Pensamiento sistémico: Volcán Pandora_Video ensayo_educa
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Pensamiento sistémico: Volcán Pandora_Video ensayo_educa

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Tela de historias: Archivo textil de memorias, luchas y afectos ('Threads of stories: A textile archive of memories, fight and affect') is an artistic social intervention device that has been deployed in various settings and that we unpack in this chapter to
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illustrate the key features of our model and pedagogical framework. So far, this device has been used in relatively informal/non-formal settings and, thus, illustrates a more intertwined and moment-like realization of our heuristic - in future work we will explore applications of the model and other arts-based devices that can be inserted into the formal school curriculum.
El mapa de lo invisible: cartografías del hogar.
Dispositivo creativo: la bufanda colectiva generador de imaginarios.
Sin ser tan elevada como Saint Exauspéry en el Principito cuando nos decía: “lo esencial permanece invisible a los ojos”, sino con un pensamiento más simple, con una mirada antropológicamente más extrañada y también con una inteligencia emocional muy rudimentaria con la que llevo muchos años conviviendo .
Me refiero a aquellas cosas, hechos, espacios, fenómenos, interacciones, gestos, palabras, no acciones, silencios, no lugares que, por cotidianas, resulta complicado distinguirlas.
Hoy me centro en el hogar, porque me/nos atañe a todes, pero podrían ser muchos otros temas. Desde la luz que de tanto moverse no se ve (y sin embargo está); a la libertad, que cuanto más se mueve, menos permanece en nuestro interior. Pasando por la belleza, por la verdad, el origen, las trayectorias, etc. Podrían ser muchas las aristas desde las que deslizar el velo que cubre la cotidianidad, pero en esta ocasión me centro en el hogar.
Mujer, piedra y madre.
El siguiente espacio en el que realizamos la performance ambientados con los sonidos de la mujer, naturaleza y el cencerro previos, nos acerca al mundo de lo femenino, de la maternidad, entendida como la madre tierra, como Gaia en interacción con la creación, el crecimiento, la acogida. Un muro con el que intentamos interactuar y atravesar sin más herramientas que nuestro propio cuerpo; el traspaso del mismo supone una metamorfosis hacia la vida, hacia el agua, donde se encuentra el siguiente SITE-SPECIFIC, la imagen, mía en este caso, de una mujer con piedras recogidas de la sierra, de la naturaleza cargadas con bolsas para poder transportarlas hacia ese lugar. Una vez allí (precedido el espectador con ruidos que las propias piedras ofrecen) se acurrucan en mi regazo, son protegidas como las hembras a sus crías desde lo más cerca posible de su sexo, de donde surge el agua, las flores, el crecimiento, el cariño y el cuidado del otro/a.
Canción de Joaquín Sabina "Bruja" cantada por amigos/as de toda la vida...Goyo, Manolo, Laura, Bea, Esther, Henny...

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La mirada sistemica
(Texto de Henny, 17 de enero 2022). Inspirado del increíble podcast Gabinete de curiosidades. El texto está en audio en este enlace que está aquí https://drive.google.com/file/d/1U9Qou0SlUw4uYTFtpQnLH9IeKYN7ivLy/view?usp=share_link
y al final del texto también si pinchas en "mirada sistémica mp3":
El 1 de Diciembre de 1968, tres astronautas de la NASA: Frank Borman, James Lovell y William Anders volaban en el Apolo 8 en una misión de ida y vuelta a la luna. Con tal suceso se lograron tres aportaciones: (1) Ser el primer vuelo tripulado usando el cohete Saturno, (2) primeros humanos que viajaron a la luna y (3) se realizó la primera fotografía de la tierra desde el espacio. La fotografía logró acercarnos al mundo. En la nochebuena de ese año, todo el planeta observaba esas imágenes alucinando. Se alcanzó la máxima audiencia televisiva de nuestros días. “Fuimos a la luna para explorarla pero lo que descubrimos fue a la tierra”, dijo William Anders cuando sacó la famosa foto del “Earth - rise”:
La experiencia de ver la tierra desde fuera produjo un efecto sistémico semejante al del volcán Tambora en 1915, que transformó, con su gran erupción, desde la pintura con los tonos ocres de Turner, hasta los paisajes atmosféricos del planeta.
Los tres astronautas citados comenzaron a contar lo que habían experimentado en el viaje al mundo entero. La experiencia de observar la tierra desde fuera, era para ellos, lo más intenso que habían hecho en sus vidas “observar en primera persona la realidad de la tierra desde el espacio, genera una percepción de una bola de vida débil y frágil, flotando en el vacío, protegida y sustentada por una atmósfera del grosor de un papel de fumar”.
La recepción del mensaje caló en tierra fértil ya que vivíamos un momento propicio para ello. Rondaba “el mayo del 68”, que como todos sabéis estaba produciendo un cambio de paradigma, los hippies salían a la calle revindicando un papel más experiencial en sus vidas. “Las estructuras no salen a la calle” gritaba Dani el Rojo por las calles de París. Se empezaba a dar mucha más importancia al papel del hombre frente al de las instituciones y sobre todo, a la fuerza producida por la unión de todos los hombres y mujeres frente a las imposiciones de las instituciones que generaban desigualdad.
Daily Overview empieza a publicar fotografías con planos cenitales de la Gran Muralla China y muchos otros paisajes naturales que han sido transformados por la intervención del hombre. El científico Taylor Wang, nacido en Shangai, cuya labor investigadora fue desarrollada en California, decide ir al espacio en 1985.
Carl Sagan, nuestro gran divulgador científico, cuya interesante voz también ha mecido varias siestas en mi adolescencia, nos deja, a partir de este suceso, un interesante legado a través de sus libros, documentales y conferencias explicándonos “como los seres humanos, estamos hechos de una materia extraordinaria que contiene el polvo de estrellas y que en nuestro ADN se halla esta misma fibra con la que se bordan las estrellas y nebulosas cada noche”. De hecho, antes de morir, llegó a poner base científica demostrando que en cada partícula de calcio de nuestros huesos, se inscribe una historia cósmica.
De ahí que tal contenido inspirara a escritores, cantantes y artistas de todo pelaje, a realizar obras tan poéticas como misteriosas. Véase como ejemplo Joni Mitchell quien con su inspiradora canción “Woodstock”, animó a las generaciones de los años 70 para que: “brillaran como polvo de estrellas, como el oro reluciente”.
También David Bowie, con su mirada multicolor fue inspirado por el asunto y compuso la famosa canción “Space Oddity” en 1969, que ponen dentro de algunos ascensores de Amsterdam para subir a pisos de gran altura, ¿te acuerdas amiga?.
La industria del cine, aunque bastante más tarde, se hizo eco de este movimiento y se produjo la película “First Man”, que también trata estos conceptos a través del relato de la misión espacial Apolo 11 a la Luna, de Neil Amstrong, primer hombre que pisó la luna.
Todos querían sentir la experiencia transformadora, así pues, se quedaba en un segundo plano, el hecho de haber ido a la luna y de descubrir marcianos…. Lo que se integró realmente en los hombres y mujeres de “ a pie” fue:… la necesidad de experimentar en sus vidas este giro copernicano de ver la vida desde fuera…
Incluso una leyenda china contribuyó a ir fijando este imaginario, narrando una historia de cómo unos hombres enviados a maltratar a una joven, se convirtieron en sus protectores en vez de violadores, al comprobar su belleza. Así es como se sintieron todos los astronautas al ver la tierra: “no pudieron evitar amarla”.
(Música)
Ese amor se proyectó al planeta tierra, llegaron entonces, las acciones donde el cuerpo experimentaba con las emociones, las drogas, el amor libre, todo aquello que pudiera transportar a otros lugares distintos de donde se estaba.
Los astronautas de los 70 nos abrieron los ojos a un nuevo mundo, acuñaron el “Efecto perspectiva” en nuestros vocablos, se produjo un despertar a la consciencia, aparecieron nuevos interrogantes: ¿Cómo no poder cambiar la mirada con esta visión global y sistémica de los sucesos de la vida?, ¿no cambia la perspectiva de las cosas para ti cuando lo ves todo de forma global?, ¿cuándo lo ves desde fuera?, ¿tendría el medio ambiente otro significado para tí después de una experiencia cósmica de este tipo?, ¿cambiaría el concepto de frontera a los políticos?, ¿y el de Justicia?, ¿qué pasaría si todos quisiéramos amar y cuidar a la tierra?, ¿cómo sería la educación de nuestra maltratada infancia?
De la miga de pan de caucho sintético a la goma de borrar Milán 430. (Texto de: Henny, viernes 14 de enero 2022).
El Norte de Castilla, el Mundodeportivo.com, los telediarios, Instagram y Twitter, se apoderan y difunden un acontecimiento clave para la humanidad: "la goma verde de Milán ya no se fabricará más". Las masas se levantan para evitar este trágico suceso: miles de entradas a las redes sociales (casi 3 veces más que las realizadas para denunciar la situación de las niñas Afganas) .Y es que es normal oyes porque estas gomitas tan "cuquis", te las comerías a puñados, sea cual fuera el color, sino supieras que están hechas con caucho sintético de neumático, claro...
"El poder de lo cuqui"!!, decía el filósofo Simon May, o de lo "cute", como nombran los ingleses... y es que... chica, si está acuñado en inglés, como dice una amiga mía muy perra, "es más verdad".
Todas estas cosas monas, achuchables y adorables, despiertan nuestra ternura, nuestro amor y lo que es más curioso aún: ¡nuestra capacidad de lucha!.
No sé vosotras pero a mi las gomas Milán, me abrieron, en la adolescencia, un nuevo mercado que se quedó grabado en sangre para los restos y que se amplió a todo tipo de material de papelería "cuqui",... ¡perdón "cute", que esto es un texto científico!.
También algunos chicos comparten esta afición. Yo tengo un amigo que cuando nos enteramos de este gustito compartido, en concreto los cuadernitos viajeros, incluso, llegamos a creernos que podría existir cierto entendimiento entre el mundo masculino y el femenino. ¡Es el aroma de la Nata 634, que las lía pardas!
Pues no, ¡no se rían de nosotras, señores!, ¡reconozcan que a ustedes también os gustan! Tranquilos que los huevos no se encogen como decían algunas madres antiguamente por tal menester. Al revés, nosotras, vamos a proyectar una idealizacion narcótica hacia vosotros, pensando que vuestros cuidados con las gomitas van a ser directamente proporcionales a los que nos dedicaréis a nosotras. De hecho, yo sí fuera hombre, metería un paquete de gomitas variadas en los ramos de flores de vuestras enamoradas y las haría una reverencia respetuosa porque os están ayudando mucho en este temita.
Otra razón por la que es necesario respetar esta filia, es la siguiente. Bien es sabido, que toda acción tiene su reacción y está devoción ha provocado una subida en los rankings académicos de las pruebas Pisa que la OCDE pasa cada tres años. ¡Ah no, que no eran de mi época! Bueno, pero si ayudó a salir airosa de arduas horas de estudio juvenil, proporcionándonos cierto placer al borrar, (con lápices 2B), los hechos históricos confusos de los diagramas de la historia. Sí mujer, esos que dividíamos en una, línea partida en dos partes (a.c./d.c.) e íbamos señalando los años de los acontecimientos importantes en el desarrollo de la historia como: el origen de la escritura, la invasión de los Godos, conquista de los Romanos, la desamortización de Mendizábal, etc). Todas esas cositas que sin saberlas no podías vivir igual, vamos. A los profes les gustaba mucho porque creían que aprendíamos historia.
Por cierto, (a.c. /d.c.) , no sólo era un grupo musical que bailábamos como locas, sino una división histórica clave para ellos (antes de cristo y después de cristo). ¡Perra vida!, los antiguos Sumerios ocupaban casi los dos primeros trimestres académicos y cuando empezábamos a divertirnos con la edad contemporánea, se acababa el curso oyes, ¡siempre era así! ... Luego que si mis amigas las posmodernas, me llamaban antigua!!; ¡Hija que quieres!
Bueno, volviendo al tema que me ocupa esta noche "perimenopausica", y de desvele nocturno por el que os estoy dando la chapa... ¡Que las gomitas, están en todas partes!, ¡nos invaden! y lo más chungo: ¡que se van metiendo dentro de tu vida sin que te des cuenta! Están en la ropita, en el orden que nos sugiere Maricondo, en las flores arrancadas de la naturaleza para que tu casa este mona, en los muebles blanquitos, en los tonos pasteles y en definitiva, ¡¡¡en el poder del rosa!!!
Y es que todo esto no responde solo a un capricho estético, es el reflejo de una época en la que estamos viviendo. Simon May decía que todo esto es una expresión del miedo e inquietud económica, cultural y política que nos producen las rápidas transformaciones que estamos teniendo. Nos refugiamos en lo "cuqui" porque lo demás es feo, grotesco...fijaros en la estética de un coronavirus negro y picudo, ¡por dios!, ¡es tan feo! Y además, está generando tantos miedos, que mucho mejor cerrar los ojos por la noche e imaginar, mientras Morfeo se apodera de tus sueños, la carita de una barriguita , o de una adorable Familia Silvanian... o como no, una gomma blanquita de Milán 430, que además de tener una utilidad clara, defiende un derecho humano:"la posibilidad de equivocarnos".
Hello Kitty, Snoopy, Candy-Candy, han sido sustituidos por otros como la Familia Silvanian. Las barriguita no,... esas permanecen del mismo modo que lo hace: la necesidad de calmar nuestros miedos y el control aterrador del capitalismo sobre nuestras políticas.
Pero, ¡cuidado señoris!, que lo cuqui tapa el miedo pero destapa la envidia! ¡Y madre mía las que se lían por ver quien tiene más "cuqui-cosas" en su vida! Así que hermanas, hagamos al menos caso a Rozalen cuando cantaba: "Es tiempo de que nos importe lo mismo lo ajeno y lo propio", y miremos a las gommis como patrimonio de todas. ¡Que no nos importe que nos gasten o ensucien la esquinita de la goma blanca (es que la verde ya no estará, pobre, D.E.P) ¡Cuidémonos entre nosotras sin que nos importe el color con el que borremos cada una nuestras cosas de nuestra vida! ¡Vivan las gomas blancas sucias, las rosas mordidas por un ataque de ira/pasión y también y guardemos ausencia a las verdes, que se fueron, entre otras cosas, por criticarse entre ellas.
El mercado sabe todo esto el cabrón, lo sabe y por eso la empresa española Milán, nacida en el Baix Empordá de Giróna, ha fabricado hasta 200 modelos diferentes, en 110 países, produciendo más de veinte millones de existencias, 2.500 toneladas de goma. Y así fue como en el 1917, una familia de educadores y empresarios de los neumáticos, decidieron unir sus intereses (¡como las buenas familias de Dios!), y dedicarse al "merchandising educativo" y construir una historia tan "cuqui", como perfectamente instalada en nuestros imaginarios, hoy en día, muy difíciles de borrar.
Ficción a raíz del Gossip de Lou-Andreas Salomé
Hace una década, la figura de la filósofa Andreas Lou Salomé despertó en mí cierta curiosidad que me impulsó a leer algunos de sus libros publicados en editoriales de bolsillo. Tenía este tema bastante aparcado hasta que reapareció en mi vida “Johnny-Wheels”, un amigo del barrio de los Pajarillos con quien mantuve el contacto tras su paso casual por el instituto donde yo estudiaba. En uno de los primeros COU(s) que realizó antes de abandonar los estudios, me habló de la historia/leyenda sobre la congelación de Walt Disney. Entre cervezas propias de la edad (mucho antes de sufrir mi proceso de “señorización” vallisoletana), dedicábamos horas a fantasear en un coche que su padre no usaba, imaginando qué pasaría si nos congeláramos y despertáramos 100 años después. Las ideas peregrinas que ambos teníamos a los 16 años lograron crear un vínculo extraño, exótico y sostenido en el tiempo entre la hija de un activista social y catedrático (por ese orden) y el hijo de un mecánico de coches, al que seguimos llamando Johnny-Wheels (JW, a partir de ahora).
Hacía unas semanas que me había encontrado con JW deambulando por la ciudad como un flâneur (no quise saber qué hacía exactamente por las calles), pero él insistió en invitarme a tomar un café. Nos metimos en un bar de la Rondilla cercano a mi trabajo y me contó una historia que cambiaría el flujo de mi anodina vida académica. Os la voy a contar.
JW: “Henny (me seguía llamando así), vas a flipar. ¿Te acuerdas cuando hablábamos del proceso de congelación a partir de lo que oímos de que Walt Disney lo había hecho? Pues me he enterado de que hay una tipa que se hace llamar Lulú por Valladolid, que es realmente esa filósofa que habla de movidas de sexo con amor y eso... Esa que vi en tu casa una vez, que leías hace unos años, cuando hicimos aquella fiesta en tu casa, ¿te acuerdas?”
H: ¿No te referirás a Andreas Lou Salomé?
JW: ¡Sí! ¡Esa! Pues resulta que se congeló en 1940 y ahora está viva. Estaba en Alemania, en el equipo Planchard (creo que se llama), y la han descongelado porque tenían a gente más interesante. Además, parece ser que estaban priorizando otras líneas de investigación más científico-técnicas y que no les cuadraba, así que la han enviado aquí, a Valladolid. Esto lo dice un cliente de mi padre, cuyo hijo es uno de los tres becarios del equipo de investigación de una catedrática loca que tiene unos cascos que ponen en la cabeza de la peña y pueden ver la sesera por dentro... ¡Flipa! Evalúan a través de imágenes cerebrales los cambios internos en algunas variables (eso dijo exactamente el tipo, yo no entiendo nada, pero ya sabes que tengo buena memoria). Parece ser que es secreto, pero mi padre, ya sabes, le cuida, le arregla el coche, le hace precio... entonces él se entrega y se lo cuenta todo. Estaba yo ayudándole con unas movidas de las cintas de transmisión de su coche y, aunque estaban apartados, lo escuché.”
Henny: ¡Tengo que verla y conocerla! Esto es la hostia, JW. ¡El puto eterno retorno! Como nos contaba Jesús, el profe de filo, cuando llevaba una manzana a clase, la ponía en el medio y nos poníamos a hablar 55 minutos sobre Nietzsche antes de que sonara la campana. ¿Te acuerdas?
JW: No, y eso que tuve a Jesús tres veces...
Henny: De nuestras conversaciones en los viejos coches de tu padre sobre Walt Disney congelado a Lulú, en la misma ciudad, los mismos amigos, los mismos bares, las mismas conversaciones... ¡y Lulú!
Me enteré de dónde encontrarla (en el Campus Miguel Delibes, cerca de la Facultad de Educación y Trabajo Social, donde hay otras facultades contiguas, el parque tecnológico, el IOBA, la escuela de idiomas, etc.) y empecé a seguirla. Andreas… bueno, la llamaré Lulú. Iba vestida de época, con esos vestidos largos y acolchados de colores pastel; parecía que salía de un cuadro de Renoir o algo así.
Se sentó en la terraza de la cafetería de la FEYTS, en una mesa que estaba en una esquina. Vi cómo hablaba con el encargado de la cafetería para pedirle si podía poner una sombrilla. Él le dijo algo sobre que tenía que rellenar unos papeles y esperar a ser informado por el rector, que estaba de viaje, para poder ponerlas, por lo que no podía hacerlo. Ella le respondió:
—No te preocupes, me pondré mi pamela.
Y pidió un vaso de agua. A lo que él le contestó:
—Te lo pones tú, bonita, de la jarra que está ahí dentro.
Ella, algo confusa, se levantó y procedió como se le había indicado.
Aproveché esos minutos para sentarme en la misma mesa y, al llegar, dije:
—¡Ay, perdona! No sabía que estaba ocupada, pero no hay más mesas. ¿Te importa que me quede aquí? Me ha encantado tu pamela… Bueno, y tu vestido, ¡qué pasada! No se ve ropa tan bonita por aquí.
Conocedora de sus influencias y affaires amorosos en la Viena de los años 20, y para asegurar el tiro y ganar su cercanía, me hice pasar por terapeuta psicoanalítica, apasionada de los poemas de Rilke sobre el amor, la muerte y la transformación interior, por la admiración de las ideas de Nietzsche, sobre todo de Así habló Zaratustra, y sobre Freud, aunque le confesé que me había cansado del falo “todopoderoso” de sus obras y que me inclinaba más por Lacan.
Casi la cago y solté:
—¡Como tú! ¡Todo igual que tú!
Ella bebió agua, miró a lo lejos y guardó silencio.
Lulú: Lo siento, tengo algunos problemas espacio-temporales con mi vida y pocas ganas de hablar. He llegado a esta ciudad hace poco y me gustaría conocer el movimiento femenino de la misma. ¿Podrías ayudarme?
Henar: ¡Por supuesto, Lulú! Me enseñaron durante toda mi vida a recibir y acoger a quienes llegan de otros países. Mi tesis doctoral trataba sobre estos procesos de acogida de alumnado extranjero —le comenté—. Y si, encima, eres mujer, de mi edad y llevas esos vestidos tan bonitos, tendremos mucho que compartir —le dije entre risas.
La animé a que participara en un seminario con la asociación Triángulo sobre temas de género, junto con un profesor y amigo de Filosofía cuya hija había empatizado mucho con la mía. Ella asintió y decidimos quedar los lunes a las cuatro de la tarde en esa misma mesa, si estuviera libre. Se levantó, colocó su pamela y la vi alejarse por el parque científico hacia la ciudad.
Acto seguido, fui a buscar a este profe y amigo de Filosofía para contarle lo sucedido y que me ayudara a organizar el seminario. Flipó tanto que decidió meterse a saco conmigo en la tarea.
El lunes siguiente, en la misma mesa, me preguntó si yo podría ser su terapeuta. Tragué saliva y le dije:
—Estoy hasta arriba de pacientes, pero te buscaré a alguien.
Me moría de ganas de ser su terapeuta, de saber qué estaba pasando por la cabeza de esa mujer. ¡Dónde está el peligro, está lo que salva! Mi vida podría resplandecer a partir de ahora, al sacar de lo oculto toda esta información con estos saltos espacio-temporales. Me haría situarme intelectual y emocionalmente en otro lugar.
Me resonaban las palabras de Heidegger en boca del profesor Chillón, a quien acababa de tener en unos estudios modernos que había decidido hacer para salir del anodino mundo de la academia en el que me había metido los últimos veinte años de mi vida.
Quizá se me esté yendo un poco la pinza. Voy a beber un poco de cerveza y tratar de no acabar mis últimos veinte años en la cárcel.
Así que lo hablé con Aristofos, el profe de Filosofía y amigo, y le buscamos uno bueno, alguien que consideramos que podría tener cierta resistencia mental ante tal movida que se le presentaba. Y, sobre todo, pensamos en alguien que, si se le presentara la posibilidad de hacer salir lo oculto de su paciente, posibilitara que emergiera “todo lo que se es” y que reconociera todo ese peligro que pudiera tener el equivocarse con lo no oculto.
Aristofos decía:
—Henar, yo soy amigo del terapeuta. Si te crees que este terapeuta va a lograr que Lulú perciba una realidad amplia y compleja, haciendo que despierte de esa niebla espacio-temporal en la que debe de estar sumida... Si a eso le sumas el lío que se le va a generar ante las apariencias engañosas de toda una cultura degradada, que ha perdido todo contacto con la esencia y el ser... una ciudadanía que se ríe de las pamelas desfasadas que Lulú pasea alegremente por la ciudad... Si crees que este terapeuta va a lograr abrirle la puerta a la filosofía y a la salvación interior... Vas buena. No lo logró Heidegger, ¿te crees tú que lo va a lograr este terapeuta?
—Bueno, al menos que tenga la dirección de hacia dónde ir. Luego, que haga lo que pueda. Un terapeuta que des-psicologice un poco el tema y lo lleve hacia un poco de fecundidad filosófica, ¿no crees, Aristofos?
—Pues sí, veamos una vez más cómo la cultura aniquila y destruye lo que pudiera quedar de esencia de los años 20-30 de Viena en plena construcción del pensamiento occidental… Jejeje.
—Bueno… yo qué sé… De momento, me voy a tomar otra cerveza para relajar todo esto con mi amigo Johny Wheels, que ese sí que sabe bajar a la tierra, vivir al día. Arregla coches por el dinero justo que necesita para vivir. Ese sí sabe des-psicologizar la vida y sostener el vacío a base de birras tostadas.
—Eso, eso, vete con JW. Ya vendrás a mí el lunes a las 8 a. m. para que te cuente bien qué significa eso de que “la angustia es el estar-siendo-en-el-mundo que deviene un absoluto no-estar-en-casa, el no-estar-en-casa por antonomasia”.
—Desde luego que no hablaré del Dasein ni de ná de ná, porque él sí ha vivido la sensación de no tener un sitio donde reclinar la cabeza, donde no poder encontrar un almohadón en el que caer… Por eso yo me entiendo con él. Porque yo, aún teniendo todas las comodidades materiales que he querido y una casa cute, también lo he sentido. También me he encontrado alguna vez en mi vida con esa sensación de estar sola en el mundo, de estar en una cuerda floja en la que, si caes, caes al vacío del olvido, del abandono…
—¡Qué pasa, Henny! ¡Qué bien que vengas a nuestro taller! ¿Tu coche sigue destartalado? ¿Piensas traerlo alguna vez?
—Paso, tío. Pongo cinta americana y parece que aguanta la chapa. Total, el motor me va bien.
Tenía cierto miedo a que, si el coche estaba perfectamente acabado y rematado, sería algo así como aquello del Dasein cuando llega a su fin. Ya no quedaría nada pendiente y entonces moriría en algún accidente o algo así. Al menos, mientras cuelguen trozos de chapa por el coche, mi vida aún no habría llegado a su fin.
Se ve que aún me duraba la resaca de la conversación con Aristofos, porque JW y yo nos fuimos a tomar unas cervezas para echarnos unas risas, y no sé en qué momento de la conversación se produjo un giro radical y acabamos hablando de la muerte. Bajo el efecto de cinco cervezas tostadas cada uno, yo ya empezaba a sacar todo lo oculto que ni Heidegger se podría imaginar.
Le empecé a hablar de que, si de tanto hacernos cargo del futuro, como también había hecho Lulú, no habríamos dejado de lado otras cosas más experienciales que tienen que ver con el presente y son más placenteras. Que si de tanto proyectar en el futuro, no habríamos caído, además de en un profundo egocentrismo —Lulú quería que sus ideas siguieran vigentes casi cien años después, yo quería que mi hija tuviera un futuro próspero en cuanto a capital cultural y social se refiere—, quizá habíamos aniquilado otras cosas como, la incapacidad de fijarnos en las risas que compartimos con nuestros amigos, en las experiencias satisfactorias con las personas que amamos… Siempre pensando en el futuro y en el afuera.
Y que tanto proyectar ese futuro incierto (porque vete tú a saber qué leches nos pasa dentro de un año; en solo cinco minutos te puede cambiar la vida entera de un giro), estaba generando el pasado que ya sucedió y el presente que está siendo. El caso de Lulú era un claro ejemplo: ella había optado en la vida por conservarse para el futuro. Ahora las famosas congelan sus cacas para mantenerse jóvenes de mayores y restablecer la microbiota. Por lo menos, ella quería salvaguardar sus ideas.
Ese futuro que ella proyectaba en la Viena de los 20-30, seguro que lo vivió con un afán y unas motivaciones convincentes, hasta tal punto que la llevaron a Alemania a tratar con los científicos más avanzados para proceder con su congelación en el 1937 cuando pensábamos que murió. Esos años, seguro que no se iba a pasear por la naturaleza con su pamela para sentir el sol en sus mejillas. Estaba documentándose y afianzando relaciones con Nietzsche, Rilke y Freud, para que su legado permaneciera. Y, a su vez, hablando de cómo sería el procedimiento para poder hacerlo. Es decir, el futuro operó y generó su pasado, que a su vez es el presente.
—Bueno, el suyo y el de todos —dijo JW—, porque aquí estamos hablando de esta movida en vez de partirnos de risa con los chistes de Goyo.
Goyo era un músico amigo de toda la vida con el que coincidíamos en el bar de siempre algunos sábados y que nos alegraba con chistes de lo más banales pero lograba dar siempre con la risa de todos.
—Mira, tía, pasa de Lulú y de todo esto. Vas a acabar fatal —me decía JW, medio borracho—. Yo tengo que arreglar treinta coches al mes. Si no, mis viejos y yo no comemos, tía. Así que no me da tiempo a preocuparme por las ideas sobre follar que tenía una tipa de hace un siglo y que ahora quiere que sigan vigentes. ¡Pues va a flipar cuando se entere del movimiento queer, de los ochenta y tres tipos de género y de las operaciones transgénero, entre otras cosas! Primero se tendrá que enterar de qué movida hay ahora en esta ciudad, en este contexto, ¿no? ¡Qué va a decir ella ahora! Con que no se metan con ella por la ropa que lleva y cómo habla, va a tener bastante, la mujer.
Yo sentía cierta angustia. Parecía que el hecho de que esta historia hubiera llegado a mi vida me estaba haciendo replantearme muchas cosas de mi everyday life. Me estaba produciendo una sensación de vértigo-gusto al poner en cuestionamiento muchos de los pilares que hasta ahora habían guiado mi vida. Me sentía rara. Por las ya siete cervezas y porque no quería volver a casa. Solo quería estar con JW y su padre en el taller, viendo cómo se ensuciaban de grasa y hacían magia para que los coches volvieran a arrancar.
Me produjo cierta sensación de libertad imaginarme en un trabajo en el que solo tenía que producir para el presente, no para publicar a uno o dos años vista. Para un futuro que no se sabe si llegará y que, sin embargo, estaba condicionando mi puto presente, inoculándose sobre mí de forma suave y lenta, los venenos de la producción.
Pasaron ocho lunes en los que iba a charlar con Lulú a la esquina. Siempre estaba libre esa mesa. Algunos venía Aristofos y hacia reflexiones metafísicas, Lulú las transformaba a poéticas, quizá por la influencia de Rilke. Yo iba observando los progresos de esta mujer y fuimos viendo también cómo, junto con el terapeuta que le recomendamos, iba logrando entender el contexto en el que estaba, qué tipo de actividades podía hacer con las mujeres de la ciudad, etc. Fue un buen ejercicio de extrañamiento, de ver cómo su desfase temporal y geográfico, la permitía analizar las cuestiones de género desde una distancia que hubiera sido muy interesante para un artículo científico o incluso para una dramaturgia buena. Decidí no escribirlo y que permaneciera toda esta información en un lugar mucho más sagrado.
El noveno día me dijo que había decidido irse a Austria a vivir, que quería volver al origen donde nació.
Nunca me contó lo de la congelación. Nunca me habló de lo que fueron sus pasiones, ni me dio una sola pista que pudiera reafirmar todo lo que había leído sobre ella.
Llegué a pensar que todo era mentira.
Gossip sobre Lou- Andreas Salomé en la Viena de los 30
Henar Rodríguez Navarro
Iba a escribir una obra de teatro, salí para correr y pensar si la realizaba o no y me calcé la hostia del siglo. Llevaba casi un año sin salir a correr, por distintos motivos de salud que conlleva una mediana edad poco aceptada. Esta vez iba de paseo con mi chico, David, recién estrenada la relación. Íbamos de la mano por un camino de tierra, al lado del canal de Castilla, una de las obras de ingeniería más importantes de las realizadas entre mediados del siglo XVIII y el primer tercio del XIX en España. Pues con toda esa importancia que el lugar me otorgaba, me dio por pensar que ya había pasado el tiempo suficiente como para volver a tener la sensación de la sangre acelerada y ese cansancio-gusto que el cuerpo regala después de un sprint a toda velocidad. Ya de paso impresionaba a mi chico con mis habilidades atléticas de las que nunca hice gala y quizá era el momento de sacarlas a la luz. Me tropecé a los 6 segundos y la ostia fue monumental. Rodilla y mano derecha afectadas. El ridículo, … a la par. Menos mal que su conciencia social, le hizo apiadarse de mí. Me acompañó al centro de salud y retomamos nuestra incipiente relación con sus cuidados propios de una masculinidad bien colocada, es decir, me dio lo que me gustaba, una copa de vino mientras estiraba la pata en el sofá.
Me acaban de llamar horas antes para realizarme un encargo: escribir sobre los líos amorosos de Lou-Andreas Salomé, una escritora, psicoanalista rusa con inclinaciones liberales, colaboradora con los trabajos filosóficos de Friedrich Nietzsche. Iba a contárselos a David y hablarle del compromiso que para mí suponía que ni más ni menos que Lucía Carbajal, una serena, interesante y divertida dramaturga me encargara tal proyecto para una obra que ella estaba creando. ¡Me lo había dicho a mí!! Una aburrida y clásica profesora universitaria cuyos sueños profesionales habían estado siempre eclipsados por las necesidades ajenas.
Dicen que es mi subconsciente pero yo lo dudo o es una conciencia un poco hija de puta, no lo sé…porque con partirme una uña ya me valía, pero no, casi tengo que morir para poner en riesgo tal petición y ya de paso, la de mi relación amorosa cuya afinidad sexual, amistosa y profesional, por ese orden, parecía encontrarse en el punto álgido de mi vida.
Una vez con el ego bien bajadito en mi casa y bajo el escozor que las heridas producían, decidí dejar a medianoche, en la cama a David y levantarme a pensar y escribir con los dos únicos dedos ilesos, sobre si aceptaba tal petición.
Pensé en Lou Andreas primero, una mujer rusa, de San Petesburgo exactamente, con gran personalidad magnética, colaboradora y amante durante muchos años de Freud y de Nietzsche. Casada con Paul Rée. Llegaron a vivir todos juntos en la casa de Rée, que era el que tenía el suficiente capital económico como para hacer crecer el capital cultural del resto. Lou supo manejar los hilos emocionales y sexuales de todos ellos como para hacer crecer no sólo su aportación personal al campo de la filosofía psicoanalítica (que por la época histórica ella ya sabía que siempre quedaría ensombrecida) sino también la del psicoanalista austriaco y el filósofo alemán.
Los escritos de Lou-Andreas no son casi conocidos y las aportaciones muy interesantes, máxime si conoces la gestión de su vida amorosa que se esconde tras ellos. Hizo puente entre la literatura, la filosofía y el psicoanálisis y se ganó el amplio reconocimiento de los intelectuales masculinos de su época.
Mi controversia al respecto de si aceptar el trabajo o no, respondía a pensar si el enfoque del “gossip” de su vida iba a ensombrecer todavía más su aportación, si en vez de resaltar los valores que su figura encierra, iba a reproducir los cánones tradicionales del feminismo rancio al que acostumbra mi vida provinciana.
Freud estaba enamorado de ella, pero como estaba obsesionado con analizar su “falo” se libró de tener un desamor de alguien como Lou que priorizaba su libertad a otro tipo de ataduras sexuales. Aún siendo una de las figuras más influyentes en el pensamiento contemporáneo, se lucía con frases en su every day life como: “si quieres vivir, prepárate a morir”, con mucha carga simbólica pero fatal para concretar cualquier historia amorosa.
Nietzsche sin embargo vivió atormentado el resto de su vida, trató de deconstruirlo todo, la cultura dominante, la religión, la filosofía occidental…todo menos la amorosa y sexual…en esa Lou ganó la batalla. Ella escribía sobre libertad y él sobre deconstruir la cultura sin poder salirse de ella por su atadura sexual.
Así que, con todas estas premisas, yo no sabía qué hacer. Aceptar o rechazar; ¿a quién le interesaría todo esto? Total, si lo enfoco como quiere Lucía por el tema del gossip, iba a tener más público y más éxito y por tanto, me llamarían más y por fin podría dejar mi aburrida vida académica. Sin embargo, estaría traicionando a los principios feministas que visibilizan y revalorizan las aportaciones de las mujeres intelectuales de occidente. Eso sumado al escozor de las heridas latiendo en mi cuerpo proporcionaban una inquietud en mí que decidí resolver esa misma noche. Me puse una copa de vino blanco y todo empezó a fluir. Iría repasando texto a texto las contribuciones, pero no las de Lou, sino las de Freud y Nietzsche para extraer de ellas la influencia de Lou. Quizá sea una excusa para seguir bebiendo vino blanco. Diré que sí.
Tela de historias: Explicación del proceso de construcción de una bufanda colectiva de 25 metros aproximadamente. Del tejido individual al tejido colectivo.

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DESVÁN DE LOS RECUERDOS
Recuerdos de la infancia. 105 personas de diferentes nacionalidades de los Balcanes y de España, cuentan su recuerdos sobre la infancia. Análisis sobre estos recuerdos a partir de las reflexiones del libro De Alba Rico "Ser o no ser un cuerpo". Expuesto en Workshop de Infancia Contemporánea IC10. https://www.infanciacontemporanea.com/2023/12/15/ws_ic10/
HIC SUNT DRACONES. Cartografía.
Modelo de sesión de los de los talleres de filosofía para niños y niñas sobre la pregunta: ¿Qué es la verdad?
Extracto documental "NOUS". Niñ@s de 5 años dialogan sobre ¿Qué es la verdad? mientras ven unos peces de colores.
#pensamientosistémico_educacionlamiradadeleducador

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Cuerpo utópico, heteroutopías.
Cuerpo utópico entendido como un cuerpo que expresa y visibiliza lo invisible, cuerpo “expiado” como contenedor de certezas absolutas. Cuerpo habitado donde penetran las verdades. Cuerpo que no puede callar, aunque permanezca sujeto con un bozal, porque, a través de los poros de su piel, se escapa su mensaje.
Cuerpo que no puede escapar de su propia historia. Cuerpo que intenta escapar y escalar por los barrotes de una iglesia donde ha sido domesticado pero que su intento es en vano y cae al suelo sin suerte.
Se retuerce, se estremece, trata de salir de la piedra como las hierbas que atraviesan los muros para crecer y salir en la vida.
Expreso en la propuesta escénica una lucha contradictoria (como lo es la vida) por querer salir de una norma que le aprisiona pero que a la vez quiere permanecer, deambular, escalar, trepar, como para llegar a lo alto, llegar a atrapar el cielo subiendo una verja prohibida.
Intentos vacuos porque al subir, dejando abajo su propia historia, el cuerpo cae. El reloj y la guitarra como símbolos de los que dejamos abajo, en la tierra, sin base sólida, robusta, fértil como para que enraíce y de solidez a los cuerpos desplomados.
Me muevo como un cuerpo que avanza y se arrastra por las paredes de una iglesia románica tardía, medieval, del 1490, previo al descubrimiento de américa.
Mientras avanza también se pelea con sus propias paredes, va hacia atrás y hacia delante como sin saber lo que le espera, en la incertidumbre de lo que vendrá.
Absorbo en mi caminar las hierbas que atraviesan las paredes, admiro y respiro la energía de las flores que crecen en las piedras, que sobreviven sin nutrientes, ni condiciones acomodadas para hacerlo. Aquellos brotes que luchan por vivir y atraviesan las piedras visibilizando de este modo todo lo que permanece invisible.
¿Cuánta lucha esconden esas piedras, cuántos devenires en el progreso de la humanidad se respira en esa pared? Michael Foucoult habla de utopías y de heteroutopías, crea casi una disciplina donde resignificar lugares que visibilizan cuerpos que no son dóciles que no son visibles a simple vista que no han sido “domesticados” por los relatos clasificadores del hombre y que sin embargo tienen una identidad que se va creando de forma dinámica, mediante las interacciones que los sujetos establecen en esos lugares no catalogados de forma normativa, como lo son: los callejones, las afueras de las iglesias, los descampados, etc. Foucoult habla de países sin lugar alguno de pertenencia, sin historias, ni cronologías. Ciudades, planetas, universos que no pueden ubicarse en un mapa o en un espacio determinado o en un cielo. Esos no lugares, esos espacios no habitados por personas (que no se ven pero que existen). Se siente, se huele, se ve su huella. Y el poder de ello radica en la construcción de esta NO identidad en el intersticio de sus palabras, en la densidad de sus relatos, en el lugar sin lugar de sus sueños, en el vacío de su corazón…es lo que Foucoult llama la dulzura de las utopías.
El filósofo francés revindica que estos lugares, tiempos, personas sin tener espacios, historia, posesiones y sin embargo tienen algo absoluto, certero, medible y real que es nuestro cuerpo.
Cuerpo que ha vivido eclipsado en su histórico por la palabra. No vivimos, no morimos, no amamos, no follamos dentro de una hoja de papel cuadriculado. Vivimos entre sombras, entre tinieblas, en espacios y tiempos cambiantes. Vivimos en la palabra y habitamos en el cuerpo. El cuerpo me habla y la palabra calla. El cuerpo habita lugares trémulos, sombríos callejones escondidos. Playas recónditas, hostales de carretera con luces de neón. Habitamos lugares diferentes que se oponen a todos los demás. Foucoult los llama, los contraespacios. Los niños lo conocen, saben cuáles son, saben localizar esas utopías en el agujero de un jardín, en el fondo de un charco donde hay insectos o saltando en la cama de los padres.
Los niños no inventan nada, solo ven esos espacios con su cuerpo utópico, los adultos después crean narrativas y entonces este cuerpo utópico se desvanece, desaparece…
Acciones, conductas, palabras que van creando un pensamiento utópico (denominado por el citado autor) concebido como una concepción concreta y detallada del ideal de los fundamentos que deberían regir la política.
La propuesta que presento en el vídeo parte de un espacio o territorio de un pueblo del norte de España, San Vicente de la Barquera, en las afueras de la iglesia que se encuentra en lo alto del pueblo, junto al castillo medieval, como símbolos de poder de la historia del pueblo. En concreto, me ubico en un lateral, en las afueras, en el lugar donde los mendigos se sitúan para conseguir sus limosnas. Espacio seleccionado dentro de esta concepción en la que Foucoult sitúa a los contra espacios, los lugares sin identidad. En este caso, tan cerca del poder religioso y en unos simples metros cambia sustancialmente la significación del espacio, como lugar donde se sitúan por un lado, mendigos que se refugian en las escaleras y techado de la lluvia y por otro, peregrinos del Camino de Santiago que en su paso de camino de Santiago pasan por ahí alojándose y recibiendo una compostelana como recompensa de los kilómetros andados en un albergue denominado : “Alojamiento nómada”.
Idea de “nomadismo” que ayuda a entender el concepto referido de heteroutopías como las trayectorias de incluid que interaccionan o no, se cruzan de camino a un objetivo sagrado, en el que no se saben donde ni cuando dormirán y van escuchando los devenires de lo natural, de lo instintivo, aun recubierto de cultura histórica pero sin desentender a los cuerpos utópicos, nómadas, errantes y en construcción de una identidad al servicio de lo absoluto, como es el cuerpo.
Referencias bibliográficas recomendadas
Michel Foucault. Topologías, Fractal n° 48, enero-marzo, 2008, año XII, volumen XII, pp. 39-40., M. (2002).
García Alonso, M. (2014). Los territorios de los otros: memoria y heteroutopía. Cuicuilco, vol. 21, 61. México.
Territorios musicales, paisajes sonoros, monólogos interiores ...
En este audio aparece un paisaje sonoro de un día a día unido a un monólogo interior que presenta aspectos íntimos y reflexivos de lo que pasa por la mente un día cualquiera unido a un viaje a de transición en el que fui anotando reflexiones personales durante esos días.
Evolución que obedece a cambios en el ritmo, en la textura del sonido, en los espacios donde se producen. A su vez con el monólogo interior introducido van produciéndose diferentes significaciones mediante: momentos de aceleración con la voz, de más lentitud, del monólogo que siendo el mismo va mutándose mientras se acelera, se ralentiza, se interroga a sí mismo, se afirma contundentemente, se niega, duda,…es decir, se van simultaneando sonido y voz simulando un atropello, una superposición, un bucle, una espiral de la que uno no puede salir porque forma parte de ella. No es más que lo que pasa por una mente un día ordinario.
El quehacer diario del humano se envuelve con el ambiente, de esta forma si las llaves del coche se caen al suelo y hay hojas de árboles secas por el sol del verano encima, se unen en un crujir que unifica metal y hoja; que produce resignificaciones en la mente de quien lo escucha; si la puerta de casa se abre entre habitación y habitación, el efecto sonoro es distinto de si se abre a la calle y entra el mundo dentro del hogar.
Huyo del pensamiento lineal, causa-efecto con el que nuestras mentes han sido construidas durante décadas para acercarme una expresión sonora que envuelve un formato sistémico, de bucle, de superposición de elementos que reflejan este galimatías que es la propia vida.