Luchar es más hermoso que cantar.
a pesar de las patrias derrumbadas,
hallar entre las tumbas un lugar para la risa.
Yo mismo, a veces, caigo,
levanta mi cara como una alfombra rota,
aunque vengan dÃas sucios,
aunque yo mismo os ruegue de rodillas,
no padezcan las noches canallas que vendrán!
salid de los cuartos sombrÃos,
sed felices para que yo no muera.
Yo no escribà estos cantos
para dar espuma a las muchachas.
Yo canté porque los dolores
ya no cabÃan en mi boca:
peleando con mastines de pavorosa nieve;
he visto a los deudores tratando
de meterse en sus zapatos cada amanecer.
¿En qué pantano no beb�
Ay, a mi alma caÃan las cáscaras
que amargas cocineras pelaban.
Amigos: en mi corazón jamás reinó silencio,
escuché a las sábanas quejarse,
supe cuando las criadas escribÃan cartas de tristeza,
y cuando no llegó a tiempo el único pie del cojo,
y canté, América, los dolores,
y recliné en ti mi cabeza.
que me siguió cojeando a los destierros.
No quise confesarlo antes.
Yo sólo sé cantar, pero te amo;
¡también la aurora se construye con canciones!
No me busquen amargos en la noche:
yo espero cantando la mañana.
Un gran viento se levanta.
Un gran viento se levanta.
He visto arder extraños rÃos.
Un gran viento se levanta,
para que los desdichados se laven la cara.
Buscadme cuando amanezca.
Entre la hierba estoy cantando
Voy a las batallas - Manuel Scorza