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El Broche de Sailor Moon
¡Hola a todos!
Tal y como os prometimos ayer os traemos un nuevo relato. ¡Está escrito en honor al estreno de Sailor Moon Crystal! Divertíos~~
En lo alto de una colina yacía la gran guarida del Conejo de la Oscuridad. La guarida era un enorme castillo coronado por un cielo verdoso que olía muy mal. Las nubes que rodeaban el palacio eran grises y negras dándole un aspecto más lúgubre y tenebroso. Dentro de la fortaleza estaban reunidos los malignos lacayos del Señor Conejo. Estaban las brujas, cuya nariz era más larga que la del propio Pinocho cuando mentía. Estaba el Mago Negro, quien sin darse cuenta fue abrazado por la oscuridad años antes. Estaba el León, que solo quería recobrar a su amada esposa quien le había sido arrancada por los brazos de la muerte. Y finalmente presidiendo la mesa de cinco picos estaba el Señor Conejo. El Señor Conejo era muy, muy alto y grande. Su pelaje era de color oscuro, sus orejas, que también eran grandes en proporción a su cabeza y estaban mordisqueadas. Su sola presencia imponía a más de uno. Tenía una risa más macabra que la de las brujas y todo el mundo le tenía verdadero miedo. El objetivo del Señor Conejo era conquistar toda la felicidad del mundo para que éste cayera en la oscuridad más inimaginable y es por ello que todos estaban allí reunidos. Buscaban una manera de hacerse con todos juguetes del mundo. Recientemente se había dando cuenta que las cosas fabricadas por un pequeño taller llamado Atelier tenían mucha más fuerza, mucho más amor, rebosaban felicidad. Así pues, en otro intento infructuoso, las brujas intentaron robar una de las pulseras. -¡Sois un par de inútiles! – El Señor Conejo les lanzó una zanahoria a cada una a modo de reproche. -Pero mi señor… - Se intentaron excusar ambas a la vez.- Nosotras ya teníamos la pulsera en nuestras manos cuando de repente contraatacaron. No fue nuestra culpa, eran más fuertes que nosotras. – -¿Más fuertes, eh? – Preguntó con la ronca voz que siempre le acompañaba.- En ese caso… ¡Mago Negro! Te concedo una oportunidad para que demuestres tu valía.- -No os decepcionaré mi señor. Enviaré mis mejores armas para hacerme con el Cristal de Plata.- El Cristal de Plata no era más que un llavero basado en el broche de la fantástica Sailor Moon. Era un corazón rojo, adornado con una luna dorada en el centro y con dos alas pegadas en sus extremos, también doradas. ~ Mochi estaba terminando de darle los últimos retoques a los pendientes de Sailor Moon. Eran igual que el llavero, pero más pequeños. Los puso en su cajita correspondiente y los tres accesorios brillaron. Como Mochi estaba tan contento con el resultado de los broches, decidió hacer un par más por si salían compradores. Tuvo trabajo para el resto de la tarde, pero no le importó, él, era feliz. -¡Mochi!- Kuki saltó sobre la peluda espalda de éste. -¡Que susto me has dado!- Lloriqueó Mochi.-No seas tan silenciosa la próxima vez.- Infló sus mofletes mientras que con sus dos patitas jugueteaba con la carita de Kuki. -Perdona, solo quería llevarte a la mesa.- Sin darle más explicaciones, ni pedirle permiso, Mochi fue arrastrado a la cocina, donde estaba la cena ya servida. El olor que desprendía la comida era delicioso. En silencio, Mochi, Kuki y Choko disfrutaron del sabor exótico de una calabaza asada de chocolate blanco recubierta con una suave crema de mantequilla. Después de un día tan largo, las mascotitas, solo querían descansar. En menos de lo que uno puede imaginarse, ya tenían los ojos cerraditos y estaban bajo las tiernas caricias de Morfeo. La Luna yacía descansada sobre el Atelier cuando de repente… ¡El cristal de una ventana se rompió! Choko se levantó rápidamente de su mullida cama buscando el origen del ruido. En un instante el Atelier había sido puesto patas arriba. ¿Quién puede haber registrado tanto en tan poco tiempo? ¿Y, por qué? Las lámparas estaban en el suelo, las sillas tumbadas, el sofá deshecho y la puerta que conducía al sótano entre abierta, además todo estaba terriblemente baboso y resbaladizo. -No puede ser…- Choko bajó rápidamente. El taller estaba destrozado y se habían llevado la caja que contenía uno de los broches con los pendientes. El resto de accesorios no los habían encontrado porque estaban a salvo en una caja fuerte. -Rápido, tenemos que encontrar a lo que quiera que se haya llevado la caja.- Mochi y Kuki salieron del taller corriendo. ¿Por dónde habrían huido? Kuki había cogido un par de linternas para alumbrar el oscuro camino. Vivían alejadas de la ciudad y por allí no había mucha luz artificial. A los pocos metros de empezar a caminar encontraron un rastro baboso, de color violeta como el que había visto dentro del Atelier. Tarde o temprano encontrarían a su enemigo pero ¿Qué harían para detenerlo? ¿Y porqué se empeñaban en robar sus cosas?
Puede que no hubiera sido más que dos o tres veces, aún así, se estaban empezando a cansar. Kuki las frenó en seco. – Antes de seguir, deberíamos pensar un plan, ¿No creéis?- -¿Patearles el trasero a esas babosas no te parece un buen plan?- Preguntó Choko con escepticismo. -Lo sería si ese plan tuviera una estrategia a seguir.- Contestó Mochi dándole la razón a Kuki. -Vale, vale, ¿Qué hacemos? Porque mientras hablamos, esas cosas se alejan cada vez más.- Dijo Mochi estirando los mofletes de Choko.- No nos estreses, ¿Quieres?- Mientras pensaban en como trazar una buena idea, unos objetos misteriosos cayeron sobre el pecho de las tres mascotas. -¿Qué demonios…? – Se preguntaron los tres a la vez. Una intensa luz envolvió a cada uno de los animales y fueron tragados por un resplandor. Mochi poco a poco fue perdiendo su forma animal. Sus cuatro patas se alargaron, sus pezuñitas se transformaron en unas delicadas manos. Su rostro de conejo fue adoptando el de un humano. Sus ojos se agrandaron y perdió sus suaves orejas. Desarrolló el cuerpo femenino de una mujer esbelta, que fue cubierto por un body de color blanco entre que un gran lazo de color azul pastel coronaba su pecho y desde su cintura poco a poco, emergía una falda tableada en color rosa también. El calzado era cómodo. Eran unos zapatitos de color rosa, con una bonita plataforma y que se ataban por una especie de tiras con encaje. Su cabello también era precioso. Era rubio, ondulado, prácticamente rizado con el flequillo de color rosa. Le caía cual cascada sobre su espalda y estaba adornado por una tiara élfica de color azul. Por su parte, Kuki también había perdido esas largas orejas de perro y también había adoptado una forma humana. Ya no quedaba rastro de sus garras, ni de sus colmillos, ni de su pelaje, de hecho, lo único que quedaba de éste era en su cabello. Kuki había aparecido con el pelo largo, de color negro. Le alcanzaba la altura de los hombros y lo tenía completamente liso. Su atuendo era exactamente igual al de Mochi cuya diferencia residía en el color. La falda era de color blanco y el lazo negro. En sus piernas llevaba unas altas botas que parecían estar hechas de piel de dragón. Choko tampoco tenía sus característicos rasgos felinos, pero de su boquita de humana le sobresalía un colmillito. Su cabello también era largo, aunque no tanto como el de Mochi ni tan corto como el de Kuki. Estaba adornado con una pequeña rosa roja. A diferencia de sus dos compañeras, Choko llevaba guantes hasta la altura de las muñecas, sus pies estaban adornados por unos botines de color negro, adornados con unas cuantas púas plateadas. El atuendo como os podéis imaginar era el mismo, solo que la falda era de color negro y el lazo rojo, como la sangre. -¿Qué demonios…? – Se quedaron mirándose las unas a las otras. -¿Qué se supone que ha pasado? – Preguntó Kuki.- -¿Por qué de repente tenemos cuerpo de mujer, ¡No me gusta!- Mochi estaba asustada. Ni el propio conejo sabía que estaba pasando y eso le aterrorizaba más. -Es evidente que el poder nos lo han dado los broches de Sailor Moon… ¡Esto es muy importante Mochi! – Choko cogió por los hombros a Mochi y la zarandeó.- ¡Has hecho magia! Mochi estaba cohibida por el acercamiento de Choko, pero no lo demostró.- A ver…- Mochi intentaba pensar cuando de repente Kuki se tapó la nariz. -Menudo olor más asqueroso, seguidme, tengo una corazonada.- Kuki echó a correr tan bien como sus botas se lo permitían. Al ser humanas, su velocidad de movimientos había aumentado por lo que no tardaron mucho en encontrar a el origen de las babas violetas. Allí estaban, sentadas y descansando tres mujeres con cola de serpiente mientras jugaban con el llavero y los pendientes. -¿Esta cosa tan cursi es lo que teníamos que robar? Menuda tontería, no es más que un juego para niñas. – La mujer serpiente del medio tiró el llavero al suelo con intención de pisarlo, no obstante una de sus compañeras lo impidió.- ¿Quieres volver a la jaula? Por que yo no, deja de hacer locuras y llevemos esto al Mago Negro, nuestro esfuerzo será recompensado. Las tres nuevas guerreros se miraron a los ojos como si la respuesta hubiera llegado por si sola. Juntas avanzaron a la posición de combate. -¡Alto ahí!- Dijo Mochi.- Somos las guerreros del amor y la justicia. -¡No vamos a dejar que os salgáis con la vuestra!- Amenazó Kuki. Choko a quien no se le daban bien las palabras, entró en acción. Cogió su rosa del cabello y la transformó en una espada de doble mano. -¡Por el poder que me ha sido otorgado, obedéceme y transfórmate!- La espada era plateada y negra, adornada con rubíes. Mochi hizo lo propio con su tiara. La cogió con la mano y la separó en dos fragmentos, parecía cristal. –Tiara del noble Cristal, obedéceme, por el poder que me ha sido concebido, ¡Transfórmate!- Los fragmentos de la tiara se transformaron en dos katares de Cristal. Evidentemente no era un cristal cualquiera, sino uno que no se podía romper jamás. Kuki también estaba prácticamente con el arma entre las manos, de las botas de piel de dragón extrajo dos cadenas que se unieron en una sola, dando lugar a una daga muy afilada recubierta de piel de dragón.- El poder de los dragones corre por mi sangre, te lo ordeno como guerrero, ¡Transfórmate! Las tres guerreras se abalanzaron sobre sus respectivas enemigas. Las armas chocaban, centelleaban, liberaban rayos que terminaban con todo aquello que se ponía por delante. La pelea era intensa, nadie daba su brazo a torcer hasta que una de las guerreras quedó desarmada. El puñal de Kuki había salido volando quedando a merced de las enemigas, no obstante, Mochi fue rápida y le cubrió la espalda. Kuki salió corriendo a por su arma mientras Choko ayudaba a Mochi. Entre las dos consiguieron hacer retroceder a las víboras momento que aprovechó Kuki para clavarle la daga en la cabeza a una de las mujeres. La serpiente se desintegró como el polvo de las cenizas. La fuerza de las hermanas menguó pues su poder estaba enlazado. Acabar con ellas fue más fácil, de una estocada con la espada acabaron con una mientras que Mochi atenazó con sus katares sobre el pecho de la víbora restante. Las guerreros cayeron agotadas al suelo, jadeaban y apenas podían respirar. Había sido un duro esfuerzo al que no estaban muy acostumbradas por no decir nada. En la tierra encontraron el llavero y los pendientes. Estaban sanos y salvos. -¿Y ahora qué hacemos? – Preguntaba Choko mirándose reflejada en el agua del lago.- ¿Vamos a quedarnos así para siempre?- -Pues… no tengo la más mínima idea de lo que ha pasado pero…- Mochi sonrió.- ¡Ha sido muy divertido!- -Si, eso es indiscutible…- Respondió Kuki tirada sobre el suelo, con los brazos y las piernas abiertos.- Será mejor que vayamos a casa y lo solucionemos allí. Disfrutando de la noche, volvieron a su hogar. Cual fue su sorpresa al llegar pues lo encontraron todo tal y como lo conocían. No había restos de babas, todos los muebles estaban en su sitio, la puerta al sótano estaba cerrada con llave… como si nada hubiera sucedido. Contentas aún sin entender que había sucedido, el sueño las embargó y las obligó a mecerse entre los brazos del Dios del Sueño. Al despertar al día siguiente ya volvían a ser unos preciosos animalitos. Los broches estaban en su lugar, la caja con los regalos de Sailor Moon también lo estaban. Y ellos… tampoco parecían recordar gran cosa. Habían llegado a la conclusión que no había sido más que un sueño, la magia no existía, era imposible que unas mascotas que llevaban un mero taller se transformaran en lo que no eran. ¿Quién sabe? ¿Sería cierto que había sido solo un sueño? ¿Habría sucedido de verdad? Lo único a ciencia cierta que sabían es que su casa no había sufrido daño alguno y que todo estaba donde debía estar… Todo, menos los broches que siguen buscando personas como tú, a las que hacer de ellas una guerrero más. ¿No te gustaría ser una guerrera que luche por el amor y la justicia? Si, es así, entonces, este es tu broche. No lo dejes escapar.
La pulsera
¡Hola a todos! Mochi's Atelier os trae una nueva sección para todos vosotros <3 ¿Os acordáis de las mascotas que componen el Atelier? Pues bien, ¡ya tienen vida propia! Con esto queremos decir, que a partir de hoy, todos los domingos (eso seguro) y puede que algún que otro día entre semana os encontréis con un pequeño relato protagonizado por Mochi, Kuki y Choko. ¡Esperamos que lo disfrutéis tanto como se ha disfrutado escribiéndolo!
Un nuevo día comenzaba en el Atelier. El sol se abría a través de las grandes cristaleras alumbrando directamente la cara de Mochi, quien no pudo evitar gruñir y taparse con las sábanas por encima de las orejas. Mochi no tuvo mucho tiempo para seguir durmiendo pues una gatita de color negro irrumpió en su habitación haciendo muchísimo ruido.
-¡Mochi! ¿Todavía estás durmiendo? Hace un buen rato que Kuki y yo te estamos esperando para abrir el taller. – Choko dio una especie de maullido de desaprobación acompañando sus palabras.
-Que si… Ya me iba a levantar… ¡No seas impaciente! – Mochi se levantó de la cama y se acicaló. Peinó su peludo cuerpo y se puso su distintivo lazo color azul entre sus orejitas de conejo.
Bajaron por las escaleras que llevaban al gran rincón, a lo más profundo del taller donde se escondían los millones de secretos y de ideas que tenían que ver con sus dulces complementos. Tenían que guardarlo todo a buen recaudo pues había unas malvadas brujas que querían hacerse con todas sus Mochichuches. Por suerte, por ahora, las brujitas no habían tenido éxito en sus malvados planes ya que tanto Kuki como Choko se preocupaban de que no ocurriera, ya que sino, Mochi se pondría muy, muy triste.
Un gran perro de peluche se abalanzó sobre Mochi y le lamió una de sus orejas.
-¡Mochi! Que bien que ya estés despierto, mira. – Dijo señalándole un estuche de color rosa pastel con muchos lunares blancos. – Ya he preparado lo que me pediste. –
Mochi se acercó corriendo y cogió el estuche entre sus manos. Impaciente, como cuando un niño recibe un caramelo, lo abrió. La pulsera destellaba con luz propia. Estaba formada por cinco nubecitas enganchadas entre sí por argollas de plata. Era preciosa e incluso desprendía un aroma a chucherías. ¿Cómo lo habría conseguido?
En realidad, ese aroma siempre estaba ahí, en cualquier cosa fabricada por el Atelier, se impregnaba cuando las manos de Mochi trabajan el material, cuando Kuki preparaba los envíos, cuando Choko los llevaba a su lugar de destino… Eso, era amor, cariño, era todo lo que se merecían sus clientes. Era lo mínimo que podían ofrecerles.
-¡Es perfecto! ¡Gracias por haber trabajado tan duro! – Mochi le tendió el paquete a Choko quien con mucho cuidado lo guardó en su bolsito. – Bien, yo me encargo de que llegue sano y salvo a su lugar de destino. –
- ¿Quieres que te acompañemos? – Se ofreció Mochi.
- Bueno, si me acompañáis será más divertido… pero como queráis, no es como si necesitara vuestra compañía. – Choko subió por las escaleras seguida tanto de Mochi como de Kuki. En realidad esa mañana no había que abrir el Atelier, simplemente había buscado una excusa para despertar al conejito.
Juntos, los tres, salieron y cerraron bien la puerta. Prepararon sus trampas secretas por si alguien quería meter su hocico donde no le importaba y comenzaron a caminar hacia la ciudad, donde vivía la gatita que había hecho su encargo especial.
Al principio no tuvieron ningún obstáculo, pero de repente las nubes dejaron caer su pesada carga en forma de gotas de agua empapándolos.
-¿Cómo es posible que el tiempo haya cambiado tan bruscamente? – Preguntó Mochi.
-Bueno, ya sabes, el calor condens…- El hocico de Choko muy acallado por las grandes patas negras de Kuki.
-No empieces otra vez Choko, cuando te pones así…- Kuki quitó bruscamente la mano del morrito de la gatita quien la había mordido y se había puesto a bufar a cuatro patas mostrando su desacuerdo.
Mochi intercedió entre ambas para calmar la situación. Limpió la herida de Kuki con la lengüita y acarició mimosamente las orejas de Choko. Ambas se relajaron automáticamente y continuaron su camino, sino al menos lo intentaron, pues súbitamente algo empujó a Choko arrebatándole el bolsito donde llevaba el tesoro divino.
-¿Qué ha sido eso? – Mochi y Kuki la ayudaron a ponerse en pie mientras un par de figuras se materializaban delante de ellas. Eran las brujas del Averno, no podía decirse que fueran muy bonitas, ya que su piel verdosa las hacía ver como sapos con granos gigantes. No, definitivamente eran horrorosas y por ese motivo querían acercarse a nadie. Las brujitas creían que, la mejor manera de tener nuevos compañeros, era robar las joyas que el Atelier producía ya que se rumoreaba que eran mágicas. Si conseguías una de ellas la felicidad te perseguiría para siempre. ¿Sería cierto?
-¡Ja, ja, ja! ¡El tesoro divino ya es nuestro! ¡Ahora conseguiremos que mucha gente nos quiera! Y después… ¡¡dominaremos el mundo!! – Una maquiavélica y sonora risa emanó de los labios de ambas. Estaban disfrutando tanto de su éxito que se descuidaron del trío Atelier.
Choko con unos rápidos movimientos felinos se acercó y les arañó su enorme y fea nariz. A su vez, Kuki aprovechó su dolor y corriendo lo máximo que le permitían sus patitas, mordió la mano de la bruja que tenía el regalito. Mochi tampoco se quedó atrás y al vuelo, cazó el bolso de Choko. Fue un trabajo en equipo en toda regla, sin necesidad de decir nada, las palabras eran innecesarias pues les unía un lazo mucho más fuerte que una simple y llana amistad.
Tras aterrizar Mochi en el suelo, las tres salieron corriendo en dirección a la ciudad. No pararon a tomar oxígeno hasta que ya estuvieron muy, muy lejos, a salvo de aquellas despiadadas hechiceras.
-Uff… Menos mal que todo ha salido bien. – Mochi suspiró y alzó su patita agradeciéndoles con una sonrisa su ayuda. Kuki y Choko se unieron al choque grupal.
Prosiguieron su camino hasta llegar a la ciudad, como ésta era tan grande tuvieron que preguntar a muchas personas donde vivía la gatita rosadita. Finalmente la encontraron. No estaba en su casa, pero la vieron debajo de un árbol, recostada a la sombra de la copa. Llamaron a la gatita y ésta se estiró con una gracia asombrosa, era muy coqueta y adorable. Un lazo de color azul adornaba su cabeza.
-¡Hola!- Saludó Mochi mientras Choko le tendía su encargo. La gatita maulló y cogió el estuche, estaba ilusionada. Lo abrió y olfateó.
-¡Es preciosa! ¡Y Huele muy bien! ¡Muchísimas gracias! Es adorable – La gatita no perdió más tiempo y se la puso en su pata derecha, la cual movió delicadamente causando que el accesorio destellara.
Ahora la gatita era un poco más feliz. ¿Habría sido la pulsera? ¿Habría sido el cariño con el que había sido fabricada? ¿Habría sido sólo imaginación suya? Lamentablemente todavía no se sabe, habrá que seguir las aventuras del Atelier para poder averiguarlo.
¿Te lo vas a perder?
¿Habéis visto las nuevas mascota de Mochi’s Atelier? Su nombre es Mochi, y va acompañada de Kuki, la perrita cocinera y Choko, nuestra gatita guardiana, encargada de embellecer las imágenes con palabras. Y, como motivo del nuevo cambio de imagen, realizamos otro minisorteo. ¡Crea...
¡Animaos todos!
¡Mañana es el último día!
Adéntrate en el pequeño taller de Mochi, un lugar donde tus deseos pueden hacerse realidad. Te traemos de la mano un mundo de fantasía, color y vida que puedes disfrutar y llevar todavía más lejos con tus ideas. Síguenos también en Twitter, Facebook e Instagram como mochisatelier. Etsy shop: etsy.com/shop/mochisatelier ☆ Mochi's Atelier ☆ [email protected] +(34) 640 31 29 44 Valencia, España

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¡Marca de la casa! Os presentamos el ejemplo más claro de la esencia de nuestro Atelier. Un toque pastel, dulce y de fantasía junto a una de nuestras pequeñas y adorables alpacas... ¡no querrás separarte de ella! Un delicioso colgante con el que llevarnos siempre cerca y que te dará un toque kawaii.
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Siguiendo con complementos dulces y pastel nos encontramos con este anillo que nos acompañará en cada uno de nuestros viajes.
Lleno y fantasía con ese toque de purpurina y amor puede ser lo que tú quieras. ¡Ayúdanos a llevarte a un mundo de color e ilusión!

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