Monedita de cambio
En mi pueblo hubo una farmacia que abrĂa (y asĂ se llamaba) “24 horas”. AhĂ daban cambio completando los ¢50 con chicles y dulces. PreguntĂ© si para ellos en serio tenĂan esas pequeñas golosinas el valor monetario que les concedĂan. Dijeron que sĂ. Un dĂa, fui a comprar algo y saquĂ© mi bolsita llena de chicles y dulces guardados de esas devoluciones, como si fueran monedas de cincuenta centavos, y completĂ© el pago ante la mirada de sorpresa del dependiente en turno. No querĂan recibir esa "moneda" en principio. Entonces aleguĂ© que ellos mismos le habĂan asignado ese valor, no yo, y que si lo daban de cambio tambiĂ©n debĂan recibirlo como pago. Se encabronaron, pero tuvieron que recibirlo. Me odiaron. O eso creo.













