Marchita del 11 de septiembre en el programa @degeneradas_
Como cada 11 de septiembre, hoy se celebra el Día del Maestro en Argentina en homenaje al aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, conocido como "el padre del aula”.
Así se decidió en la Conferencia Interamericana de Educación que se celebró en Panamá en 1943. La resolución indicaba "Considerado: que es actividad fundamental de la escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y la devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos; que ninguna fecha ha de ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, en el año 1888, el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento."
Seguramente ya hemos escuchado un millón de veces esta cantinela que resuena en nuestros oídos desde tiempos que quizás ya no tenemos memoria. Porque no parece, pero casi todes nosotres, la inmensa mayoría, ha pasado muchísimos años en la escuela. La escuela es la política pública universal más antigua (desde Sarmiento) y por suerte, es universo se va ampliando cada vez más.
Este es un contenido –me refiero a que el 11 de septiembre se celebra el día del maestro- de esos de los fundamentales de la educación formal y se machaca con él en distintos espacios curriculares: historia, música, los actos escolares, etc. Y es así, con el remache invisible pero constante es como se nos metió en la mente que todos los 11 de septiembre celebramos el día del maestro, en honor a Domingo Faustino Sarmiento, padre del aula.
¿Qué loco no? Más del 80 por ciento de les docentes son mujeres, sin embargo, aún hoy con todo lo que ha pasado por debajo del puente, no se nos ocurre decir Feliz día de la maestra.
Estuve atenta en estos días y como mucho se decía Feliz día del maestro (y de la maestra) como entre paréntesis, como de segundo plato, como de premio consuelo.
Y supongamos que Sarmiento sea el padre del aula, ¿cuál sería la madre del aula? Por qué en nuestra memoria emotiva que construimos desde la escuela recordamos a Sarmiento y no a la señorita Olga Cosettini, o a Rosarito Vega o las maestras de Jujuy o a María Elena Walsh o a cualquiera de las maestras invisivilizadas en un sistema que niega, olvida, precariza, estigmatiza y hasta mata a les docentes.
¿Y por qué no nos hacíamos antes estas preguntas?
Fácil: porque patriarcado
Y ahora las hacemos porque hemos aprendido o estamos aprendiendo o intentando problematizar la realidad; mirarla con estos nuestros ojos y ya no podremos volver atrás. De a poco, dejaremos de naturalizar las cosas tal como se nos presentaron y empezaremos a cuestionar para comenzar a construir esta nuestra historia con nuestra letra, con nuestra lucha, con nuestra palabra, con nuestra vida.
De alguna manera es buenísimo que nuestro “Padre del aula” sea Sarmiento, un personaje con tantas facetas y tan polémico. Plebeyo, ilustrado, racista, que llevaba su propio pensamiento a sus límites. Ideólogo de uno de los legados más progresivos e incluyentes de nuestra historia: La educación, pero también de la grieta civilización o barbarie.
La forma de ver el mundo que planteamos las mujeres es diferente. Rita Segato nos alerta siempre sobre esto. Tenemos que aprender a ver el mundo con ojos de mujeres, identificar las injusticias, los mandatos, los cíclicos ecos del patriarcado en prácticas cotidianas y desobedecerlas. Y pensar nuevo.
No es que esto signifique desacreditar a los hombres ni mucho menos desautorizar a Sarmiento. Aunque es uno de los próceres polémicos, es seguro que de esa polemicidad surgen algunas de las contradicciones docentes, de la escuela, de nuestra nación que deberíamos abrazar.
Les docentes de este país le debemos los cimientos de nuestras mejores tradiciones a ese ser complejo y contradictorio: un racista, un autodidacta, un autoritario, un estadista, un hombre. Y eso nos pone de cara a la complejidad de nuestro pasado.
Pero no es en ese tema en el que quiero entrar ahora, pero sí a la cita que decía antes que se refería a Sarmiento “que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos”. Esta cita marca, creo, de alguna manera el trabajo docente y por qué mujeres
¡Quién más abnegada y sacrificada que una mujer! Y surge así el trabajo como sacerdocio, como vocación, como entrega y no como trabajo.
¿Les suena por ahí eso de las tareas de cuidado?
Desde los comienzos del sistema educativo argentino, el trabajo de enseñar ha sido desarrollado fundamentalmente por mujeres. En los orígenes se entendía que la enseñanza era un trabajo “apropiado para su sexo”: las mujeres ya venían educando en el hogar y sería “natural” para ellas seguir haciéndolo en la escuela.
Además, la docencia ha sido tradicionalmente un trabajo mal remunerado. Las maestras solían (y suelen) seguir trabajando cuando nacían sus hijos o cuando éstos eran pequeños, hasta cuando están enfermas. La costumbre de vivir con los padres, las facilidades de conseguir empleadas domésticas por salarios mínimos y la jornada parcial de trabajo (a la mañana o a la tarde) hicieron más simple la combinación de responsabilidades y, por lo tanto, también abonaron la naturalización de la “madre educadora”.
Solo tres cosas te pido: Alma corazón y vida y nada más.
No sé si se enteraron, pero durante la semana una profe, contagiada de COVID, falleció dando clases virtuales. Sus alumnes la vieron en esos últimos instantes a través de una pantalla, queriendo socorrerla, pero obviamente no se podía. Alma corazón y vida nada más.
Nada de lo que digamos acá puede esquivar el contexto de pandemia. Y esa docente murió de covid dando clase y su muerte compartida por zoom con sus alumnos, en su casa, sola, pero rodeada de gente. Un espectáculo doloroso en este contexto seguido de muerte. Pero muchas veces es eso lo que hacemos les docentes. Con tenacidad e insistencia seguimos prendiendo la cámara del Zoom para convencernos mutuamente de que quedan cosas por enseñar y aprender.
Como una marca de origen las maestras aprendimos de la entrega y la vocación y en mi experiencia- y no lo digo como una virtud- No nos enseñaron a no ponerle el cuerpo. -Al aula-. Porque bastante le esquivamos a los puestos directivos, ministeriales o gremiales. Pero al aula, nos cuesta sacarle el cuerpo.
Y ahora que nos sacaron el aula, nos cuesta el doble. Se nos hace difícil hoy, en estos tiempos, en este año en el que se cuentan muertos y enfermos y se reivindican solo acciones individuales, yo me quiero quedar con las que la van por la colectiva. Las que con esa terquedad insurgente persisten, insisten siempre, a pesar de las circunstancias.
Se calcula que son al menos 80 mil les estudiantes que hoy están fuera del sistema educativo por falta de conectividad y recursos para sostener la modalidad virtual. Pero no se habla tanto de como la llevan les docentes. La compu, el celu, la conectividad, el wifi, las horas de trabajo, los espacios. A veces no hay compu o sólo hay sólo una, o un celu, un solo espacio silencioso en la casa y son varios los que van a la escuela. Pienso en las que trabajan en la ruralidad, o con analfabetos. ¡Qué laburazo!
Y ya sabemos no es cualquier año. Antes podíamos juntarnos a celebrar esta profesión y a sentir que la escuela era un espacio de reflexión colectiva y también de lucha. Pero hoy, hay docentes suplentes reclamando por sus derechos, otros esperando su nombramiento, programas educativos que ya no funcionan y sus trabajadores, capacitadores reclaman como el miércoles sucedió en Córdoba. Los gobiernos no dan respuestas a esta problemática que pone en jaque a toda una generación y siguen ajustando salarios, precarizando las condiciones de trabajo y siguen impunemente avasallando derechos.
¿Y que nos queda? Seguir en la lucha. Cada une desde su espacio. Yo en las calles con mi guardapolvo blanco y mi corazón de tiza, amplificando mi voz en esta radio. Al resto, ojalá que ya sin venda y con estos nuevos ojos, reivindicando, enalteciendo, celebrando a esas mujeres, a esas maestras, a esas madres del aula, a pesar de Sarmiento.