La lucha había comenzado, ya no hay vuelta atrás, solo puede quedar uno.
Los primeros golpes fueron míos. Al principio, los golpes eran torpes, ya que no me había acostumbrado a luchar con el pleno control de mi cuerpo, pero, conforme iba pasando el tiempo, estos se volvían más certeros.
Él, al contrario, comenzaba a esquivar mis ataques en vez de bloquearlos o devolvermelos. Tras un tiempo de hacer el clásico “pilla pilla”, nos paramos uno frente a otro. Nos quedamos un rato mirándonos fijamente con la mirada muy seria. Repentinamente, escucho su voz en mi interior:
- Escúchame con atención, me voy a transformar una vez más. Todo lo que hice hasta ahora era un teatro para que tú quedaras bien y que no fueras parte del marrón que he creado. –Me comentó Vergil, que también se encontraba con Dante controlando mi otro yo.
- De acuerdo. Transfórmate pues. –Respondí.
- Sabes que este es el momento. Actúa sabiamente. -Finalizó Vergil.
- Me estás empezando a cansar. -Dijo mi otro yo. -Es hora de ponerse serios.
En ese instante la fusión comenzó a concentrarse, hasta el punto de proferir un gran y prolongado grito de furia. Se había transformado en un demonio, pero era diferente a los que he visto hasta la fecha.
Tenía cuernos no muy prolongados, y raramente erguidos, terminado la punta en curva. Sus escamas eran más gruesas y largas, su estartura había crecido levemente, y de su espalda sobresalían lo que pensé que eran unas alas.
Lucía muy poderoso. Me quedé paralizado por el miedo, ya que la transformación hizo que todo se moviese, y creó un gran agujero alrededor suyo.
- ¿Qué pasa Nero? ¿Acaso te ha comido la lengua el gato? –Dijo con una voz muy tenebrosa, causando temor hasta el más valiente de los valientes.
- … -Me quedé mirándole sin saber que responder.
- Ahora, vamos a terminar lo que empezamos. –Amenazó.
En vez de atacarme, miró a mis amigos que estaban presentes, pero estaban muy alejados, o al menos lo suficiente como para que no pudieran resultar afectados por la lucha.
Se fijó en todos, pero más en una persona en especial.
- He notado que hay una persona que está presente que la tienes mucho más cariño que al resto. –Comentó con su tenebrosa voz.
- ¿Qué qué? –Me asusté. No tenía ni idea de que pudiese saber tal información.
- Sí, es cierto. –Dijo y acto seguido se desplazó a velocidad que me costó ver, ya que aún no me conseguí recobrarme del miedo que surgió dentro de mí. El saber que posibilidades de ganar han crecido esponencialmente me dejaba en un estado de miedo casi permantene.
Cruzñe los brazos prente a mí, preparandome para el posible golpe que me pudiese propinar, pero no me asesta ninguno.
Yo no era su objetivo, pasó rápidamente a mi lado, y se dirigió al equipo que estaba divisando la pelea.
- ¿Es ésta verdad Nero? –Dijo con tono de burla.
- Eghn... –Mascullé con tal furia y enfado, que se escuchó perfectamente, aun teniendo unos 8 metros que nos separaban.
- ¿Acaso dijiste algo? –Me preguntó.
- Me estás empezando a cabrear. Sueltala ahora mismo o de juro que... –Amenacé con tono bastante grave hasta para mí, pero me iterrumpió.
- ¡¿JURAS QUÉ?! ¿MATERME? -Gritó riendose a pleno pulmon con su horripilande voz mi otro yo.
- De acuerdo, la soltaré. -Vaciló. A continuación de decir eso, la tiro con fuerza al suelo, creando un pequeño agujero al golpearla en el suelo, dejandola gravemente herida.
En ese momento, me fijé en ella. Ella abrió los ojos y me miró. De sus ojos brotaban lágrimas, y su mirada pedía auxilio, estaba suplicando por su vida.
Esa mirada, esa image, me hizo sentí muy extraño. Sentí muchas cosas a la vez: tristeza, sed de venganza, miedo y, por si fuera poco, ira, rabia, enfado, odio. Sobre todo odio.
Pasaron unos instantes en los que yo me quedaba mirándola, aun pasamdo por lo que le hizo.
Estaba tan furioso, me sentía tan debil e inútil. La ira iba aumentando por segundo. Mi rostro mostraba una furia que nadie había visto jamás.
Al cabo de unos isntantes, proferí un grito muy potente. Estaba seguro de que mi gritó fue tan poderoso, que me había oído todo el parque. De mí brotaba una extraña ola de poder.
Cuando quise darme cuenta, de mis brazos emergía fuego. Pero no un fuego rojo/amarillo de toda la vida, era azul y rojo. Este empezaba a recubrirme todo el cuerpo.
La parte derecho de mi cuerpo estaba recubierto por fuego, mayoritariamente de color azul, y de la izquierda; de fuego rojo. La intensidad con la que brillaba el fuego iba aumentando por momentos, llegando a un punto que te obligaba a cerrar los ojos si no queráis quedarte ciego.
Estuve durante un tiempo así, no sabía qué es lo que estaba pasando. Cuando cesó el brillo, me había transformado. Tenía un aspecto totalmente distinto.
De mí espalda, sobresalía algo parecido a un espíritu. Este espíritu era de color azul, pero sus ojos y eran de color rojo sangre.
Durante un tiempo estuve mirando la reacción de la fusión, al parecer se había asustado un poco, pero no tardo en volver a atacarme, pero esta vez, con más astucia y conciencia que antes.
Estuvo un rato intentando darme un golpe, pero me los paraba todos sin moverme del sitio, bloquenado sus ataques con un ligero pero preciso movimento de espada.
Al final, mi otro yo acabó cansado. Se alejó un poco de mí posicionandose enfrente mía, descansando y cogiendo aire para luego volver a la carga. Pero antes de que empezara de nuevo le dije:
- ¿Eso es todo lo que tienes? –Pregunté, aun serio.
- Aun no has visto nada. Ahora voy a ir enserio. –Dijo con un tono más normal, tranquilizado y sereno que antes.
- Entonces atacaré yo también. –Concluí.
Acto seguido de desplacé el doble de rápido que antes,me impresionó la velaciadad que podía alcanzar. Me coloqué justo atrás de él y empecé a dar golpes diestro y siniestro, dejandole aparentemente magullado y muy dañado, pero seguía vivo.
- ¡¿Cómo es posible?! –Gritó. – ¡Es imposible, ese poder debería ser mío!
- Si fuera tuyo, sabrías cuales son sus debilidades perfectamente, cosa que no estas demostrando. Ahora, si me disculpas, voy a acabar con tu miserable existencia. –Terminé.
Al terminar la frase, comenzé ha hacer un combo que había practicado severamente en el Palacio Snaguinario. Era simple, pero en el estado en el que me encotraba, no importaba la simpleza, pues el poder que emanaba en mi era tal, que podía destroar lo que sea.
El combo consistía en darle una serie de puñetazos terminando en un cancho tirandolo al aire, seguido de unas estocadas y cortes con la espada estando en el aire, finalizando estas con un golpé perpendicular tirandole de nuevo al suelo, y terminado el combo con un puñetazo que empezaba en el aire y acaba en el suelo.
Tras ese combo, mi otro yo estaba desorientado y con la guardia muy baja.
- Termina lo que empezaste chico... -Dijo Dante en mi cabeza. -Eres digno de nuestro poder.
Estabamos como a 3 metros de ditancia. A duras penas podía mantenerse en pie. Yo estaba cansado tras todo lo ocurrido. Decidí terminar la batalla con un puñetazo limpio asique, mientras me iba acercando a él, guardé mi espalda e iba preparando mi puñetazo.
- Gracias. -Agradecí a Dante y a Vergil, y propiné el golpe de gracia.
Mi otro yo se desbaneció en el aire, dejando un humo negro tras de síq eu fue llevado por la corriente.
Yo a su vez, volví a mi "Standart Form”. Estaba tan cansado que caí rendido al suelo, terminado entrando en la inconsciencia.
Sabiendo por lo que había pasado hasta ahora, la inconscencia ya no era un problema aparente para mí, pues aun podía seguir activo, aun no siendo en el mundo físico.
Me percatéa de lo sucedido. había ganado a mi contrincante, tenía por fin mis poderes y mi cuerpo, pero, ¿a qué precio?
- Tranquilízate chico, que estamos aquí contigo. –Me saludó Dante.
- ¡Cómo! ¿Pero no habéis muerto? –Me quedé pasmado.
- Eso es solo en el mundo real. Seguimos estando en tu mente, y cuando nos necesites, estaremos aquí para ayudarte. –Me explico Vergil.
–Me quería conversar pero...
- No te preocupes chico, ahora eres tú el que maneja las cuerdas de la vida. –Se burló Dante.
Me tranquilicé y comencé a concentrame. Tras unos segundos de concentración, conseguí volver al mundo físico.
Abrí, poco a poco, mis ojos. Mis amigos estaban habalndo entre sí, unos estaban escribiendo algo sobre un cuaderno, otros limpiando o reparando sus armas y vi que Xi estaba curando a Avelyn, me alegré mucho, pero al saber que era el responsable de lo ocurrido, volvía entristecerme.
Solo les miré con la vista. Aun no estando con la presión del momento, conseguí ver que estaban atónitos de lo ocurrido, y con un poco miedo.
Con eso me bastó por hoy. Estaba alejado unos 5 metros de ellos, seguramente aun temían por su vida, algo lógico y que yo mismo habría hecho. Decidí irme del sitio sin que me vieran, atravesando un portal que me a otro lugar, cualquiera que no sea este.
Tras pasar por ese portal, llegué al Tierno Garlan, lugar al que me dirijó para relajarme, pues ya era de noche, y las vistas que daban a la ciudad eran preciosas.
Al cabo de unos diez minutos, noté la presencia de alguien. No estaba en condiciones de lucha ni tratando de saber quien era. Ahora no estaba para esas tonterías.
Pero, mi intuición me decía que tratase de evitar el contacto con otras personas y esconderme, cosa que acabé haciendolo. Pero la persona no se daba por vencida, y conseguía seguirme a cualquier lado que iba.
En Tierno Garlan había un anfiteatró que era un poco antiguo, destacado su grandeza y belleza.En el lugar donde se realizaban las interpretaciones teatrales, había 4 pilares, me senté en uno de estos.
Conseguí tranquilizarme un poco. Pero la tranquilidad no duro mucho:
- ¡Nero! –Me llamó la persona que me estuvo siguiendo. Yo me sorprendí mucho, ya que no me esperaba que me llamase de aquella forma.
- ¿Quién es? Aah... Hola Avelyn. –Salude con un tono de tristeza y culpabilidad.
- Tenemos que hablar, o bajas de ahí o subo. –Me amenazó. No tardé en pensar en la respuesta.
Me bajé ágilmente del pilar, la cogí con los brazos y me la llevé de vuelta a la cima del pilar.
- Jajajajaja. –Se rio tímidamente.
- ¿Qué quieres de mí? –Pregunte suavemente y aun con tono decaido.
- Me gustaría agradecerte lo que hiciste por mí en el Retiro. –Se sinceró. –Pensaba que de verdad me ibas a matar, pero resulto que era otra persona la que queria asesinarme.
-Jeje... ya... -Dije, evitando el contacto visual en todo momento.
-Nero... tu... no eres un humano... ¿verdad? -Preguntó Avelyn.
No me esperaba esa afirmación, de hecho la miré a los ojos, pues no pensaba que fuera a adivinarlo.
- No... no lo soy... Soy un Néfilim... -Dije con miedo.
- Mmh... Entiendo. Un néfilim es mitad demonio y mitad ángel, ¿cierto?
- Sip. Pero, como podrás haber visto, solo puedo usar la parte demoníaca. Aun no se usar la parte divina, y se perfectamente el por qué. -Dije eso último en voz mucho mñas baja.
- ¿No te crees capacidato aún para usarla? -Preguntó Avelyn curiosa.
- No es por falta de capacidad, sino por falta de... bueno... cmomo decirlo... por falta de bondad en mí. -Acabé sincerandome yo tambíen.
- Jajajajaja. -Empezó a reirse Avelyn.
- ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? -Preguntó, bajando denuevo los ojos, sabiendo perfectamente cual sería la repsuesta.
- Idiota. Tu ya eres uno. - Soltó Avelyn.
- ¿Beg you pardon? -Me quedé pasmado, volviendo a mirarla a los ojos.
- Me salvaste tonto. -Dijo aun riendose. -Eso ya es un acto de bondad.
- Yo más bien diría por remordimiento, pero como tu digas.
- Aigh... Mira... Ha sido un día duro para todos, más para nosotros claro. -Dijo mientras se relajaba.
Pasamos unos segundos sin decir nada. Avelyn decide terminar el incómod silencio dandome un abrazo.
- ¿Qué haces? -Pregunté confuso.
- ¿No lo notas? Dando un abrazo. -Respondió Avelyn.
- Mmh... intrigante... -Dije, tratando de deolverle el abrazo.
Siendo sinceros, no soy unapersona de dar muchos abrazos, asique... como comprenderás... además de que no soy una persona muy cálida, no pude debolverle su cálido acto.
- Noto que no sabes dar abrazos. -Comentó Avelyn, finalizando el abrazo.
- Y estas en lo correcto. No soy una persona que da muchos abrazos, al igual de que no los disfruto tanto como lo hacen los humanos. -Dije volviendo a mirar al suelo.
- Mmh... eso ya lo veremos... -Dijo Avelyn esbozando una sonrisa. –Oye, ¿te apetece echar una carrera? –Pregunto con tono desafiante.
- ¿Una carrera? ¿Ahora? ¿Estás segura? -Pregunté extrañado.
- ¿Por qué no? Sé que tu vas a grandes velocidad dando saltos de plataforma en plataforma, y quiero ver que tan rápido puedes ir.
–Bueno... venga vale. -Terminé aceptando. –Solo tengo una pregunta, ¿De dónde a dónde?
- Pues de aquí a mi casa. –Respondió
- Claro, como sé dónde vives –Me quejé usando mi tono sarcástico.
- Hay una forma de hacer que lo sepas sin que te lo explique. Espero que no te moleste. –Explicó.
Colocó sus manos a los lados de mi cabeza y, instantaneamente, me transmitió el camino. Parecía como si me lo supiera de toda la vida.
- ¿Comenzamos la carrera? –Preguntó.
- Cuando tú digas. –Respondí.
- Se colocó al lado mío e hizo la cuenta atrás. –En sus marcas, listos… YA.
Acto seguido comenzamos la carrera. Yo, nada más haber gritado el ya, espere un segundo y me alejé a una distancia prudencial, ya que no sabía cómo iba a empezar a saltar.
Estuvimos un rato a la misma velocidad, y los dos en la misma posición, sin verse un ganador claro. Quedando poco para que se terminara la carrera, me fijé en Avelyn para ver cómo se encontraba, la vi cansada, ya duras penas podía seguir mi ritmo, yo en cambio había hecho como un calentamiento y hubiera empezado el entrenamiento.
Asique, empecé a ir más despacio, y simular que no podía seguir a la misma velocidad, y cuando llegamos al destino, ella ganó con una diferencia suficiente como para saber quién es el ganador.
- Enhorabuena, me has ganado, ha sido muy divertido, no sabía que eras tan rápida. –Dije lo más apasionadamente posible, para que se tragara el farol, y se fuera contenta.
- Jajajajaja –Se rio. –Yo sabía que iba a perder. Aunque me alegra que me hallas dejado ganar, es un bonito detalle por tu parte. –Comentó sonriendo.
- Bueno. –Estuve pensado lo más rápidamente posible para ver que le suelto. –Yo la verdad, me pareció increíble el saber que has podido seguir mi ritmo durante gran parte del trayecto.
- Si, si, es genial. –Dijo con voz de decepción.
- Escúchame un momento. ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Claro, dime. –Me permitió.
- ¿Has estado entrenando últimamente? Y no solo el tema de batallas, poderes y demás. Específicamente el volar. –Pregunte con decisión.
- Si te soy sincera, he entrenado más el volar, que lo demás, y eso es difícil, ya que le dediqué mucho a todo. Pero si, me entrené más el tema de volar. ¿Por qué lo preguntas? –Preguntó.
- Porque, he hecho carreras antes con diferentes personas, pero ninguna como tú tan rápido ni tan constante. –Animé, para que se alegrara, y olvidara esa decepción.
- ¿Enserio, no lo estás diciendo para que me alegre, no? –Preguntó ilusionada.
- Claro, enserio, eres muy buena en el arte de volar. –Dije.
- Que bien. Me lo creo, viniendo de ti.–Dijo, como si se le hubiera quitado un peso muy grande.
- Me alegro por ti. –Dije.
Finalizando la conversación, ella se fue hacia la puerta de su casa, y mientras tanto, me decía adiós con la mano. Antes de que pudiera tocar la puerta:
- Oye, espera un segundo. –Grité.
- ¿Qué pasa? –Pregunto con sorpresa.
- Ten esto. –Le di una carta mágica, especial, ya que la cree mientras hacía ademán de dársela.
- Wow, ¿cómo has hecho eso? ¿Para qué es esta carta? –Preguntó ilusionada.
- Quiero que mañana cuando vayas a salir de casa, de camino al primer día de clase, que la cojas, y que pienses en mí. –Expliqué.
- ¿Para qué? –Pregunto con duda.
- Quiero darte una sorpresa. Mañana lo veras tranquila. –Concluí. -Ah, y una cosa más. La proxima vez que trates de leer mi mente, no te prometo que vayas a salir ilesa. -Dije cambiando mi tono de voz totalmente.
- Con que sí que eras consciente de mi intromisión. -Se rió Avelyn.
- Tienes suerte de que lo hize, mi cerebro no es un lugar de entrada gratuita donde puedes ver lo que tu quieras. No porque hay cosas personales, sino porque hay cosas que uno no debe saber. Bueno, nos vemos mañana.
Me separé de ella y al momento creé un portal directo a mi casa.
Una vez en casa, me preparé para lo peor, ya que no solía llegar tan tarde. Pero cuando entre paso algo muy diferente a lo que yo me esperaba.
- Ya estoy en casa. –Grite sin recibir respuesta.
- ¿Hola, hay alguien? –Volví a preguntar sin recibir respuesta, otra vez.
Al final, me di cuenta de que estaba solo en casa, ya que mis padres se fueron. Me dispuse a ir al salón a tumbarme un rato en el sofá y ver que echaban por la televisión.
Pero más que disfrutar de mi soledad, tuve una cálida bienvenida, alguien intento darme un golpe con una espada. Yo acto reflejo saqué mi Red Queen, ya que era lo primero que se me vino a la cabeza y lo bloqueé.
Intento darme unas cuantas veces más, sin conseguirlo gracias a que yo lo bloqueaba y cesó de darme golpes. En ese momento empezó a hablar con una voz que me resultaba muy familiar.
- Veo que has mejorado mucho en muy poco tiempo, mi hermanito. –Dijo la voz.
- Espera, me suena esa voz, no serás… -Empecé a decir cuando me interrumpe encendiendo las luces.
- Si hermanito, soy yo, Dim. –Medio gritó mi hermano mayor con alegría. -¿Qué tal cómo estás?
- Lo sabía, esa voz me resultaba demasiado familiar. ¿Qué haces aquí? ¿No tendrías que estar en Barcelona?
- En realidad es una larga historia. En realidad no estuve en Barcelona, estuve por toda España exceptuando Madrid, defendiéndola contra diversos crímenes que iban surgiendo. –Explico.
- Eso tiene mucho más sentido ahora. –Dije disimulado mi desconcierto.
- No te enteras del todo, ¿verdad? –Dijo, dando en el clavo.
- Has acertado, toma, un pin. –Bromeé.
- Jajaja. No te preocupes, mañana lo entenderás todo cuando vayas al instituto.
- Si tú lo dices. –Concluí.
Acto seguido nos fuimos a cenar, y durante la cena me conto sus historietas, yo entre ellas, las mías, y así hasta que terminamos la cena y nos fuimos a dormir.
Me costó dormirme esa noche porque, como viene ser de costumbre desde que era muy pequeño, nunca podía pegar ojo porque mañana es el primer día de instituto. Y por si fuera poco, es diferente a los años anteriores, cosa que no arreglaba las cosas para dormiré.
Pero al final conseguí dormirme.