Silencio ensordecedor: callar cuando hay que hablar
En la universidad, en segundo curso, nos repitieron que el silencio también es una forma de comunicación. Una forma de decir cosas sin necesidad de abrir la boca. Nos expusieron decenas de ejemplos de empresas y organizaciones que, en medio de una crisis, de un conflicto o problema, intentaban pasar desapercibidos haciendo uso del mutismo. Llegamos a la conclusión de que el silencio mata empresas. Ser silencioso en un momento en el que la comunicación debería fluir es, probablemente, la sentencia de muerte de cualquier marca. Se podría establecer incluso una analogía con la situación que vivimos actualmente provocada por el COVID-19. Aquellas marcas que permanezcan ajenas, como si este grave problema no tuviese nada que ver con ellas, saldrán peor paradas de esta crisis.
En nuestras relaciones personales ocurre algo parecido: el silencio también comunica y frecuentemente dice cosas que preferimos no escuchar pero que resuenan una y otra vez en nuestra cabeza. Decía Georges Clemenceau, primer ministro de la Tercera República Francesa, que manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra. Creo que tenía razón. El silencio invita a la libre interpretación, abre la puerta a la incertidumbre y rechaza, por el contrario, toda certeza. Es una página en blanco que nunca es escrita por quien decide permanecer en mute. La RAE define la palabra silencio como la abstención de hablar. Es decir, la elección de una persona para permanecer callado. El silencio actúa entonces como un elemento bloqueador. No hay margen de maniobra. Es un dique de contención de sentimientos, pensamientos y acciones compartidas. Imposibilita el diálogo auténtico. ¿Qué hacer cuando el silencio es lo único que se deja oír?
La comunicación, a pesar de no ser una herramienta infalible ni mágica; pues no es capaz de resolver todos nuestros problemas, es una vía, una herramienta para avanzar en nuestro camino. Con la comunicación hemos podido desarrollarnos como sociedad, hemos superado la otredad, nos hemos acercado a otras personas, ideas, culturas. La comunicación nos ha hecho mejores.
Si no somos capaces de comunicarnos a través de nuestras palabras, de nuestro cuerpo, de nuestros gestos, de nuestras acciones, ¿qué nos queda?

















