La niña es seriecita, ¡Qué buena es!
Cuando era pequeña, mis hermanos mayores me molestaban constantemente para hacerme gritar y llorar, de otra manera no les habría dirigido la palabra sin una razón de peso. En la escuela siempre tuve la suerte de que alguna niña me habló primero para integrarme al grupo de amigas y a sus juegos. Sin estos dos eventos, probablemente mis padres habrían notado que había algo raro en mi.
La realidad es que mi mundo era más interesante que el exterior, el socializar me parecía una mera banalidad y pensaba que las personas no aportarían nada bueno a mi desarrollo. Por lo que mi tiempo en la escuela era aprovechado al máximo, poniendo total atención a lo que el maestro o maestra tenía que enseñarme y practicando dibujo en mis tiempos libres. Yo no veía nada malo en ello, y al parecer la sociedad de finales de los 80’s tampoco.
Cuando en la primaria empezaba a hablar, los demás se reían y no entendía por qué, empezaban a imitar mis palabras y se reían: en ocasiones me correteaban y en otras me llegaron a golpear. Fue cuando por primera vez puse atención a las otras personas para entender que es lo que me hacía diferente según ellos; descubrí que tenía seseo al hablar y para los demás era gracioso, entonces me esforcé por corregirlo yo misma y al lograrlo, poder volver a mi mundo tranquilamente.
En la secundaria los niños tenían una manera de referirse a mi: me llamaban “la fea”, no era por mi físico, sino por mi carácter. No me gustaba convivir con nadie, quería solo llegar, sentarme a recibir mis clases y volver a casa; lo que desencadenó en otra etapa de bullying por parte de las niñas de mi salón, afectando con ello en mis calificaciones y graduarme con un promedio muy bajo. Así que cuando entré a preparatoria me propuse firmemente ser la mejor estudiante, y así fue hasta que ingresé a la ingeniería: Donde por primera vez me faltaba la atención necesaria para adquirir conocimiento; cinco años de estrés y conseguí graduarme de Ingeniera en Sistemas Computacionales, y al poco tiempo ya estaba yo trabajando sin ningún problema.
En el año 2011 todo cambió, noté que mi forma de ser representaba un problema, trabajaba en Monclova, Coahuila para una distribución de productos de Royal Prestige donde siempre estaban solicitando vendedores. Dado que lo social no era lo mío, diseñé un modelo administrativo para la oficina y optimizar el proceso de ventas y cobranza; todo por tal de no tener que salir a campo a vender. Aún así tenía problemas para seguir algunas indicaciones, la esposa del jefe tenía una voz y una actitud totalmente repelentes para mí y mi cerebro filtraba todo lo que ella tuviera que decirme, dicho de otra forma: No la oía.
Fue entonces que fui a terapia por primera vez y el diagnóstico fue “Trastorno por Déficit de Atención” o TDA. Luego de esto decidí salir a ventas, siendo una buena vendedora después de todo. Sin embargo esto me sacaba totalmente de mi zona de confort causando un descontrol total en mi cabeza. En 2012 mi cabeza casi explota cuando me entero de mi primer embarazo, algo completamente nuevo para mi. El 14 de marzo de 2013 nace Víctor Daniel y todo era perfecto, hasta 2016 cuando los demás notaron que mi hijo no decía palabra alguna, así que lo llevamos a terapia con una psicóloga que por primera vez me dijo “Yo apuesto por Síndrome de Ásperger”, y cuando le conté de mis rituales diarios como mamá (Despertarme cada dos horas para revisar que el niño estuviera bien, lavar su ropa cada tercer día sin excepción, entre otros), me empezó a hacer pruebas y su diagnóstico para mí fue: Trastorno Obsesivo Compulsivo.
En 2018 decidimos llevar a mi hijo con un neurólogo para encontrar un diagnóstico real: Durante la primera cita, el doctor escuchaba mientras le respondía a todas sus preguntas, me entregó dos órdenes de estudios para mi hijo (una resonancia magnética y un electroencefalograma) y antes de retirarme me dijo: Usted también debe ser mi paciente. No le di importancia y me retiré. Luego de los estudios el diagnóstico de mi hijo estaba confirmado (Síndrome de Ásperger) y empezamos con terapia de inmediato.
Abril de 2023: Víctor Daniel está en tercero de primaria, Luis Leonardo (su hermano menor) está en segundo de kínder y con ellos todo va bien. Mamá aún no tiene un diagnóstico neurológico, pero está consciente de que no es una persona común. Steve Jobs dijo una vez que “Los puntos no se conectan de adelante hacia atrás, sino al revés” y en retrospectiva, entiendo que soy distinta a las demás personas: Sonrío poco, no me gusta que se acerquen a menos de un metro de distancia, sigo con mis rituales para controlar mi ansiedad. Todo va marchando finalmente, y eso es lo importante.















