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We need to talk// Matt&Rossy
(rossy-vo)
— En sus pensamientos últimamente le centraba en una persona y una situación, Rossy y su alejamiento, además de otra cosa que le carcomía su tiempo, que necesitaba afrontarlo solo con ella cara a cara. Decidió salir al tétrico jardín de la mansión, el clima actual desataba una tormenta pero no le interesaba en ese momento mojarse, ya que dentro o fuera de la estructura estaría igual, y sabía que terminaría con un resfrío. Divisó a la rubia desde una ventana, y decidió golpear seguidamente ésta haciéndole unas señas para que se dirigiera al lugar donde se encontraba. Impaciente caminó unos pasos delante de la puerta, respirando irregularmente por la boca, exhalando una nube de vapor caliente, juntándose con el frío que emanaba la tierra húmeda.—
nick-blackthorne:
Lo sé, solía tocar piano desde pequeño, siempre fue mi gran pasión. —Dijo, soltando una fugaz risa que se vio reemplazada por un ceño fruncido sobre una mueca confundida el escuchar las notas que el chico hacía resonar por toda la sala.— Oh, vaya… Que estúpido, quién podría asustarse en un lugar como éste. —Satirizó descaradamente, rodando los ojos y volviendo a recorrer el lugar con la mirada, como si fuese a encontrar algo que le arrebatara tal seguridad.—
—El lugar no es lo que asusta, los asusta el hecho que les metieron cosas en la cabeza que una mujer los vendrá a matar mientras duermen, o algo así.—Dicho ésto giró los ojos buscando un asiento que no esté del todo roto o húmedo, al haberlo encontrado se sentó de manera tan cómoda que se podría deducir el sueño adquirido por el rubio, cerrando por unos segundos sus ojos, ya que en la habitación donde estaba la tranquilidad reinaba.—
xninagriffiths:
—El hecho de descubrir que afortunadamente la música no era producto de su imaginación o que los supuestos espíritus malignos no le estaban jugando una mala pasada no la tranquilizó ni por un segundo. Con su respiración entrecortada y manteniendo distancia del joven, Nina no dejaba de escrutar su rostro y ropas. Detestaba admitir que una pequeña parte de ella sospechaba de que tal vez la mansión realmente estaba embrujada, pero el rubio no podía ser un fantasma… Nina no era demasiado creyente pero, al recordar que tampoco lo había visto al ingresar a la casa, su sospecha aumentó. Estaba siendo paranoica, lo admitía; sin embargo no podía dejar de sentirse incómoda por el color claro de sus ojos—. ¿Quién eres?
—¿Quién soy? No lo sé, dime tú...—Replicó irónico, ya que la mayoría de sus compañeros de reality estaban paranoicos, dudando de que si el otro era un ser paranormal buscando venganza según la historia narrada por los encargados de la actividad en vísperas de halloween, desesperando al muchacho en gran cantidad, optando por jugarles bromas pesadas en lo que queda de estadía.— De seguro te contaron la historia de la mansión, sería grosero que no me hayan mencionado.
southernbelle--santos:
—No, porq—Se interrumpió, decidiendo que lo mejor era tan solo no relatarle lo sucedido. — Solo entré a ésta sala… no estaba dispuesta a tocarlo realmente. Me da algo de miedo. —Observó de nuevo a su alrededor. Desempolvó las teclas y, algo insegura, admiró como el chico comenzaba a tocar la melodía. Poco a poco, empezó a recordar como era aquella canción, sus dedos tuvieron la habilidad de seguirle, su rostro impasible ante el lúgubre balada que interpretaba, de a instantes observando al muchacho a su lado.
—Al escuchar a la joven replicarle con tanta inseguridad y desconfianza intuía que algo le pasaba y no quería contarle, y ese pensamiento decepcionaba al muchacho, pero el trataba no demostrarlo y seguir el compás de la canción posando suavemente sus dedos sobres las teclas, apretándolas algunas veces a la vez para dejar fluir acordes grabados en su mente, y cuando se le daba oportunidad, dirigía su mirada de reojo a la castaña, viendo concentración pura en sus ojos.— Cambia la expresión qué pareciera que estás triste...

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La morena había estado buscando las latas de comida que les habían dado para sobrevivir los días que estuvieran en aquella mansión, tenía muchísimo miedo y andar por la casa no era algo que le gustaba, realmente la tenía aterrorizada pero como siempre, su hambre le ganaba. Estaba sentada en el suelo, rodeada de aquellas latas mientras comía una con una cuchara. Escuchó los pasos de alguien aproximarse a ella y rogó que no fuera algún tipo de demonio o fantasma, pero sea como sea, no quería mirar por lo que cerró los ojos. —Por favor no me mates— repitió varias veces, dejando la comida en el suelo y tapando su rostro con sus manos, aún rehusándose a mirar.
—Estamos encerrados en una casa, y lo único que haces es comerte la ración de comida que tenemos para varios días, chica creo que los nervios te pasaron la cuenta pero, el contenido de esas latas son para todos, no solo para tí.— Reprochó acercándose a la castaña, que a su alrededor la acompañaban varias latas vacías, y la única reacción que pudo realizar en ese momento fue girar los ojos y hacer una mueca de disgusto, no muy cerca habían unas velas y se dispuso a buscarlas e instalarlas alrededor de la habitación, prendiéndolas esperando que la tenue luz despeje la misteriosa vista del lugar, observando varios sillones y un diván en mal estado, se dirigió a uno de éstos y se acomodó, tratando de escuchar la contra respuesta de la fémina.
—Éste lugar sí que me da escalofríos… —Susurraba para sí misma la muchacha, la cual temblaba como nunca dado a la temperatura del lugar y el sombrío aspecto de la mansión. Subía las escaleras con mucha cautela, recorriendo los pasillos desolados, esforzándose en no gritar en terror. La experiencia, sin duda alguna, le ponía los pelos de punta, sobre todo porque en el exterior la lluvia insistía en continuar. Fue cuando se percató de la habitación en donde estaba, después de inconscientemente haber seguido una ruta hacia ella. Lentamente giró en su sitio observando la sala en plenitud, los objetos desperdigados y el deteriorado estado de los muebles. Lo que más llamó su atención fue aquél piano blanco en el centro de la sala y las flores descompuestas sobre su cubierta. Se acercó con curiosidad, sin quitar de su mente que clase de cosas podrían suceder. Justo cuando sus ansiosos dedos estuvieron a punto de rozar el instrumento, un chillido infantil la desarmó por completo, haciéndola retroceder bruscamente. Un trueno fue lo segundo que oyó, como una desagradable casualidad. Trató de normalizar su respiración, pero le era casi imposible. ¿Cómo era que iba a aguantar una semana en aquél recinto si ni siquiera podía ver 2 horas de basura producida en Hollywood que se clasificaba como “espeluznante”? Lo único que se oyó después fue la torrencial lluvia caer. Se percató de la presencia de alguien, una mirada a sus espaldas, a lo que tomó aire y volteó, confirmando que era una persona. — Debería tener más cuidado. —Su voz temblequeó, mientras su mirada se fijaba en aquél individuo, esperando que no hubiera sido espectador de aquella escena.
—¿Por qué? ¿Por coincidir en el mismo lugar? Supuse que lo primero que harías sería tocar el piano, así que decidí acompañarte, si no te molesta, obviamente.—Se dirigió a la chica, sentándose a su lado antes de que haya pensado la respuesta, posando sus dedos en las teclas, esperando que la castaña reconociera el dueto que pretendía tocar con ella. Era una canción algo tétrica, que aprendieron juntos en la academia de artes en épocas de halloween, hace unos años. Dirigió su mirada a los ojos de la chica tratando de analizar sus movimientos, que a lo largo de unos cuantos segundos, continuaron la melodía que había empezado el chico, respondiendo con el siguiente acorde.
Ponen escombros y ya dicen que es aterrador, que falso se ve todo ésto. —Comentó para sí mismo mientras contemplaba las desgastadas paredes que se alzaban por todo el lugar, aún incrédulo en cuanto a cualquier cosa que tuviera que ver con lo paranormal. Lo único a lo que había que temer era a lo real. Rodó los ojos y soltó una risa sarcástica, dispuesto a seguir recorriendo los “misteriosos” pasillos que tan falsos se veían ante sus ojos bajo la vaga luz de la vela que bailoteaba en su cara.— Vale, eso es bueno. —Señaló con un fluido movimiento de mano a aquel piano del que le habían avisado antes de entrar a la mansión, y de repente una de sus comisuras se alzó, formando así una sonrisa traviesa mientras una idea surcaba su mente. Fue en cautelosos pasos a sentarse frente al instrumento y, súbitamente, empezó a golpear las teclas con los puños, causando así una mezcla de notas totalmente incoherente que sonaba, más que terrorífica, insoportable, y cuyo eco resonaba por casi todo el lugar. Aunque aún así conservaba un ritmo algo… Macabro. Dejó de tocar después de unos segundos y luego volvió a ponerse de pie.— Uh, que fantasmagórico soy… —En una voz grave, se divertía realmente en ese lugar. Soltó una carcajada digna de un niño pequeño, después de ella vio en la distancia una sombra que parecía observarlo.— ¿Es en serio? ¿Ahora una sombra me observa?, por favor… —Resopló hacia las cámaras adheridas a los puntos altos y las esquinas cercanas, para después dirigirse a aquella sombra y notar que era en realidad un asustado compañero de reality.— Eh, qué pasa, ¿El fantasma del piano te asustó? —Musitó en un tono de voz “de ultratumba”, y después carcajeó de forma burlesca.— Amo éste lugar.
—No estoy asustado, solamente mis oídos se quemaron por tu gran actuación en el piano, debo decir que fue conmovedora.— Dicho ésto sarcásticamente, descaradamente se sentó al lado del ojiazul tocando vagamente una canción fácil aprendida hace unos años, que no pudo borrar nunca de su memoria, al finalizar la breve canción se paró del banquillo y revisó el interior del desgastado piano, divisando pequeños ratones en descomposición y telas de araña, bloqueando que algunas teclas dejara emerger su nota musical.— Creo que se murió del susto.—Bromeó mirando al castaño que estaba frente de el sonriendo, aunque se sentía inseguro por las historias recitadas de la mansión donde se encontraba.
Con un porta vela, se encontraba caminando por los pasillos de ésta aterradora mansión, buscando algún lugar en donde estuviera la cocina, aunque dudaba que este lugar la tuviera, pero era posible que encontrara comida, para saciar su apetito, por no ingerir algún alimento desde la mañana. El ojiverde, vagamente acompañado por la tenue luz de la vela, lo que apenas ayudaba, a su poder explorar. El chico miraba hacía todos lados intrigado por todo el asunto de la mansión, sentía el pesado ambiente de la casa, pero no había visto nada aún. En cuanto, siguió por su camino, sintió una brisa congelada por su nuca, lo que le hizo alertarse, el frío se comenzó a apoderar del lugar, y el vapor salia de su aliento. —Qué mierda es ésto?—. murmuró a la nada, fue cuando sintió una presencia a sus espaldas, se volteó alarmado, pero sólo era uno de sus compañeros, por lo que se alivió, pero no pasaron segundos, para que sus reflejos hicieran que se diera vuelta nuevamente, iba a aparecer una mujer mostrando sus brazos ensangrentados, mientras gritaba “Ves lo que has causado” una y otra vez, salían los desgarradores vozarrones de ésta desconocida. Franco retrocedió impactado a causa de lo atemorizado que estaba. —Re puta mierda.— dijo incrédulo. El ser de la mujer comenzó a acercarse, por lo que, su reacción rápida fue, simplemente agarran el brazo de la persona que se había encontrado. —Corre, demonios, corre.— dicho eso, comenzó a correr junto a su acompañante, dejando caer la vela que ya se había apagado.
—Había estado explorando la tétrica mansión tratando de llegar a la entrada, donde se mantenían la mayoría de los integrantes, hasta que vio a un hombre alto sosteniendo un porta velas que emanaba una luz suave, dejando a ver solo una sombra del hombre, sin reconocer quien era decidió seguirlo, para comprobar si era una persona, o como contaba la historia un fantasma.Escuchó unos insultos de la persona, identificando que era su compañero, Franco, que se había dado vueltas varias veces, preocupándolo. Cuando el castaño mandó correr al rubio fue porque según el castaño, un espíritu de una mujer de encontraba perturbando a los visitantes, no hizo nada más que correr junto al ojiverde sin dirección alguna, esperando ponerse a salvo para dirigirle la palabra agradeciéndole.
—Lo único que reconfortaba a Nina era la vigilancia de las cámaras del reality. Difícil de creer, pero así era y sobre todo si debía vivir en esa mansión sacada de la viva pesadilla de un maniático. Había oscurecido afuera y, visitando las últimas habitaciones tras un valiente recorrido por toda la casa, se dispuso a buscar un lugar dónde dormir. No sabía en dónde dormiría el resto de los participantes; la última vez que había hablado con alguien había sido al llegar y su repentina ausencia no hacía otra cosa que intranquilizarla. Acariciando las paredes con delicadeza, paso tras paso, la dulce melodía de una caja musical la llamaba. Hacía más de una hora que intentaba encontrarla, recordando durante el camino su pasión hacia la danza clásica, pero cuando creyó que por fin había encontrado su escondite, la música pareció desvanecerse en el aire como si no quisiera ser encontrada—. ¿Qué diablos está pasando? —susurró confundida antes de pegar un grito que retumbó en las paredes de la habitación en donde se encontraba al percatarse de que no estaba sola—.
—Se encontraba realizando una inspección a la gran mansión donde tuvieron que hospedarse por la nueva actividad relacionada con halloween.Se mantuvo un largo rato en una habitación en específico, era espaciosa, alta y tenía un retrato antiguo, que, raramente tenía una rasgadura en todo el rostro, pero aun así se dejaba a ver que se trataba de una mujer, y los objetos que adornaban la gran habitación era una cama bastante deteriorada sostenida por una estructura de madera que con el frío del lugar, y de la humedad emanada de las paredes que a su parecer, en cualquier momento se derrumbarían, también de una caja musical algo desafinada y unas cómodas a los lados de la cama. Dudoso se sentó en la cama que se encontraba notablemente húmeda, tomando entre sus manos la caja musical, inspeccionando su sonido y las figuras grabadas a mano en ellas. Minutos después de continuar girando la manilla de la caja musical produciendo la música su mirada se encontró con unos ojos femeninos y a segunda vista, pudo observar que era rubia, de golpe dejó la caja musical, esperando no asustar a la femenina.

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Sms; Que expresivo eres :c.
sms: para ser expresivo debo poner mil caritas? si es así bueno :) :D ;) c:
Sms; Mhm, son preguntas que me gustaría responder cara a cara.
sms: esta bien.
Sms; ¿Cómo que cosas? Sms; No tengo problema en responder.
sms: son las mismas que me hicieron a mi.
Sms; La verdad es que no me han preguntado por ti. Sms; ¿tu quieres saber algo?
sms: muchas cosas, la verdad.
Sms; Como que te preguntan mucho por mi, eh.
sms: opino lo mismo, pero a ti de seguro ni te preguntan por mi.

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1-4-5-21-22-23-94 a 100.
1:Is there a boy/girl in your life?
Si.
4:What’s something you really want right now?
Terminar de responder esto.
5:Are you afraid of falling in love?
A veces.
21:If you knew you had the right person, would you marry them today?
Nop, no creo que firmar unos papeles haga más o menos fuerte un sentimiento.
22:Would you kiss the last person you kissed again?
Si.
96:Have you ever kissed anyone with a lip ring?
Yo tengo un piercing en el labio, así que preguntenle a alguien que me haya besado.
97:Did you sleep alone this week?
Nope.
98:Everybody has somebody that makes them happy, do you?
Si.
99:Do you believe in love at first sight?
Creo en que te puede gustar una persona a primera vista, sobre el amor no mucho.
Las que no respondí ahora las respondí antes.
77 - 93
Ya las respondí, pero gracias.