Roma siempre fue una ciudad de pasos. Puertas, arcos, umbrales: nada empieza ni termina del todo aquí. Los ángeles lo saben. Los demonios también. Viven entre los humanos desde hace siglos, siguiendo un pacto sagrado que, como promesa, mantiene el mundo en equilibrio. En Roma, nadie debe inclinar la balanza. Mientras la ciudad sigue respirando historia, turismo y rutina, algo empieza a fallar. Y cuando un umbral se debilita, no hace falta cruzarlo para sentir que todo está a punto de cambiar.
En Roma, nadie debe inclinar la balanza. Mientras la ciudad sigue respirando historia, turismo y rutina, algo empieza a fallar. Y cuando un umbral se debilita, no hace falta cruzarlo para sentir que todo está a punto de cambiar.










