Soy una persona poco memorable. Eso es lo que pienso, casi, todos los dĂas. La imagen que tengo de mĂ mismo es la de una persona con un rostro comĂşn, intrascendente, que no deja huella en la memoria de las personas y a la que olvidan al salir de su presente. Cuando no estoy frente a un espejo me imagino sin rostro, una máscara de piel sin rasgos distintivos, sin pestañas, sin ojos, sin boca. De la mano de lo fĂsico siento que mi personalidad es plana, sin colores, sin textura, sin dimensiĂłn. Me considero una existencia amorfa que nadie puede recordar y cada que me acerco a alguien que me ha visto antes sĂ© que no me recordará. Las pocas veces que creo haber dejado una impresiĂłn me llevo la decepciĂłn de no ser recordado. No me considero invisible, mi presencia se nota cuando estoy, mi problema es que mi impresiĂłn en la vida de otros es tan ligera que no dejo huella. Seguro estoy exagerando, siempre exagero, pero, aunque no ocurra siempre, sĂ llego a sentir que no soy memorable; por eso llego y existo con la actitud de una persona a la que no recordarán.
Pequeñas ficciones, Christian Guerrero. (via aveliteraria)













