Las demandas digitales en la Comunidad LGTBIQ
La forma de protestar en este mundo digital ha mutado. El desarrollo tecnológico, a la par del avance de internet, marca un punto de inflexión en como el ciudadano existe y sus dinámicas de actuación dentro de la sociedad.
A pesar de la brecha digital a nivel mundial, no es poco común que hoy en día que todos tengan acceso a algún tipo de celular con pantalla, cámara y redes sociales. La red se ha convertido en una herramienta y espacio fundamentales para el propio devenir social y político. Ya no funciona sólo como una fuente de información (o desinformación), sino que se ha constituido como un espacio interactivo, colaborativo y participativo donde poner en común las ideas para que estas se nutran mutuamente y allí se propicia la participación libre y no jerarquizada de sus usuarios (García-Estévez 2017). En las últimas décadas, el tipo de contenido que se expone en la web ha cambiado, creando espacios que aceptan compartir tendencias y opiniones personales de lo que se come, a dónde se va, que ropa se viste, la vida de las mascotas y cientos de pasatiempos, por sólo mencionar algunos.
García-Estévez explica que la red, al ser un sistema abierto de comunicación y construcción permanente, pone en contacto a grupos que se identifican con las mismas necesidades y problemáticas, y que en conjunto se organizan para hacer valer sus recursos. En este sentido, ella apunta al profesor Orihuela (2005) para explicar que las redes sociales operan de forma cruzada en tres ámbitos denominados “las 3Cs: de comunicación (nos ayudan a poner en común conocimientos), de comunidad (nos ayudan a encontrar e integrar comunidades) y de cooperación (nos ayudan a hacer cosas juntos)”. Internet y cada una de sus plataformas de redes sociales, basan su vitalidad en la posibilidad de sus usuarios de relacionarse a pesar de la distancia física que les separa.
En cada red social surgen personajes que son observados y admirados por el resto de los usuarios, estos son los llamados youtubers, tiktokers, instagramers, y de manera general, influencers, por ser quienes influyen en el comportamiento de los demás. Ellos posicionan estilos estéticos, valores que rápidamente se hacen masivos por los cientos, miles y millones de seguidores que tienen. Los personajes intraweb constituyen una revolución digital capaz de modificar conceptos y actitudes de las personas de las cuales el desarrollo de la ciudadanía, sus hábitos, costumbres y maneras de proceder no quedan exentas. ¿Y quienes median esta interacción? A grandes rasgos, son los mismos usuarios: en la red se desvanecen las nociones de espacio, norma y cuerpo a través de las que operaban las instituciones tradicionales, y con ello, cualquier figura tradicional que media las interacciones (García-Estévez 2017). Entender este punto es clave para comprender cómo la web se presta como espacio para el activismo.
Las redes sociales transcurren en plataformas digitales, la vida y obra digital de cada usuario reside en un medio no-físico, accesible desde cualquier parte del mundo, a cualquier hora, sin niveles o permisos que limiten el acceso, salvo el que los mismos usuarios imponen. Al contrario, cualquier medio tradicional en dónde se pueda difundir información está limitado por estos mismos factores: si es un medio escrito como la prensa, dependerá de la línea editorial, si es un espacio físico, como un salón dónde exponer una charla, dependerá de las horas de funcionamiento del edificio. Si es una intervención, dependerá de las formas de represión que puedan suscitar. En resumen, maneras tradicionales de ejercer activismo están duramente limitadas al tipo de contenido que se puede presentar, frente a qué público y durante cuánto tiempo. El contenido digital llama a replantear estos límites de continuidad impuestos por instituciones terceras.
Es en este contexto que surge el llamado Ciberactivismo, que revoluciona al activismo tradicional por contar con una comunicación de una rapidez nunca antes vista, que permite una coordinación nunca antes vista. El activismo puede no sólo ser instantáneo, sino que además, simultáneo: grandes masas pueden conocer las acciones de grupos más acotados y específicos, con apenas unos minutos de retraso. La comunicación utiliza vías alternativas donde llega a un público interesado que amplifica el mensaje, haciendo que este llegue casi prístino a un público otro, logrando la difusión deseada. La Comunidad LGTBIQ, históricamente excluida y marginada de la sociedad mayor, patriarcal, heterosexual y machista en la cual está inserta, ha sido la gran usuaria del ciberactivismo, al igual que el feminismo y la lucha contra la discriminación racial.
Como se ha dicho repetidas veces, la base de una red social es la interacción social, así que es indispensable que los activistas puedan interactuar con personas naturales y organizaciones afines, conocerse, comunicarse y colaborar. Pero gracias a las versatilidad de las plataformas también se da espacio para educación, difusión e información, ya que existen herramientas para enlazar distinto contenido multimedia o de otras páginas web. Por ejemplo, la Fundación Iguales lanzó un video conmemorativo a los 10 años de la condena al Estado chileno por la corte Interamericana de los Derechos Humanos, en el caso Atala Riffo y niñas contra Chile, ocurrida en 2012.
A 10 años de la Condena a Chile por el Caso Atala Riffo y Niñas.
De esta manera, se logra llevar un contenido especializado a un amplio grupo, desde gente igualmente especializada, a gente interesada, y a gente incidental, que por caprichos del algoritmo se cruzó con el tuit.
Uno de los principales objetivos del ciberactivismo es conseguir interferir en la agenda pública al interpelar agentes políticos y sociales de manera directa. Se pueden poner como foco principal las verdaderas preocupaciones de la sociedad y sus minorías, mediante un discurso social que se funciona en tres ejes: la sensibilización-promoción, organización-movilización y acción-reacción (García-Estévez 2017).
La Fundación Iguales buscaba generar discusión, conocimientos y la promoción de políticas públicas en pos de la superación de la discriminación por género en Chile.
Usando la plataforma Twitter y con tuits sencillos, interpelaron a los Senadores y Diputados de manera directa, pública, ante la comunidad tuitera:
La apelación a las figuras públicas en las redes sociales
Así, se puede concluir que el ciberactivismo ha sido una excelente plataforma y eficaz herramienta para que las personas, los grupos colectivos u organizaciones LGTBIQ puedan dar a conocer sus demandas, sensibilizar a una audiencia mayoritaria que salga del nicho, levantar tendencia, interpelar directamente a políticos y autoridades y de esta manera, lograr cambios sociales, legislativos y políticos que de otra manera no hubiera tenido la trascendencia que se ha logrado gracias a las plataformas digitales.
García-Estévez, N. (2017). Origen, evolución y estado actual del activismo digital y su compromiso social. Ciberactivismo, hackeractivismo y slacktivismo. En Actas del II Congreso Internacional Move.net sobre Movimientos Sociales y TIC.
















