Se vieron a travĂ©s de la pista de baile. El cruce de miradas fue rápido, interrumpido por el juego de luces que oscurecĂa e iluminaba el lugar. Se conocĂan sin haberse visto, por amigos en comĂşn, por saber sus gustos similares, por pasar noches y noches analizando sus fotos en Instagram, sus cĂrculos sociales, sus lugares favoritos.Â
ÂżEra esta la noche? ÂżEn este lugar tan trivial, tan clichĂ©? ÂżEra esta noche cuando se decĂan “hola” sin que nadie los presentase, sin necesidad de decir sus nombres, su edad, de dĂłnde son?Â
Las miradas seguĂan. Hubo una sonrisa, hubo otra de regreso. Quizá esperarĂan a que terminara esta terrible canciĂłn antes de cruzar la pista. Quizá esperarĂan toda la noche, para no meter velocidad a lo que, pensaban, era inevitable. Cada uno bailarĂa con sus amigos, cada uno buscarĂa al otro con la mirada, asustado de que se hubiera ido sin ese esperado “hola”. Se encontrarĂan de nuevo, y seguirĂan bailando. ÂżCuál es la prisa?Â
Quizá este baile comenzĂł hace años, esa vez que los iban a presentar pero no habĂan coincidido. Y continuĂł con paĂses en medio, con parejas en medio, con dramas y silencios y ausencias. No habĂa prisa, pero tampoco era necesario esperar.
TerminĂł la canciĂłn, y como por accidente, un error del DJ, o del lugar, se hizo la luz. Y ahĂ estaba, la mano de uno entrelazada con la mano de otro más. El anticlimax. El silencio. La mirada asustada de uno, la boca del otro entreabierta, queriendo gritar, queriendo decirle que no significaba nada, pero significaba todo. Los cálculos habĂan fallado, los tiempos habĂan fallado, las fotos habĂan fallado.
Y la mĂşsica de nuevo, esa pĂ©sima mĂşsica y el baile que la acompaña, los cuerpos que llenan la pista, la oscuridad. Uno busca al otro con la mirada, asustado de que ya se haya ido, se suelta de su pareja, dice que va al baño, camina, se pierde, recorre el lugar, se sube a un escenario... Y ante toda la multitud, solo ve el vacĂo, la ausencia, y la angustia que acompaña este momento.