Tal vez era la percepción del castaño, pero parecía que aquel set estaba en llamas y sus pupilas se dilataron tanto que le tomó un segundo recobrar el personaje y no estamparse contra Juan Pablo contra el escritorio y tomarlo ahí, a plena luz del día. “No podías pagar mi precio ni aunque te lo dijera”. Esbozó con voz débil, incluso ronca por los sentimientos desbordantes que lo congelaban. entonces lo tomó por las solapas de la camisa y arremetió contra el muro, mientras sus ropas no paraban de rozarse y su piel volvía a encontrarse, como si sus movimientos aflojaran botón a botón y el tiempo no tuviera control. al igual que ellos. Entonces no hubo más que una eterna explosión entre sus labios, uno a uno las explosiones y el set entero desapareció, dejándolos a ambos con sólo la sensación del cuerpo del otro. Su eterno subsistir se rindió y se encapsularon sin poderse soltar, sin poder recordar el diálogo, sólo tocándose y sus lenguas en una conversación que claramente no debía acabar.
“No me subestimes, rétame”. El mundo se detuvo, el reloj dejó de avanzar y su corazón por un micro segundo no tuvo latidos. Lo besó profundamente, fuera de sí y como siempre lo habían hecho, desenfrenadamente. Algunos movimientos se salían del guión, pero Trystan detenía a todos los que querían irrumpir la escena gritando el famoso corte. Todo estaba quedando perfectamente bien, pues por lo que se jugaba en cada secuencia era la naturalidad con la que los personajes se desenvolvían, y aquí, no sería una excepción. Los botones de la camisa de Aarón se empezaron a desabrochar gracias a las manos un tanto hábiles de Juan Pablo, encuadrando la fotografía perfecta y la pasión entre aquellos dos seres que follarían ficticiamente.
















