âEyâ oye, y levanta la vista. Estaba concentrado en la importantĂsima tarea de ver las gotas de agua bajar por el envase de la cerveza. La chica de la barra lo mira fijo. A su alrededor hay una decena de jĂłvenes, algunos adolescentes. â, Âżme haces un favor? Perdona, pero aquĂ estĂĄ que explota, Âżle llevas esto a la chica rubia? Se me escapĂłâ â ÂżYo? âPregunta. Tiene sentido, sin embargo⊠o al menos dentro de todo: ElĂŹas ha estado en el mismo sitio haciĂ©ndole compañĂa desde el momento en que llegĂł. La mira bien. Se la ve exhausta. Katz agarra el Tequila Sunrise (puaj) y mira a su alrededor. ÂżQuĂ© chica rubia? Ah. Cree que esa. Bueno, le parece que debe ser ella, porque hacia ahĂ señalĂł Âżno? Inspira profundamente y, agarrando su botella con la otra mano, se acerca. âHola âmusitaâ, la chica de laâŠây se obliga a callar. Ante la respuesta negativa, y el extraño Ă©nfasis, frunce el entrecejo un momento. âAh. SĂ, no sĂ©. âY mira y nota que hay otras tantas cabelleras rubias y que esa ha sido una idea pĂ©sima, empezando por el no especificar y pasando por el que ElĂas no estĂĄ exactamente sobrio. âSupongo que habrĂĄ agua. âSostiene mĂĄs fuerte la botella, agarrada del pico, para que no se le resbale. A quiĂ©n carajo tenĂa que dĂĄrselo⊠Cuando mira hacia la barra, la bartender (ÂżGeorgia, era? No, no era Georgia, pero tenĂa nombre de ciudad, eso seguro) le estĂĄ haciendo señas, indicando a un costado (Dios mĂo, Âży las meseras y mozos?). Otra rubia baila, y Ă©l le toca el hombro. âÂĄAy, gracias!â dice, y prĂĄcticamente se lo arranca de la mano. Volviendo a mirar a la chica en frente, le sonrĂe dĂ©bilmente y, como en un arranque de lucidez, bondad o cooperaciĂłn, habla: âUh⊠¿Quieres que te traiga agua?
la sorpresa repentino retorno es lo que provoca que la blonda, quien se considera a sĂ misma perteneciente a esta clase de fiestas, en las que mĂĄs de una vez perdiĂł la consciencia apenas llegĂł a casa, es lo que mantiene revuelto el estomago de aquella que se encuentra completamente segura que esto es una broma, justo como le pasĂł al principio, por lo que se quiere mantener lucida hasta certificar que realmente se encontraba en su hogar nuevamente, que los brazos que la estrecharon con fuerza realmente pertenecĂan a sus padres y asĂ mismo que su hogar no era el mismo que la primera noche en compañĂa de las estrellas. era una sorpresa porque recuerda que antes de su partida, sus padres decidieron tomarse unos dĂas para despedirse apropiadamente de la chiquilla que en un futuro no muy lejano retornarĂa a la gran ciudad para vivir cerca de ellos por causa de su elecciĂłn de carrera, luego se encontrĂł en un nuevo west ham donde casi olvida todo lo planificado hasta que la realidad que anhelaba vino nuevamente. decide asistir a la fiesta porque tiene el deseo de adaptarse, y eso trata con una que otra sonrisa que regala a rostros que conoce, uno que otro que comparte la misma confusiĂłn que la neoyorquina que finalmente cuando ve al masculino aproximarse con un trago, lo rechaza porque a primera estancia no identifica el lĂquido ni al joven. âes una locura la cantidad de personas que hay, Âżno?â hace el comentario cuando el trago se le es arrebatado de la mano por otra de similar cabellera, lo cual provoca que miranda rĂa internamente por la reacciĂłn del contrario. âÂżno tienes problema?âÂ