con ella— “Me agradecerás después, cuando parezcas un niño con subidón de azúcar.” ocultó su repentino pesar detrás de una corta risa. Mordió un pedazo de gomita, observando a Alastair con mera curiosidad, intuía que la base de su sugerencia iría en contra del concepto idealizado que la pelirroja tenía respecto a las relaciones. ”O… ellos son una prueba más de que algo así existe. Yo elijo creer eso.” nada le haría cambiar de opinión. Poco después, una risa vibró a su alrededor. De todo lo que lo había escuchado decir, lo último era lo más increíble. “Si yo realmente fuera Danny, ¿por qué me elegiría a mi? No tiene sentido. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien. Y.. tus nudillos no están hinchados, así que…” otra gomita. Mientras su ex compañero hablaba, ella asentía como lo haría una terapeuta. “¿No estás pensando en como salir de aquí, al igual que todos?”
― No sé qué pensar de eso, tiene demasiadas implicaciones ―repuso tras escucharla, a pesar de que se trataba de una broma. Honestamente no tenía idea de cómo funcionaba Clearwater, era un misterio. Sólo la recordaba como la niña de los dulces y las sonrisas, una actitud demasiado empalagosa para juntarse con la suya―. Nah. Siento que si lo hicieras, me lo habrías dicho ya ―descartó la posibilidad. No parecía ser del tipo que escondiera asuntos ilegales, más bien de quienes seguían las reglas y convivían pacíficamente con los demás, un grupo al que él no pertenecía. Jamás creía hacerlo, no se le daba ser tranquilo o paciente. Ella, en cambio, lucía cómo la persona a la cual se le escaparía de pronto que había realizado una mala acción. Montague escogió otro dulce y lo saboreó mientras escuchaba a la pelirroja―. Claro que crees eso. Supongo que tendremos distintas opiniones sobre si existe o no lo que sea que tengan. Las mías serán más, ¿cómo decirlo? Deprimentes ―así las calificarían algunes, sin embargo él las consideraba realistas. En su vida no fue espectador de muchas relaciones amorosas; al contrario, todo parecía falso, o frágil, o terrible. No era tampoco cómo si le importara mucho; el amor, o lo que fuese, no era para él, tampoco de su interés―. Buen punto ―corroboró la defensa de Cassia, alzando sus cejas a modo de sorpresa. Touché. Además Danny se habría acercado él mismo, con su mirada comprensiva y música de apoyo emocional que casi parecía sonar a donde iba―. ¿Qué tiene que mis nudillos no estén hinchados? ―Elevó una de sus cejas al indagar. Por instinto se observó las manos por unos instantes―. Puedes golpear con otras partes del cuerpo ―informó. No necesitaría de sus manos para darle una paliza a alguien, era muy creativo cuando se trataba de violencia. Cruzó los brazos, casi divertido por las intenciones contrarias―. Tranquila, Clearwater. No he golpeado a nadie... Aún ―aclaró. No es que no lo deseara, pero como sus amigos habían dicho: era una mejor idea soportar las ganas de moler a golpes a varios idiotas ahí, porque las sanciones eran complejas y desconocidas―. Tampoco es algo que deba preocuparte ―reconocía que existían ciertas personas que inevitablemente sentían compasión o compañerismo por el mundo entero, no obstante angustiarse por él era un pozo sin fondo. Siempre encontraría algún problema en el cual liarse―. No realmente ―admitió al escucharla, meneando suavemente la cabeza de derecha a izquierda―. ¿Para qué? Es obvio que no podemos salir. Prefieren tenernos aquí adentro. Sólo sería una pérdida de tiempo ―y pese a lo mucho que deseaba escapar, sabía de sobra que era inútil. Sólo quedaba esperar, y estar preparado para el peor de los casos―. ¿Por qué? ¿Acaso tienes algún plan o algo? ―Se mostró bromista, sin creer que Clearwater fuera capaz de infringir la ley. Ladeó el rostro al voltear a verla, una ligera sonrisa entretenida la visible en sus facciones.