Hay amores que se extinguen sin ruido, como una llama que titila constante y después se rinde al viento.
Se apaga en los días repetidos, en los gestos vacíos, en los silencios que dejaron de ser paz para volverse desesperación.
Y entonces, la vida empuja. Rompe las rutinas, los techos, los nombres.
Hace que las manos que un día se buscaron ya no encajen, y que los ojos que antes se entendían sin hablar se miren como extraños.
A veces la despedida llega sin aviso: una ida, un trabajo nuevo, una nueva casa y un orgullo tardío que no cura en absoluto, solo se exhibe.
Y mientras uno aprende a respirar fuera del abismo, el otro apenas y nota que había un mundo cayéndose detrás.
No hay culpables, solo ciclos que se cierran.
El amor no siempre muere de golpe, a veces simplemente se cansa de intentar florecer en un suelo que ya no lo siente.
-Ivest. 💛














