Recuerdo como si fuera ayer el dĂa en que dijiste que mi amor no era suficiente, que solamente mis acciones podĂan serlo, que no habĂa remedio para un principio del fin que llegĂł a su fin. Pero he reflexionado mucho, y soy plenamente consciente de que uno es incapaz de existir sin el otro. ¿QuĂ© es lo Ăşnico que queda cuando el sol se deja morir detrás del horizonte? Supongo que ya sabes la respuesta, y por eso entiendo las verdaderas razones por las que hoy te vas de mi vida.
Eras consciente de que mis actos siempre estuvieron, en cada dĂa de nuestra vida juntos, en cada momento compartido, en cada cosa que olvidaba de mĂ para dártela a ti, en cada invitaciĂłn desinteresada, en cada canciĂłn, poema, que te dedicaba o componĂa, en cada carta que te escribĂa en tu cumpleaños, en cada fibra de mi piel por la que te dejĂ© entrar a mi vida, a mi familia, a mis secretos y a mis miedos. En cada pequeño detalle que, por amor o por recuerdo, me desprendĂa para ti, incluso cuando las cuentas ajustaban.
Todo fue por algo más que “solo amor”, y jamás comprenderé por qué te decidiste convencer, falsamente, de culparme únicamente a mà de no sentirte acompañada ni de estar presente en tu vida.
Ay, te rogarĂa que busques un momento en tu corazĂłn, para que te des cuenta de que todo este espectáculo que estás armando se alimenta de tu egoĂsmo, de incapacidad de amar, y de un cansancio sostenido que, finalmente, ha llegado a su fin. Pero supongo que el tiempo, los sueños y la mortificaciĂłn tardĂa ya se encargarán de eso.
Éramos un par de despistados, y en muchos sentidos, lo amaba asĂ, porque significaba que cada uno serĂa el apoyo incondicional del otro, el camino, el mapa, la muleta. Nos prometimos un amor casi eterno, uno que nos hizo creer que solo nos hacĂa falta tĂş y yo para recuperar aquel instante de eternidad perdida.
Es probable que lo que te escriba de ahora en adelante sea, al final, solo eso, recuerdos y más recuerdos que solo yo recuerdo.
Nunca comprendĂ por quĂ© todo tu concepto sobre mĂ se basĂł en una tonterĂa que soltĂ© cuando ni siquiera imaginaba que nuestra relaciĂłn durarĂa casi siete años, un “No somos más que algo del momento” que mal interpretaste y fue más como, “No sĂ© si vayamos a durar tanto tiempo”. Y, estaba equivocado, sĂ, completamente equivocado, pero tienes que admitir que siempre encontrabas la forma de usar el pasado para contradecir lo que hacĂamos en el presente, o peor, para usarlo en tu contra, como si hubiera sido un error haberte entregado mi corazĂłn, haciendo que el mĂo se viera obligado a castigarse demasiado.
Te recuerdo que yo hice lo mismo por ti, te entreguĂ© mi vida y mi insistencia, y al menor intento de recurrir a ti y expresarte lo que sentĂa, fuiste capaz de dejarme ir sin retenerme ni buscarme.
Con todo lo que involucrĂł quererte, sigo sin aceptar que te hayas olvidado de todo lo que hice por ti, de todo ese amor que traduje en tiempo y espera, de haber siempre sido yo el que tocaba a tu puerta, de todas las veces que te confesaba lo feliz que me harĂa pasar el resto de mis dĂas a tu lado, sin recibir respuesta, agradecido porque me amabas, aun cuando desconocĂa las verdaderas razones de por quĂ© lo hacĂas.
Incluso sabiendo que ya no me amas,
a pesar de todo el dolor que tengo, mantengo la certeza de que no me arrepiento de nada. No cambiarĂa ni un segundo el tiempo ni el espacio que nos dimos. No fue solo una experiencia, no fue un aprendizaje. Fue una semilla que se volviĂł árbol, una chispa que iniciĂł la explosiĂłn.
Solamente amor pudo haber salvado ese todo. Pero tus sentimientos ya no eran de amor, eran propios de alguien que habĂa renunciado.
Por eso te pido perdĂłn, mil veces perdĂłn, porque quizá lo que faltĂł fue demasiado amor. Y, aunque me lastima pensar que fue asĂ, siempre creĂ haberte dado todo lo que he tenido e incluso más, siendo incapaz de negarte algo, siempre dispuesto a ti, incluso sabiendo que mi enfermedad me estaba debilitando por dentro.
Es irĂłnico, Âżacaso lo has notado?
Como en una Boda de Sangre, estaba dando mi vida para ti.
Supongo que es justo que siempre confundieras mi cansancio con desatenciĂłn y mi tristeza con indiferencia, tal como yo nunca notĂ© si tu “te amo” venĂa acompañado de un “con mi vida entera”.
El salvajismo del tiempo tarde o temprano cobra su castigo y su pena. CrucĂ© meses y meses de estrĂ©s y angustiante espera, sentado todos los dĂas en una sala de espera con la muerte por encima. Han sido varios años en los que he tenido que presenciar cĂłmo la muerte se cobra la vida de mi familia, como si fueran pecados impagos. Los he visto desmoronarse desde adentro, muerte tras muerte, pelea tras pelea, y, a pesar de eso, siempre estuve disponible para lo que necesitaras de mĂ, cuando las horas del dĂa cada vez más injustas, más exiguas, evitando que ni un solo segundo de mi pena pesara sobre ti, que ya tenĂas los propios. Cada dĂa tenĂa menos dinero, menos tiempo y menos ganas de seguir existiendo.
Solo me quedaban esas ganas naturales de recibir tus besos al final del dĂa y susurrarte un “te amo”, entregarme a ti en un abrazo. Entiendo que esto significaba poco para tus expectativas, que el amor era algo más que un simple “te amo”. Pero, por favor, dĂ©jame defender mis palabras, porque, para mĂ, estas eran la Ăşnica realidad que poseĂamos, a lo que querĂa aferrarme cuanto pudiera.
ÂżPensaste en eso la noche en que decidiste marcharte?
Ni un solo dĂa me preguntaste nada, y aun asĂ, nunca me justifiquĂ© por los errores cometidos. Te amaba como a mi familia, y solo te atreviste a preguntar cuando ya veĂas que tu amor se acababa, ya bastante tarde. Le roguĂ© a la vida por tantos años que me dediquĂ© a perderme para encontrarte, buscarte, llamarte, priorizarte lo que pudiera para que formes parte del centro de mi existencia, junto a mi familia, con el Ăşnico objetivo de que lo nuestro funcionara y nunca terminara.Â
Pero dudo mucho, Ăşltimamente
Dudo de si Ă©ramos conscientes de cuánto amor nos estábamos entregando sin saberlo con consciencia. No sĂ© si algĂşn dĂa llegaremos a comprender que pudimos haberlo intentado cuanto fuera necesario, si ya nos habĂamos jurado un amor mucho más profundo que el que nos tenĂamos antes.
En otras circunstancias, nuestro amor no habrĂa muerto asĂ, de esta manera. Cuando mi salud se deteriorĂł, lo primero que pensĂ© fue que perderĂas el interĂ©s en mĂ. Me viene a la mente el recuerdo de cuando Ă©ramos adolescentes y, sentados en el malecĂłn, te di a leer una carta sobre sobre una imperfecciĂłn en mi cara que me avergonzaba.
ÂżNunca notaste que desde el principio tuve la sensaciĂłn de que no serĂa suficiente para ti? Tengo algunas teorĂas, y una de ellas era que yo quizá iba a ser siempre las “segundas veces” de tu vida, el que iba a curando heridas, vacĂos, sin saber cĂłmo sanar los suyos.
A pesar de sentir tu mirada siempre hastĂa, me enamorĂ© de ti con locura. Buscaba con ternura tu aprobaciĂłn, tu retenciĂłn, y la esperanza de que algĂşn dĂa pudieras tomarme del brazo y decirme, “Mi amor, asĂ son las cosas”, aunque es probable que ese haya sido mi trabajo, y tĂş me conociste asĂ, con miedo, embargado por el maldito silencio.
PerdĂłname porque aprendĂ demasiado tarde. Nuestro amor me hizo comprender muchas cosas con el tiempo. Aprendo lento, pero en esa lentitud, deberĂas haber notado que, ante todos y todas, y hasta en la nostalgia de nuestra cama, le hacĂa saber al mundo entero que eras el privilegio más grande que pude haber tenido jamás.Â
Lo sabĂas bien, asĂ como yo sabĂa lo mucho que me querĂas, pero jamás entendĂ por quĂ© fui determinado por palabras fortuitas del pasado.
No fue el amor lo que nos faltĂł.
Para ti, faltĂł un “demasiado” que tampoco era sano. Yo aprendĂ esta lecciĂłn a la mala y te dejĂ© ser testigo de los rastros dejados en mi piel y de mis traumas. El amor enfermizo no es amor, ni el co-dependiente ni el celoso. No quise amarte asĂ, con esa intensidad pasajera que tarde o temprano acaba. No te amĂ© más ni menos; te amĂ© de la forma en que debimos hacerlo: sin depender emocionalmente el uno del otro.
Confiar en que los años no pasan en vano: ser el complemento, no el castigo ni la cárcel del otro.
Me declaro culpable por ignorar y contener la lengua cuando no debĂa, por permitir que ese frĂo se colara de nuevo por las grietas de ese viejo jarrĂłn, que era como nuestro amor, y que creĂa estar reconstruyendo, pedacito a pedacito. PodrĂa haberte hablado más de ese frĂo, pero ÂżquĂ© importaba cuando ya ni siquiera querĂas escuchar? Cuando todos mis planes contigo, que jamás conocerás e iban a definir nuestro destino, se hundieron en las profundidades de un invierno vacĂo; cuando has dejado de amarme con la futilidad que me hiciste creer que nunca sucederĂa.
Te pido mil disculpas, por si entre estas y otras disposiciones, que ambos ya conocemos, no estuve a la altura de tus expectativas. ErrĂłneamente, pensĂ© que Ă©ramos sumamente fuertes como para suponer que nos tendrĂamos el uno al otro para toda la vida, pase lo que pase. Me equivoquĂ© de una manera terrible.
DiscĂşlpame por las ausencias indeseadas, por las grietas que no me di cuenta seguĂan abiertas, y por los malos entendidos que nunca pudiste perdonar. Nunca hice lo suficiente para socorrer esa falta, y me he castigado duramente por ello. A veces, incluso deseo que todo hubiera sucedido como crees que ha sido, para que este final no sea solo un error doloroso, sino una necesidad inevitable.
Me arrepiento de que mis inquietas caricias, mis besos inagotables y mis desgarros de piel, traducidos en un tiempo perdido, no hayan servido de nada. Ahora entiendo que pude haber dado mucho más de lo que guardaba con recelo, siendo mi alma tuya. PerdĂłname, porque estoy seguro de que todas estas situaciones que veo como fisuras del kintsugi podrĂamos haberlas sanado con ese algo Ăşnico y verdadero que compartimos el dĂa que nos conocimos:
HabĂamos cultivado la costumbre de platicar a diario, pero la rutina del trabajo, mis enfermedades, tu soledad y la mĂa, nos dejo incapacitados y medio dormidos, sin ganas. Pudieron ser muchas cosas, pero ninguna de ellas fue por falta de amor.
Si algo me sirve de consuelo es que de los casi siete años que nos estuvimos amando, la mitad de ellos estuvimos fĂsicamente separados. Tal vez por eso insistĂa en que viviĂ©ramos nuestra eterna fase de enamorados. Tal vez por eso tanto insistĂa en que viviĂ©ramos nuestra eterna fase de enamorados. Fueron solo tres años y medio, o tal vez menos, los que gozamos juntos, y para mĂ siempre fue muy poco tiempo. Quisiera creer que el desorden fue lo que nos desorientĂł y nos impidiĂł tener una relaciĂłn “completa”.
Pero no. No fue la falta de amor.
Fue la falta de “nosotros”, de creer que una llamada a medianoche bastarĂa para revelar lo que nos supimos tanto: un “te amo” que durarĂa siete cortos años, casi un niño, toda una vida. Tiempo era lo que más necesitábamos, pero supongo que incluso el tiempo se cansĂł de sĂ mismo, de los parches perdidos, de haber sido un tiempo que duro demasiado tiempo. Todos tienen un lĂmite, y te entiendo.
TĂş llegaste al tuyo, te aburriste de mĂ, y dejaste de amarme. Soy incapaz de reprochártelo. Si hoy estoy enojado, es por todo, por cualquier cosa que se refiera a ti, menos por eso.
PerdĂłname si no estuve el tiempo suficiente y no respondĂ a las palabras que necesitabas. Me desprendĂ de esos principios que, por ser demasiado jĂłvenes, creĂa todavĂa eludibles. El futuro es algo serio, y me aterraba la idea de que no pudiĂ©ramos solucionar siquiera los asuntos del presente.Â
Ambos tuvimos realidades distintas, pero experimentamos el mismo abandono de maneras diferentes. Cuando me preguntaste, sin querer y de repente, quĂ© esperaba de nosotros, te hablĂ© de lo que creĂa esperar de mĂ mismo. Me referĂ a un sistema moral anticuado que no habĂa considerado desde que nos enamoramos, y me quedĂ© sin palabras, y tomaste mi silencio como una negativa, cuando
QuerĂa formar una familia contigo. Desde nuestro primer beso, supe que querĂa pasar el resto de mi vida contigo. Aunque el matrimonio nunca habĂa sido mi prioridad, por ti mejorĂ© —o cambiĂ©, si prefieres verlo asĂ— el orden de mis rutinas, diversifiquĂ© mi vida, perspectivas, y cambiĂ© muchas cosas que antes consideraba normales. No pensaba en nada más que edificar un futuro a tu lado. Y me apena profundamente que podremos compartir ni un solo segundo más. TĂş, que eras las primera y la Ăşnica en saber las humildes experiencias de mi dĂa.Â
HabĂa amor, y de sobra, pero nos faltĂł eso que nos hizo amarnos aĂşn más. El amor siempre es suficiente, y por eso mi amor nunca cambiĂł, sino que, simplemente, se hizo más fuerte. Te amaba como uno ama a su familia, y nunca sabrĂ© si llegaste a amarme de la misma manera. Era evidente que, despuĂ©s de tantas dificultades, esa transformaciĂłn debĂa ser sinĂłnimo de que me entregado por completo a ti. Nos entregamos, pero supongo que nada bastĂł para quedarnos. Pudimos haber sido muy felices, bastante felices, lo necesario.
Siempre fuiste la Ăşnica, incluso cuando la distancia parecĂa ser la Ăşnica capaz de acabar con nosotros. Nunca hubo nadie más, porque siempre fuiste parte esencial de mi vida, la Ăşnica familia que tenĂa.Â
ÂżY quĂ© puedo saber yo si alguien algĂşn dĂa podrá amarte con la misma intensidad y constancia con la que yo alguna vez te amĂ©? Aunque digas lo contrario, estoy seguro de que jamás encontrarĂ© a alguien que me quiera tanto como lo hiciste tĂş. Mis expectativas solo fueron esas: no hubo nunca nadie más que no haya sido tĂş.Â
Sabes que siempre tengo mucho más por decir, sobre todo si eso te incluye. Mis palabras han sido todas tuyas, mi yo entero y demás. Pero por ahora, prefiero guardar todo ese sentimiento aquà dentro, echarle llave y descifrar al tiempo. Guardar silencio, drenar e intentar sanar este dolor que me ha secuestrado por dentro