X. I am your shield
“Las guerras y las venganzas tienen algo en común; los efectos colaterales. Porque tanto las vendettas como las guerras se llevan por delante más de lo que deberían.”
Un único mensaje de texto. Una única palabra. Ayúdame. Marian Sarbu había desaparecido del campo visual de Zane Sanders después de la colisión de energía y la correspondiente explosión, pero su hilarante risa era como un eco que ocupaba cada espacio de lo que quedaba del Tales&Spirits. Lo que quedaba, porque escombros y llamas tras una nube de humo era todo lo que se veía hasta dónde alcanzaba la vista. La figura se arrastraba al son de gemidos apagados. La pantalla agrietada del smartphone tenía el brillo al máximo. Mensaje enviado. La certeza de que con cada suspiro se acercaba el último aguaba los ojos de Zane, quién desconocía qué era lo que la llevaba a intentar llegar hasta la daga de plata que relucía entre ceniza nueva y listones viejos. Probablemente el implacable instinto de supervivencia, el espíritu de lucha. Si alguna de las dos tenía que levantarse y ella resultaba conseguirlo primero; estaría armada. ¿Para qué? Lo desconocía si sabía con certeza que ya no le quedaban fuerzas para otro enfrentamiento. No todos los instintos tenían sentido. Calor. Esa fue la primera palabra que se le vino a la mente a Thea Simmos cuando se mostró en el decadente escenario. Su ceño siempre estaba fruncido fruto de su personalidad en constante conflicto emocional, pero en ese momento el gesto estaba acentuado. ¿Qué había pasado allí? Cuando dio el primer paso bajó la mirada. Una madera se había quebrado bajo su pie. Las llamas chispeaban a su alrededor, afortunadamente el fuego no parecía ir a mas. Alzó rápidamente la vista. Le había parecido oír algo diferente. Una voz. Su nombre. Miró a su alrededor minuciosamente y entonces la vio. —Zane —susurró antes de salir escopeteada en una torpe -el suelo no era precisamente seguro- carrera hacia ella. No dudó en echarse sobre sus rodillas y tampoco en intentar darle la vuelta a la figura de Sanders para que dejase de comerse el polvo y encontrase aire una vez boca arriba. Sus facciones se encogieron cuando comprendió la gravedad de la situación. La mancha roja en su abdomen era demasiado grande para pensar en heridas superficiales, por si el hecho de oírla intentar respirar y fracasar no era suficiente evidencia—. Zane —apartó el pelo de su cara en una delicada caricia y aguantó la mirada fija en sus ojos hasta que sintió que se la devolvía—. Te pondrás bien —prometió antes que nada; era importante hacerlo, aunque fuese mentira—. ¿Dónde están mis hermanos? ¿Qué ha pasado aquí? —Ma...Rian. Thea creyó estar en los zapatos de Zane en ese momento porque acababa de cortársele la respiración. No era la primera vez que oía ese nombre. —¿La bruja? No no, no. Hey —sosteniéndola con un brazo abofeteó suavemente la mejilla de la ex inmortal con la otra mano—. No te duermas. Zane, mis hermanos. ¿Se los ha llevado? Nadie podía imaginarse la impotencia que le generaba desconocer los hechos. Pensó haber tenido tiempo para asumir que una vez cambiase el curso de la historia no tendría control sobre absolutamente nada, el tiempo y el espacio se reescribirían y ella no podría hacer nada al respecto. Pero seguía pretendiendo tenerlo todo bajo control porque esa era ella. —No —la sangre se le aglomeraba en la garganta a Sanders pero aún así su voz se abría camino, el detalle de que fuese más ronca de lo normal no importaba—. Están.. A salvo. Kahlan. —¿Kahlan? —Thea negó—. ¿Se los ha llevado? —Algo... Así. Lo.. siento. No he podido... Cambiar nada. —Cállate —volvió a negar e inconscientemente la aferró con más fuerza—. No te he preguntado nada. Guarda energías. Hasta hacía poco tiempo algunas cosas no le habían importado. Cosas como el no ser capaz de decir lo más apropiado en el momento apropiado. Lo lógico. En ese momento, por ejemplo, debería ser capaz de decir lo siento, de decir algo que hiciese la partida de Zane más fácil. Algo que hiciese que se marchase sabiendo que dejaría un vacío. En definitiva algo, cualquier cosa excepto esa mirada que no transmitía nada y ese silencio tan latoso. Nunca le había importado, pero le importaba ahora y notaba el nudo en su garganta crecer. Se sentía impotente, agobiada. —Tienes... Que irte. No dejes que pie.. Pierdan nada más. Sabía exactamente a qué se refería. A quienes. Y más importante captó el mensaje entre lineas: Marian seguía allí. Así que esa sensación, ese hormigueo en la nuca estaba justificado. —No te dejaré. —Se me partiría el corazón... —Thea alzó lentamente la mirada al oír aquella voz— Si tuviese uno. Pero el agarre de la mano de Zane envolviendo la suya hizo que volviese a ver hacia abajo. Ojalá no hubiese visto como sus ojos se cerraban despacio, ni hubiese sentido como su brazo perdía fuerza. Aunque a esas alturas ya estuviese acostumbrada a la pérdida, había cosas a las que uno no debería adaptarse; y la muerte era una de ellas. Marian no había ganado sin consecuencias. Había sangre en su ropa y quemaduras en su piel. Zane habría perdido, pero no había sido asesinada; había muerto luchando. —Gorffwys mewn heddwc. —Murmuró con los labios muy cerca de la frente de Sanders, dónde acabó dejando un beso. Una muestra de afecto que llegaba demasiado tarde, pero necesitando estar preparada emocional y físicamente para lo que vendría se dijo que mejor tarde que nunca. Thea se levantó y giró haciendo frente a la bruja. Había una marcada demencia en aquellos ojos azules. Si existía algo peor que un psicópata era un psicópata con complejo de dios y poderes a la altura de uno. —Te conozco ¿Verdad? —los ojos de Marian brillaron de curiosidad y luego fingió que la sobrecogía un escalofrío—. Rahat. Tu energía casi me intimida. Casi. —Acabas de matar a una buena persona —de la manga de la chaqueta de Thea asomó una hoja afilada. Un mecanismo de hoja oculta que ya había usado varias veces en su futuro. —En mi defensa, no era mi intención. Yo quería a los retoños, ella insistió en declinar. —Se llama lealtad. Puedes añadirlo a tu diccionario. —¿Estás segura de que quieres hacer esto, paladín? Tengo entendido que tienes una misión más grande que tu y que yo. Sería una lástima que todo se perdiese por una gota de odio. Oh... —alargó el monosílabo y acabó frunciendo los labios—. ¿Estás frustrada? No eres la primera a la que le pasa. Jugar con el tiempo es peligroso. Es como pisar arenas movedizas. Ya lo has hecho ¿Verdad? Ya has determinado cual es el momento de inflexión y lo has cambiado. Y no tienes ningún control sobre el presente o el futuro.. Ya —se encogió de hombros—. Suele pasar. Thea guardó silencio, esperando que la tensión de su mandíbula fuese suficiente sugerencia; si no se callaba la haría pedazos. —Oh. Espera —Marian señaló el cuerpo de Zane, miró a Thea y poco a poco fue esbozando una sonrisa que acabó con una irónica carcajada—. ¿Ella era tu momento de inflexión? —Cierra la boca. —¡Tienes que reconocerlo! Es un fracaso humillante. Marian observó por el rabillo de los ojos como las tenues llamas crecían. Una energía estaba avivando el fuego y ella sabía muy bien de dónde procedía; rabia. Las emociones humanas eran un obstáculo para la canalización del poder. Era lo que la diferenciaba de su adversaria; había tenido mucho tiempo para familiarizarse con sus sentimientos. El odio, el resentimiento. Formaban parte de quién era. El control era absoluto. —Supongo que he tocado una fibra delicada. —Mataste a mi hermano. Zane es la última vida que vas a cobrarte. —Tu padre quemó a toda mi familia. La balanza aún no se ha equilibrado. —Aparentemente se dejó a una —con una frialdad más propia que impropia si conocías bien a Thea, la joven del futuro sonrió—. Ataré el cabo suelto por él. No tenía ninguna posibilidad y lo sabía. No se trataba de quién era más poderosa que la otra, probablemente Thea tuviese todas las de ganar de ser así. Se trataba del origen de dichos poderes. Ella servía a Soul, seres neutrales. Marian, en cambio, servía a la Morrigan. Y la oscuridad siempre invierte mucho más. Siempre. Los ojos de Sarbu brillaron del color del oro y una brisa apagó las llamas. El viento empezó a soplar con tanta fuerza que las melenas de ambas danzaron a su merced. Tan fuerte soplaba que los cortes de la cara de la bruja parecieron ceder también, abriéndose un poco más. —¿Qué? —aparentemente poco intimidada, Thea alzó una ceja—. ¿He tocado una fibra delicada? En el momento en que la figura de Marian se esfumó Thea dio un paso a su derecha prácticamente deslizándose y evitó así que la daga con la que la bruja acababa de atacarla se hundiese en su espalda. Levantó el codo en un contraataque efectivo. La contempló retrocediendo mientras ella se giraba para volver a tenerla cara a cara. Ese truco no funcionaría con ella. Sarbu torció una sonrisa y se limpió la sangre del labio. —Esto va a ser divertido.
X
Había un patrón en la llegada de las Stevens en aquél bar y el patrón era demasiado tarde. Riley lo supo cuando vio aquella completa destrucción como único paisaje dónde antes solía haber una risueña taberna (dentro de lo que cabía). Thea había dejado la base de Senoia sin avisar. No era atípico en ella, en realidad era bastante común. No podría explicar por qué había sentido la necesidad de ir tras ella, de intentar localizarla. Hacía mucho tiempo que se habían perdido en un sentido emocional como hermanas; pero aparentemente la llama que las conectaba no se había apagado. Simplemente había sentido que la necesitaba, como una aguja clavándose en su espina dorsal. Y contemplando aquél desastre supo que no se había equivocado. —¿Thea? —alzó la voz dando el primer paso. La capa de humo era tan densa que a veces solo llegaba a ver tintes azafranados; fuego. Una brisa levantaba la ceniza que le causó una tos seca. El pulso se le iba acelerando a medida que no encontraba nada más que escombros, y el corazón se le encogió al ver uno de los peluches de su versión del presente; de la pequeña Riley Stevens. No. —¡Thea, Zane! —Riley... Riles paró en seco. Sus ojos rogaban volver a oír aquella voz susurrando su nombre, necesitaba volver a oírla para tomar una dirección. El humo la ahogaba, pero no era por eso que no podía respirar. Se sentía como si estuviesen fusilándola con malos presentimientos y peores noticias. Riley. Se fió de su oído y corrió hacia la derecha; un tablón en su camino por poco no hizo que se fuese de bruces al suelo. Habría dejado la lucha pero aún conservaba sus largos años de entrenamiento, aún estaba ágil. —No, no no no. La encontró. Thea estaba de rodillas y a Riley no le pareció que estuviese haciendo ningún esfuerzo por mínimo que fuese en devolverle la mirada. Se puso en la misma posición que su hermana, frente a ella y dejó las dos manos en sus mejillas. —Thea. Thea, mírame. ¡Althea! —La he... Matado. —¿Qué? —Riles negó repetidas veces. Miró sin interés a su alrededor una fracción de segundo para luego ver la mancha de sangre en el tórax de su hermana—. Dios, no. —Riley... —los ojos de Thea se cerraron despacio y fue como si una mano invisible la empujase hacia delante, su cabeza cayendo sobre el hombro de Riley, que la abrazó. —Está bien. Estoy aquí. —No me salvarán. —¿Quién? No hables, por favor. Te llevaré con mamá. Ella puede arreglarlo. —Soul. Tienen... Su momento de inflexión. Les da igual... Que muera. Solo he vivido para eso. —No hables así —la voz de Riley se oyó más dura—. Sabes que eso no es verdad. ¿Thea? —aquél silencio le partió el corazón—. No. Vamos —la apartó de si con todo el cuidado posible y la tendió en el suelo. Tanteó con las manos sobre su cuerpo hasta que dio con la hemorragia e hizo presión—. Thea. Por favor, otra vez no...
“Let me go, I’ve got shit to do. I’ve got to get a shiny new friend that I can prop up beside me and say, “see, I’m alright”. I’ve got a fight scheduled by the bike racks for the week after next, but I’ve got to put it in context. So that when they write a story on my back in blue and black ink, you won’t think it’s about you. Because a story’s only true if you live it. The minute you give it a personal touch it becomes something that the facts were based on. And we could argue endlessly over wrong and right, but day and night occupy both space between dusk and dawn. So, let me go, because the truth is; I’m gone.” - Shane Koyczan










