Tomar lana virgen, la piel de un gato tomarla y frotarte con ella el brazo, cargar la piel de estática, revelar en el vello que se eriza el efecto de la caricia a la que aquí no llego.
Operar algo así como un simulacro sobre tu cuerpo y, si es preciso, hundir la nariz en alguna caracola, buscar el mar, recuerdo de aroma de madera vieja encontrada en la arena.













