En días turbulentos donde me pregunto a cada minuto cuál sería el paso más acertado, mis sombras, que no son tan malas solo les falta un poco de luz, me llevan a buscar un libro, una frase, recolectar historias y reconectar con ideas.
A las sombras hay que charlarles, preguntarles por qué hoy están aquí, qué necesitan de mi, qué me olvidé de hacer, o de darles.
Las sombras son solo un instante con poca luz, no viene a comernos vivos, vienen a recordarnos que aún estamos ahí... que nos movemos, que no somos invisibles, que necesitamos acercarnos un poquito a la luz para vernos vivos.
Creo que por eso en momentos de luna llena no duermo bien, veo todas las sombras juntas.
En momentos de luna llena todo hace sombra, la luna llena ilumina las sombras, las hace más grandes, con ganas de verse potentes, con ganas de reflejar lo posible. Buscan formas nuevas, de hacernos ver diferentes.
Hay algo de mi que vienen a buscar, las escucho a lo lejos, como un susurro constante. A medida que la luna crece se acercan, se hacen más grandes y las voces parecen gritos pidiendo salir ya.
A medida que se va apagando , va menguando, las voces disminuyen, parecen más tranquilas, las sombras vuelven a su tamaño normal esperando la luz que las haga crecer de nuevo y las deje salir a jugar.
Esta luna vino a revolucionar las ideas, los pensamientos, esta luna no se achica fácil, esta luna esta agazapada esperando que las sombras corran a la luz para jugar con nosotros a ser otros, a buscar lo que nos falta, a llegar a la meta... a animarse a ser, por fin, eso que tenemos oculto en el alma.
Mientras esperan el momento justo siguen leyendo, escribiendo y buscando historias, de esas que en algún momento verán la luz que las iluminan y las deja salir del encierro.