Esta es la historia de Junior; un niño que superó todos los obstáculos y alcanzó el éxito en medio de muchas tormentas con el viento en contra. Hoy quiero compartirla contigo porque es realmente admirable, y una muestra firme de que somos capaces de salir adelante, inclusive cuando vivimos en medio de profundas y continuas calamidades.
Pero es imposible hablar de Junior sin contarte un poco sobre su luchadora madre: Esther. Ella es un temple de mujer, ha sido padre y madre, y esto significa que ha trabajado hasta el cansancio sin chistar, pues su hijo ha sido siempre su mayor impulso de superación y esfuerzo constante.
Esther, motivada por su amor de madre, aprendió a ofrecer sus servicios domésticos en casas de familia, y además explotó su vena caritativa por una causa meritoria: cuidar personas ancianas, siempre con un objetivo claro: criar a Junior con cariño, devoción y entrega desmesurada.
Ella es un claro ejemplo de que cuando somos buenas personas la vida se encarga de recompensarnos. Fíjate, Esther no sabe leer ni escribir y aun así fue capaz de salir adelante. Sí, se esforzó sin cesar pues su misión de vida traspasaba la escolaridad, y no era más que criar a Junior íntegramente.
Y así fue. Le enseñó a amar a Dios –él aprendió a temerle- y a actuar en función de eso, y pese a que su padre estuvo ausente en vida pudo sobreponerse, crecer y desarrollarse siendo un hombre recto, noble, sensible, preocupado por los suyos y por el prójimo, pero sobre todo, aprendió de su madre a sobreponerse ante cualquier causa, sin importar su dificultad.
Hoy en día Junior es un profesional integral. Un apasionado del marketing, profesor, emprendedor y productor de eventos. Está cursando su doctorado –Phd-, y aunque pudieses estar pensando que académicamente ha triunfado, lo cierto es que en sus propias palabras, su mejor obra es Andrés: su hijo amado.
Su primogénito ha sido su mayor y mejor acto de amor, es su “motor de vida” y su más increíble hazaña. Su descendencia lo motiva a esforzarse cada día más por ser un mejor ser humano, por tenderle la mano a los más frágiles, y a todo aquel que padece o necesita cuidados y atenciones, porque la verdad es que Junior nunca olvida su pasado.
Al contrario, lo usa para trabajar por un presente y un futuro prometedor para él, pero sobre todo, para Andrés, porque es a él a quien aun le queda muchísimo camino por andar por senderos, esos que conducen a un destino justo, seguro, lleno de amor, protección y armonía. Un camino que aunque llegue a tener curvas peligrosas siempre le ofrecerá una salida segura hacia la integridad y bondad.
Durante toda su vida Junior ha enseñado con el ejemplo, en todos y cada uno de sus roles: como padre de familia, profesor universitario y como hijo de Dios, y su historia no es otra que la de un niño que nació y creció en un tiempo difícil, en un barrio que solo viven personas que luchan como él por levantarse y darle un mejor mañana a su familia, pero que con su valentía y coraje, más el amor incondicional de su madre, logró alcanzar lo que parecía inalcanzable.