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Things do happen and it’s not you that changes, it’s your life that changes.
Mi amor:
Tal vez sea por el hecho de que dentro de pocos días vas a estar muy lejos, tal vez solamente porque después de tanto tiempo necesito ordenar un poco todo esto en mi cabeza antes de dejar de verte y tenerte para mí (o no tanto) todos los días como estoy acostumbrada. El hecho es que me encuentro escribiéndote por primera vez. Los dos sabemos que no soy la clase de persona que haría algo así, pero antes de conocerte tenía una lista muy larga de cosas que nunca haría y digamos que ahora varias están en mi lista de cosas favoritas. Cuando me enteré que iría al Tour con Wally me puse varios objetivos. No quería que el último día me encontrara con las manos vacías, igual a la chica de sonrisa falsa y comportamiento extravagante que solía ser al comienzo. Tenía el presentimiento de que algo iba a cambiar, esa corazonada que nos ataca a todos cada vez que vamos a embarcarnos en una aventura. Pero jamás habría imaginado que encontraría a alguien como vos, o mejor dicho, que te encontraría a vos.
Te mentiría si tratara de decirte cuando empezó, porque no me acuerdo. Supongo que fue progresivo, al principio no toleraba tu indiferencia y la forma en que me mirabas con esa sonrisa presumida que tanto me gusta. En cierta forma eras un desafío, el único tipo en el Tour que no estaba deslumbrado por mi belleza extranjera o algo así. El verdadero desafío vino después de saber como se sentía tu piel contra la mía, tus labios por todo mi cuerpo, la forma en la que gemías mi nombre (porque, seamos sinceros, lo hiciste desde la primera vez...........). Odio no tener las cosas bajo control, y me desestabilizaste por completo. Finalmente me rendí a vos porque sentía que por una vez era lo correcto. Más allá de lo que generamos en el resto, te juro que hasta el día de hoy no me importa y está bien que pienses que soy egoísta por eso. Porque si se trata de nosotros, lo soy. Los dos sabemos lo que vino después, los dos sabemos que no me arrepiento de nada. No voy a perder tiempo relatándolo porque estoy segura de que lo recordás a la perfección igual que yo.
Supongo que lo que quiero lograr con esto es que entiendas un poco como me siento, para que no te quede ninguna duda cuando no me tengas al lado para decírtelo. Te amo. Te amo por tu forma de ser, por como sos cuando estás conmigo, por como soy cuando estoy con vos. Te amo porque me enseñaste a amar, vos, que decís que el amor está más allá del tus conocimientos. Estás equivocado. Me abriste las puertas al sentimiento más puro, ese que te deja completamente vulnerable y aún así con ganas de que te hagan pedazos. Te amo porque fuiste el primero en todo, porque con vos todo se sentía como la primera vez. Te amaba cuando me hacías el amor y me tratabas como una reina, te amaba cuando pretendías evitarme y clamabas detestarme.
Y lo voy a seguir haciendo, ese es el punto. Siempre voy a estar enamorada de vos, de mi primer amor, del hombre que quiero a mi lado todos los días. Es medio fuerte todo esto, pero es la verdad. Más allá de que estemos prácticamente destinados al desencuentro, te voy a seguir buscando. No me debes nada y no tenés que hacer nada por mí más de lo que ya hiciste (lo cual fue demasiado), pero nunca voy a tener suficiente si se trata de vos, si se trata de nosotros. Porque te juro que cada vez que me despertaba de noche y me encontraba entre tus brazos me volvía a dormir con una sonrisa, pensando como se sentiría experimentar algo así cada día. Sos mi refugio, sos mi paz. Siempre vas a tener un lugar en mi vida, más allá de que decidas tomarlo o no. Te amo sin importar nada más, por muchos errores que cometamos y sin importar cuánto tiempo pasemos jugando al gato y al ratón, te amo y te espero.
Tuya siempre, Mare.
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No estaba para nada de acuerdo con volver a tropezarse con la misma piedra y entrometerse en la vida de Mare otra vez, pero parecía no ser una posibilidad no hacerlo, no veía cómo lograría sacarla de su cabeza por más de que no tuviese contacto. Lo había intentado cuatro meses y si bien alcanzó cierta dureza y congeló un poco más su corazón no pudo bajo ningún concepto dejar de pensar en la rubia. Incontables veces deseaba hablarle de sus asuntos y acariciarla mientras dormía, no extrañaba en absoluto aquélla sensación de desconsuelo al girar la vista y verificar que la latina no se encontraba a su lado. Hasta le había conversado un tanto a su padre sobre ella, cuestión que jamás habían platicado, el amor, para ambos, no sucedía con frecuencia, por lo tanto había sentido siento orgullo al confesarle a alguien que quería tanto sus sentimientos. El viejo hombre le había escuchado como tal y sin acotar ningún comentario le había sonreído, con lo que Jayson denominó días después, una mirada de otro mundo. Pero se odiaba a sí mismo por todo ello, estaba seguro de que cada paso que ambos daban a la par era un terrible manifiesto de un futuro inconcluso y terrorífico. Mas eran sus demonios y sombras del pasado las que hablaban por el y una vocecita pequeña, casi inaudita le seguía que continúe sin mirar atrás, que aquélla mano que le sostenía se acoplaba perfectamente a él. Pensó en ello mientras la argentina le arrastraba por los pasillos, intentó aún así mantener cierta distancia y con las manos en los bolsillos caminó entre las sombras. Ni siquiera le dignó la mirada a la habitación de la muchacha, parecía una acción inútil ahora que la tenía expuesta a él. Se adentró en las cuatro paredes cerrando la puerta tras de sí, contemplando minuciosamente la silueta de la joven que se destacaba con esplendor ante la luz que se filtraba por la ventana. Aprovechando que estaba a sus espaldas, desabotonó su camisa con movimientos cortos y desafiantes, para luego acercarse a ella y rozar su hombro con la punta de su nariz—. Quitaré todas las jodidas marcas que te han dejado tus pretendientes en la piel —anunció en su oído mientras acariciaba sus brazos delicadamente—. Extrañé tus gemidos —musitó besando su cuello al mismo tiempo que tocaba el viente de la joven bajo su remera con dedos traviesos—.

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Asintió simplemente con la cabeza como respuesta, podía comprender a la perfección su reacción, mas en su momento sabía que no podía despedirse o la rubia encontraría la forma de hacerle arrepentir de su viaje. Las cosas eran como eran, el seguía siendo el mismo cretino y ella la misma dependiente. No existía portarretrato en que pudiese verlos juntos, pero tampoco lograba dar con el pensamiento de abstenerse de la muchacha completamente. No era sólo en roce de sus pieles, sino sus charlas, su forma de comunicarse sin decir nada, aquélla pequeña re compensación en su estómago por cada vez que la protegía. No anhelaba abandonar esos detalles, se negaba a hacerlo—. Y lo siento Mare pero no puedo darme el lujo de ir admitiéndolo cada vez que quiero, no soy ese tipo de persona, me enferma siquiera decirlo en voz alta —esbozó algo histérico alzando los hombros y la vista. En cuatro meses no había tenido que esbozar ni un te quiero, pero allí estaba, con ambas palabras atascadas en su garganta como sucedía siempre con la rubia. Y además tenía esa capacidad de hacerle sonreír estúpidamente aunque el tema en cuestión no fuese en absoluto gracioso. No deseaba reírse, mas la expresión de la joven le fascinaba y su rabia como siempre era sólo centro de placer—. No viene mal una cuota de entretenimiento —murmuró aún con sus labios en al descubierta piel de la joven sin tardarse en poner espacio—. De alguna forma lo harás, mas puedo esperar hasta ese momento —acordó largando un suspiro para luego elevar ligeramente las cejas ante la presuntuosa disposición de la latina. Le echó un vistazo nuevo al lugar, con temor de estar dándole un banquete a la prensa, mas los únicos espectadores eran los tipos de seguridad (lo cual tampoco le generaba demasiada gracia). Poso su mano sobre la de la argentina, tocando delicadamente sus dedos—. No aquí —se negó por más que quisiese lo contrario al mismo tiempo que entrelazaba sus manos y dejaba un casto beso en la mejilla de la joven—. ¿Puedo ganarme un pase a tu cuarto por adelantado?
Tomó aire al ver la expresión en su rostro, consciente de que estaba empeorando las cosas a cada palabra—. No necesito que lo digas aunque me guste escucharte, Jay, solo evita minimizarlo, ¿sí? De todas formas lo sé —agregó lo último en un tono algo bajo, intentando contener una sonrisa. Después de todo, durante el transcurso de su relación estaban contadas las veces que el joven había admitido sus sentimientos en voz alta. Pero con el tiempo aprendió a identificarlo en los gestos que tenía con ella día a día: las pequeñas charlas, cada brazo protector en torno a su cintura, los detalles sobre su persona que el muchacho recordaba y que ni siquiera sabía cuándo se los había comentado... La había hecho sentir importante, deseada, apreciada. Y eso era algo de lo que no se olvidaría fácil, continuaría intentando sacar ese lado que tanto adoraba a pesar de que Jayson se comportara como una persona horrible. No pensaba darse por vencida, aún cuando esa forma que tenía de burlarse de ella la sacara de sus casillas. Puso los ojos en blanco con cierto hastío mas no acotó nada para no perder los estribos. Arqueó sus cejas, escéptica ante tal cuestión. Realmente dudaba poder odiarlo o algo semejante en algún punto de su vida, los momentos de genuina felicidad que había pasado a su lado tenían más peso que cualquier maldad que pudiera hacerle—. No. Y tengo algunos motivos, pero simplemente no —decidió, no estaba dispuesta a admitir más objeciones sobre el asunto así que se dedicó a continuar con sus caricias. Casi se sentía normal, como si fueran nuevamente dos idiotas jugando a provocarse en público como tantas veces habían hecho. Pero el juego se había acabado para ambos hacía tiempo. Notó que se encontraba algo preocupado por el riesgo que corrían ya que cualquiera podría ser testigo de su reencuentro y decidió respetarlo. Después de todo, había varias razones por las cuales no debían ser vistos en público juntos; y tendría mucha más libertad para hacer lo que quería en un ámbito más privado. Asintió con vehemencia ante el pedido, lo necesitaba luego de aquella larga ausencia—. Ahora y cuando quieras —afirmó, esbozando una pequeña sonrisa antes de ponerse en pie y emprender el regreso hacia su habitación escaleras arriba. Confiaba en que la siguiera así que no detuvo su paso. Finalmente llegó a la puerta correcta e ingresó en el cuarto, dejándolo abierto como invitación.
Asintió una simple vez con la cabeza sin ningún tipo de necesidad por acotar algo al tema. Sabía que si profundizaba ese aspecto caería en la tentación de pedirle disculpas por su cobarde huída y no anhelaba darse ese lujo tan liberalmente—. Creí haber dejado en claro desde un principio que soy un cobarde y que las relaciones no son lo mío. Y me aceptaste de todas formas, ¿verdad? Asi que, ¿a qué mierda vienen todas estas quejas? ¿Acaso pensaste que me quedaría para fingir que me adapto a un estilo de vida en el que no creo? —preguntó con su tono lleno de ironía. Deseaba decirle que si fuese por él dejaría ese complejo de arruinar vida a un lado y la sostendría en sus brazos con completa libertad, dejando que el tiempo marcara el ritmo de las cosas y el destino de las mismas. En cambio, por sus propios fantasmas no lograba descansar a sabiendas que en un futuro podría causarle daños a la rubia. Suspiró pausadamente y rascándose la cabeza se dispuso a pensar en cuál era la mejor respuesta que dar frente a aquéllo, mas nada inteligente le llegaba como inspiración, por lo que optó por ser honesto—. Bien…hasta aquí llegó mi límite en este aspecto…si fueras un polvo de segunda probablemente nunca te hubiese dignado la mirada. No me eches en cara mis mentiras, creí que con que ambos supiésemos que no estaba siendo sincero bastaba, a veces es mejor guardar apariencias —agregó dubitativo, sabiendo que aquéllas palabras podían causar confusión, mas no había resultado un muy buen mentiroso si se trataba de la muchacha. De todas formas su expresión y reacción le compensó de alguna forma el detalle. Una sonrisa le cubrió el rostro—. ¿Razón? No me gusta desatender a mi gatita —contestó a modo de broma, mientras acercaba su rostro hacia la joven y proporcionaba un sutil beso en la expuesta piel de su cuello, lamiendo por un corto segundo la misma—. Te dejaré en paz cuando te canses de mí y admitas odiarme —concretó dándole distancia e intentando calmarse luego de aquél arrebatado impulso—. ¿Y bien? ¿Al menos vas a pensar en dejar la puerta de tu cuarto abierta para mí esta noche?
Permaneció callada ya que el joven tenía razón, no podía reclamarle nada. Sabía perfectamente a lo que se atenía cuando decidió involucrarse con él y aún así no había dudado ni un segundo; tampoco se arrepentía ahora—. Solo me molestó que fuera tan repentino, eso es todo —murmuró, tratando de buscar alguna excusa válida. Así como sabía que no podía esperar nada de él, recordaba a la perfección que Jay le había dado mucho más de lo que creía posible. Por esa razón su ruptura había causado tal impacto en ella, porque las cosas iban tan bien que no imaginaba finales posibles. Aquella confesión la tomó por sorpresa pero al mismo tiempo le alegró haber derribado un poco su fachada. Esas eran tal vez las primeras palabras sinceras que le dedicaba desde que se habían cruzado por casualidad. Tomó aire para calmarse un poco y lo observó de reojo—. No basta, me gusta que lo admitas. En realidad me enferma verte negando todo como si me lo hubiera imaginado —se corrigió, puesto que realmente le molestaba que el castaño minimizara todo lo que para ella había sido tan importante, como si hubiera sido una simple broma o nada demasiado serio. El enojo se mezclaba con la tristeza y la nostalgia, dejándola completamente perdida en medio de sus propios sentimientos—. ¿Crees que es gracioso? —murmuró, mas toda su rabia fue disipada con aquel húmedo beso en su cuello. Un suspiro de puro placer se deslizó entre sus labios antes de que pudiera contenerse. Lo observó intentando decidir cuál sería la mejor opción, pero su decisión ya había sido tomada mucho tiempo atrás—. No puedo odiarte y lo sabés —dijo en voz baja, con completa seriedad. Eliminó la distancia entre ellos intentando no precipitarse demasiado por mucho que lo deseara. Se tomó el atrevimiento de deslizar una de sus manos por el muslo del muchacho con lentitud e intenciones evidente lujuriosas—. Sí, como siempre —accedió, sin vergüenza de ocultar aquello que ambos sabían.
Tediosamente jugueteó con sus dedos levantando la vista hacia el salón y verificando que nadie estuviese siendo participe de la escena, lo que menos deseaba era generar un drama en la primer hora de su nueva y refrescada estadía. Mas parecían no haber moros en la costa, a excepción de sus gorilas de seguridad, que los seguían con la mirada expectantes y seguramente entretenidos de ver a su jefe en una situación semejante. No anhelaba acotar demasiado a las palabras de la rubia, no veía qué comentario podría hacer sin mostrar una hilacha de sus sentimientos, por lo que optó por cerrar la boca y esperar para hablar. La contempló por unos segundos ante tal afirmación, era cierto que ningún tramite personal le llevaría aquélla cantidad de tiempo, pero en parte debía admitir que su salida del tour y la vuelta a su pueblo no habían sido exclusivamente impulsadas por la latina—. Conseguirle un departamento a mi padre que le agradase, ayudarle en su mudanza y lidiar con mi madre me tomo cuatro meses. No tengo vergüenza de ello. Me siento mucho más libre ahora que al menos sé que mi padre está bien, pero comprendo que tu complejo de ser el centro de atención te de el pie para pensar que el objetivo de todo eras tu —espetó sin defenderse, dándole a entender que sus insultos indirectos valían de poco a esas alturas, no había nada que ya no supiese. Y aunque se encontraba algo dolido, sabía que él mismo había provocado las oraciones emitidas por la muchacha—. Si que puedo, pero no tendré una discusión de ese tipo contigo —concretó desviando completamente la mirada.La respuesta a todo eso era muy simple, Jayson la odiaba porque era la única que podía generar algo en él, no se podía dar ese lujo, no quería dejar que ella se enterrar con él aún más—. Eso dices ahora, lo cual no me sorprende. Puedes estar en negación todo lo que quieras, pero no te olvides que sé cómo, cuándo y dónde ponerte a punto. No me vengas con estupideces —recriminó con una sonrisa, de las viejas, de las que creaban hoyuelos en su rostro y sabía, podrían derretir el corazón de la rubia sin demasiada súplica—. ¿Ah si? Y que hay de ese par de muchachos que te envié…Mateo…Sebastian…creo que me comentaron que gemías mi nombre y no él de ellos —esperaba lograr la reacción que quería, por supuesto que no iba a dejar a la argentina sin protección, tampoco anhelaba dejarla sin complacerla, por lo cual había decidido pagarle una suma de dinero a algunos tíos para que la sedujeran. No porque fuese un psicótico obsesivo (aunque en parte lo era), se trataba más de saber que la joven no se pasaba en día pensando en su ausencia, aunque al parecer no había resultado del todo—.
Deseaba poder ser capaz de devolverle todas aquellas palabras hirientes, ocasionar aunque sea un mínimo agravio hacia su persona, lastimarlo de alguna forma para que supiera cómo se sentía. Pero por alguna razón todas las respuestas mordaces que podía dar no eran opción, hacerle daño no estaba en su lista de opciones. Menos ante una noticia semejante, que sabía que tenía una gran importancia en la vida de Jayson. Apretó sus labios para al menos no sonreír—. Me alegro por tu padre. Y por tí —murmuró, con completa sinceridad, sin insistir más sobre el tema. No pensaba empañarle eso con sus estúpidas peleas infantiles. Pero más allá de todo la manía del joven de creerse Dios la molestaba, y eso era algo que no pensaba callarse—. No, no podés, y menos cuando tus decisiones solamente te benefician a vos. Muchísimo menos cuando no tenes ni una razón válida para alejarme, lo hiciste por capricho y cobardía —espetó, visiblemente molesta. Sabía que era posible que no obtuviera una respuesta pero al menos tenía que hacerle saber lo que sentía al respecto como si ya no fuera obvio. Se quedó en blanco unos segundos, casi hipnotizada por esa sonrisa que llevaba tanto tiempo sin ver. Un cosquilleo recorrió su cuerpo antes de poner sus neuronas a trabajar otra vez y devolverle la sonrisa, aunque la suya fuera completamente irónica—. En ese aspecto estamos iguales. Pero ninguno de los dos va a hacer nada al respecto porque soy un polvo de segunda y puedes estar con alguien mucho mejor, y ahora mismo te aborrezco lo suficiente como para no pensar en esas cosas —mintió con descaro, por mucha impotencia que le diera admitirlo ante el espejo el muchacho no tendría que insistir mucho para volver a tenerla. Su sonrisa se desvaneció al escuchar lo siguiente, dejando una mueca de furia y sorpresa a su paso. Recordaba a aquellos dos hombres, pero jamás se le habría ocurrido que habían sido enviados por su ex. Podía sentir el color en sus mejillas aunque no estaba segura si era producto del enojo o de la vergüenza—. Eso es lo más retorcido que he oído en mi vida —murmuró, aún sin salir de su asombro—. ¿Por qué mierda harías algo así? ¿Cuál es la razón? Porque espero que tengas una muy buena —su tono de voz estaba cargado de angustia y se obligó a sí misma a apartar la mirada, incapaz de contemplar a aquel hombre que amaba y que solo la veía como un juguete—. Pensé que te habías cansado de humillarme pero veo que no... Comprendo que me detestes o lo que sea pero al menos déjame en paz —pidió, intentando aplacar las lágrimas a toda costa. No podía permitir que tuviera esa clase de influencia sobre ella y sin embargo allí estaba, a punto de quebrarse otra vez.

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Le resultaba extrañamente adorable que la joven intentase bajo viento y marea recuperar al Jayson que conocía. Sus intentos, miseros y débiles, poca cosa harían en vista del turbulento arrebato del muchacho por volver a sus viejas andanzas. Admitía que sus palabras sucumbían recuerdos buenos, mas no le generaba mucho más, desde siempre había sido difícil tratar con el revoltoso joven, ahora que tenía en su cabeza la esperanza de arrebatarle a la latina todo sentimiento por él, sería peor—. Más que nada por admitirlo, lo demás no puedo controlarlo, es un efecto aparentemente común que tengo en las mujeres, pero el que lo digas en voz alta es completamente estúpido, irrelevante y humillante —respondió vagamente, como si aquéllo que saliese de su boca no fuese realmente un asunto de su interés. A decir verdad lo decía con completa honestidad, le parecía una completa idiotez que hubiese confesado sus sentimientos. No era su estilo, no era ella. Habían comenzado como dos amantes de los polvos furtivos y concluido como una pareja. Se desconocía, no lograba encontrar en su mente lugar para un pensamiento de esa magnitud, y ahora veía con claridad que no habían dejado nunca de cometer errores—. ¿Acaso te crees tan importante? ¿Nunca aprovechaste para inventar otras posibilidades? Tranquilamente me hubiese podido ir por asuntos familiares, bien sabes que tan jodida es mi vida por ese lado. Pero oh no, claro, la siempre egoísta Mare debe ser la más pura razón de mi retirada. Joder gatita, ¿qué papel crees que cumples en mi vida? —rió eufóricamente de una forma completamente sarcástica. Le dolía de sobremanera decirle todo eso, mas era la única forma de hacerle ver que no estaban hechos el uno para el otro y que, posiblemente, jamás volviesen a unirse más que con un espontáneo deleite en la cama—. ¿Qué te puedo decir? A pesar de todo lo que puedo odiar de ti sé que este es tu lugar. Caso cerrado —emitió con desgano, con completo fingido desdén. Sonrió abiertamente sin ningún problema ante lo dicho por la argentina y asintió con la cabeza—. No tengo auto-control. Creí que lo sabías. Pero yo puedo admitir tranquilamente que soy un ligero de ropas y que extrañamente niego un follón de primera, segunda, tercera o hasta cuarto. Tú eres de segunda, por lo que tampoco me fue muy complicado enrollarme contigo —se encogió de hombros con naturalidad y fluidez. La observó unos segundos antes de reír y darle una palmada. No tanto como una burla, sino una excusa para al menos tocarla por unos segundo—. Buena suerte olvidándome entonces.
Tenía que reconocer que el joven era sumamente obstinado, la tarea de llegar a él no le sería fácil pero sin dudas pondría lo mejor de sí. Le resultaba completamente desagradable la fachada que portaba, y no pudo evitar preguntarse si así era cuando lo había conocido. ¿Qué podría haberle atraído de alguien semejante? O tal vez se debía a que la relación la había cambiado radicalmente, y esa posibilidad la asustó. Alzó sus hombros con indiferencia ante sus palabras, poco le importaba verse humillada si eso ayudaba a su causa—. No puedo controlar lo que me pasa, y créeme, me gustaría —fue la única excusa que vino a su mente. Puso los ojos en blanco ante aquella burla de su parte, lo peor de todo era que añoraba saber si había visitado a sus padres, la tumba de su mejor amigo, si había tomado contacto con su pasado. Pero esas eran preguntas para las que no obtendría respuesta en ese momento, tal vez jamás—. Me parece poco probable —dijo, manteniendo la calma—. ¿Realmente, sea lo que sea, te llevó cuatro meses? Tu madre debe tener más poder del que yo creo, me gustaría conocerla, debe ser una mujer interesante —replicó, esbozando una pequeña sonrisa, como si la idea de verse cara a cara con la mujer que le había generado tantos sufrimientos le causara hasta placer. No le gustaba para nada mostrarse de esa forma ante él pero a su mente acudían solo palabras mordaces que contribuirían solo a aumentar el abismo entre ellos—. ¿Todo lo que puedes odiar? ¿En serio te di muchos motivos para odiarme? Porque hasta donde yo sé te la chupaba como si fueras un puto Dios, hacía todo lo que me pedías, vivía para complacerte. Y de la nada se acabó porque tienes algún estúpido complejo que te hace creer que puedes decidir qué es mejor para los demás. Entérate que no puedes —espetó, dejando salir parte del rencor acumulado no hacia él en especial sino a toda esa horrible situación. Su mirada se mantuvo fija en aquel rostro que le resultaba tan diferente, con evidente rechazo hacia sus palabras y su actitud en general—. Genial, disfruta de tus polvos de primera porque no vas a volver a tocarme —murmuró, bajo ningún concepto pensaba complacer a aquel monstruo por mucho que deseara y hasta necesitara cualquier tipo de contacto íntimo con el joven. No pudo evitar encogerse un poco al sentir aquella palmada. Las manos que antes la deleitaban ahora le provocaban ganas de huir—. Por el amor de Dios, no seas imbécil —se esforzó para poner los ojos en blanco y fingir indiferencia—. Admito que aún soy la idiota que sigue enamorada, o lo que mierda sea, pero si hablamos de sexo te superé hace mucho. El día que todo se terminó, para ser exactos —informó, desviando la mirada para que no pudiera darse cuenta que veía su rostro en todos los hombres que se movían sobre ella, susurraba su nombre y lo imaginaba en lugar de cualquiera para soportar aquellas tediosas prácticas. En todos y cada uno buscaba algo que la ayudara a borrar al castaño de su mente, pero nadie le llegaba siquiera a los talones.
Era consciente de lo débil que era su relación en esos momentos, pero aún así en su cabeza no entraba la idea de formar parte de una pareja junto a la joven. No quería lastimarla, ni utilizarla de ninguna forma. Y sin embargo esas dos palabritas dichas por la muchacha habían logrado remover algo en su estómago. La culpabilidad de su actitud le calaba los huesos, pero no podía tirar su fachada por los cielos y adentrarse en la vida de la rubia una vez más. Sólo le bastaba con recordar cuánto le había hecho sufrir como para volver a la carga con sus comentarios insulso y fríos. A{un así su falsificada sonrisa se borró de su rostro, demostrando que a duras penas seguía conteniendo algo de humanidad en su cuerpo—. En ese caso además de puta eres idiota —respondió a sí mismo esta vez con cierta honestidad, no le agradaba llamarla de ese modo, pero tampoco le había gustado saber que resguardaba tales sentimientos por él en su momento. Era un dato conocido que todo aquél que le quería terminaba roto y odiándole. Y no añoraba ninguna de las dos, no quería involucrarse con nadie en el afán de ayudarles, o al menos era lo que suponía que hacía. Sabía que sus propios sentimientos hacia la latina no sólo habían generado destrozos en la que alguna vez había sido su mejor amiga, sino en la propia muchacha y completamente aborreciéndose había salido del tour en un impulso e intento de arreglar absolutamente todo. Pero no era un super-humano y lo único que había logrado con sus espontáneas vacaciones era un grupo de fanáticas violentas y enojadas y esa situación/conversación estúpida que sostenía con la argentina—. Por supuesto que no es mi problema, si lo fuera jamás me hubiese ido en primer lugar. Pero como veras no fuiste el mejor incentivo a quedarme, apenas he pensado en ti en este último tiempo. Ah, no, espera, creo que le hice un comentario a una de mis putas cuando vi una de las propagandas de Victoria’s secret, le dije claramente que desnuda no eras nada del otro mundo porque me ponía de los pelos con que admiración veía la foto —comentó como si fuese la anécdota más entretenida del mundo, sin admitir que en verdad había sido él mismo el complaciente espectador de la gigantografía por quizás demasiado tiempo. Había parado su auto y pedido algo en la cafetería que daba justo al frente de la propaganda. Y por más de una hora no había movido ni una partícula de su cuerpo. Observó a la joven y decidió sentarse junto a ella, procurando no tocarla—. De todos modos no sabía qué responder, recordar nombres no es mi estilo.
Una pequeña esperanza surgió de lo más profundo al ver cómo la bella sonrisa del contrario se desvanecía, tal vez por ese camino podría derribar los altos muros que el joven había construido y alcanzarlo una vez más. Torció sus labios en una mueca, sabía de lo insensato de sus sentimientos pero que fuera Jayson quien se lo dijera era otra cosa. De todas formas no permitió que aquel tema muriera allí—. ¿Por qué, exactamente? ¿Porque te quería tanto como para darte lo poco que tenía, porque aún lo hago o por admitirlo? —inquirió, con la voz cargada de ironía e intentando no pensar en lo idiota que realmente era como para decir algo así. Lo observó a los ojos con resolución, esta vez tenía que hacerle frente a aquellos demonios y no dejar que la vencieran. Ya lo habían hecho en otras ocasiones, había cedido como una estúpida a sus insultos y palabras venenosas, y se sentía terrible por ello. Pero tal vez la distancia la había hecho más fuerte, o eso quería creer. Apretó sus labios para no permitir que aquel golpe a su autoestima la desestabilizara aunque sin duda sería algo que recordara cada vez que observaba su reflejo en un espejo de ahora en adelante—. Yo creo que te fuiste precisamente porque era tu problema y debías resolverlo. Sabías que no ibas a poder conmigo cerca, era mucho más fácil alejarse —dedujo, ya que era justamente la idea que ella misma había tenido en los primeros días que le siguieron a la ruptura—. Aunque habría sido mejor que me dejaras abandonar el tour cuando quería hacerlo —agregó, aún sin comprender por qué había buscado convencerla si luego tenía pensado irse omitiendo cualquier explicación. Tomó aire intentando traer de vuelta al aquella engreída que vivía dentro suyo y que por alguna razón no podía ser frente a él. Necesitaba omitir cualquier vulnerabilidad si quería obtener algo de esa conversación, otra cosa que aquel horrible sentimiento de humillación—. ¿En serio? Meses atrás me dijiste algo como que te resultaba difícil estar cerca mío sin excitarte o pensar en sexo. Si te pone de esa forma alguien que no es nada de otro mundo, no quiero imaginarme que efecto tendrá cualquier mujer medianamente deseable sobre tí —comentó, fingiendo una confianza de la cual carecía. Esperaba al menos tocarle un par de fibras con sus palabras, ya que el mero recuerdo de aquella conversación provocó sensaciones difíciles de describir en su estómago. Se volvió hacia el muchacho, inclinándose levemente en su dirección—. No hace falta que te esfuerces, dije que no pretendo saberlo. Aunque por suerte yo sí soy buena con los nombres... siempre y cuando me haya interesado demasiado como para preguntar. Pero la lista es corta, la mayoría fueron olvidables —habló, como si quien estuviera a su lado fuera alguna amiga y no su ex. Prefirió no continuar ya que no quería excederse y que el papel de la zorra vanidosa se le fuera de las manos. Su cinismo tenía un límite, por dentro aún estaba a punto de derrumbarse.