Un pisapapeles muy importante
Eran cerca de las 12 del medio dÃa, yo estaba tranquilamente picando cuatro lÃneas de código en mi ordenador, cuando de repente noto en mi cocorota la presencia de un ente desconocido. Lentamente levanto la cabeza para ver de quién se trata, con suavidad, denotando la poca curiosidad que tengo en ese momento sobre su identidad. Sus ojos y los mÃos se cruzan durante medio segundo. Parece mosqueado, sorprendido. Acto seguido desvÃa su atención hacia el puesto de trabajo de delante. Esta persona es uno de los vendeTodo de la empresa. Con su traje gris oscuro, camisa veige y barba de ayer. CaracterÃsticos por frases tÃpicas como: "No se preocupe, todas las modificaciones que usted desee nuestros técnicos las llevarán a cabo aunque sea una herramienta que no se pueda parametrizar. Nuestros técnicos son los mejores. Usted firme aquÃ." Hay gente que los suele llamar comerciales, pero creo que ese término está muy sobrevalorado. Volviendo al tema, el individuo prosigue su marcha por el pasillo, tuerce en la segunda mesa hasta llegar a la mesa desocupada situada frente a mi. Se sienta. Me mira. Vuelve a desviar la mirada hacia un objeto que se encuentra sobre la mesa. Esta vez sà consigo entender qué es lo que le llama su atención. Se trata de una especia de "trofeo" de cristal que tiene pinta de pesar lo suyo, un tanto desgastado por el paso del tiempo y con el tamaño de un libro de lectura, con una base rectangular. Un premio por haber obtenido la certificación de una empresa para poder vender su producto estrella: un programa de gestión. Miro a la estatuilla con desprecio. Y justo en ese momento VendeTodo1 abre la boca para inciar una conversación:
-¿Qué hace esto aqu�- Dice con cierto aire de enfado. -No tengo ni idea, creo que lo utilizan de pisapapeles. Pero no sé ni lo que es.- Respondo casi sin mirarle. -Y ¿porqué está aqu�- Subiendo el tono de voz. -Tampoco lo sé, sólo te puedo decir que lleva aproximadamente 3 semanas sobre esa mesa.-
Tras denotar el poco valor que suponÃa para mà esa estatua, se coloca un poco mejor sentado en la butaca y, con cierto aire de superioridad me pregunta:
-¿Sabes lo que es? No contesto. Levanto los hombros. Mi interés sigue al mismo nivel. Mi curiosidad no desea despertar. -Pues es una certificación que me dieron al sacarme el tÃtulo SoyElPutoAmo de la empresa EmpresaDeGestión- Casi se atraganta con su ego al pronunciar esta frase.
Sigo sin pronunciar una palabra. Me quedo mirando el certificado. Intento ver el logo de la EmpresaDeGestión. Puede que mi ignorancia hubiere ganado este asalto, porque desconocÃa el nombre y el logo de la empresa. No me dio tiempo ni a mascullar una palabra. VendeTodo1 volvÃa a la carga.
-No sé qué pinta aquÃ. Esto deberÃa estar en la vitrina de la entrada, junto al resto de certificaciones, tÃtulos y agradecimientos.- Hace una pequeña pausa, toma aire y prosigue. Aprovecho ese momento para colocarme uno de los auriculares de botón en mi oÃdo derecho. -¡Yo soy el único que tiene este certificado en toda la empresa! Y si te digo la verdad, no sé porqué nadie más de toda la oficina se lo ha sacado. Es fácil y si sale un proyecto de este tipo, tan sólo hay que "poner la mano y cobrar".
Esa última frase marcó el fin de la conversación. SabÃa que si me dignaba a contestarle o le hacÃa cualquier pregunta sobre el certificado o proyecto relacionado con esta empresa, se estarÃa un mÃnimo de media hora hablando de sus dotes de comercial y sus logros. Me niego rotundamente. Además, la canción de Eric Clapton empezaba su puntillo álgido y yo me veÃa en la necesidad de ponerme los dos auriculares. Asà que pensé rápidamente la mejor frase que podÃa decirle en ese momento. Una frase que tocara su fibra del ego y de la curiosidad al mismo tiempo, y de esta manera poder quitármelo de encima:
-He visto subir a la mujer de la limpieza hace un minuto. Ella tiene las llaves de la vitrina y seguro te facilitará que coloques tu estatuilla en el sitio "adecuado".-
La frase tuvo su efecto. Ni se despidió (ni falta que hacÃa). Cogió su super-certificado de SoyElPutoAmo en un programa que nadie usa y marchó. Mi auricular izquierdo lleguó a tiempo para poder gozar un rato de Layla. Acabada la canción, y ya más tranquilo, me dirigà a la cafeterÃa mientras tatareaba la canción. Me apetecÃa un café, concretamente un café con leche con hielo. Mapachito siempre me dice que es una aberración ponerle hielo al café si lleva leche. Yo me rÃo interiormente al recordar su cara mientras me lo dice. Se pone muy mona cuando me espeta estas cosas. El caso es que cuando estoy a punto de darle el primer sorbo, veo a través de la ventana circular de la cafeterÃa al final del pasillo a VendeTodo1 con su trofeo en la mano. Mirando indignado y con incredulidad a la vitrina mientras decÃa algunas frases a la mujer de la limpieza que tan sólo asentÃa con la cabeza. Seguramente faltaban algunas certificaciones más en la vitrina, todas mega-importantes y útiles, seguro. Decidà no darle vueltas al asunto, acabar mi café con calma...mentira, la curiosidad pudo conmigo. Café en mano, y en cuanto VendeTodo1 marchó de la vitrina, fui directo hacia su última posición. Miré los trofeos hasta encontrar el que buscaba. Ahà estaba, la estatuilla de vidrio del tamaño de un libro. Pero habÃa algo diferente en ella. La notaba más limpia, más reluciente. Y entonces fue cuando comprendà porqué brillaba tanto, porqué estaba mosqueado VendeTodo1 y sobretodo, porqué llevaba unas semanas el trofeo en mi mesa de enfrente, haciendo de pisapapeles. La estatua de la vitrina era reciente, habÃa sido otorgada este año, concretamente hacÃa dos meses. Y lo más importante de todo, es que estaba a nombre de VendeTodo3, el nuevo fichaje de la empresa en el departamento comercial. Un chico joven y bastante apañado con el que habÃa tenido la oportunidad de entablar conversación un par de veces, y se le veÃa bastante más conocedor de los productos que ofrecÃa a sus clientes. No quise imaginarme el buen humor que tendÃa VendeTodo1 el resto del dÃa, sólo sé que al volver a mi puesto de trabajo, la vieja estatuilla habÃa vuelto a su hogar de las últimas semanas. Aguantando con todos sus gramos el fuerte impacto de las rachas de aire huracanadas producidas por un inapreciable aire acondicionado.












