Crush
En la universidad me encantaba un chavo, no sé por qué, pero de verdad me fascinaba como nadie. Era mi crush más grande.
No le hablaba, pero cuando por fin me lo presentaron empezamos a salir y nos dimos unos besos. Todo pintaba bien y bonito. Un día dijo que tenía que ir a un viaje de investigación con una de sus clases, pero que me iba a extrañar y que le gustaría que al regresar habláramos sobre empezar a andar formalmente.
Habiendo escuchado esto, me fui a mi casa en una nube. Y estuve súper ilusionada todo el fin de semana, esperando que fuera lunes para volver a verlo y que tuviéramos esa plática. Llegando a la escuela lo vi a lo lejos y lo saludé con la mano, él me vio y me devolvió el saludo pero enseguida se metió al salón, y empezó la clase que compartíamos. Al terminar no se acercó a mí, más bien salió con mucha prisa. Pero bueno, no importaba, la última clase también nos tocaba juntos y pensé que seguramente ahí podríamos saludarnos. Sin embargo al verme por el pasillo hizo lo mismo, me vio y se metió al salón a toda prisa ¿qué le pasaba? A lo mejor no quería que sus amigos le hicieran burla, pensé. Así que resolví que al final sería yo quien fuera a saludarlo.
Sólo que la clase terminó y también salió corriendo. Ahora sí se me hizo raro. Con todo y eso caminé a nuestro punto de reunión, creyendo que me buscaría como siempre para caminar hacia el metro. Me senté a leer y esperé. Pero nada, no llegaba. Mis amigos preguntaron si quería irme con ellos pero dije que todavía esperaría un rato. Pasó cerca de una hora y ni sus luces. Así que toda triste tomé mi mochila y empecé a caminar preguntándome qué había pasado. Y tras avanzar unos metros, di con la respuesta. Mi vista se encontró con él y su mejor amiga besándose en el estacionamiento. Está de más decir que mi corazón se cayó hasta el piso. Y aún no me recuperaba del impacto, cuando escuché a una voz diciéndome alarmada: “¡¿Qué haces aquí?!”, voltee y vi a uno de sus amigos que también había visto el espectáculo. No dije nada, sólo bajé la cabeza y me apresuré a caminar, llegando con el corazón roto a mi casa. Por la tarde recibí una llamada suya, preguntando que qué tenía (en realidad, lo saludé como si nada) pero como su amigo le había dicho que lo vi, preguntó directamente si lo había visto con su amiga. “Sí, obvio”, respondí. Enseguida me ofreció disculpas y trató de explicar que en el viaje se había dado algo entre él y su amiga. Le dije que estaba ok y dentro de mí, lo saqué de mi sistema de inmediato.
Meses después me buscó para invitarme un café y decirme que se había equivocado, que si todavía podíamos intentarlo. Lo pensé por varios segundos, pero resolví que como ya lo había dejado atrás, no tenía caso volver a lo mismo. Le dije que no, que no se preocupara y que podíamos seguir siendo amigos.
Más o menos 6 años después de graduarnos (y durante un tiempo de soltería), salí noche con él por una noche y ... me aburrí como nunca. Ni siquiera entendí por qué lo había visto tan guapo. Era un tonto, aburrido, con un sentido del humor tan básico, cero interesante en su plática, entretenido como un folder, simplemente terrible. Inventé que tenía que irme porque trabajaba temprano al otro día, sin embargo se ofreció a acompañarme a mi depa. Al llegar ahí insistió en subir y tomar “una copa” y cuando esto no resultó, dijo que de verdad necesitaba pasar al baño. Sabía que si lo dejaba pasar nunca iba a sacarlo de ahí. Así que a pesar de vivir sola, le dije que mi roommate podría despertarse y molestarse, que mejor no, que usara el baño del vigilante del edificio, y mientras estuvo ahí le pedí un taxi. Cuando salió, casi casi lo empujé a través de la puerta que daba a la calle.
Es increíble cómo pueden cambiar las cosas con el tiempo. Como en las pelis, los crushes de la juventud terminan siendo nada cuando creces.













