* / margvs:
Dígitos se mueven nerviosos los unos contra los otros cuando siente pausada mirada del contrario contra anatomía francesa y únicamente puede otorgar fugaz sonrisa que se mantiene, es consciente de que dirección había sido otorgada para emergencias, situaciones que terminasen siendo prioritarias y aquello lograba que sintiese ligero remanente de culpa por aparecerse de la nada, todavía siquiera siendo capaz de identificar impulso que le había llevado hasta ahí. ❛ Oh, esa habría podido ser una buena idea, siento, siento haber venido sin avisar. ❜ otorga al final con media sonrisa que se dibuja casi cohibida, dígitos de la zurda acomodando mechón de cabello castaño detrás de la oreja mientras vuelve a mirarle a los ojos. Pregunta por un segundo le toma por sorpresa, sopesando serie de eventos que han tenido lugar, no es precisamente que encuentre motivo para preocuparse, por lo cual se limita a encoger los hombros mientras se deja guiar, incisivos marcando interior de la mejilla. ❛ Sí, va todo muy bien, únicamente es lo que te he dicho antes, que no hemos hablado mucho últimamente. ❜
sonrisa surcó rostro del mayor al oír aquellas disculpas que en realidad no tenían lugar en la conversación. cualquier motivo por el que la muchacha quisiera presentarse en su oficina sería válido, más algunos más sorprendentes que otros. “siempre eres bienvenida aquí, margo, nada que disculpar” le dedicó un breve encogimiento, esperando que aquello fuese suficiente para quitarle la incomodidad de encima. entrelazó apenas sus dedos con los de la fémina para guiarle entre todo el desastre, y es que espacio estaba siendo utilizado para investigación en curso, siendo ese mismo el motivo por el que una enorme cantidad de cajas y papeles se encontraban regadas en el suelo. “no que vayas a querer volver después de atraparme conviviendo con este desorden” carcajeó, mirándole de reojo antes de alcanzar su escritorio “por favor, como en casa” ofrecimiento es honesto en lo que ( muy a su pesar ) corta contacto “no me falta nada para cerrar el día. ¿puedo invitarte a cenar? ¿o tal vez este intento de oficina te resulta demasiado acogedor y prefieres que pidamos algo?” o puedes venirte a casa conmigo, estuvo a punto de decir, más motivos egoístas detrás de dichas palabras le obligaron a guardártelas.














