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shkiha:
Frunció el ceño ante la suposición del contrario, absolutamente ofendido ante la irracionalidad de la presunción, muy errada desde su perspectiva. ‘¿Qué te hace pensar que no podría hacerlo? Cualquier humano es capaz de cualquier cosa con tal de sobrevivir’ dictó, esperando que su pequeño ataque de morritos no le hiciese ver más aniñado que de costumbre. El contrario continuaba hundiéndose más en la cabeza del joven y no por los correctos motivos. Cada estimulo que proviniese de su persona parecía formar una incógnita. ‘¿No podrías darme un pase libre para este sector?’ preguntó, a sabiendas de que se embargaba en una posible negación. ‘Ese árbol’ indicó, señalando al viejo y aciago roble que parecía disfrutar de su estadía tan poco como el. ‘Es el único que se ha dispuesto a conversar conmigo. Los demás me han ignorado’ musitó, intentando explicarse con tal de conseguir una respuesta afirmativa. ‘Eres la única persona que ha pasado desde que estoy parado aquí…¿qué tan grave puede ser que venga de vez en cuando a ver la ventana?’ cuestionó, sorprendiéndose de haber encontrado valor suficiente para implicarse en una batalla de voces.
“¿Que qué me hace pensar eso? Que si ahora tienes pinta de que podrías llorar en cualquier momento, en un estado vampiro también. Llorarías al lado del cuerpo porque realmente no quieres hacerle daño... ¿O me equivoco?” bufa ante ese mohín que ha captado por el rabillo del ojo porque no ayudaba nada a la imagen que ya tenía formada en su cabeza de él. “Mira...” se detiene y gira sobre sus talones cuando escucha la última réplica, palabras más sensatas que la mención de su charla con los árboles. Inocente, imaginativo, ¿y terco también? Curiosa combinación para alguien con veinticuatro años. “No soy quien da permisos para esta área. Sólo soy alguien... que se encarga de mantener el orden. De vez en cuando” afila los ojos sobre el individuo a algunos metros frente a él. Claramente a Korn le importaba un pepino el orden, pero si podía utilizarlo como excusa para entrometer su nariz en los asuntos de terceros pues bienvenido sea. “Si así lo deseas, lo dejaré a tu jurisdicción: Quedarte con tu amigo el... roble” burla. “...y esperar a que aparezca algún terrorífico teniente, iracundo de que han traspasado los límites permisibles. O venir conmigo.”
aedanseal:
“¿Ah, no? ¿Por qué no? ¿Es prohibida? No vi ningún cartel o alguna señal que indicase eso.” Argumenta con cuidado, encogiéndose de hombros ligeramente antes de enfocar su mirada en el contrario. Adivina que es un guardia por su vestimenta, tal vez pueda ser de ayuda cuando se pierda. Y es que casualmente, ese es un hito que sucede por lo menos dos o tres veces cada un par de horas. Por poco terminará por romper su propio récord de estupidez, pero, ¿quién puede culparlo? El lugar es inmenso. “Aedan Friseal.” Se presenta rápidamente, lanzando un suspiro exasperado luego. “O Kian Flaithrí, de Haslan. Pero preferiría solamente Aedan.”
“No lo hay, pero debieron indicarlo cuando llegaste” se humedece los labios, todavía juzgándole. Aquellas eran una de las advertencias que nunca podían faltar, ¿pero eso cambiaba las cosas? No. No faltaba los imprudentes y los olvidadizos que terminaban vagando sin mayor rumbo. “¡Oh! Eres uno de los príncipes! Debes llevar poco tiempo acá, ¡qué sorpresa!” asiente para si mismo con una sonrisa que se surcaba gran parte de su rostro. Por supuesto que sabía quién era. “A su servicio, Kron Troban, un simple guardia” a modo de burla se aparta de la pared para entregarle la inclinación más limpia jamás ejecutada.
uriccn:
Su padre tenía un lema. Urien lo consideraba ciertamente tonto pero, era en ese instante que comprobaba la veracidad del mismo “tu atraes las cosas con el pensamiento”. Apenas cayó al piso pensó que solo había una forma de empeorar esto y ahora, la forma se convertía una cacofonía que aceleraba su corazón. Precisamente esto era lo que quería evitar, que le tildaran como un inútil, no quería serlo pero su cuerpo era demasiado mortal. ❛ N-no precisamente… ❜ responde aunque es probable que eso sonara más como pequeños alaridos sin sentido. A Urien le gusta el sonido producido por la risa, de hecho este se encuentra en su lista de melodías favoritas pero la risa del muchacho no le siente bien. Despierta la vergüenza, despierta a la impotencia, sentimientos que poco ayudan en este momento, mueve los labios para replicar pero son jadeos todo lo que emite. Tiene que hacerselo saber, pero sus nervios estan tan agitados que apenas y puede contentarse para hablar ❛ ¡ne-necesito…necesito mis pastillas! ❜
Le da la impresión que aquella espalda que deja caer sobre la espalda hace que esta sucumba bajo su peso, convirtiendo al muchacho en un individuo más débil de lo que ya era cuando se le acercó. Un estado como ese debía de ser indicativo de que era hora de que el entrenamiento para el chico se detuviera, pero eso era ser demasiado indulgente para su gusto. Se supone que aquel era uno de los tantos príncipes por los que, a la larga, se vería obligado a poner su vida en peligro. Pero Korn no lo haría. (Se negaba.) No hasta ver que esto lo merecían. “¿Pastillas?” hay mofa en su voz. “¿Pastillas de qué? Necesitas es terminar con la maldita última vuelta que te queda, ¡vamos!” esta vez no espera que el chico le haga caso porque ya le está sujetando del antebrazo, obligándole así a ponerse de pie. “Como estoy de buen humor, no te agregaré más. Pero a cambio demuéstrame que no te puedes rendir tan rápido” y con empujón certero le empuja el cuerpo hacia adelante.

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La amenaza de un golpe casi certero le hace llevar su cabeza hacia atrás y cambiar la posición de su cuerpo apenas un par de ángulos en busca de protección. Ha creado algo de espacio entre ambos pero al final no ha sido necesario: el contrario ha sido lo suficiente rápido como para detener su acción antes de concretarla. Puede que la sorpresa le haya hecho flaquear la sonrisa, pero no por ello esta se borra. “Qué tenso. Pero es bueno saber que sabes controlar tus impulsos” a diferencia de él, por supuesto, que cuando se le antojaba actuar como un idiota no había nada que lo detuviera. “Entonces… ¿Interesado en las armas? Siendo Honkawa no estaría feliz de un príncipe bélico” tararea mientras recobra la postura y lleva ambas manos hacia atrás, una postura que raras veces tomaba.
“¿Y sí llevas sangre de vampiro?” ladea la cabeza, a la expectativa. Pero no le deja hablar. Korn se adelanta. “Espero que no, porque serías una especie de vampiro muy extraño. Supongo que el tipo que teme beber sangre humana… ¿Podrías hacer algo así? ¿Sin llorar?” humedece su labio inferior y cae en cuenta de que con ello es suficiente fastidio para su gusto. (Por ahora.) “Mira las situaciones extrañas que pones en mi cabeza” bufa, aparta su cuerpo de la pared y palmea fugazmente de aquel hombro. “Vayámonos de aquí, señor vampiro, que cuando digo que no deberíamos encontrarnos acá no miento. Por lo menos permíteme ahorrarte un susto de verdad. Ya encontrarás en otro lugar…” se inclina hacia la ventana, por fin interesado en qué era lo que todavía le mantenía allí. Pero no ve nada del otro mundo, así que no sabe muy bien qué agregar. “…lo que sea que te haya gustado de aquí” sin esperar una afirmativa Korn emprende camino con la intención de alejarse, esperando que sus palabras hayan sido suficiente para ser acompañado por el príncipe.
“¡Defensa personal mis cojones!” y está bien, en el fondo puede que se haya sentido un poco orgulloso de que la princesa de su reino sea así. (Pero un poquitito nada más, al fin y al cabo no le agrada la idea de vanagloriar a alguien por ¿derechos de sangre? Absurdo.) Palmeándose las manos entre si y cruzándose de brazos hace énfasis con que aquello ha llegado hasta allí. “Sólo te di un pequeño susto, tonta, no te amenacé con ningún artículo. No había peligro. ¿Ves?” frunce los labios y levanta sus manos hacia arriba, signo de su actual estado desarmado. “Ahora, a larguémonos de aquí. Si te ven me terminarán regañando a mi, así que shuu. ¡Shuu, shuu!” por la manera en que hace movimientos con sus extremidades le da a entender que es hora de movilizarse en dirección contraria, justo y como lo haría un campesino que arrea a su ganado.
shkiha:
Aún algo aturdido, jugueteó con sus dedos con tal de excusarse al desviar su mirada. El hombre le intimidaba. Cada pregunta parecía hundirlo más en su cueva de introspección. ‘D-dije que eras lo único semejante a ello’ musitó, tragando saliva e intentando explicarse torpemente. Un suspiro de alivio partió de su cuerpo al ver que el contrario se dignaba a soltarlo. Pese a ello, la inquietud le acechaba de todas formas, haciéndole repudiar cada segundo de la inesperada interacción. ‘Ambas’ respondió con labios resecos gracias a los nervios. A decir verdad, todo en aquel lugar le generaba temor. ‘¿P-por que lo-lo ejercitaría? no lo uso de todas formas’ replicó, nuevamente encogiéndose.
Enarcó ambas cejas. Aquel modo tan bajo de referirse a si mismo sólo podía denotar una falta de confianza ya obvia en el aire. “Si no lo utilizas, entonces eres una pérdida de oxígeno constante” con toda la malicia del mundo Korn se detiene sobre sus pasos y hasta se anima a rehacer un par de ellos, sólo la cantidad suficiente como para posicionarse justo detrás del joven y peligrosamente cerca de su oído. “¿Qué tal si clavamos una estaca allí? Total, haz dicho que no lo utilizas” aun cuando la idea es retorcida, Korn se permite ser indulgente consigo mismo. Apartarse y buscar apoyarse junto al marco de la ventana para ahora quedar tan de frente como podía sólo le tomó la exhalación de una sonrisa. Ahora que lo veía mejor, aquel muchacho no parecía ningún gatito, sino un pequeño polluelo asustado.
kazilyn:
No había podido dormir la noche anterior porque seguía oyendo gritos y ladridos de perros a la distancia, por lo que el día ya había empezado algo extraño. Cuando intentó preguntar qué había ocurrido, una de las cocineras solo le dijo que eran los fantasmas del palacio. No era verdad, no podía ser verdad, pero la historia que le contaron calzaba tan bien con lo que había oído y con las cosas que sucedían dentro de esas paredes (¿los susurros? ¿la extraña sensación de estar siendo observada todo el tiempo? ¿las sombras misteriosas que se veían al doblar por las esquinas? Todo era sospechoso), que cuando oyó pasos agarró lo primero que encontró. Un jarrón de flores. Un jarrón que lucía muy bonito y costoso. Con sigilo, comenzó a avanzar por el pasillo para ver si la habían dejado sola, pero cuando menos lo esperó, oyó a alguien por detrás y comenzó a gritar al mismo tiempo que levantaba el jarrón por sobre su cabeza para lanzarlo lejos (y con los ojos cerrados) en dirección al fantasma. “¡Atrás, Satán, no me llevarás hoy!” exclamó con todas sus fuerzas.
La risa que soltó quedó ahogada en su garganta, todo gracias a lo que a continuación viviría. Algo que, en pocas palabras, no podía ser más inesperado que un florero balanceándose peligrosamente cerca de su cabeza. Por suerte, una reacción natural le permite echar la cabeza hacia atrás en lo que se cubría el rostro con los antebrazos. (Porque por lo menos podía decir que quince años de entrenamiento personal no se habían ido a la jodida basura.) “¿¡QUÉ--?” su exclamación quedó a medias cuando determinó la identidad de la jovencita y abría los ojos tanto como pudía. “¿¡Estás loca!? ¡Baja eso!” con el ceño fruncido fue por la cerámica y no sólo la bajó, sino que la arrancó de su agarre a la fuerza. Por supuesto, algo así sólo lo podía hacer la princesa Kestrel Ilyn. O mejor dicho, ¿Koyanagi Kaz? La última vez que la había visto tendría unos cuatro años y apenas era un bebé, aunque no precisamente ello la reconocía. “Acabas de llegar al palacio y ya quieres matar a alguien" regañó, regresando el valioso objeto a su lugar.

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uriccn:
Esto era sencillamente fantástico. De todos los días en que su corazón podía joderla ¿tenía que elegir precisamente el primer día de entrenamiento? No, no era orgullo lo que animo a sus labios a sellarse. Era el no querer ser tildado como un príncipe holgazán o caprichoso, lo que hizo que Urien cerrara el pico y tratara de seguirle el ritmo a los otros que, como el, recibirían su primer entrenamiento de defensa personal. Era la cuarta vuelta de calentamiento cuando su cuerpo sucumbió enviándolo de rodillas contra el suelo ❛ mi-mierda, creo que me voy a morir antes de saber, como salvar mi-mi escuálido trasero ❜ balbuceo con la voz entre cortada.
Entre todas las tareas que podían imponerle, el dedicarse a enseñar sobre defensa personal posiblemente fuese su favorita. Y no porque hacía algo que realmente le gustara (y le ayudaba a ignorar el hecho de ser un patético guardia que le tocaría andar tras el estúpido trasero de la petulante realeza) sino porque podía liberar estrés. Mucho estrés. (Mediante gritos, por ejemplo.) “¡Hey! ¡Tú! ¿Qué haces allí? ¿Cansado?” con una sonrisita en su rostro Korn se acercó trotando hacia aquel príncipe. Llevaba dando su mejor esfuerzo desde hace rato pero parece que hasta allí le había llevado su perseverancia. “¡Vamos!, no me digas que eso es todo lo que puedes dar” suelta una risa escandalosa y se ubica en cuclillas junto al agotado cuerpo. Con un par de palmadas fuertes sobre la espalda, Korn intenta animarlo... O algo así. “Te quiero arriba en diez segundos si no quieres dar cinco vueltas extras.”
scungh:
Da un pequeño respingo, al que le prosigue una inhalación de aire en lo que sus ojos se cierran durante dos segundos, por dentro se reprende de haber sido una víctima tan fácil del susto… o, tal vez, de haberse cruzado en el camino de Korn. Lo que asumió en un primer momento como un atajo, probablemente la terminará retrasando el doble. “¿Se te ofrece algo?” gira para observar al guardia con una sonrisa en los labios que no pretende esconder toda la falsedad que esconde aquella amable pregunta. “Tengo un corazón frágil, no vuelvas a hacerlo.” inventa, a continuación.
“¡Hey! ¡No actúes como si no hubiera llevado a cabo una buena opción!” aunque el regaño ha sido muy débil, Korn dramatiza llevándose una mano hacia el pecho. Frunce el entrecejo, conjuga un mohín y menea la cabeza. “Sólo quiero fortalecer tu corazón y tú me tratas así, tsk, tsk, mal hecho” aun cuando ella misma ha inquirido su propósito, él se olvida de ello y escoge hablar con voz suave y pausada, tomándose su tiempo a pesar de que inicialmente su objetivo deba ser no permitir que nadie se pasee por aquel terreno.
shkiha:
Si estaba previamente confundido, las manos inmóviles del contrario y la curvatura de sus labios solo ocasionaban un verdadero laberinto de enigmas en su mente. Delicadamente dio un paso atrás, buscando alejarse, por lo menos algunos centímetros, de aquel desconocido. ‘No…no hay un gato por aquí’ Replicó, incapaz de percibir el tinte de sarcasmo en la voz del joven. Parpadeó varias veces, aún perdido en aquel hilo de razonamiento que tanto le costaba seguir. No entendía la preocupación que parecía demostrar aquel individuo ni tampoco dónde yacía el problema. No obstante, comprendió segundos después que debía tratarse de uno de los guardias, mas seguía sin encontrar el inconveniente de su paseo. ‘Hasta ahora, has sido el único suceso que categorizaría como peligroso’ dictó con naturalidad, volviendo su mirada hacia el viejo roble que exponía el ventanal.
Sus intentos por fastidiar no eran precisamente minúsculos y aun así aquel no se veía muy afectado por ellos. “¿Yo? ¿Un suceso peligroso?” tuerce el gesto con el fantasma de una sonrisita colgándose de su rostro; interesante reacción, piensa. Retrae los dedos en el aire ahora que el calor del tacto iniciado se ha esfumado y, no teniendo donde más posar sus extremidades, se decanta por resguardar ambas manos en los bolsillos de su pantalón. “¿Luzco como una persona a la que le temerías? ¿O es sólo por el susto?” clavó los ojos en su nuca, ladeó la cabeza. Uno, dos, tres segundos y Korn se desplazó paralelo a aquella espalda con pasos lentos y espaciados, como un felino. “Vamos, que con eso ayudo a ejercitar su corazón.”
wonho trying to be sneaky about eating the set of beautiful’s jacket photoshoot
aedanseal:
El cansancio y las horas desprovistas de sueño no parecen ser una combinación acertada para el joven monarca que recién comienza a indagar en sus raíces primeras, sin embargo, hace el esfuerzo sobrehumano por levantarse de la cama y deambular por los pasillos del palacio como si no tuviese más responsabilidad que esa. El día anterior ha intentado quedarse en su habitación y pasar desapercibido, sin poder lograrlo. Y ahora, sumido en pensamientos, una voz masculina logra alterarlo lo suficiente para dar un pequeño saltito, siendo un suspiro el que escapa exasperado de sus labios a los pocos segundos. “Ah, no son ni las ocho. ¿Qué pasa?”
Exhala una sonrisa rápida, una que se esfuma y pierde entre parpadeos. Al parecer había dado con alguien sin mucho humor. “Pasa que esta zona del palacio no suele ser frecuentada. ¿Quién eres?” arquea las cejas yresguarda ambas manos en sus bolsillos. A pesar de la pregunta Korn sabía exactamente quién era aquel muchacho; nombre, edad, nacionalidad, historia. Un puñado de detalles inútiles que le habían obligado a ingresar a su cerebro con el fin de familiarizarse con la realeza desde antes de conocerlos directamente. Ladeando la cabeza y apoyando la cadera contra la pared más cercana, Korn se dedicó a observarlo de hito en hito.

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shkiha:
De todos los cuestionamientos o inconvenientes que su nuevo título podría traer consigo, Kiha solo estaba preocupado por un simple, casi diminuto, detalle, que no lo dejaba cerrar los párpados por la noche. Desde pequeño había estado seguro de poder comunicarse con los árboles, escuchar los secretos que en sus hojas resguardaban y percibir el dolor de sus raíces cuando sucedía un conflicto. Pese a ello, desde que había puesto un pie en el palacio sus capacidades habían desaparecido. Los árboles de ese lugar no parecían tener interés en el. Aquel era el motivo que lo había llevado a escabullirse por el recinto e intentar toparse con alguno que se dignase a hablar. Luego de varias horas de investigación había dado finalmente con un simpático roble y había comenzado una entusiasta charla desde la ventana del lugar. No obstante, Kiha detuvo sus susurros al sentir el pánico atravesando su cuerpo ante el abrupto contacto físico. Con ojos abiertos y una expresión de absoluta confusión, contempló al joven plenamente inhibido. ‘N-no me toques…’ balbuceó, tímidamente. Parecía una orden, pero sus palabras estaban llenas de una extraña dulzura. ‘Por favor’ agregó, con tal de no sonar como un verdadero arrogante.
La sonrisa de Korn se ensanchó todavía más. Pura y llana satisfacción fue lo que sintió al presenciar cómo su movimiento había calado más o menos profundo en aquel joven. Tanto fue así, que ni siquiera hizo caso: sus manos se mantuvieron reposando en la curvatura de aquellos hombros. “¿Qué sucede? ¿He visto un lindo gatito?” se burla, no quitándole los ojos de encima. El tiempo en silencio que le precedió se lo tomó para registrar el rostro y, por consiguiente, determinar la identidad de su víctima: Kiha, príncipe de Bulran. ¿Dónde estaba su seguridad? ¿Lo habría perdido de camino al palacio? Con un suspiro hondo el rubio apretó suavemente con sus manos y le echó un vistazo rápido a su alrededor. No había nada ni nadie a quien ver, pero con ello sólo conseguía hacer énfasis en sus próximas palabras. “Lamento decirte que no deberías andar caminando por acá. Podría ser peligroso; no sólo no hay nadie en estos momentos, tampoco sabes quién podría aparecerte.”
Sacando cálculos mentales respecto a cuánto tiempo le quedaba para seguir repasando los espacios del palacio (porque, aun cuando no quisiera, seguía siendo una de las tantas labores que le imponían en su oficio), divisó una única figura a lo lejos. Según el croquis que tenía dentro de su cabeza, aquella persona no debía encontrarse en dicha zona sin permiso, así que-- ¿sería uno de los individuos de la realeza que se habría perdido? No pudiendo divisarle bien y dispuesto a divertirse un rato, se desliza hacia el individuo con toda la cautela que su cuerpo le permite. Una vez a sus espaldas, posó ambas manos sobre la espalda con rapidez, completamente dispuesto a brindarle un buen susto. “¡Boo!” ríe, casi de inmediato.