Dulce droga
La muerte no se ve tan mala en este estado. Es calmada, silenciosa; es como ese amor que te toma de las manos y sabes que llegarás a un lugar seguro. Ya entiendo porqué buscarla, ya entiendo todas esas idas por elección; porque una parte de mí lucha por mantenerse en este lado de la línea, mientras la otra parte de mí (y la que cuando está sola manda) me pide que lo haga, que le tome la mano, que la acompañe. Sería tan sencillo como ligarla con las benzodiacepinas.
Oh, calma! Oh, muerte! Cuanto te anhelo y cuanto te odio. Que ambivalente es este sentir hacia ti.
Y tú! Sí, tú… Creo que me puedo imaginar como te sentiste, pero lamento tanto que te sintieras tan abrumado como para hacerlo poniendo una soga en tu cuello y dejándote caer.
Ya entiendo a ese vecino, qué hizo lo mismo aunque no lo conociera. Aunque no supiera si le hizo daño a alguien antes de su perdida.
Pero espero la muerte haya sido tan buena compañera como la imagino.
Espero les haya dado la mano, y que aunque sufriendo esos últimos minutos, en ese último aliento sintieran su paz.
Espero que los haya acompañado como lo hace con los que ella elige y no la buscan. Espero haya estado al lado de mi abuela en el adiós de su enfermedad y con mi tío, en su inesperado accidente.
Espero que me perdone por no esperarla si alguna vez pasa, pero espero entienda las razones detrás de buscarla. Y me de la mano, y sea calma, y sea lo que necesite que sea.
- S



















