Rodolfo Díaz tuvo que abandonar su predio en San Alberto, Cesar, por presión de los paramilitares.
Cosimo Galluzzi
Claire Keane

PR's Tumblrdome
art blog(derogatory)
Misplaced Lens Cap
Show & Tell
𓃗
ojovivo
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
NASA

titsay
Keni

pixel skylines

❣ Chile in a Photography ❣
I'd rather be in outer space 🛸
RMH

@theartofmadeline
🪼

seen from United States
seen from United States

seen from Netherlands

seen from Greece
seen from United States
seen from United States
seen from Chile

seen from Saudi Arabia
seen from Malaysia
seen from United States

seen from T1
seen from United States

seen from Greece
seen from United States
seen from Malaysia

seen from Germany
seen from Venezuela

seen from United States

seen from United States

seen from Germany
@mariapaulinaar
Rodolfo Díaz tuvo que abandonar su predio en San Alberto, Cesar, por presión de los paramilitares.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Con bombillas led instaladas en estaciones de metro ya se conectan usuarios a internet.
EL TIEMPO habló con el ilustrador español que está detrás del videojuego Gris.
En Colombia y países andinos hay papas, nabos y cubios que datan de tiempos inmemoriales.
Las hamburguesas 100 % vegetales de Beyond Meat están en Colombia. ¿Cómo engañan los sentidos?

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Gobiernos, colectivos e instituciones abogan por un uso en pro de la transparencia.
Interfaz, algoritmos y recomendaciones cada vez más personalizadas: la apuesta de la plataforma.
Nuevas formas de monitoreo a los pacientes y big data: el futuro de la medicina, según Joe Flower.
'Periodismo, memorias del conflicto’ es la exposición que recoge el trabajo de Salud Hernández.
Para conmemorar su muerte, varias entidades se unen con eventos y actividades que van hasta el 2019.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Mark Post, quien lanzó una hamburguesa a partir de células madre, habló del futuro de la comida.
Entendimos que el luto siempre es el mismo, sin importar la criatura que sea, hablando con Henry Cortés, el creador de una funeraria para mascotas.
La K-Zona fue un importante hotel del centro de Bogotá entre 1914 y 1948. Tras años de abandono, luego del Bogotazo, fue un predio en disputa durante casi cuatro décadas. En 2010, se convirtió en el sueño de industria cultural y recuperación de memoria en el que trabaja Albert Piñeros, bisnieto de los dueños originales de ese espacio.
2018
http://blogs.eltiempo.com/la-escuela-blog/2018/02/22/la-k-zona-hotel-ruinas-industria-cultural/
El fin de El Naranjal
En Colombia se vive por cuadrantes, se estratifica, se gentrifica.
El barrio El Naranjal de Medellín es cada vez más arrinconado debido a que no obedece a los lineamientos del desarrollo que se planea para la ciudad. Aquí hay talleres de autos y trabajadores informales. Hay inquilinatos, pero también casas de casi 100 años con habitantes que nacieron y crecieron en un barrio que se está acabando.
La reubicación es la palabra incesante con la que llegan los nuevos proyectos de vivienda a El Naranja. Que los mandan para Robledo, que los mandan para Itagüí, pero que sin el acarreo. A los “perros”, los mecánicos que trabajan en la calle, en un cuadrito del asfalto, ni a los dueños de chatarrerías esto les suena, pues ese trato no les sale rentable.
La EDU, Empresa de desarrollo urbano en Medellín, ya no sabe qué más hacer. Se ha recurrido a la fuerza con la policía para que los habitantes del barrio cedan, sin embargo, hay resistencia. El arte y el grafitti han servido de oposición para esa idea de desarrollo que no los incluye.
“Kike el acordionista”, es uno de ellos. Él entona canciones de resistencia: “Arriba naranjaleros que ya nos van a sacar y el barrio que más queremos lo tenemos que dejar”.
Desde la línea B del metro, por la estación Suramericana, se ve El Naranjal. Ese minúsculo barrio gris y negro, sucio y casi en ruinas, acorralado por el crecimiento económico que se está dando a su alrededor. Supermercados de grandes superficies, amplias avenidas y proyectos de vivienda para estratos altos que empujan cada vez más y excluyen del panorama a El Naranjal de talleres y de chatarra.
Fotos y texto por: María Paulina Arango Martínez 2017
Mi primera vez con las Ninfeas
Era difícil saber si los inmensos frescos del impresionista francés vestían las paredes ovaladas, pálidas y destellantes o las salas habían sido minuciosamente construidas para acoger las obras de Monet con el mayor de los cuidados.
El contraste del blanco y la paleta de colores, que pasaba de fríos a cálidos con gran detalle, causaban un estado de transe, de suspensión, de que el mundo que conocemos se encontraba era en los cuadros y no afuera de ellos.
Cada color y pincelada nos abrazaban como multitud, pero también nos hablaban a cada uno. Los tonos de azul y verde contaban historias sobre aquellos lagos que una vez fueron la inspiración de tantos pintores. Y era como estar ahí, como sentarse al lado de Claude Monet mientras pintaba con sus oleos y registraba cada instante único de ese día. Algo que he aprendido de fotografiar los amaneceres es que, en cada segundo, la luz forma una composición destina e irrepetible.
Lograr capturar la luz a través de pequeños toquecitos de pintura que en conjunto logran plasmar una imagen, casi idílica, sin tener que llegar a lo figurativo, son pruebas de lo simple y complejo que puede ser el arte.
La experiencia fue casi celestial en sí misma. Esa primera vez que me vi tan cerca de lo que solo podía apreciar en libros cuando era niña, fue un momento que muy vagamente, logro describir con las palabras. Fotos y texto: María Paulina Arango Martínez. Museo de la Orangerie, París.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
La casa de mi infancia
Fueron 9 hijos los que se criaron en 7 dormitorios, 2 baños contiguos, 2 patios internos y una amplia cocina con cuarto de ropas. Era la casa de la familia de mi papá. Una casa grande ubicada en el barrio Laureles y con casi 50 años cuando la habité.
Las baldosas eran lisas y de color vino tinto, para las partes internas de la casa, y carrasposas y rosadas para los patios. El suelo fue mi lienzo. Cuando viví ahí, aun se conservaban las tizas de mis tíos, gigantes y de todos los colores. Yo las usaba para dibujar en el piso. Rayaba y luego borraba con agua. El sol de Medellín era una ventaja: permitía que el piso se secara rápido. Rayar, mojar, esperar, volver a empezar.
El lavadero de ropa era tan grande que me podía bañar ahí en los días de calor con todas mis barbies. No tenía nada que envidiarle a una bañera europea. Cuando no era usado para la ropa o para jugar, se convertía en peluquería. Mi hermana y yo nos pintábamos el pelo de colores, sumergiendo nuestras cabezas en poncheras con agua y papel celofán rojo, azul o naranja. Y así, lograr iluminaciones de esos colores que nos duraban por un par de días.
Las pesadas materas en cerámica les daban sentido a los patios internos. Contenían helechos y otras especies similares que despertaron en mí el gusto por tener amigas verdes en la casa.
Con mi hermana, compartía dormitorio. Dos camitas iguales. Una junto a la otra con el mismo edredón, lo único que combinaba. Era la misma habitación pero parecía dos cuartos separados por una línea invisible. Sus cosas: organizadas, lindas, femeninas y propias de una adolescente. Las mías: desordenadas, coloridas, toda una miscelánea de juguetes y materiales de dibujo.
Las puertas eran blancas y de cerraduras obstinadas, con las que especialmente peleaba en medio de la noche para ir al baño o a buscar agua. Nuestro armario hacía juego a las puertas de las habitaciones y era amplio en comparación con los que construyen en las casas de hoy en día. En mi caso, servía más de escondite que de guardarropa, bien fuera para jugar escondidijos o para evitar un regaño.
Había 2 cuartos que permanecían cerrados y a los que en mi casa se referían como “los cuartos San Alejo”. Refugiaban objetos que llevaban algún buen tiempo ahí. Montañas de tesoros para mí, que husmeaba cada que tenía oportunidad, y cúmulo de reblujo y cachivaches para mis papás. Fueron pertenencias olvidadas por sus dueños de las que hoy nadie se acuerda.
La casa olía a guardado, a abuelita, y creo que eso era lo que despertaba en mi papá las anécdotas. Nos reuníamos a escuchar historias de su niñez con mis tíos, de sus juegos y de sus locuras.
Aunque la casa era amplia y mis hermanos muy mayores para jugar conmigo, yo nunca me sentía sola. Había una magia inexplicable que lograba llevarme a volar mi imaginación y a que no me hiciera falta nada más.
La casa de mi infancia y la infancia de mí papá, junto con la del vecino, fueron demolidas para hacer un edificio.
Apreciación The Wrestler
The Wrestler es un drama que suscita la nostalgia por un pasado que fue mejor. La decadencia y el fin de la carrera profesional de una estrella de la luche libre (Randy ‘The Ram’ Robinson) que se da cuenta que tras haberle dedicado toda su vida a la lucha, la soledad, la vejez y el abandono son inminentes.
Darren Aronofsky es quien dirige esta película. Su cine se ha caracterizado por explorar el lado oscuro del hombre con su auto-degeneración. Requiem for a Dream (2000) junto con The Wrestler (2008) son producciones más potentes a la hora de plasmar esa tesis.
No es coincidencia que el rol principal sea protagonizado por Mickey Rourke y no por Nicolas Cage, como se pretendió inicialmente. Esta decisión es acertada en la medida en que él tiene grandes similitudes con el personaje, o sea, estaba hecho para ese papel. Es una ex leyenda del boxeo y le tocó vivir su propio declive como estrella en Hollywood, ambos comparten el afán por mantenerse jóvenes y atractivos (Randy con el consumo de esteroides y Mickey con el abuso de las cirugías plásticas); y que como dice Ricardo Silva Romero en su definición de personaje, es “una persona que no consigue fingir que es otra”.
En términos de Robert Mckee, el ‘paraíso perdido’ es lo que desea conservar Randy durante toda la película, esa dorada década de los 80 en la que él era uno de los más aclamados en la lucha libre estadounidense. Sin embargo, en el largometraje poco vemos de ese estrellato, la historia se centra en su decadencia y en cuán significativo es para él continuar siendo ‘The Ram’ a pesar de que lo único que queda de esos años son sus recuerdos, los recortes de la prensa y algunos objetos que aún guarda.
Un ejemplo de esto es el video juego de lucha libre en 8bit que aún conserva y juega de vez en cuando o la figura de acción de un luchador que mantiene en su auto. Elementos llenos de nostalgia que él usa también para “educar” o al menos generar interés sobre el tema con las nuevas generaciones, a modo de mantener ese legado que es tan importante para él.
El plano escorzo es recurrente cuando Randy entra en habitaciones y pasa a través de puertas giratorias y cortinas, lo que, a veces acompañado de gritos y ovaciones, genera la sensación de que está entrando al ring de pelea, pero la realidad es otra. Vemos a un hombre que intenta seguir con su vida por fuera de este show business y que le cuesta encajar. Esta forma en la que Aronofsky presenta la vida del personaje (con la cámara detrás de él) nos involucra y genera cercanía pues pareciera como si lo estuviéramos acompañando en su proceso.
La banda sonora es abarcada con el Heavy metal de bandas como Quiet Riot, Cinderella, Guns N’ Roses y Slaughter que se sirve también de ser la música habitual en las luchas y como refuerzo a la idea de la melancolía en el filme. Round and Round de Ratt suena de fondo en una escena en un bar, Randy la baila y expresa su gusto por esa música de los años 80 (década en la que ‘The Ram’ estaba en su furor) y cómo la actual no se le asemeja, la misma situación por la que pasa la lucha libre al cambiar a sus ídolos y por consiguiente, sus estilos de pelea que ya pasan a ser “clásicos”.
Desde la fotografía se intenta crear una atmósfera realista pero que sea cruda para resaltar la circunstancia que atraviesa el personaje y el encuentro con una realidad que no es tan cálida ni destellante de éxito ni fama como él hubiera querido. Los colores fríos para representar la tristeza, soledad y amargura que vive Randy y las luces fuertes, casi enceguecedoras, acompañados por su discurso en la última escena en el ring, presentan esa entrega absoluta del personaje hacia la lucha libre.
La historia se desarrolla a modo de acción-reacción que junto con las motivaciones de Randy y su pasado podemos entender el rumbo de su vida y el porqué de su frustración. El personaje se enfrenta a tres coyunturas en las que debe decidir y responsabilizarse si quiere empezar otra vida. Su ausencia como padre, su salud y el romance con Cassidy, una stripper que atraviesa una situación similar al perder popularidad entre los clientes por su edad. Con estos momentos de clímax que se desarrollan durante la historia y la escena final se comprueba que por más importante que parecieran para Randy los demás aspectos de su vida, él nunca pudo comprometerse a otra cosa que no fuera la lucha libre.
María Paulina Arango M 2017