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Lolicon8: Sé de un lugar donde puedes cumplir tu fantasía.
Putrid-doll: ¿En serio? ¿Dónde?
Lolicon8: En el centro, es un burdel clandestino.
Putrid-doll: ¿Un burdel? ¿Y cuánto cobran? Sabes que aún dependo del dinero de mis padres.
Lolicon8: No te preocupes por el dinero, digamos que pagas en especie…
Putrid-doll: Eso no suena bien…
Lolicon8: ¿Qué tanto deseas hacerlo?
Putrid-doll: Touché, valdría la pena aunque terminara como la chica de réquiem por un sueño.
Lolicon8: Sólo un consejo… excédete, desquita tu pago al máximo y no te arrepentirás.
Putrid-doll: Me conoces, sabes que lo haré, dame la dirección.
Se la escribió enseguida con una breve descripción del lugar y le indicó que preguntara por Liss. Tras pocos minutos de charla intrascendental sobre sus filias, ambos se desconectaron.
El seudónimo “Putrid-doll” pertenece a Jennifer Díaz, una adolescente de quince años. Decir que es aficionada al gore sería poco, lo indicado sería decir que tiene una obsesión con él; está suscrita a cuantas páginas al respecto ha encontrado y no simplemente disfruta mirar personas cortadas en dos, decapitadas o con la materia gris fuera del cráneo, sino que le genera una seria excitación.
Creyó que todo se limitaba al morbo, sin embargo, comprobó lo contrario durante una visita escolar a la morgue. Tras algunos minutos de contemplación de aquel cadáver masculino con los intestinos expuestos, tuvo que correr al baño a masturbarse para no saltar sobre él y su verdusco cuerpo.
Al leer las palabras de Lolicon8 (no tenía ni la más mínima idea de cuál era su nombre verdadero) supo que tendría que visitar aquel lugar esa misma noche.
Guardó en su mochila una serie de artículos que pensó que podría utilizar: un atuendo de dominatrix, un par de botas de piel con plataforma alta y su amada katana sumamente afilada que su madre no consiguió prohibirle comprar.
Esperó a que sus padres se durmieran y salió sigilosamente por la ventana, como tantas veces lo había hecho antes cuando deseaba irse de juerga sin su consentimiento.
Le resultó sencillo localizar el viejo edificio con la descripción de Lolicon8, habló con la anciana, cruzó por el pasillo abandonado y descendió las escaleras encontrándose con la orgía.
Ya que no poseía una buena vista, se acercó a observar de cerca aquella masa gimiente. Penetraciones por aquí, lengüetazos por allá, sin duda resultaría excitante para un visitante común, pero era demasiado ordinario para su gusto.
Una atractiva joven de escasa vestimenta se acercó a ella con una charola repleta de dulces, lo cual le resultó bastante curioso en un lugar así, sin embargo, los dulces eran una de sus mayores debilidades.
—¿Qué tienen? —preguntó ella suspicaz, asumiendo que tendrían alcohol o droga.
—Las paletas son de pene cubierto con chocolate, los caramelos de limón con relleno de ojo en el centro y los bombones tienen sesos —respondió la joven con total naturalidad.
Jennifer pensó que bromeaba, pero no la cuestionó, tomó una paleta, varios dulces y algunos bombones; lo primero que comió fue la paleta, descubriendo que era real y la disfrutó como ninguna golosina en su vida.
Estaba tan absorta comiendo aquellos dulces caníbales que se había distraído por un momento de su propósito en ese lugar. Entonces apareció una mujer de al menos 1.80 de alto, de cabello oscuro, figura esbelta y rasgos europeos que la regresó a su misión.
—Vaya, nunca había visto una mujer tan joven por aquí.
—¿Tú eres Liss? —preguntó Jennifer disimulando hábilmente lo intimidada que estaba por su estatura y su belleza.
—Exactamente, supongo que viniste a hablar de negocios —respondió, tras lo cual la condujo a su oficina.
—Tengo entendido que pueden cumplir cualquier parafilia.
—Así es, cualquiera en absoluto. Y ¿cuál es la parafilia de una jovencita como tú?
—¿Tiene a la mano una libreta para tomar notas?
—No es necesario, tengo una memoria excelente.
—Espero que así sea. Quiero seis personas: tres hombres, todos de más de metro ochenta, piel clara, cabello oscuro, penes mayores a 18 centímetros, delgados pero bastante fuertes, atractivos, masoquistas, de entre 17 y 20 años;
Y tres mujeres que no midan más de metro setenta, piel clara, delgadas, hermosas, igualmente masoquistas, entre 14 y 17 años, todos sumisos y desnudos.
Necesito un cuarto con una tina amplia llena de sangre tibia, una cama grande, una silla ostentosa (de poder proporcionarme un trono sería excelente), unas cuerdas bastante resistentes y un juego de cuchillos afilados.
—¿Eso es todo? —preguntó Liss, ligeramente sorprendida por las exigencias de aquella joven.
Jennifer respondió afirmativamente y su interlocutora le pasó dos catálogos, uno de mujeres y uno de hombres para que escogiera su harem.
Los contempló un par de minutos y soltó un suspiro.
—Esto de los catálogos no me agrada, son sólo fotografías y datos al azar, preferiría escoger a mis chicos en persona —pronunció arrojándolos al escritorio de Liss.
—Tenemos alrededor de 300 personas que cumplen con tu descripción, ¿piensas verlos a todos? —Jennifer fantaseó un momento con encontrarse rodeada de una multitud de personas hermosas entre las cuales elegir, sin embargo, resultaba poco práctico y debía volver a su casa antes de que sus padres despertaran.
—Tráeme lo mejor que tengas, diez hombres y diez mujeres, tu mejor material.
—Puedo asegurarte que todo lo que tenemos es excelente “material” —dijo Liss acentuando burlonamente esa última palabra.
—Bien, entonces no te costará elegir veinte.
—Rob, trae a diez chicos del grupo AD201 y a diez chicas del grupo TD104 no mayores a un metro setenta… Sí, de inmediato… a mi oficina —telefoneó rápidamente—. Estarán aquí en cinco minutos —respondió ella amablemente.
—La persona que me recomendó este sitio me mencionó que cobraban en especie, de acuerdo a la fantasía a cumplir, en ese caso, ¿cuál será el precio por la mía?
—El precio nunca se menciona antes de cumplir sus peticiones, no queremos asustar a los clientes, además, ¿no valdría cualquier precio cumplir su fantasía?
—Está bien, no insistiré con eso, pero tengo otra pregunta: si nunca le cobran un centavo a sus clientes, ¿de dónde obtienen los recursos para seguir manteniendo el negocio?
—Aunque no lo parezca, éste es un negocio bastante rentable, y tenemos muchas otras formas de sustentarnos.
Justo al terminar esa frase, apareció Rob con la ansiada petición de Jennifer; Liss tenía razón, todo era excelente material, tanto que Jennifer consideró por un momento cambiar su trato y conservarlos a todos.
Sin embargo, la parte de la elección iba a disfrutarla también. Los observó a grandes rasgos y confirmó que todos entraban en su descripción.
—Me decepcionas, ¿cómo pretendes que los elija en estas condiciones? —dijo ante la sorpresa de Liss, quien no parecía entender a qué se refería—. ¡Están vestidos! No podría estar segura de hacer una buena elección de esta manera.
Ella le dio la razón y les ordenó que se desnudaran; todos obedecieron sin titubear. Jennifer los examinó atentamente, todos eran tan bellos y perfectos que tuvo que ir desechándolos por nimiedades, hasta que por fin se quedó con seis elegidos:
Vanessa Aime, Daniel Cifer, Viri Luna, Sally Mayer, Said Barrera y Eduardo Flores.
Se les ordenó que se retiraran y Jennifer lamentó esto, pero sabía que pronto serían suyos.
—Tendremos tu habitación dentro de una hora, te ofrecería unirte a la orgía que presenciaste al llegar, pero dados tus gustos me parece que la sala dos te resultará más interesante, sígueme.
Liss la llevó a lo que parecía un club fetichista (aunque de haber sido un hombre mayor de inmediato lo habría tomado como un men’s club).
Música electrónica hacía retumbar las paredes y del techo prendían un par de jaulas en las que bailaban mujeres que devoraban partes de cuerpos humanos, algunas personas se acercaban a ellas y eran salpicadas de sangre.
Al fondo del lugar había un escenario, por lo cual Jennifer se imaginó que en algún momento habría música en vivo o algo similar.
—Hoy tenemos un buen show, disfrútalo —dijo Liss antes de retirarse.
No transcurrieron ni diez minutos antes de que en aquel escenario aparecieran tres mujeres en corset y faldas diminutas: una pelirroja de cabello corto, bastante alta y voluptuosa que tenía un aire salvaje;
Una castaña de cabello largo de baja estatura, que expelía sensualidad por cada poro; y una rubia delgada y alta que emitía cierta timidez en sus movimientos, las tres estaban contoneándose al ritmo de Thunderkiss 65 tan eróticamente que Jennifer no pudo evitar reaccionar como todos los presentes, y se acercó al escenario a mirarlas de cerca.
Un insulso hombre, visiblemente alcoholizado, tocó descaradamente el trasero de la castaña, que intercambió sonrisas con las demás bailarinas y procedió a invitar a aquel hombre a subir al escenario, mostrándole una silla en él.
Las tres bailarinas lo ataron firmemente a la silla, y la pelirroja le realizó un breve lap dance que lo convirtió en el hombre más odiado del lugar;
Aún moviéndose al ritmo de la música, se agachó frente a él, le desabotonó la camisa, lamió su abdomen desnudo y comenzó a arrancarle la piel con sus afilados dientes, mientras que con las manos se abría paso en aquel cuerpo que se retorcía convulsivamente, y le extrajo los intestinos que arrojó al público, el cual gritaba extasiado (incluida Jennifer, que había disfrutado el show en demasía).
La pelirroja caderona se acercó a lo que solía ser un hombre, extrajo un cuchillo de su liguero y comenzó a decapitarlo mientras las otras bailarinas continuaban moviéndose al ritmo de la música (que ahora era Shake your blood), y cuando por fin desprendió la cabeza, la ofreció al público que gritaba y se empujaba para conseguirla;
Jennifer ni siquiera lo intentó, le hubiera encantado tenerla, pero sería difícil explicarle a sus padres cómo la había obtenido.
Finalmente la pelirroja arrojó la cabeza dejando que el público peleara por ella, para luego desaparecer tras el escenario junto a las demás bailarinas. Un par de hombres recogieron el resto del cadáver, ahora Jennifer tenía una idea de cómo obtenían los materiales para realizar aquellas golosinas.
—¿Jennifer Díaz? —le preguntó una hermosa joven que llevaba un traje de criada, y ella asintió—. Su habitación está lista, es la -105 —dijo entregándole una llave antigua, grande y pesada, con el número de habitación grabado en ella.
—La criada la condujo un piso más abajo, parecía llevarla a una mazmorra antigua. Pasaron por algunas puertas, todas con números negativos, hasta que llegaron a la -105.
Era una puerta de madera que lucía perteneciente a un monasterio.
—Que lo disfrute —dijo la criada, alejándose de prisa.
Jennifer tomó su pesada llave, y abrió la puerta ansiosa…
Ahí se encontró con sus seis elegidos, examinó la habitación comprobando que contaba con todas sus exigencias, además de un gran espejo que ocupaba casi una pared completa.
Contempló particularmente embelesada la tina llena de líquido rojizo, y ansió zambullirse en ella enseguida, pero dominó sus impulsos.
Regresó a observar a sus hermosos esclavos, pensando cuál sería el indicado para su primera acción, los recorrió lentamente con la mirada y finalmente se decidió por Viri; su rostro amigable y tierno le indicó que ella era la adecuada.
Le ordenó a Said y a Eduardo que la colgaran paralelamente sobre la tina mientras Vanessa y Sally la desnudaban.
Tomó su katana, se introdujo en la tina y con ambas manos tomó un poco del líquido que contenía y se lo llevó a los labios, verificando complacida que era sangre. Acercó su rostro al de la bella mujer colgante y la besó intensamente, dejando una mancha escarlata en sus labios.
Volvió a recostarse en la tina y comenzó a recorrer el cuerpo de Viri con la katana desde los pies hasta llegar a sus pechos; con un movimiento rápido cortó uno de ellos que cayó directamente en la tina.
Viri soltó un grito de dolor y se retorció intentando liberarse de sus ataduras, lo que divirtió a Jennifer y la incitó a mutilarle el otro pecho, ocasionando un nuevo alarido y salpicándola de sangre.
Finalmente, tomó la katana y le realizó un profundo corte en el abdomen, causando que sus vísceras cayeran por doquier.
Jugueteó con aquellas entrañas como si se tratara de una niña con su patito de hule, e incluso se colocó una fracción de intestino alrededor del cuello a manera de bufanda. Cuando volvió de su abstracción, notó que Daniel la miraba con una notoria erección.
—¿Acaso te excita la sangre? —le preguntó curiosa.
—Sí ama, y más cuando la porta una mujer tan hermosa como usted.
Entusiasmada por esas palabras, le indicó que se uniera a ella en la tina, a lo que él obedeció enseguida. Se colocó sobre su miembro erecto y lo ahorcó ligeramente con los intestinos mientras movía su cadera de arriba abajo enérgicamente;
El mirarlo cubierto de sangre y con ese tono violáceo que comenzaba a tomar debido a la falta de oxígeno la excitó excesivamente, así que tomó su cabeza y comenzó a azotarla contra la orilla de la tina mientras tenía el mayor orgasmo de su corta vida.
Cuando por fin se detuvo, notó que el cráneo de Daniel se había roto y sus sesos se esparcían por el suelo. Miró su mórbido rostro y lo besó ávidamente mientras introducía su mano por el hueco de su cráneo, sintiendo sus sesos.
Salió de la tina y le ordenó a sus cuatro esclavos restantes que limpiaran la sangre de su cuerpo utilizando sus lenguas, mandato que cumplieron a la perfección. Se atavió con el atuendo de dominatrix y las botas altas.
Tomó de nuevo su katana y se acercó determinadamente al rígido cuerpo de Daniel para cortarle una mano. Dejó el arma y caminó hacia Sally, quien la miraba provocativamente, y la tomó bruscamente por el cuello y mordió sus hombros con fuerza, haciendo que gimiera de placer mientras comenzaba a masturbarla con la extremidad cercenada de Daniel.
Cuando notó que la chica estaba completamente extasiada, tomó un cuchillo y lo deslizó hábilmente por el lado izquierdo del pecho de Sally, introdujo su mano en la herida y extrajo su corazón, el cual latió un par de veces fuera del cuerpo. Ella cayó muerta al instante, y Jennifer mordisqueó aquel corazón lúbricamente.
Se acercó felinamente a Eduardo, que contemplaba con suma atención aquella escena. Se inclinó ante él e introdujo su miembro en su boca, recorriéndolo con su lengua.
Le indicó a Said que colocara el mango de su katana en alguna rendija del suelo, de manera de que ésta quedara tan firme como una delgada columna, y mientras él obedecía, prosiguió con un virtuoso fellatio para ser alguien de su edad.
Cuando su mandato fue cumplido, ordenó que ataran de pies y manos a Eduardo, y que fuera empalado sobre su afilada arma.
La sangre brotó abundante de su ano, y él aulló de dolor tratando de librarse de aquella dolorosa tortura;
Sin embargo (ante la gran sorpresa de Jennifer), la erección permanecía en ese atormentado cuerpo, así que saltó sobre Eduardo, sosteniéndose en sus hombros y moviendo su pelvis sobre aquella fuerte erección, causando que la katana penetrara todavía más dentro de aquel cuerpo hasta que por fin salió destrozando el ojo derecho de Eduardo.
Jennifer besó su boca ensangrentada y lamió su ojo izquierdo, logrando un segundo orgasmo.
Se retiró del cuerpo y miró a sus dos esclavos restantes. Se acercó a Vanessa y la condujo a la gran cama antigua, atándola de brazos y piernas a las columnas que sobresalían.
Tomó uno de los cuchillos, colocándose sobre ella, y ordenó a Said que la penetrara mientras ella realizaba profundos cortes en el cuerpo de Vanessa, lamiendo la sangre brotante. Procedió a lamer su vagina gustosamente sin dejar de recorrer su cuerpo con el cuchillo, causando que gimiera de placer y dolor.
Jennifer se detuvo un momento y la miró, ni aún cubierta de cicatrices perdía su belleza, y la hizo sentir una gran envidia; ordenó a Said que sostuviera esa hermosa cabeza mientras ella desollaba su rostro.
Vanessa forcejó inútilmente, y Jennifer cumplió su misión: tomó el rostro de Vanessa y lo colocó sobre el suyo, se miró en el espejo y quedó complacida.
Notó que la rendija que sostenía su catana se había roto debido al peso, dejando caer el cuerpo empalado de Eduardo, así que se acercó a él y extrajo su arma ensangrentada, se sentó en el majestuoso trono que le habían proporcionado y obligó a Said a que se arrodillara frente ella y le realizara sexo oral.
Sostuvo su cabeza mientras se retorcía ligeramente de placer; tomó la catana y, cuando alcanzó el clímax por tercera vez, decapitó a Said, manteniendo aquella cabeza contra su pelvis hasta que el éxtasis terminó, para luego tomarla con ambas manos y besarla febrilmente.
Miró a su alrededor, contemplando todos los cadáveres que había dejado, y sonrió complacida; imaginó todo lo que podría hacer con ellos, pero estaba por amanecer y debía volver a su casa.
Se dio una rápida ducha, se cambió de ropa, limpió su catana y se dirigió melancólicamente a la puerta, dándole un último vistazo a los despojos humanos, hasta que se decidió a salir. Tras la puerta estaba la adorable criada de nuevo.
—¿Fue lo que esperaba? —le preguntó.
—Sí, aunque creo que podría haberlo hecho mejor. Supongo que estás aquí para hablar del pago —dijo ella, resignándose.
—No exactamente, Liss le envía esto —dijo entregándole un sobre, que Jennifer abrió esperando ver una cuenta con muchos ceros a la derecha. Sin embargo, se trataba de dos hojas escritas a mano que leyó a grandes rasgos.
Captó algo sobre su gran creatividad y potencial que podrían ser explotados, además de una disculpa por tener que ausentarse, y una ostentosa firma al final: Alyssa Romanova.
—¿Qué es esto? —preguntó Jennifer, sin entender.
—Una oferta de trabajo.
En el metro… En hora pico… Emoción, excitación, perversión, descaro…
You can’t go back to how things were. How you thought they were. All you really have is…now.
Jay Asher (via purplebuddhaproject)

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¿Por qué nos gusta el BDSM?
Porqué nos gusta el dolor. Para todas aquellas personas que no han vivido la experiencia, pensar que alguien sienta placer al ser azotado con un látigo, puede parecer un puro disparate, incluso aquellas que llevan muchos años en el mundillo, pueden pensar que lo suyo no es normal y que están un poco “locas”. Pues bien, existen mecanismos bastante simples por los cuales el dolor puede llegar a ser placentero para cualquiera:
a) El dolor no tiene un camino exclusivo, es decir, dolor y placer viajan por las mismas vías nerviosas hasta el cerebro donde se procesa el estímulo y se cataloga. Esto significa que el “umbral del dolor”, el punto donde una persona percibe la línea que separa un estímulo agradable de uno doloroso, es personal y subjetiva. Además, la práctica continuada hace que un estímulo se perciba cada vez menos doloroso y más soportable.
b) El dolor está modulado por las emociones. Es decir, una emotividad intensa puede producir dolor físico, pero al revés también funciona. Una excitación sexual hace del dolor una experiencia mucho más soportable. Todos conocemos casos de futbolistas lesionados que siguen jugando el partido como si tal cosa, sus emociones, su nivel de estrés produce un analgésico natural que les permite ignorar el dolor. El dolor tiene un valor adaptativo, nos avisa de un daño o peligro. En el transcurso de una sesión estándar, la valoración del daño no se asocia a este daño o peligro, no está unido (y no debe estarlo) al miedo y por tanto, es cualitativamente distinto de una agresión real.
c) El placer, y el orgasmo, son reflejos condicionados. Es decir, muy fácilmente se asocian a otros estímulos. Es el perro de Paulov, puro y duro. La campana suena, el perro saliva. Si alguien (sobre todo si es joven, cuando aún es posible la impronta) ve una caja de galletas y a continuación, por la razón que sea, siente un fuerte placer hasta llegar al orgasmo, al cabo de algunas sesiones, verá la caja de galletas con un morbo incontenible. Ese es el principio que hace posible el fetichismo. De igual manera, se puede asociar un dolor moderado y soportable, con el placer. Al final, al dolor el individuo se acostumbra y es necesario incrementar el umbral para experimentar la misma ansiedad anticipatoria (léase excitación).
d) El dolor se asocia con el morbo de lo prohibido, de llegar más allá, de trasgredir los límites de lo convencional y de uno mismo y esto es una recompensa por sí solo. En muchas culturas, el dolor, tiene un valor social y se presenta bajo la forma de ritual iniciático (como requisito imprescindible para entrar en una comunidad), o religioso. En estos casos, el dolor será soportado con orgullo y se percibirá como un estímulo tolerable, aún en el caso de graves mutilaciones.
e) El miedo, el morbo, el dolor, la excitación, liberan adrenalina, que es una droga natural. Pero es que además, existe un fenómeno llamado “post-reacción afectiva”, por el cual, el individuo tiende a recuperar un equilibrio emocional. Cualquier emoción intensa, (tirarse en paracaídas, por ejemplo) produce una sensación de miedo y peligro, se libera adrenalina y se pone en funcionamiento el sistema nervioso simpático. A continuación, pasada la experiencia, llega una sensación de euforia difícil de describir, que se debe a la liberación de endorfinas, las causantes del placer. Por esta razón, a las personas les gusta montar en la montaña rusa. Si añadimos la sensación de “fuerza”, “inmunidad”, que da salir bien parados de la situación, tenemos la explicación completa de porque algunas personas practican deportes de riesgo. Una vez pasado el peligro, entra en juego el sistema nervioso parasimpático, que reestablece los niveles normales de estrés en el organismo, si bien puede pasar un rato en que la persona se sienta desorientada o confusa.
A continuación pasamos a analizar el caso de aquellas personas (una minoría) que realmente busca el dolor por sí mismo, sin estar asociado al placer. Son aquellos hombres y mujeres que solo buscan el castigo, se niegan a obtener placer ninguno de las sesiones y por tanto, separan netamente placer erótico y BDSM. Quede bien entendido que según mi juicio clínico, estos comportamientos son síntomas de una perturbación emocional grave y las causas serían las siguientes:
a) Adicción al dolor. Aquellas personas que se han enganchado de tal manera a las sensaciones y emociones del castigo que no necesitan otra recompensa que las sustancias naturales segregadas por dolor. Buscan el dolor de manera obsesiva y necesitan “probarse a sí mismos” que pueden llegar más y más lejos, a veces con la excusa de una mayor entrega al dominante. Para ellos el placer sexual enturbia la pureza del castigo. Es mucho más frecuente encontrar este grado en los hombres que en las mujeres.
b) Culpa o vergüenza. Aquellas personas que buscan expiar una culpa, real o imaginaria a través del dolor. Se sienten culpables y avergonzados de sí mismos por faltas que ellos consideran injustificables, o a veces, la sensación de culpa es difusa, no tiene una causa determinada y viene arrastrándose desde la infancia o adolescencia. En este sentido, incluso sin entrar en el BDSM, se ven frecuentemente en consulta chicas jóvenes que expresan su malestar emocional con conductas autolíticas, tales como arañarse, cortarse, dejar de comer o incluso suicidas, siendo frecuentes en los trastornos de personalidad borderline. En los chicos, es mucho más probable que esa agresividad se exprese hacia afuera con peleas, conducción temeraria, etc, pero la base emocional es la misma.
c) Pérdida o trauma. Relacionado con la anterior, la búsqueda del dolor físico puede servir para soportar una tensión o dolor emocional que la persona considera incontrolable. Casi siempre, además de la tristeza y la pena, va asociada la culpa y la vergüenza. La causa del dolor emocional más común es la pérdida, bien sea de la pareja por separación, bien sea traumática o por fallecimiento. Personas que han sufrido un trauma psicológico fuerte, tal como un accidente, una violación, o cualquier experiencia de terror intenso, pueden caer en este extremo, ya que así recuperan de alguna manera la impresión de controlar al menos ese aspecto del dolor (el ejemplo típico serían las compañías de flagelantes en la Edad Media, que durante la peste, iban de pueblo en pueblo haciendo manifestaciones extremas de penitencia, tales como azotarse o mutilarse). Estas personas usarán el dolor aunque no hayan oído hablar nunca del BDSM, pero si además entran en la cultura BDSM, puede servirles, bien para canalizar su autodestrucción de una manera menos peligrosa o por el contrario, para automutilarse con más rapidez y eficacia.
d) Dependencia emocional. Por último, están aquellas personas con personalidades dependientes, que han caído con un dominante sádico y aunque por sí mismas no buscan el dolor, lo soportan únicamente para complacer a su amo.
¿Por qué nos gusta el BDSM?
No somos tan raros
Muchísimas parejas consideradas “vainilla”, introducen en sus juegos prácticas BDSM, sin saberlo, tales como: arañarse, morderse, insultarse, darse algún cachete etc. Es prácticamente común a una gran mayoría de población excitarse escuchando o diciendo obscenidades que contienen un punto de humillación: llamar “puta”, “degenerado” y similar es moneda corriente. Un gran porcentaje tiene fantasías de dominación - sumisión, y ya es un clásico el de la mujer que imagina y fantasea con ser violada, lo cual, por supuesto, no tiene nada que ver con el deseo real de que tal cosa ocurra, ni significa que, de producirse este desgraciado encuentro, la persona no sufriría graves consecuencias psicológicas. Es simplemente una fantasía de dominación/sumisión.
Es tradicional asociar el BDSM, a un nivel cultural y social alto, gente rica que se aburre, básicamente. En la actualidad, la difusión de Internet, ha roto esas barreras sociales, y los “vicios”, exclusivos y privados, ya no existen. No son prácticas baratas, pero la extensión a círculos más amplios, hace posible celebrar fiestas y vender ropa a un precio más o menos asequible a un público más numeroso, con lo cual, podemos afirmar, que el atrezzo, (tan necesario en el BDSM) se ha popularizado. Cabría preguntarse si el BDSM es posible que exista en sociedades no occidentales o en épocas pasadas. Creo que como tal, con nuestra filosofía y sobre todo, con nuestra estética, seguramente no, pero con otros nombres y otras ropas, podemos encontrar su rastro en los lugares más insospechados. Por ejemplo, vemos aparecer escenas de temáca BDSM en el Satiricon de Petronio (cap XX), en el Kamasutra (descripción de mordiscos y arañazos eróticos) y no olvidemos los tratados sobre shibari del Japón medieval.
No cabe duda, de que el número de practicantes del BDSM está creciendo con rapidez. Gracias a Internet, una persona con inquietudes o fantasías de ese tipo, rápidamente encuentra información y personas con gustos similares. El efecto secundario que se produce es que se ponga de moda y muchas parejas lo prueben de manera esporádica o más o menos continuada.
A la inmensa mayoría de las personas que disfrutan del dolor, solo les gusta en contextos muy determinados, por ejemplo en el transcurso de una sesión. No es cualquier dolor, ni provocado de cualquier manera. No conozco a nadie que disfrute cuando se le cae el martillo en el dedo gordo del pie, ni siquiera a los masoquistas más impenitentes. La activación del organismo es lo que llamamos arousal (Anderson 1990), que va desde un nivel mínimo en el sueño, a un máximo en situaciones de peligro, que el cerebro interpreta como “lucha o huye”, y que compartimos con todos los vertebrados. No existen tipos arousales distintos según el tipo de estímulo. Es decir, no hay un mecanismo de activación que sea distinto para el sexo, para el estrés, para el dolor….
Por esta razón, podemos medir una conexión, conocida desde antiguo, entre erotismo y agresividad. En los circos romanos, a la salida de los juegos era cuando mejor negocio hacían prostitutas y prostitutos, ya que el público salía “encendido”, por haber presenciado un espectáculo violento. Es más, la palabra “fornicar”, viene de latín “fornice” que significa curva de un arco, lugar donde se ponían las prostitutas a la salida del anfiteatro romano, tal y como nos refieren los graffiti encontrados en Pompeya y Herculano. Nosotros mismos, nos sentimos más “activados”, cuando vemos, por ejemplo, una película de acción. Visto desde esa perspectiva, no tiene nada de extraño mezclar la violencia (física o verbal) con el placer. Se me dirá, con razón, que una práctica consensuada en una sesión no es ni violenta, ni agresiva. A nivel intelectual, sin duda es cierto, pero esto no es lo que el cerebro primitivo en el hipotálamo percibe.
Como consecuencia, podemos asegurar que el juego D/S, será aún más excitante si el sometido se resiste un poco al castigo, ya que esto estimulará aún más a ambas partes, por aumento del arousal. Fuente: cuadernos BDSM.
Sin ver, cediendo el control al Amo, así es que vas a sentir cada golpe, cada azote, cada mordisco, en tu piel... en tu cabeza... Así es que llegas a tu climax que siempre ha sido y será muy extremo

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Todos los días son una segunda oportunidad
Buenos días

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No es que sea débil… Es que tu te conviertes en mi debilidad
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