mano sobre él sirve para devolverlo allí, como un cable a tierra & exhala, casi imperceptible. casi milimetrado para no evidenciar estado como normalmente lo haría en escenarios donde debe mostrarse hermético. aunque no sea el momento ni lugar, es simple reacción que su cuerpo a adoptado a lo largo de los años. voz logra que baje hombros, alzando marrones, agradeciendo & dejando caer el velo de siempre. eran pocos con quienes podía compartir esas inquietudes, desasosiegos, tan pocos que no sobrepasaban los dedos de una mano. pero lo quería así, incluso no debía haber ni un dedo. era muy riesgoso, no saber quien era quien o quien estaba de qué lado. sabe que las organizaciones clandestinas de sus padres llevan a ciudadanos a eua para alejarlos del país, pero duda si alguien de la monarquía estadounidense este ensuciado con el rey brasilero, no saben, & no quieren averiguarlo. exhala, recitando el gracias en el natal inglés del contrario, con sinceridad. menea cabeza al siguiente instante, —lo sé, descuida. —intenta subir comisuras de labios. no pretende hacerlo, preocuparlo. quienes deberían preocuparse han ya desistido de hacerlo, alguien tan joven como el ondulado no debería hacerlo, & de eso puede estar seguro el marques. inhala hasta colmar su organismo de aire, porque sabe a lo que se refiere, pero no sabe las veces que han recibido las mismas ofertas o incluso la vez que él mismo intento buscarse una salida parecida. marrones buscan como explicar, con los labios entreabriéndose. —lo sé, no lo tomes a mal, dante. el problema es que… ellos no quieren irse. —explica, sintiendo un poco de pesar ocupando su pecho, por esa sensación embargante de molestia, de no entender. antes lo hacia, el mismo, amaba brasil, lo quería tanto que contribuía a todo lo que sus padres orquestaban para ayudar, pero ahora, después de todo lo que vio, no entiende. —quieren quedarse, pelear. por su país. pero… creo que ya están consciente de que, no vivirán para ver ese cambio. —se atrevía a decir que no eran solo sus padres. muchos mas, tenían a pedir de boca la posibilidad de salir de país & vivir una buena vida lejos de ese infierno, pero se quedaban. —& yo no me iré sin ellos.
Una parte del príncipe americano se regodea en esa confianza, ufano de ser uno de aquellos que son partícipes de una nimia porción de pensar contrario, porque significa que el brasilero lo considera capaz de guardar aquellos secretos, por pequeños o grandes que sean, y lejos de ser una carga, es un halago saber que puede compartirlo con él. A fin de cuentas, su estima por el contrario es alta, habiendo prácticamente crecido juntos en ese lugar, viéndose todos los días desde los 18 años y asistiendo a las mismas clases, mismos clubes... Era imposible no desarrollar pensamientos al respecto. No está conforme (duda estarlo alguna vez respecto a ese tema), pero al menos está haciéndoselo saber al contrario; que existe interés que no intenta ser una culpa en psique opuesta. —En verdad no quiero que te pase algo, ¿sabes? Estoy acostumbrado a esta... parodia del mundo real, que lo que está fuera parece una posibilidad lejana,— el instituto siempre le ha parecido eso, nada más, una escuela en donde aprenden la teoría de lo que debería ser, una utopía de aquello que debería ser perfecto, a pesar de saber que no es así todo, que conocimiento teórico queda reducido a nada cuando se trata de enfrentar casos más prácticos. —Pero aún queda un año por delante,— comienza, una esperanza que incluso él tiene problemas en creer, aquella que llega en compañía de una sonrisa a medias. —Muchas cosas pueden pasar en un año,— para bien o para mal, es algo que no añade, porque no es necesario; está seguro que Paulo lo sabe. Escucha atento, finalmente seriedad invadiendo las facciones del americano mientras el otro habla. Y no se lo toma a mal, ¿cómo podría? Es algo que no puede captar por medio de algún tipo de experiencia, pero que puede imaginar. No puede más que sentir una profunda admiración por su compañero, convicción que casi es contagiosa y que hace latir su corazón con fuerza y aprisionarlo a la vez, emoción que es avasalladora y que lo deja por un momento sin saber cómo reaccionar, más que admirando las facciones del brasilero. Le toma un par de segundos exhalar por la nariz con lentitud, asintiendo con comprensión. Si le otorga más pensamiento, él haría lo mismo, incapaz de dejar a su familia en un lugar que no pudiera considerar seguro, sin importar lo que otros pudieran decirle. —Entiendo. Creo que yo haría lo mismo,— admite en voz baja, más como un pensamiento/confirmación a sí mismo que para el contrario, antes de sujetar el antebrazo contrario. —Pero todos necesitamos un Plan B... Cuando el primero no sale como lo esperamos,— insistencia es cualidad de su persona, sin intenciones que Paulo termine por considerarlo una molestia. —Me conformo con que recuerdes que tienes un Plan B.—