El epígrafe de mi discurso es una simple divagación. "Soy el papel en la silla rota que dice no sentarse". Soy, soy, soy. Soy el color mostaza de una pared iluminada tenuemente, la madera oscura y la música de fondo. Soy una extraña para todos y el mejor reflejo de cualquiera. Soy una sonata en medio de la noche, un verso de rap en la madrugada. Yo soy humo, soy escarcha, una sombra, una silueta a distancia. Soy. Soy un monstruo que repta y pájaro que canta. Soy una nota en re sostenido y un silencio con calderón. Soy luces intermitentes inundando las habitaciones de tu casa. Soy calor y energía explotando en medio de la nada. Soy un paseo sigiloso por calles despobladas y una mirada penetrante en medio del beso con un desconocido. Soy una virtud profanada, un estigma roto, una ráfaga, llama que nunca se apaga. Soy los tonos verdes del pasto y la temperatura fresca del viento. Soy Soy Soy. Soy un recuerdo, un suspiro. Soy el momento exacto en el que te das cuenta que estás vivo. Soy el orgasmo, el Forte. Soy la resurrección y la transacción entre el todo y la nada, el estribillo de la canción. Soy una caricia ahogada entre un mar de gente, la soledad entre la congestión. Soy la noche, soy el hambre, el deseo de no parar de bailar. Soy a final de cuentas. Soy el inicio de las narraciones y todas las decisiones tomadas.
Un punto de convergencia en un espacio infinito. . . . Hoy me sientes, me respiras; y al leerme nos encontramos, tú siendo parte mía, yo siendo parte tuya.













