El comentario de Veronica le hizo caer en cuenta de una triste realidad, la cual era que aparte de lo superficial, sus amigas no sabían mucho acerca de ella. Heather Chandler conocía a Heather Mcnamara y Heather Duke desde kinder, y aún así, dudaba que alguna de las dos supiera algo más allá de lo básico, como esto que Veronica comentaba: Su gusto musical. Con un leve encogimiento de hombros, y manteniendo la mirada hacia el frente para intentar ocultar qué tanto le había afectado el insignificante enunciado, se dedicó a ordenar las papas y las malteadas que probablemente las acompañarían a su nuevo destino: El mirador de Westerburg. Dejó ambas malteadas en el portavasos entre medio de las dos, y después de pagarle al muchacho de la ventanilla una generosa propina (porque Heather Chandler se había decidido a gastar todo el dinero de su papi si es que él decidía seguir con sus asquerosidades cada noche, así fuera en una méndiga propina), aceleró por la casi vacía avenida. “Pensé que habían convertido el mirador en uno de esos destinos rancios y clandestinos para que las parejas se fueran a besar.” Claro que si así era, se trataría de un secreto a voces. Heather se lo había escuchado a Duke, pero desde el fallecimiento de Kurt y Ram (que era otra cosa que aún no le quedaba del todo clara y que quizá si dejara de sentirse tan anticuada al lado de Veronica sería capaz de preguntar), no sabía si lo seguiría siendo. Dejó que el ruido del viento y la ligera música de su estéreo le acompañaran en los crecientes pensamientos que la atosigaban, uno más invasivo que el anterior y todos teniendo que ver con Veronica y su capacidad de acelerarle el corazón hasta con una méndiga sonrisa. “¿Hm?” El mirador aún estaba a unos cuantos kilómetros, pero pese a sus ganas de reclamar el por qué tendría que orillarse en una calle desierta, corriendo el riesgo de que algún loco les saltara de los arbustos para asesinarlas, se detuvo tal cual Veronica lo había pedido y, peor aún, ignorando que las papas a la francesa tenían demasiada grasa, abrió la boca aceptando el ofrecimiento de su amiga. El calor de la comida embargó su garganta, haciéndola doler ligeramente pero también llenándola de una sensación reconfortante mientras que los ojos de Veronica se mantenían sobre ella. Heather Chandler mascó cuidadosamente y una vez que tuvo la boca libre, carraspeó, irguiéndose en su asiento. “Bien, tu turno.” Y sin esperar, tomó una de las papas, considerablemente más corta que la que Veronica le había dado y la sostuvo frente a ella, un rubor tintando sus mejillas. “Abre.”
Si no estuviera tan enfocada en los perfectos labios rojos de Heather Chandler, Veronica se habría reído por la facilidad que tenía su ¿amiga? Para abrir la boca. ¡Oh, Dios, Veronica! Ya vas a irte a la universidad (si es que así lo sentía, quizá seguir una licenciatura en--- ¡en qué demonios importa!), pero te sigue dando risa la idea del sexo oral. ¿O sólo estaba dejándose llevar por el momento? No era del todo malo pasar un rato con Heather, cuando se comportaba como una persona y no como una desalmada. “¿Ah?”, reaccionó a los segundos, sorprendida que le siguiera el juego, mas no iba a oponerse. Nada mejor que comida chatarra para adelantar el inevitable final; ahí cuando fuera a ver a Satán frente a frente, conversando sobre uno que otro crimen. ¿Podrían usar su diario en su contra? Si es que llegaban a enjuiciarla en allá abajo. Meh, más allá de arder por los siglos de los siglos, lo peor sería tener que compartir con su mal nacido por ex. Mordió la punta de la papa, ligeramente salada, luego con un sonoro “¡ñam!” para dar énfasis, se comió el resto, mordiendo suavemente el dedo de Heather, con querer. Se apartó, riendo. Era extraño volver a sentir esa risa que nacía natural, sin miserias ocultas. “Oye, están buenas. Pensé que serían un noventa por ciento grasa y diez por ciento ingredientes que no deberían ir ahí”, sacó un par más del envase, pasándolas con su malteada. Ya más tranquila, se peleó con la necesidad de encender otro cigarrillo. “Así que, aparte de Bonnie Tyler, ¿qué otra sorpresa tienes? Ya sé, te gusta bailar con Grease”, hizo memoria a la habitación de Heather, intentando ver qué cosas podían decir de un pasatiempo. Besar a sus amigas en una sesión de estudios. Se atragantó con su saliva, tosió hasta sacarse la idea de la cabeza.