Lo que menos pensaría es encontrar paseando por las calles desconocidas de Nueva York un piano arruinado.
Imagino que el artesano no imaginó que la obra de sus manos acabaría en tan pésimas condiciones. Tampoco el propietario original pensaría que ese fuera su final al adquirirlo con tanta ilusión.
Pero realmente lo peor no es su apariencia estética sino la imposibilidad de ofrecer más música, para lo cual fue diseñado. Y esto nos debe alertar que las cosas no importan tanto como empiezan, sino como acaban.
Ministros y ministerios que lucieron mucho acabaron como este piano, inservibles. Por lo que mejor no lucir tanto y acabar bien, o tal vez no lucir en absoluto si este va a ser nuestro final.
Como ministros de música no queremos convertirnos en ministros inservibles, en adoradores que no adoran más, en adoradores que roban gloria o que han adorado un dios a su propia semejanza. Si somos adoradores del Dios vivo nuestra adoración no debe finalizar sino trascender. Para ello tenemos que predicar a nuestra alma, tal y como dijo Pablo a Timoteo, “ten cuidado de ti mismo”.
Pasemos con frecuencia por el taller del luthier espiritual para garantizar un ministerio tal vez poco vistoso para los hombres pero duradero y fiel. Al fin y al cabo Dios es nuestro Director y nuestra única audiencia.
https://www.instagram.com/p/CQwa-H6pAyZ/?utm_medium=tumblr