But if you loved me…
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Hace unos meses me cambié de casa, antes de eso caminaba por la calles con mi mochila y con Papi buscando, esperando encontrar donde vivir.
DespuĂ©s encontrĂ© un sitio. Ahora sigo ahĂ.
Creo que ya hace un par de años, mi mejor amigo me dejĂł de hablar, no sĂ© porquĂ©, sus razones, una vida y cosas que hacer tendrá, no lo culpo. Se fue en el momento en que más lo necesitĂ©, no le importĂł y con el tiempo dejĂł de importarme que no le importara. Cualquiera que me conoce sabe que no es fácil hacerlo, por eso la mayorĂa huye al principio, por eso los pocos que lo consiguen se quedan para siempre y creĂ tontamente que Ă©l se quedarĂa para siempre.
Hace unos meses no tenĂa trabajo ni siquiera tenĂa dinero para comer, hace pocos meses conseguĂ trabajo y soy muy feliz ahĂ, ahora me alimento mejor, y creo que bastante mejor, a veces me atasco si no hubiera mañana, y lo disfruto.
Hace unos meses dejĂ© mi medicaciĂłn, poco despuĂ©s me dijeron que estaba enferma, pero no me importĂł. Hace unos dĂas me llamaron para un proyecto bonito, horas despuĂ©s me arrepentĂ de haberlo aceptado, no me daba ilusiĂłn, poco despuĂ©s me puse feliz y lo llevĂ© a cabo y todo saliĂł bien.
DĂas despuĂ©s me salieron más trabajos y me volvĂ a poner feliz.
Hay otros dĂas en que no sĂ© quĂ© quiero y que lo que hago no merece la pena.
Pero hay dĂas como hoy en que me dicen que mi trabajo es excepcional y me felicitan y se alegran por mi. Y me alegro por mi y me enfado con todo a la vez. No sĂ© porquĂ©. Pero me siento bien donde estoy, y mal por lo que soy.
Y luego pienso, la vida pasa de prisa, me voy a morir, tengo que querer más, tengo que ser más sensata conmigo misma, tengo que quererme. A mi. Pero también a A, P, P, L, C, E, M, S, D, O, D, J, J, y mi M.
Y solo a mi.
Pero aquà me tienes enferma mental terminal, que muere por morirse o de lo contrario seguir la vida poco menos miserable que hace meses atrás. Porque si, porque se puede y porque todo sigue, y sigue para mi.
Son las 2:33, creo que estoy cansada. No estoy bien.
Fin.
Mis recuerdos no encuentran carencia temporal. Ordeno mis palabras poco antes de empezar.
Vengo dispuesta a decir la verdad. Me cuesta poco perdonarme, pero lo suelo evitar.
Mi primer beso, no me acuerdo, pero sigo recordando su número de teléfono. Es más sencillo vivir sin recuerdos.
El trauma es lo poco o lo Ăşnico que me agradezco.
Quiero acordarme.
Mi madre me busca como confidente, ahora lo entiendo, ahora sé por qué duele.
Mis amigas me preguntan si me dejo acompañar, pero yo no soy de capaz ni siquiera a contestar.
Me muero de vergüenza y me muero por llegar donde siempre me esperaron, donde no me llegué a quedar.
Quiero acordarme.
El odio me dejó desvestida en la habitación. Desde entonces me pregunto: "¿pesa más el olvido o el amor?"
Al quedarme callada no me perdonaba, mi hermana me abrazaba, al ritmo de la nada hablaba.
Me forzaron a querer dentro de una habitaciĂłn.
AĂşn me culpo al dedicarte toda una puta canciĂłn.
Me costó mucho quererme aunque llevase la razón, pero me parece honesto decir que, esa también fui yo.
Esa también fui yo .
Olvidar a quien nos olvida.
Que sea cierto el jamás.

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How far.
Sobre llorar mares y que se te queden dentro. 2021.
Me he escuchado mil veces llorar siempre la misma canciĂłn. He contado otras dos mil veces el final de mi pelĂcula para que se acabe de una puta vez.  Llevo más de siete horas gritándome desde la cocina que recoja mi habitaciĂłn, que en la cama no se fuma, que ordene mi vida, que me cuide, que planche ese montĂłn de ropa. Y me contesto con la confianza y el desprecio con que sĂłlo yo me puedo contestar: con tanta violencia, esa que debĂ haber guardado para los que realmente la merecĂan.
Me he cruzado conmigo por la calle yendo siempre hacĂa la misma direcciĂłn.  Cada vez que llego tarde me encuentro de rodillas impaciente esperando no sĂ© quĂ©. Lo que digo es bastante duro, lo sĂ©; pero es infinitamente más decente que lo que pienso. No me merezco.
Yo también he sido 𝑴𝒆𝒓𝒊𝒄𝒉𝒂𝒏𝒆.
Estoy entre sentirme tan bien y a la vez con un nudo en la garganta por contar “las cosas que no te atreves a contar”. ¿Pero porqué no?
Por el miedo y esa falta de valor, de pensar en lo que dirán los demás, en escuchar “es que tĂş lo provocaste”, “es que es tu forma de vestir”, “es que tĂş eres asĂ”, “es que esta niña es una fácil” ÂżUna fácil?.
Hace no mucho escribĂa sobre ese sentimiento. A veces quieres gritar y no puedes, quieres seguir pero no sabes cĂłmo. Me quedaba como en un loop, pero que para poder seguir, tenĂa que resetearme.
La impotencia que genera el no poder decir que NO, por miedo.
Que me condicionaran para hacer algo que no querĂa hacer porque de eso dependĂa mi salario, “ya sabrás tĂş si lo tomas o lo dejas”.
O que las de mi misma especie me llamaran put* solo por ser yo, por sentirme libre y vivir mi sexualidad como me da la gana. Que mi manera de vestir no va, qué es inapropiado, que está mal.
¿Pero qué es lo que está mal?
Haces cosas que no te apetecen para encajar en una sociedad de mierda para que sientas que te han aceptado. Que si quieres el trabajo deberĂas de ser un poco más “flexible”.
Perder un poco (o mucho) la dignidad para que ese tipo no diga que eres mala persona, que te dejes llevar. Qué importa que te grite, que te ofenda y que te llame borracho cada vez que quiera a las 3 de la mañana. Tranquila que no pasa nada.
TodavĂa recuerdo aquella vez con unos 9 o 10 años en la que iba por la calle caminando, cuando el tipo del carro que pasĂł junto, sacĂł la mano por la ventanilla para agarrarme las nalgas y meter sus dedos casi hasta adentro. Me quedĂ© paralizada.
O despuĂ©s, unos dos años más tarde en la que un grupo de chicos del colegio me obligaban a besar a alguien que no querĂa y lo hacĂa para no sentirme rechazada, para demostrarles que era como todos y todas las de la clase. Que asĂ son “los chicos populares”.
Ya un poco más mayor, aceptar ir a lugares porque ahĂ conocerĂa a gente que seguro me darĂan un puesto en la agencia, pero “tendrás que poner de tu parte”.
Que si no iba una noche con el jefe “a tomar unos tragos”, me descontaba una parte de la nómina.
Los chicos que me decĂan “vamos por unos tequilas” si no vas, eres mala amiga. “TĂłmate otro que no pasa nada y despuĂ©s vamos a mi casa, claro, si tĂş quieres”.
El tipo al que no conocĂa, que en una fiesta querĂa meter la mano debajo de mi vestido, muy borracho e insistente, que si no fuera por mi amigo, no sĂ© quĂ© hubiera pasado.
Mensajes de texto, llamadas, gritos, jaloneos. “Oye, no te pongas tan intensa, que solo vamos a tener sexo, además eres mi novia”…
Y esas cosas que te guardas muy en el fondo, no querer decirlas por vergĂĽenza, otro tanto por miedo. Y otras que aĂşn ni te atreves a decir.
Yo también he sido 𝑴𝒆𝒓𝒊𝒄𝒉𝒂𝒏𝒆, y también he cometido errores, he tenido miedo mientras llego a casa por la noche. He odiado mi cuerpo. También he jodido algunas vidas y he cambiado el nombre de mis amantes en la lista de contactos, ya sabes, para despistar.
Yo también he sido Merichane, y la admiro y le aplaudo porque hace que salgan esas cosas, esas palabras y esos recuerdos que nos oprimen el pecho. Y encima, Merichane hace que agarre la fuerza para seguir, enfrentarme y defenderme como debà haberlo hecho siempre.
Gracias Z.
#YoEstabaAhĂ
https://www.youtube.com/watch?v=AkcEMQTO3W0
@vansgirls​

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Él dijo "algo debà de hacer bien"
Yo contestĂ© "sĂ, encontrarme"
Y si todo es un sueño, yo no quiero despertar.
Finales que llegan repentinamente, sin avisar, que nos parten en dos.
Finales que se arrastran durante años y que nunca se acaban porque confunden orgullo con recuerdo.
Me dan miedo las ventanas, las ventanas de una planta baja. No sé, siempre he tenido esa sensación.
Me dan miedo porque imagino que hay alguien afuera, esperando, misterioso. Que al tirar de la persiana estará ahĂ, mirando. Y tambiĂ©n, por el simple hecho de ser una ventana en planta baja. Me causa una especie de ansiedad.
Por el contrario, los ventanales del piso 1 hasta el 20 o más, me encantan. AsĂ, sin cortinas ni persianas.
Lo que me parece ilĂłgico: Si me da miedo una ventana en planta baja por imaginarme que alguien estará ahĂ afuera mirándome, o por el simple hecho de estar en planta baja... Más miedo deberĂa de darme, el ver a alguien afuera de un ventanal sin cortinas ni persianas flotando en un dĂ©cimo piso.

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Si tuve miedo fue porque acabara asĂ.
ReducciĂłn al absurdo.
No te habĂa contado quĂ© hace dĂas volvĂ a sentirme mal. Me mareaba y me dolĂa la cabeza. Tampoco te contĂ© que dĂas despuĂ©s me bajĂł. AhĂ deduje todos los sĂntomas que habĂa tenido anteriormente, y a eso le sumĂ© mis estados de ánimo. Si fuera constante lo sabrĂa desde un inicio. Pero ya no sĂ© que sucede con mi organismo.
Mi cuerpo a veces actĂşa muy raro y me sorprende.
El punto es que no te contĂ© cĂłmo me habĂa ido en el dĂa. Ni que volvĂ a tener esos sueños extraños donde tĂş y yo corremos por una ciudad desolada, huyendo de pequeños bebĂ©s zombies.
No te dije que en uno de esos sueños logré entrar a la casa del vecino y me puse a husmear en sus cajones. Lo hice por fin y nadie me descubrió.
Resultó que todos los demás si eran personas y no otras criaturas del universo.
No te contĂ© que pasĂ© dos dĂas encerrada en mi cuarto con la luz apagada, que dormĂa tarde y despertaba tarde. No te contĂ© que esos dos dĂas los pasĂ© llorando. No te contĂ© que no comĂ, que no me bañé, que no hablĂ© con nadie, que no arreglĂ© mi cuarto.
Estaba esperando que vinieras a buscarme, que me dijeras que ya era hora de salir de la cama y que irĂamos por un pan de cardamomo.
Pero no viniste.
Sin embargo, tenia la ilusión de que lo ibas a hacer en cualquier momento, y ¿sabes?, lo sigo pensando. Asà que tu ausencia dejará de doler pronto.
Haré como que te fuiste otra vez de viaje a la playa y que el próximo fin de semana volverás y que el próximo fin de semana volverás y que el próximo fin de semana volverás y que el próximo fin de semana volverás, y que el próximo fin de semana te irás...