El tiempo pasó sobre mí sin tocarme, más que para volverme perceptible en todo caso, cada vez más, hasta qué punto tengo sed. Lo lejos que quedó la sangre. Me he llevado los dedos a la boca para reconocer, en estos labios agrietados, lo que sucede con los cuerpos cuando la sangre no los alimenta. A la muerte pude vencer, a la necesidad nunca.
📚 —La sed de Marina Yuszczuk














