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Debía tomar todo lo que decía por lo que era: una forma de tratar de mantenerla tranquila. Pero sabía que todo eso terminaría al día siguiente del hospital. Incluso si prometía que sería lo contrario, no podría pasar el resto de su vida pretendiendo que no estaba molesto por lo que había decidido.
Darle vueltas al tema no la dejó dormir, al menos no de verdad. Dormitaba por algunos minutos y volvía a despertarse. Terminó por levantarse para alistarse apenas amaneció. No tenía sentido quedarse en la cama si no iba a poder dormir.
Apenas estuvo lista subió al auto. Necesitaba llegar sola al hospital y tener esos minutos para sí misma. Al llegar al lugar George ya se encontraba ahí. En la recepción le dieron algunas indicaciones antes de ser enviada a la sala de espera.
Apreciaba que le diera su espacio, porque no sabía qué haría si se acercaba más en ese momento. Esos minutos de espera le parecieron una eternidad, pero cuando al fin la llamaron dio un salto en su asiento. Pudo ver de reojo que George se había puesto de pie también, caminando rápidamente hasta alcanzarla.
Se quedó en el marco de la puerta y solo asintió con la cabeza. Como le había dicho, necesitaba pasar por todo eso por sí misma. No quería más presión sobre ella en un momento tan complicado.
Al entrar al consultorio le hicieron varias preguntas que eran necesarias para llenar su expediente antes de iniciar el procedimiento, pero eso no fue lo más complicado. Parte de la preparación incluía una ecografía para saber con qué trabajarían. Aunque se negó a ver la pantalla, podía escuchar a las Sanadoras hablar. Le dieron una bata azul y la enviaron a cambiarse mientras preparaban el lugar. Ya estaba en la camilla y como dictaba el protocolo para esos casos le preguntaron una última vez si estaba lista para continuar, pero no pudo decir que sí.
Regresó por su ropa y la sentaron para darle algunas indicaciones además de pociones y vitaminas que debía tomar. No podía decir qué la había orillado a tomar esa decisión, pero se sentía correcto.
— Quiero ir a casa.— George ya se encontraba ahí apenas abrió la puerta. Dejó que tomara su mano y la llevara de regreso hasta su auto, pero no dijo nada. No podía hacerlo. Necesitaba estar segura que las cosas no cambiarían como él había dicho, que no la odiaría. Antes de decirle que no pudo hacerlo.
George no hizo preguntas.
Ni en el trayecto de regreso al coche, ni mientras atravesaban el estacionamiento, ni cuando abrió la puerta para que Sylvie subiera. Había ensayado tantas conversaciones durante la noche anterior que ahora le parecía absurdo. Ninguna servía.
La observó acomodarse en el asiento del copiloto y cerrar la puerta con movimientos lentos, como si hubiera corrido una maratón en lugar de pasar una mañana en el hospital.
Él rodeó el vehículo y tomó el volante. Apenas y tuvo tiempo de recordar brevemente ese verano en el que ella misma le enseñó a conducir, diciendo que no podía creer que pasara horas compitiendo en línea y que no pudiera manejar un auto real.
— ¿A casa? —preguntó únicamente luego de ajustarse el cinturón. Ella asintió levemente y eso fue todo.
El camino transcurrió en un silencio extraño. No incómodo, porque entre ellos nunca había existido ese tipo de silencio. Era algo diferente. Cómo si no hiciera falta que dijeran algo.
George mantenía la vista al frente, aferrado al volante e intentaba convencerse de que estaba haciendo lo correcto.
Ella había querido estar sola, había querido tomar la decisión por sí misma. Y él había prometido respetarlo. Entonces, ¿por qué sentía que algo no encajaba?
Desvió la mirada apenas un segundo hacia Sylvie, pero ella observaba por la ventana. No parecía aliviada aunque agradeció mentalmente que tampoco parecía triste. No parecía ninguna de las emociones que él había imaginado durante las últimas horas.
Si se esforzaba un poco, podía ver el aura a su alrededor, parecía… Confundida, como si siguiera atrapada en el mismo lugar donde la había dejado aquella mañana.
George tragó saliva. No. Solo estaba buscando señales donde no las había.
Quizá simplemente estaba agotada y él era incapaz de aceptar que todo había terminado. Se obligó a dejar de pensar.
Cuando llegaron a la casa, apagó el motor. Por primera vez desde que salieron del hospital giró completamente hacia ella.
— No tienes que decirme nada hoy— su voz sonó suave.— Ni mañana tampoco, puedes tomarte todo el tiempo que necesites.
Porque la verdad era que él también lo necesitaba. Tiempo para asimilar todo lo que había ocurrido en menos de cuatro días. Miró a Sylvie, bajando la mirada hacia ella.
Y durante una fracción de segundo George estuvo convencido de que iba a decir algo, lo que fuera. Una explicación, una despedida, una confesión. Pero las palabras nunca llegaron, así que él simplemente asintió y liberó su cinturón de seguridad para salir del auto.
— Te llamaré esta noche, pero sólo para que no te desveles. No tienes que decirme nada— dijo, como una promesa.
Salió del auto y cruzó la calle hasta su casa. Se limpió la cara al sentir las lágrimas en sus mejillas y decidió desviarse al jardín para recomponerse antes de entrar a la casa, aunque tenía la horrible sensación de que Ben o Kat estarían mirando por la ventana desde que se estacionó.
´Georgie había estado actuando muy extraño desde que volvió del viaje. Aunque no dijo ni media palabra al respecto, sabían que algo andaba mal pero no querían presionarlo. Tarde o temprano tendría que hablar, y ese algo que lo tenía tan cabizbajo podía asegurar era la misma razón por la que había salido tan temprano.
Pasaba del medio día cuando decidieron entrar de nuevo a la casa después de pasar el rato en la alberca. Ben se había adelantado para preparar algo de comer mientras recogía las toallas y demás cosas que tenían con ellos. Iba de regreso por el jardín cuando se encontró precisamente a quien los había estado evitando.
— ¿Georgie qué haces ahí tirado? El césped aún está mojado por los aspersores.— Todas las mañanas se encendían para darle mantenimiento al jardín, y aunque estaba bastante soleado dudaba que ya estuviera completamente seco.— Vamos, no vas a quedarte ahí hasta que te salgan raíces.— Habían acordado no presionarlo, pero definitivamente no podían seguir esperando a que hablara. Tendrían que sacarle la verdad de una forma u otra.
— No gracias, Poppy cuenta como tres.— Su hermana era completamente impredecible, al grado de que no podían perderla de vista por más de cinco minutos o seguramente se metería en problemas.
Ver a tanta gente que no conocía la ponía un tanto nerviosa. Tomó el vaso de limonada con ambas manos para tener algo a qué sujetarse. Acababa de darle un sorbo cuando escuchó al que suponía debía ser su hermano.
— Oh no no... No dije que tenía cara de gato, ni siquiera sabía cómo lucía... Lo que quería decir era que tenía nombre como de un gato...— Se apresuró a rectificar. Recordaba bien lo que había dicho el día en que se acababan de mudar y Dawlish le hablaba sobre su hermano.
Pronto su atención se desvió a quien suponía debía ser otra de sus hermanas, aunque no entendía muy bien de qué estaban hablando los demás y le parecía descortés hacer preguntas al respecto.
— Cuando tienen pijamadas se quedan en la casa de la alberca. Técnicamente había una habitación de huéspedes pero esa es para Hannah y Lizzie.— Una de las razones por las que se habían decidido por esa casa era porque había una habitación para cada uno de los niños, Hannah incluida por supuesto. Se habían asegurado de que tuviera una cuna para Lizzie igual que la habitación de Benji tenía una para Sadie.
— ¡Louis! — Le respuesta del más pequeño de sus hijos la hizo casi derramar la limonada que estaba sirviendo en los dos vasos adicionales. Esa clase de bromas sobre el tema eran lo habitual en casa, pero en su opinión, no podían presionarlos, todo sucedería a su propio ritmo y debían darles su espacio.— Niños ya basta, tenemos invitadas.— Conociendo a los niños estaban a nada de comenzar a lanzarse cosas.
— Y tú eres su único hermano, deberías darle el ejemplo y no alentarlo a ser un revoltoso.— Agregó, mirando a Benji que cuando estaba con George era como si los dos tuvieran la misma edad.
— Ay mamá, ¿De dónde sacaste otras dos niñas? Creí que habíamos acordado que ya eran muy viejos para más bebés.— Miró a su papá también, recordándoles la conversación que habían tenido cuando les dijeron que Georgie llegaría en unos meses.— Si siguen así vamos a ser una docena.— De por sí no era como que seis fueran poca cosa.
— ¿Quieres vivir para ver un nuevo día?— No importaba si Georgie era pequeño, igual discutiría con él y no era excusa para dejarlo ganar. Aunque Hamish era su invitado, desde años atrás habían acordado quedarse en habitaciones separadas por el propio bien de ambos. Algo que también habían prometido no volver a mencionar— Puedes tratar que sean quince segundos y aún así voy a atraparlo.— Mientras hablaba y antes de que Benjamin se acercara lo suficiente se deshizo de sus zapatos para salir corriendo más cómodamente.
Entró en el momento exacto para escuchar la conversación y como supuso, se había desviado al tema de siempre— Oye sí, el enano tiene razón. No traje a nadie sin uno de estos antes.— Dijo, levantando su mano enseñándole a los demás el prácticamente aún reciente anillo de compromiso.
— Como sea, veinte galeones a quien haga que el otro termine en el suelo primero. Treinta si alguien termina en la alberca.— Conociendo a ambos y que Danny no se detendría solo porque Georgie era pequeño, aquello era completamente posible.
"Oh là là, la balle est dans votre camp!" Había gritado Poppy con energía, creyendo que quizá se trataba de una especie de juego. George miró a su hermana mayor con los ojos entornados y una sonrisa burlona en el rostro. Él tenía la ventaja de que conocía el lugar mejor que ellos que no llevaban ni veinte minutos ahí.
—No necesito que la detengas, soy más rápido. Un ganador. Amy, mejor que tengas esos treinta galeones en monedas francesas. Arrivederci, yorkies — dijo sin notar que usó palabras en cualquier idioma menos francés por la emoción, antes de salir corriendo por la puerta delantera de la cocina, pues su idea era rodear de nuevo la propiedad escapando por la puerta principal, pero fue atrapado por un fuerte par de brazos que reconoció enseguida.
—¡Ay no, Kat! Por favor, estoy enmedio de una carrera... — se quejó intentando en vano soltarse del agarre de su cuñada.
Aunque se había adelantado para interponerse entre su hermana Danielle y Georgie, ignorando por completo a su madre, la visión de su esposa dirigiéndose hacia la cocina, lo congeló.
Apenas y reaccionó cuando unas conocidas manos chocaron contra sus rodillas. La pequeña Sadie había rebasado a su mamá y lo había atrapado. Se inclinó para tomarla en sus brazos y avanzó hacia Kat.
— ¡Qué bueno que llegaste para atrapar a ese pequeño bribón, mi amor! Eres nuestra heroína. No sabía que en Francia estuviera tan alto el crímen. Venga Sadie, tres hurras por mamá. Hip, hip... — se apresuró a intentar distraerla para que George pudiera huir pero sabía que era prácticamente una batalla perdida.
Sadie despertó justo cuando Danny llegó. Seguía en la sala con las gemelas y aunque su siesta había terminado, la bebé aún estaba estirándose. Se tomó todavía algunos minutos antes de pedir levantarse. Aunque los demás estaban en la cocina, el ruido era lo suficientemente fuerte para llegar hasta donde estaban, lo que alertó a Sadie.
La ayudó a ponerse de pie y esquivar las maletas de todos que se encontraban en el pasillo, pero en cuanto las pasaron salió corriendo a la cocina pues había escuchado la voz de su papá. Iba siguiéndola de cerca pero chocó con el segundo más pequeño de la casa al que solo rodeo rápidamente con sus brazos para evitar caer.
— Sí, en medio de una carrera a tropezarte con todas las maletas y no creo que quieras empezar las vacaciones en el hospital.— De camino a la cocina logró escuchar su pequeña discusión con Danny y, por supuesto, la participación de Ben.— Si Georgie es el pequeño bribón, entonces tú eres el bribón mayor.— En lugar de incitar a la violencia puedes cambiarle el pañal a Sadie, te toca.— Justo en ese momento escuchó a la mayor de las Dawlish terminar de contar y sin duda iría detrás de Georgie.
— Al armario, rápido.— Solo entonces lo soltó para ayudarlo a abrir la puerta más cercana y esconderlo de su hermana. Así ganaría un poco de tiempo.