* MEMENTO MORI .
localización: Un parque en la periferia de Chicago.
tiempo: Días posteriores a la fiesta de Halloween.
trigger warnings: uso de drogas, xenofobia, violencia física, sangre, muerte, secuestro.
“ in the back of my mind, you died, and I didn't even cry. no, not a single tear. and I'm sick of waiting patiently for someone that won't even arrive. ”
—Pero mira nada más, con lo que uno se viene a encontrar en estos callejones. ¿No lo dije siempre? que no eras más que una rata de alcantarilla—
Las palabras entraron por sus oídos, junto con esa voz que solo podía catalogar de odiosa. Molesta, repelente, los adjetivos podrían variar conforme la escuchara.
—Puede que te preguntes que es lo que hago aquí, —Continuó él, dando vueltas a su alrededor. a sus costados habían dos tipo flacuchos y altos, que atentos, parecían asegurarse de que no escapara, —Quiero decir, después de la humillación de mierda que me hiciste pasar me fui lejos, muy lejos… pero ya sabes lo que dicen, —Ahí, sonríe. —uno nunca olvida sus raíces.
—¿Qué mierda quieres, Zack? —Terminó preguntando, viéndole con un gesto inexpresivo. Ya lo tenía enfermo con sus rodeos.
—Ah, mi querido Nat, ¿no es obvio?
Golpe fue dirigido justo a la boca de su estómago entonces, haciéndolo encogerse y caer de rodillas de forma instantánea al suelo. O casi, porque esos dos hombres lo sujetaron de los brazos.
—Te vengo a cobrar lo que me hiciste en la secundaria, maldita rata hija de puta.
Nat tosió, inevitablemente. El aire abandonó sus pulmones por un momento y tardó un par de segundos en recuperarse. Por supuesto, incluso si dolía, no iba a cederle la victoria, y cuando consiguió reincorporarse, tuvo que reír. Justo en su cara, lo que hizo que Zack lo agarrase del cabello.
—Ah, ¿todavía… sigues dándole vueltas a eso…? que enfermito de mierda resultaste ser entonces —Replicó, a expensas de conseguir un nuevo golpe. Por supuesto, lo recibió. Su mejilla ardió cuando el puño opuesto colisionó contra su rostro, y el sabor óxido de la sangre no tardó en empapar su paladar.
—Cállate, cállate, ¡cállate! —Chilló él, conforme seguía golpeándolo. No había tregua en su trato, el dolor se esparció por su cuerpo como si de pronto se hubiese convertido en un trapo sucio y maltratado, incapaz de defenderse, — ¡Siempre me miraste por debajo! ¡Siempre creyéndote la gran cosa, basura asquerosa! ¡¿Te crees superior que yo?! ¡Yo estoy por encima de ti, yo soy mejor que tú! ¡Devuélvete al país asqueroso del que viniste con la puta de tu madre mejor, jodida sanguijuela—!
El ataque de histeria solo se detuvo minutos después, pero incluso de ese modo, no le permitió contemplar vulnerabilidad en él. En lugar de eso, tuvo que echarse a reír de nuevo, como si el espectáculo del que era receptor no fuese más que lamentable.
—Já… Mierdecita patética…—Musitó Nat, escupiendo un poco de sangre. —¿Tanto te caga que alguien como yo te superase en todo desde siempre…? ¿O que no se tragase tus aires de mameluco ricachón al que su papi le cubría todo? —Chasquea la lengua, con arrogancia, —Ah, quizás si tuvieses las pelotas más grandes y no un par de nueces minúsculas te podría haber funcionado, no sé, pero nah… los pito chico como tú siempre tienen que echarle la culpa a otros de su mediocridad —Y ahí, chasquea la lengua. —Anda ya, ¿me vas a matar? ¿Para eso me viniste a buscar? ¿Tantos añitos y aun no dejas de pensar en mí? Que emoción, Zackie~ pero el sentimiento no es recíproco —Un mohín se formó en sus labios, viéndole con un par de ojos desafiantes, —¿O me vas a hacer pedirte perdón de rodillas por reventarte la puta cara de pajero que tienes hace un par de años atrás? Porque sabes qué, ni me arrepiento, cagón. Te volvería a deformar la nariz una y otra vez si por mi fuera, hasta dejarte más baboso de lo que ya eres.
Luego de decir eso, se preparó mentalmente para recibir otro golpe. Sin embargo, este no vino. En su lugar, fue una risita tonta lo que el contrario le dedicó.
—Podría… —Respondió él entonces, mientras rebuscaba entre sus cosas. De un bolso retiró una jeringa y una ampolla, y siguió con su punto mientras la comenzaba a preparar, —Pero sería muy fácil… Ah, lo que quiero es que sufras, rata mugrosa. —Entonces, ladeó una sonrisa, mientras presionaba el émbolo de la jeringa, eliminando la burbuja de aire por la punta de la aguja. Luego, hizo un gesto a sus secuaces para que lo sostuvieran.
—¿Qué mierda haces con eso—...? —Inquieto por el actuar del otro, Nat frunció el ceño. Zack se acercó a él enseguida, a pasos lentos. Su corazón dio tumbos al mismo ritmo.
—Te recuerdo, Nat, —Emprendió él, ahora agarrándole el brazo. Inevitablemente, el gesto lo hizo tensarse, —Que tú no estás libre de pecado. Te crees mejor que yo solo porque no te metes mierdas en el cuerpo, ¿pero te recuerdo quién era justamente igual a mí? Ah… han sido años… pero yo todavía no olvido su cara. —Y ante aquella extraña afirmación, su palpitar dio un salto violento. Su mandíbula se tensó, y eso pareció causar más júbilo en el contrario. —Oh, nuestro Tommy. ¿Cuántos años han pasado ya desde que se murió? ¿Cuatro, quizás cinco? —Así, negó con la cabeza. —Como lo extraño, él se la pasaba tan bien conmigo…
—Cierra la puta boca, jodido gilipollas —Masculló, con rabia. El hecho de que diese en su debilidad de esa manera hacía su sangre hervir.
Y por supuesto, eso le dio más júbilo a Zack.
—¿Odias el hecho de que yo sí lo hice feliz? Debe frustrarte, ¿No es verdad? pero si le di lo que quería, hombre. Tú, en cambio… No hiciste más que amargar su existencia… juzgándolo, reteniéndolo…
—¡Cállate o te parto la puta cara! —Con agresividad, intentó removerse del agarre, pero fue imposible.
—Está bien, Nat. No hubieses podido entenderlo… Siempre nos miraste por encima, como si fueses moralmente mejor que nosotros. Pero ahora… —Sonrisa viciosa apareció en sus labios, en tanto le agarraba del mentón para obligarle a mirarlo. Su pulgar le acarició la boca empapada de sangre, —Yo te voy a dar una probada de esa cosa que tanto desprecias, para que sepas de lo que te has estado perdiendo…
Luego, su mano se estrechó sobre su antebrazo, jalándolo hacia sí, obligándolo a estirarlo y voltearle para tener acceso a la cara anterior del mismo. Fue cuestión de ver como el otro le sostenía y de contemplar la jeringa para que los nervios se disparasen, haciéndole sacudirse entre los otros dos.
—¡Suéltame imbécil! ¡Joder, dejenme ir! ¡Qué mierda pretendes Zack!
—Descuida, —Continuó él, mientras uno de los tipos le ligaba el brazo. Aquello hizo una vena resaltar. —Te daré uno especial, solo para recordar los viejos tiempos, —y ahí, rió un poco.— El favorito de Tommy.
Mención de aquello lo hizo abrir grandes los ojos, mientras su rostro palidecía. Zack continuó, —Ah, Fentanilo… ¿Sabías que el efecto es inmediato, y terminas tan volado que ni siquiera eres capaz de sentir tu puto cuerpo…? Es incluso más fuerte que la morfina… Esta mierdecita cuesta más de lo que podría ganar una cochina basurita como tú, así que tómalo como un regalito de mi parte —
Un escupitajo voló directo a la cara de Zack sin embargo, y así, sus palabras fueron acalladas. Molesto por su osadía, el sujeto se levantó, agarró la cabeza de su rehén, y la estrelló contra su rodilla, sacándole sangre de las narices.
Nat quedó desorientado, pero todavía no dejó de luchar.
—¡Súeltame! ¡Joder, que me sueltes!——
—Como decía, Nat. —Continuó él, acercando la aguja a su brazo, —Ahora entenderás como se sentía nuestro Tommy. —Entonces, se echó a reír. — Y sabrás porqué digo que yo lo salvé. ¡Yo lo hice feliz! Era un maldito lisiado, amargado por todo, pero fui yo el que le dio un poco de valor a su vida miserable—
Entonces, metal presionó contra su piel, buscando atravesarla. Como una fiera cautiva, Nat intentó quitarla del sitio, mas solo consiguió que pinchase en otro ángulo, que le hizo emitir un aullido de dolor.
—¡No, Zack—! ¡Suéltame maldita sea! ¡Hijo de puta, no quiero! ¡No me metas esa mierda, no te atrevas! ¡Aleja esa cosa de mí! —Forcejeó, sin dejar de sacudirse, respirando agitadamente, —¡Te lo advierto, juro que te voy a matar— TE VOY A MATAR ZACK!
Sin embargo, por más que luchó, no consiguió nada. El movimiento errático llevó a que la jeringa pinchara más veces en su brazo, un dolor agudo atravesándolo repetidas veces, hasta que el fármaco acabó por completo en su sistema.
Conforme la conciencia comenzaba a nublársele, lo último que pudo escuchar fue esa risa odiosa y desagradable.
—¡HIJO DE PUTA! ¡TE VOY A MATAR!
—¡Nat para! ¡Nat, se está desangrando, ya déjalo! ¡Suéltalo! ¡Ayuda!
—¡Rápido, llamen al maestro!
—¡Tú tienes la culpa, jodido bastardo, tú fuiste maldita mierda! ¡TÚ, TÚ, TÚ! ¡Por ti, Tommy está—!
Su mano colisionaba una y otra vez en la cara ajena, ensuciándose con su sangre. No había forma de detenerle. Su raciocinio se había nublado.
—¡Nat Nattaphon!
—¡Para ya!
Pero no hizo caso a nada. Lo golpeó y lo siguió golpeando, sin importar qué dijesen.
Era su culpa.
Era su maldita culpa. Si nunca le hubiese dado de eso a Tommy, entonces…
—¡Súeltalo, Nat, ya! ¡Rápido, lleven a Zack a la enfermería!
—Espera, Zack, ¿fue buena idea traer a este?
—Por supuesto.
—Pero pensé que lo ibas a dejar botado por ahí… Dijiste eso cuando lo agarramos para reventarlo, y ¿qué pasó? Lo has tenido como por tres días y no has hecho más que meterle más y más de nuestra merca, ¡Que esa porquería la tenemos que pagar, hombre, maldita sea!
—Cállate, que todavía no termino de divertirme con él.
—Pero lo trajiste incluso a nuestra transacción… ¿qué pasa si ve algo?
—Claro, ¿quieres que Hunter nos pille con este aquí en el auto…?
—Encima ni siquiera lograste reunirle toda la paga del mes… Mierda, ¿y si nos hace algo? Ese desgraciado me pone los pelos de punta—
—¡Joder, cállense la puta boca, mariquitas! ¿Qué importa si viene este? ¡Tiene un montón de mierda metida en el cuerpo, ¿qué va a saber lo que pasa?! Y despreocúpense sobre Hunter. Sabe que tengo contactos. No puede hacerme nada, ¿quieren que le recuerde cual es mi apellido?
—Pero…
—¿Acaso quieres que deje a este pobre diablo en la casa para que se escape y nos acuse con la policía o alguna mierda? ¡Lo voy a traer conmigo hasta que termine con él, ahora dejen de cuestionarme y quejarse como señoritas!
—Eres un jodido psicópata, tío, pf.
—Ya. Te pusiste todo imbécil desde que nos encontramos a este hijo de puta.
—Que no pasa nada, cagones de mierda. Lo tengo todo controlado.
Percibiendo las voces como si se tratase de ecos distantes, Nat parpadeó confundido, con una pesadez involuntaria. Intentó moverse, pero no solo su cuerpo era incapaz de responder, sino que el cinturón de seguridad lo mantenía adherido al asiento del vehículo, sin permitirle siquiera caer hacia adelante.
A su costado, las luces de la ciudad le dieron directo en la cara. ¿Estaba en un auto? ¿A donde se dirigía? ¿Qué hacia ahí? ¿Cuanto tiempo había pasado desde que perdió la consciencia?
El dolor de cabeza lo sacudió cuando buscó hilar ideas, impidiéndole recordar algún evento. Miró su brazo entonces y lo único que encontró fue una seguidilla de marcas violáceas, desperdigadas por toda su piel. Verlas le hizo sentir enfermo.
—Venga, ya llegamos. —Escuchó decir a alguien. A continuación, tres personas se bajaron del auto. El clic a la distancia de algo le hizo preguntarse si acaso iban armados, y que era lo que hacían con él allí. Joder. Demasiado ido como para siquiera intentar algo, su cabeza terminó cayendo contra el respaldo del asiento mientras intentaba entender lo que ocurría a través del parabrisas.
Perdido, lo único que pudo observar es que se encontraba en un parque, pero no podía reconocer el sitio. Metros más allá, las tres figuras que reconoció como Zack y sus secuaces se acercaron al lugar donde se estacionaba una camioneta.
¿Qué mierda hacían?
Pasaron unos segundos, y pronto el trío se convirtió en un grupo de muchos más. Quizás cuatro, o cinco sujetos nuevos. Uno de ellos destacaba por liderarlos, asumió, incluso si su visión todavía era borrosa. Luego, pudo percibir sus voces yendo cada vez más en alza.
Parecía una discusión.
—¿Me vas a decir que de la caja de 10 mil dólares que te di, mierdita, solo pudiste conseguirme esto?
El tono de voz se percibía amenazante, y aunque Nat estaba demasiado desorientado como para procesar las palabras, fue inevitable sentirse ansioso. Tragó pesado.
—Ah, pero... ¡señor Hunter! ¡Es que han estado complicadas las cosas y—! Tú ya sabes que yo siempre cumplo, ¿no? pero la gente está cada vez más difícil de vender y…
—¿Donde está la plata del crack y el fenta?
El silencio que provino de Zack le tensó incluso más.
—Me faltan como cinco ampollas que no están pagadas en el conteo. ¿Qué hiciste con ellas?
Pronto, Nat cerró los ojos. En su mente todavía divagante, se preguntó si acaso Zack había usado toda esa maldita carga en él… ¿Cuantos días estuvo en sus manos? ¿Era culpa suya que fuese incapaz hasta de moverse?
Joder, necesitaba hacer algo, pero estaba tan cansado que su cuerpo simplemente—
El sonido de un disparo lo alarmó, sin embargo.
Un grito gutural inundó todo el lugar, y los chillidos asustados de los que reconocía como los secuaces de Zack lo hicieron abrir los ojos de golpe. Mucho más allá, aquel que había considerado la persona que más despreciaba en el mundo, yacía en el suelo mientras un charco de sangre se cernía debajo suyo.
El hombre le había disparado en la pierna. Un poco más allá, yacía un arma en el suelo. Quizás fue la que escuchó cuando bajaron del vehículo.
Sobre el piso, vio a Zack arrastrarse patéticamente.
—¡No, no, por favor, Señor Hunter! ¡Le pagaré, le juro que le pagaré, se lo juro! ¡Por favor, confíe en mí! ¡Por favor!
—Nah. Ya me colmaste la paciencia, amiguín. ¿Tú sabes qué pasa cuando no me dan lo que quiero, verdad? Te he tenido mucha, muuuuucha paciencia, Zack, —Ahí se inclinó, dándole palmaditas en la mejilla. —¿Pero que te andes metiendo mi droga y me quieres hacer el tonto? No, no, no, y peor, ¿Qué me quieras sacar en cara a tu papito para asustarme? ¿Cuando sé de sobra que eres la oveja negra de la familia, que te desheredaron y todo ese lío? ¡Qué se joda tu viejo de mierda, para lo que me importa! ¡Se te acabaron las oportunidades! —Y con una risotada, el cuerpo de Zack fue perforada por una, dos, tres, una seguidilla consecutiva de balas.
Fue una cuestión de segundos.
Su enemigo de la secundaria cayó al suelo, inerte. Carmesí inundó el asfalto, mientras sus acompañantes intentaban escapar, aterrados.
La imagen fue tan cruda, tan grotesca y tan repugnante, que Nat sintió deseos de vomitar. Siempre había visto a Zack como la peor mierda del planeta, como la criatura más asquerosa que podía llegarse a topar, como el mal encarnado. Ese hijo de puta representaba todo lo que más odiaba de una persona, y aunque años atrás lo molió a golpes buscando descargar su ira, nunca llegó a genuinamente sentir ganas de matarlo en realidad. Incluso si lo hiciese, el dolor que había experimentado en su momento, y que seguiría sintiendo, no se calmaría.
Jamás lo haría.
Y aun así, pese a todo el daño que hizo, ahí estaba. Muerto. Lleno de plomo por todas partes, convertido en algo irreconocible.
Ver la muerte directamente sacudió todo su cuerpo, y eso lo paralizó.
¿Qué debía hacer ahora? Esos desgraciados acabarían con los amigos de Zac, y entonces irían hasta el auto, lo encontrarían y… Mierda… No podía pensar…
Su cabeza era un lío. No podía moverse, no podía…
‘Nati.’
Su cuerpo quedó aun más paralizado cuando algo pronunció su nombre. Más allá de los efectos de la sustancia, su mirada se dirigió lentamente hacia su costado izquierdo, persiguiendo el sitio donde había oído esa voz. Le pareció ver una cara conocida.
Una cara tan conocida que sintió deseos de llorar.
—...
Era como si el tiempo no le hubiese pasado por encima. Era como si los años no hubiesen transcurrido. Era como si todavía tuviese diecinueve años. Su sonrisa seguía siendo la misma, tan bonita y cálida, un gesto tan sincero que en su momento siempre le perteneció a él.
Allí estaba. Sentado a su costado en el auto, mirándole.
Se trataba de una aparición tan real, que de pronto sintió miedo. Mucho, mucho miedo.
(¿Estaba alucinando?)
‘ Nati.’ le volvió a llamar él. A lo lejos, una seguidilla de disparos que silenciaban a los compañeros de Zack se superpusieron a su tono de voz ronco y afable. ‘ Corre, Nati.’
¿Cómo?
‘Tienes que correr.’
‘¿O quieres venir conmigo?’
La sentencia fue simple, pero suficiente para hacerle reaccionar. Sintiendo un extraño golpe de energía, se dio cuenta de que si seguía allí, moriría. El cuerpo de uno de los amigos de Zack chocando contra uno de los ventanales del auto, mientras sangre corría por su boca, mirándolo como si rogase que lo ayudara, fue el último impulso que necesitó. Así que desabrochó el cinturón con torpeza y manos temblorosas, pegó una bocanada de aire ansiosa, y abrió la jodida puerta del auto con cuidado, deslizándose hacia el suelo antes de que esos tipos cayesen en cuenta de su presencia.
Arrastrándose por el suelo con dificultad, pronto terminó rodando cuesta abajo por una área empinada del parque, incrustándose ramas y hojas en el proceso. Si se rasmilló, ni siquiera lo sintió. La colisión de su espalda contra un árbol lo hizo emitir un quejido ahogado sin embargo, y anatomía completa se sacudió por efecto del golpe. Entonces, agarrándose del tronco, se obligó a si mismo a levantarse, sintiendo que le temblaban los pies.
Mierda.
¿Que porquería le dio Zack en esos días? Se sentía mareado, tembloroso, y un frío desgarrador se apropiaba de todo su cuerpo.
Sin embargo, todavía ignoró aquello, y fue así que corrió. Corrió y corrió, luchando contra los efectos de lo que fuese que intentaba envenenarle el cerebro, tan rápido como le era posible, mientras agujas se incrustaban en sus pulmones por la falta de aliento.
Debía huir.
Tommy le dijo que corriese. La persona que siempre lo había dirigido en la pista de hielo para salvar las competencias, que llevó a un equipo entero sobre su espalda, que llegó a convertir en campeona indiscutida a su escuela, ahora también había regresado para dirigirlo a salvar su jodida vida.
Y mientras más pensaba en eso, su mente desorientada e intoxicada creyó imaginarlo a lo lejos, dándole la espalda, moviendo su mano en aquellos gestos que solo ellos dos entendían cuando jugaban. Lo vio andar por el camino de tierra de ese parque como si estuviese patinando entre los arbustos, y mientras más corría, más se desesperaba por alcanzarlo.
No me dejes de nuevo.
Regresa.
¡Regresa!
¡Dime hacia donde voy, Tommy!
¡Dime que tengo qué hacer ahora!
Su maratón desesperada concluyó cuando su pie tropezó, y acabó rodando en el suelo de nuevo, cuesta abajo. Pronto acabó de boca al piso, y quedó cubierto de tierra, pasto y hojas secas.
No sabía cuánto había corrido, ni si estaba en un lugar seguro. No sabía si aquellos tipos habían logrado verlo huyendo, o si había pasado desapercibido.
Solo sabía que estaba jodido.
Vió como mataban a Zack y sus amigos enfrente suyo. Había visto la cara de ese hombre que parecía darle toda la mercadería con la cual trabajaba aquel imbécil.
¿Qué haría ahora? ¿Qué haría? ¿Qué haría?
La ansiedad se lo estaba comiendo vivo.
Trato de sacar su celular, y la aplicación de Alew se abrió por sí sola. Pensó en hablar en el equipo, en Kenui, pero antes de poder siquiera intentarlo, acabó desistiendo. No era correcto. Sería un problema innecesario. Su dedo divagó entonces a otro grupo, a aquel compuesto por personas que, incluso si no lo reconocía, llegó a ver como amigos. A Sariour.
No.
No podía involucrar a otra gente.
No podía. No podía.
Estaba solo. Siempre lo estuvo, así que tenía que arreglarlo por su cuenta.
‘¿Estás triste?’
Escuchar aquella voz lo hizo regresar de nuevo. Justo donde estaba desplomado, boca abajo, la figura de Tommy se recostó a unos centímetros de distancia. Apoyó la mejilla en la palma de su mano, y pareció observarle de una forma que no terminó de comprender.
En sus labios, todavía permanecía esa sonrisa casi inmortal.
‘¿Estás triste, Nati?’
Su pulgar le acarició la mejilla. Presa de una angustia desconcertante, odió el hecho de que aquel delirio se sintiese tan real. Fue así que se dio cuenta de cuanto había extrañado algo tan simple, por más que en su momento no dejó de decirle lo mucho que detestaba sus caricias.
¿Como fue tan tonto?
Verle solo le hacia experimentar dolor.
—¿Realmente esto te hacia feliz?
‘¿Como?’
—Realmente…—Dudó un poco, mientras lo miraba con un par de ojos empapados con tristeza. Con incomprensión. Con ansias por entender de una vez por todas. —¿Realmente toda esta mierda… te hacía feliz? Vivir… vivir así…
¿De verdad Zack lo había ayudado?
La ilusión de Tommy no contestó enseguida, sin embargo. Solo le observó, y su sonrisa se ensanchó. La caricia desapareció.
‘No lo sé.’ Admitió.
Nat se giró en su sitio entonces, y acabó contemplando el cielo. Si aquello que Zack le había dado le estaba permitiendo encontrar lo que su corazón extrañó por tanto tiempo, ¿significaba que había sido igual para Tommy?
¿Recurrió a toda esa mierda porque así, de esa manera, podía vivir en una bonita fantasía?
( ¿No era suficiente con tenerle a él...? )
Sentir que la cabeza opuesta de ese fantasma se inmiscuía bajo su diestra, buscando por su abrazo, lo hizo rendirse con sus preguntas de una vez por todas.
‘¿Estás triste, Nati?’ Volvió a preguntarle él. Inconscientemente, su propio cuerpo se ladeó hacia un costado, abrazando la figura del fantasma. El brazo de aquel rodeó su cintura, y le trajo recuerdos enterrados. Así, aferrándose a ese alguien que ya no estaba más en ese mundo, y de quién nunca logró despedirse, un fango comenzó a contaminar su corazón.
‘¿Me extrañas?’
Sintiendo un nudo en la garganta, con la mirada alejándose de aquel cielo donde no podía ver la luna ni las estrellas, supo que solo había una respuesta. Su mentón presionó sobre la coronilla opuesta, hasta que fue su nariz la que se enterró en sus cabellos oscuros.
Olía como él. Qué nostálgico.
—...Siempre.
Luego, cerró los ojos.
—Pero... te odio —
Ni siquiera yo fui suficiente para hacerte feliz.
. . .
Despertó con el trino de los pájaros, a primera hora de la mañana. Sintiéndose todavía débil y un poco agitado, vagó fuera del parque con dificultad.
No tuvo idea de cómo llegó a su casa.
Escuchar la voz de su madre preocupada lo hizo estremecerse sin embargo, y ahí, su corazón latió con fuerza. Finalmente comenzaba a reaccionar.
—¡Nat, ¿Donde estuviste todos estos días?! ¿¡No sabes lo preocupada que estaba!? ¡Incluso intenté llamar a tus amigos! ¡Ni Junnie, ni Gaeul, ni siquiera Tori o Wy o Jay sabían algo! — Agobiada, apenas era capaz de respirar. —Necesitas darme una explicación—
—No jodas, má. —Le cortó, y entonces, una realización lo sacudió. Se acercó a la ventana de golpe, presa de una paranoia desconocida, y fue así que le puso el pestillo a todas las puertas y ventanas. Joder. —¿No vino nadie a molestar a nuestra casa verdad?
—¿Qué? Deja de jugar al tonto y ya dime—
—¡MIERDA MAMÁ! ¿¡Has visto a alguien extraño dar vueltas por aquí o no!?
El grito fue suficiente para dejarla desconcertada. Entonces, descendió su tono.
—No… nadie.
—Va. —chasqueando la lengua, pasó por el costado de la mujer, que le observó con preocupación. —Iré a darme una ducha.
Sin más, Nat se encerró en el baño. El pesar que había echado raíces en su cuerpo comenzó a superarlo, y entonces, terminó dándole un puñetazo a la pared. Abriendo el grifo, se introdujo en la tina y dejó que el agua le llegase hasta las narices.
Odiaba toda esa mierda. Odiaba todo lo que había pasado. Odiaba profundamente todavía estar atado al pasado, todavía recordar, todavía permanecer en el mismo lugar del cual no había escapado sin importar cuantos años pasaran.
Odiaba a Tommy, por hacerle sentir de esa manera.
Solo cuando un temblor sacudió sus manos, y le hizo sacarlas del agua para contemplarlas, es que finalmente sintió el pecho contraerse.
Un sollozo escapó de sus labios, conforme notaba su motricidad más y más perturbada. La angustia empapó sus facciones de forma instantánea.
‘ Como odias tanto todo esto, haré que conviertas en un pobre diablo miserable justo como yo. Justo como Tommy.’
Las palabras de Zack volvieron a su cabeza, y finalmente, entendió por qué temblaba de esa manera. Habían pasado tres días donde su consciencia estuvo nublada. Por supuesto que entendía qué era lo que había ocurrido, qué era lo que corría por sus venas justo ahora.
Caer en cuenta de eso, hizo que las lágrimas brotaran. Sin soportarlo más entonces, lloró y lloró, presa de la desesperación. Presa de la ira, del desprecio, de la angustia.
Era patético.
Sin importar cuantas promesas hiciera, a su madre, a Tommy, incluso a sí mismo, siempre todas terminaban absolutamente rotas.














