Aún no puedo creer que estoy acá.
Aún no puedo creer que esté viviendo esto.
Aún no puedo creer que algo en mí siga existiendo.
No es igual,
pero es verdadero.
No es igual,
pero es sincero.
No es igual,
pero es más genuino.
No es igual,
pero es más real.
¿Está bien o está mal?
No lo sé.
Solo espero que Dios siga bendiciéndome de esta manera,
que no me quite la esperanza,
y que, en medio de todo, vuelva a susurrarme:
"Dejá fluir."
Quiero agradecer.
Quiero sentirme profundamente bendecido.
Quiero aprender a disfrutar cada instante, cada segundo que me permitís compartir con vos.
Gracias por aparecer en mi vida.
Gracias por regalarme momentos que, sin darte cuenta, también fueron devolviéndome una parte de mí.
Porque, después de tanto tiempo, entendí que sanar no siempre significa volver a ser quien eras;
a veces significa convertirte, por fin, en quien siempre debiste ser.














