Ella era así, le gustaba jugar con fuego porque decía que sino moría de frío, aunque amaba el invierno. Corría a cada oportunidad que tenía; era fan de las escapadas sin despedidas, lo curioso es que ella era como un laberinto de esos en los que salir ya no es una opción. Tenía cierta fascinación por el arte, —pero ella era el arte mismo—, leía poesía cuando nadie la veía y escuchaba la música que quería. Siempre sonreía, aun cuando por dentro estaba en ruinas; por eso casi nadie sabía de sus batallas, mucho menos de sus demonios. Pero así era ella, tremendamente enigmática, lo suficientemente adictiva como para escribirle una poesía como esta. Ella era así; Y.

















