La noche se encontraba fría y silenciosa. Sobre mi cabeza se elevaba una delgada luna creciente, que a vista profunda parecía un párpado caído. Mi espalda reposaba sobre la lápida de Emma White. No sabía quién demonios era, pero supuse que no le molestaría servirme de apoyo en estos momentos.
Al igual que en los últimos tres días, sentía que mi cabeza iba a estallar de la preocupación, la ira y la culpa. ¿Dónde podría estar Nora? Había barrido la ciudad entera, y no pude dar con su paradero. Maldición.
Vi a Hank acercarse y me enderecé. Parecía disfrutar de mi facha devastadora. Apreté los puños.
—Luces un poco peor que desgastado, Patch… ¿lo estás? —Hank dijo, deteniéndose a unos pies de distancia.
Sonreí, pero no era agradable. Estaba pensando en las miles de maneras que tenía de separar la cabeza de su cuello.
—Y aquí estaba pensando que tal vez tendrías unas cuantas noches sin sueño. Después de todo, ella es tu propia carne y sangre. Por como luces, has tenido sueños de belleza. Rixon siempre dijo que eras un chico lindo. —Escupí.
Hank dejó pasar el insulto. Rixon era el ángel caído que solía poseer su cuerpo ada año durante el mes de Jeshvan, y él era tan bueno como la muerte. Con él fuera, no había nada más que quedara en el mundo que asustara a Hank.
— ¿Y bien? ¿Qué tienes para mí? Es mejor que sea bueno—Dijo.
—Fui a visitar tu casa, pero te escondiste con el rabo entre las piernas y llevaste a tu familia contigo. —Dije en voz suave, en el medio entre desprecio y… burla.
—Sí, pensé que tratarías algo imprudente. Ojo por ojo, ¿ese no es el credo de los ángeles?
Imaginé que él deseaba ver la desesperación y la sed de sangre que sentía por dentro, pero tenía que esperarse un momento. Sabía que había traído a sus hombres, Hank no era de los que se encontraba a solas con su propia muerte.
—Cortemos las cortesías. Dime que me trajiste algo útil—demandó.
—Jugar con ratas me parece sin importancia aparente, al lado de encontrar donde has escondido a tu hija.
Los músculos en la mandíbula de Hank se tensaron.
—Conseguiré la información que necesitas —respondí, estando seguro que la única parte de mi cuerpo que reflejaba todo mi enojo era mis ojos negros—. Pero primero libera a Nora. Pon a tus hombres en el teléfono ahora.
—Necesito asegurarme de que cooperaras a largo término. La tendré hasta que lo haga bien en su lado del trato.
Resulta, que estoy acostumbrado a hacer las cosas a mí manera.
—No estoy aquí para negociar.
—No estás en posición de hacerlo —Hank alcanzó el bolsillo de su pecho y recuperó su móvil—. Estoy perdiendo la paciencia. Si me has hecho perder mi tiempo esta noche, va a ser una desagradable noche para tu novia. Una llamada, y ella se va…
Antes de que tuviera tiempo para cumplir su amenaza, estiré mi brazo para golpear su pecho con fuerza y lanzarlo al suelo. Todo el aire se escapó de Hank en un apuro. Su cabeza golpeó una de las lápidas, y corrí para ponerme sobre él.
—Así es como va a funcionar —siseé. Hank trató de emitir un grito, pero mi mano estaba cerrada en su garganta. Hank golpeó mi puño, pero el gesto fue sin sentido; yo era demasiado fuerte.
En un arrebato de desesperación, Hank invadió mi mente, desentrañando los hilos que forman mis pensamientos, concentrándose fijamente en redirigir mis intenciones, intentando redirigir mi motivación, al tiempo que susurraba un hipnótico:
Libera a Hank Millar, libéralo ahora.
—¿Un truco mental? —desdeñé, y casi reí a carcajadas—. No te molestes. Haz la llamada—ordené—. Si ella no sale libre en los próximos dos minutos, te mataré rápidamente. Más tarde que eso, y te haré pedazos, una pieza a la vez. Y créeme cuando digo que disfrutaré cada último grito que pronuncies.
—¡No puedes matarme! —Hank ahogó.
¿Estaba retándome? Apreté su hombro con fuerza, con tanta fuerza que terminé por desprenderle un trozo de piel. Él aulló, pero el sonido nunca pasó de sus labios. Su tráquea estaba aplastada bajo mis manos.
—Una pieza a la vez —siseé, sosteniendo la piel frente a él. —Llama a tu hombre.
—¡No puedo-hablar! —Hank gorgojeó.
>>Haz un juramento para liberarla ahora, y te dejaré hablar.<< dije en la cabeza de Hank. >>Estás cometiendo un error, chico<< Hank disparó de vuelta. Sus dedos rozaron su bolsillo, deslizándose dentro. Apretó un dispositivo que tenía en el bolsillo. Debí suponer que de esa manera llamaría a sus hombres. Maldito cobarde.
Hice un sonido gutural de impaciencia, le arranqué el dispositivo y lo arrojé en la neblina. >>Haz un juramento o tu brazo es el siguiente. <<
>>Mantendré el trato original<< Hank devolvió >>le perdonó la vida y renuncio a toda idea de vengar la muerte de Chauncey Langeais, si me traes la información que necesito. Hasta entonces, me comprometo a tratarla con compasión. <<
¿Compasión? Por favor. Golpeé la cabeza de Hank contra el suelo.
>>No la dejaré contigo cinco minutos más, y mucho menos por el tiempo que me llevará conseguir lo que quieres…<<
Él curvó sus labios y me miró.
>>Nunca olvidaré cuán fuerte ella gritó cuando la arrastré lejos. ¿Sabías que ella gritó tu nombre? Una y otra vez. Dijo que irías por ella. Eso fue los primeros días, por supuesto. Creo que finalmente está aceptando que no eres competencia para mí.<<
Maldito. Mil veces maldito. ¿Quería jugar sucio? ¿Le gustaba la agonía? Muy bien. Le daré agonía pura.
Un momento Hank estaba a punto de desmayarse por el dolor al rojo vivo de su cuerpo golpeado, y al siguiente estaba mirando mis puños, pintados con su sangre.
Un desafiante aullido salió del cuerpo de Hank. El dolor explotó dentro de él, casi noqueándolo inconsciente. Desde algún lugar distante, escuché los pies corriendo de sus hombres Nefilim.
—Sáquenlo-de-encima-de-mí —gruñó mientras rasgaba su cuerpo con dolorosa y placentera lentitud. Cada terminación nerviosa explotando con fuego. Calor y agonía brotaban por sus poros. Él miró su mano, pero no había carne, sólo hueso destrozado. Iba a destrozarlo en pedazos. Sus hombres trataban de apartarme, pero les costaba. La ira me dominaba. Iba a matar a este maldito imbécil y luego los cazaría a todos, uno por uno.
—¡Blakely! ¡Quítenlo ahora!
No lo suficientemente rápido, fui arrastrado lejos. Hank tendido en el suelo, jadeando. Estaba mojado con sangre. Haciendo a un lado la mano que Blakely ofrecía, Hank con esfuerzo se puso de pie.
Hank presionó un pañuelo contra su labio, el cual estaba abierto y colgaba de su rostro como un pulpo.
—No. No nos servirá encerrarlo. Dígale a Dabber que la chica no tendrá nada más que agua por cuarenta y ocho horas. —Su respiración era entrecortada—Si nuestro chico aquí no puede cooperar, ella paga.
Con un asentimiento, Blakely se fue de la escena, marcando en su móvil.
Hank escupió un diente ensangrentado, lo estudió detenidamente, luego lo metió en su bolsillo. Él puso sus ojos en mí, cuyo único signo exterior de furia vino en forma de puños.
—Otra vez, los términos de nuestro juramento, así no hay más malentendidos posteriores. Primero, te ganarás de nuevo la confidencialidad de un ángel caído, reincorporándose a sus filas…
—Te mataré —dije, con una calmada advertencia. Aunque estaba sostenido por cinco hombres, ya no luchaba. Me quedé sepulcralmente quieto, con una sed de venganza que punzaba en mi interior.
—…siguiendo, los espiarás y me reportarás sus negocios directamente a mí.
—Juro ahora —dije, mi respiración controlada pero elevada, ignorando sus palabras—, con todos estos hombres como testigos, no descansaré hasta que estés muerto.
—Una pérdida de aliento. No puedes matarme. ¿Tal vez usted se ha olvidado de que una Nefil reclama su derecho de nacimiento inmortal?
Un murmuro de diversión rodeó a sus hombres, pero Hank les hizo callar.
—Cuando determine que me ha dado información suficiente para exitosamente prevenir que los ángeles caídos posean cuerpos Nefilim para el próximo Jeshvan...
—Cada mano que ponga en ella la devolveré multiplicada por diez—continué.
La boca de Hank se retorció en una sugestión de sonrisa.
—Un sentimiento innecesario, ¿no crees? Para el momento que terminé con ella, no recordará tú nombre.
—Recuerda este momento —dije con vehemencia helada—. Volveré para asustarte.
—Suficiente de esto —Hank espetó, haciendo un gesto de disgusto y mirando hacia el coche—Llévenlo al Parque de Diversiones Delphic. Lo queremos entre los caídos tan pronto como sea posible.
Y así, para cerrar el juramento…
Hanks se detuvo en su partida. Él ladró una risa.
—Haz un juramento para liberar a Nora ahora mismo, y son tuyas. —sonaba demacrado. Música para los oídos de Hank.
—¿Qué uso tendría con tus alas? —replicó sin gracia, pero sabía que había capturado su atención. Por lo que él sabía, ningún Nefil había rasgado nunca las alas de un ángel. Lo hacían entre su propia clase de vez en cuando, pero la de idea de un Nefil teniendo ese poder era la novedad. Bastante tentación.
Historias de su conquista pasarían por las casas de los Nefil cada noche.
—Estás pensando algo —dije, con una fatiga incrementada.
—Juraré liberarla antes de Jeshvan —Hank contrarrestó, suavizando toda la impaciencia de su voz, sabiendo que revelar su placer sería desastroso.
—No lo suficientemente bueno.
—Tus alas podrían ser un lindo trofeo, pero tengo una agenda más grande. La liberaré al final del verano, mi oferta final. —Él se volteó, caminando lejos, tragándose su codicioso entusiasmo.
—Hecho —dijé con una amplia resignación, y Hank dejó salir una lenta respiración.
—Tus hombres las sacaran.
Hank abrió su boca para discutir, pero lo interrumpí.
—Son lo suficientemente fuertes. Si no peleo, nueve o diez de ellos podrían hacerlo. Volveré a vivir debajo de Delphic y le haré saber a los arcángeles que me arrancaron las alas. Pero para este trabajo, no podemos tener ninguna conexión —advertí.
Sin demora, Hank lanzó unas cuantas gotas de sangre de su desfigurada mano al césped debajo de sus pies.
—Juro liberar a Nora antes de que el verano termine. Si rompo mi promesa, declaro que debo morir y retornar al polvo del cual fui creado.
Tiré de mi camisa por la cabeza y apoyé las manos sobre mis rodillas. Mi torso subía y bajaba con cada respiración.
A Hank le habría gustado hacer los honores, pero mi advertencia había ganado.
—Arranquen las alas del ángel y limpien cualquier desastre. Luego lleven su cuerpo a las puertas Delphic, donde va a asegurarse de ser encontrado. Y tengan cuidado de no ser vistos.
Y así, siendo estas sus últimas palabras, se marchó.
Sus hombres se marcharon minutos luego detrás de él, dejando dos enormes heridas abiertas en mi espalda. Con la sangre bañando mi espalda y cayendo al suelo, yo también dije unas últimas palabras:
>>Si no cumplo mi juramento, el fuego eterno será mi propio castigo<<
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PD: Con “Fuego eterno” se refiere al infierno chicas. Espero que les haya gustado este primer cap^^