Dicen que todo lo que empieza sin razĂłn, termina sin explicaciĂłn.
Como una estaciĂłn de tren que ya no recibe viajeros,
como una canciĂłn que alguien dejĂł de cantar a la mitad.
Nos cruzamos en el momento justo… o en el equivocado.
Hablábamos como si el mundo se fuera a acabar,
y de algĂşn modo, algo sĂ se acabĂł.
No sé si fue el tiempo, el orgullo, las pausas,
o esa extraña costumbre que tiene el destino de torcerlo todo justo cuando uno empieza a sentir.
Pero un dĂa la conversaciĂłn se volviĂł más silencio que palabras,
más espera que encuentro, más ausencia que presencia.
hay algo que se quedĂł colgado en algĂşn rincĂłn de mĂ.
Un eco tuyo, una risa, una forma de ver el mundo que ya no es mĂa, pero tampoco es del todo tuya.
Te dije adiĂłs. Tal vez lo dije para protegerme.
Tal vez porque no sabĂa si te querĂa como amiga, o como algo más.
Tal vez porque tenĂa miedo.
O porque querĂa que tĂş sintieras algo, aunque fuera enojo.
Y ahora… ahora me queda solo el peso de lo no dicho bien.
De lo que no se puede borrar, ni arreglar.
Te mandé un mensaje sin saber si lo escuchaste.
Pero lo hice por ti, por mĂ.
Porque una parte mĂa aĂşn cree que decir adiĂłs con el alma, tambiĂ©n es una forma de seguir vivo.
Y aunque no tenga respuesta,
aunque te hayas ido sin mirar atrás,
gracias por ser ese pequeño caos que sacudiĂł mis dĂas.
Gracias por lo que fuimos, aunque no hayamos sabido qué era.
Quizá en otro planeta, en otro tiempo, en otra vida.
— See you... (Viajero espacial)