ENTONCES, TERMINĂ BORRANDO LO QUE PARA EL ESCRIBĂ
-Las letras hacen magia, ¿No lo cree señor Ruben? -Dijo ella, casi susurrando-. En medio de todo este desastre que es el mundo, te desplazan a sitios que nunca imaginaste y te hacen decir cosas que nunca pensaste que ibas a pronunciar en vos alta.
El señor la observo en silencio, con esa calma que solo traen los años. Tomo un sorbo lento de su café antes de hablar.
-Entonces, terminĂ© borrando lo que para Ă©l escribĂ.
-continuĂł ella, la voz temblando un poco-. LleguĂ© a convencerme que era la persona con la que me casarĂa. Yo me la creĂ entera. Al final me dejo con las manos sangrando, tratando de salvar algo que ya estaba perdido desde hacia rato. Algo que solo yo veĂa.
El viejito suspiro, bajo la mirada y aprieto las manos sobre la mesa.
-Dime una cosa, querida sobrina: ¿quién es el amor de tu vida? -preguntó el anciano.
Ella soltĂł una risa corta, casi dolorosa.
-Escribà tantas cosas para él.
El hombre se quedĂł pensando un momento, mirando por la ventana, y le dijo:
-El amor de tu vida, hija⊠va a ser aquel que quiera sostenerte cuando estes cayĂ©ndote con amor de verdad. Aunque estes hecha pedazos, aunque peses, aunque no sea bonito, ese. Aquellas personas que no saben recibir amor, como nunca lo tuvieron, y tu llegaste a darlo todo. Todo lo que les falto de niños, todo lo que nunca le enseñaron, se lo diste a ese joven. Y el no supo quĂ© hacer con tanto. No supo cuidarlo, no sabĂa cĂłmo devolvĂ©rtelo.
La chica hizo una pausa, como si le doliera recordarlo.
-Por eso mismo terminĂ© borrando, lo que para el escribĂ. -Le contestĂł.
El viejito asistiĂł despacio, como aprobando en silencio.
-Bien hecho- dijo bajito-. Eso es sanar. Recuperar lo que es tuyo.
Ella sonrió por primera vez, pequeña, pero real.
-TodavĂa duele, pero ya no quiero que duela por Ă©l. Quiero que duela por mĂ, hasta que deje de doler.
Vas por buen camino, muchacha. Vas por buen camino. Solo termina de borrar lo que un dĂa escribiste para Ă©l.